Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hoy, especialmente en oración, unimos la muerte de todos los fieles difuntos con la muerte de Cristo, para que la vida victoriosa de Nuestro Señor también se haga realidad en ellos.

Homilía fdif023a, predicada en 20251102, con 6 min. y 9 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

¡Feliz Domingo para todos! Este es un Domingo bien especial, porque estamos recordando a nuestros fieles difuntos. Se da la coincidencia entre el día Dos de Noviembre que es el gran día de oración por los difuntos en la Iglesia Católica y el día de la semana que es Domingo. Y es bien hermoso recordar a nuestros difuntos el día Domingo, porque sabemos que el Domingo es básicamente el día de la resurrección del Señor. Es decir, que por una parte estamos recordando a nuestros difuntos, pero por otra parte estamos recordando que la muerte fue vencida por nuestro Señor Jesucristo.

Lo principal que nosotros hacemos el Dos de Noviembre es orar por ellos y singularmente encomendarlos en la Santa Misa. Observemos que cuando encomendamos a nuestros difuntos en la Misa, lo que estamos haciendo es uniendo su muerte a la muerte de Cristo, para que la resurrección de Cristo llegue también a ellos. Porque nosotros lo que podemos darle a Cristo son nuestras miserias, pero así recibimos su misericordia. Lo que podemos darle es nuestras cargas y así recibimos la fuerza que nos levanta. Lo que podemos darle es nuestra muerte, pero de Él recibimos la vida inmortal. Eso se cumple particularmente en la Eucaristía, porque la Eucaristía es memorial de la Pascua de Cristo. Así que lo más importante para hacer el Dos de Noviembre es asistir a la Santa Misa y con mucho, con mucho amor, unir la muerte de nuestros seres queridos con la muerte de Cristo, para que la vida victoriosa de Cristo también se una, se haga realidad en ellos. Ese es el propósito del Dos de Noviembre.

Y esto les hace un bien muy grande, de hecho, el regalo más grande que nosotros podemos hacer por los difuntos, no es simplemente recordarlos, añorarlos. Esto era lo que le gustaba, esta era su música favorita. Eso no es lo mejor que nosotros podemos hacer por los difuntos. Lo que realmente les sirve a ellos, no a nosotros. No a nuestra sensibilidad. No a nuestro sentimiento, sino a ellos. Lo que mayor bien les puede hacer es precisamente la oración y especialmente la oración dentro de la Eucaristía. Así que no se te olvide ese momento eucarístico, que tiene que estar en el Dos de Noviembre, pues mucho más siendo Domingo, siendo día Domingo. Pero además del bien que la oración les hace a ellos, hay otro bien inmenso, que la oración y que este tipo de ofrenda de amor a Cristo por los difuntos nos hace a nosotros, quiero decir, es profundamente sanador, el orar por los difuntos. Seamos sinceros, muchas veces aquellas personas que fueron nuestros parientes, que en vida fueron amigos o compañeros de trabajo o vecinos, muchas veces fueron personas con las que también tuvimos dificultades. Y esas dificultades y esas tensiones a veces no quedan resueltas y por eso la oración en favor de los difuntos es algo maravilloso, porque es un regalo que les haces a ellos, pero es también una sanación para tu propio corazón. Es algo que trae una inmensa paz, es algo que libera y sana tu corazón. Y si hay, porque probablemente hubo esas tensiones, esas diferencias, esos temas no resueltos. Créeme que la oración puede ser un bien dramático, un bien maravilloso. Así que vamos a vivir este Dos de Noviembre muy en contemplación de la resurrección de Cristo y muy felices de ser creyentes, de ser hermanos en la fe y de poder hacer algo real por aquellos que en esta vida tuvimos tan cerca.

Un último punto a pesar de que resulta tan espontáneo orar por las personas que fueron cercanas a nosotros, por favor, que en este día no se nos olviden aquellos que están olvidados de todos. Sabemos que muchas personas murieron en condiciones de absoluto abandono, incluso de sus propias familias y por eso es una práctica muy hermosa pedirle a Dios por las almas más olvidadas del purgatorio, de tal manera que nuestra caridad alcance también esos rincones de la existencia humana. Y ya que algunas personas fueron tan marginadas y fueron tan olvidadas en esta tierra, pues que ahora no sigan siendo olvidadas o marginadas. Ahora que han partido hacia la eternidad, oraremos también por esos difuntos. Y como una sola comunidad, vamos a pedir al Señor que la gracia y la misericordia de Cristo se derrame sobre toda esa Iglesia purgante, esa Iglesia que está en camino de purificación. Un día nosotros, muy posiblemente estaremos también en esa condición, y entonces serán otros los que oren en favor nuestro. Que Dios te bendiga y que este día, que este Domingo deje una huella de bendición en tu existencia. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM