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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Con respecto a nuestros difuntos debemos: agradecer, aprender de ellos lo bueno para seguir ese camino, buscar liberación porque hay pecados que se repiten y compartir la historia de nuestros difuntos a las nuevas generaciones.
Homilía fdif022a, predicada en 20241102, con 9 min. y 55 seg. 
Transcripción:
El Dos de Noviembre como Iglesia Católica, celebramos la conmemoración de todos los fieles difuntos. Es decir, es un día especial para orar por nuestros difuntos. Es tan hermosa nuestra Iglesia porque no abandona a nadie, ni siquiera la muerte puede separar a los que estamos unidos por un lazo de auténtica caridad. Así que el primer deber al que nos invita esta conmemoración de los fieles difuntos es el deber de la oración, especialmente ofreciendo la Santa Misa por su eterno descanso. Orar por ellos está bien, pero quiero hacer una pregunta, que casi suena irrespetuosa ¿Qué otra cosa se puede hacer con los muertos, además de orar por ellos? ¿Qué otra cosa se puede hacer? Y hoy es el día para hacernos esa pregunta. Yo te voy a contar cosas que debemos hacer con respecto a nuestros difuntos.
Lo primero, agradecer, ese verbo que yo cada día amo más, agradecer. Hay mucho que agradecer. Mira, yo me pongo a pensar, por ejemplo, en mis antepasados, mis padres ya murieron ambos. Mis abuelos ya murieron. Son personas que ya dejaron esta tierra. Todos ellos son difuntos por los que hay que orar, muy especialmente en este día. Pero a ver, lo que yo quiero destacar es que hay mucho que agradecer. Cuando grabo estas palabras, han pasado más de catorce años desde la muerte de mi madre y son cerca de cuatro años de la muerte de mi padre, y mi agradecimiento hacia ellos crece todos los días. La mayor parte de lo que tú puedas ver de bueno en mí, fue sembrado por ellos. Fue formado por ellos. Los principios más sólidos, las columnas más firmes de mi vida, me las dieron ellos. Ellos, mis padres. Personas con defectos, no los estoy canonizando. O sea, sé que estamos hablando del Dos de Noviembre y no del Primero de Noviembre. El Primero de Noviembre es Todos los Santos. Yo no estoy canonizando a mi papá ni mi mamá. Son difuntos por los que oro.
Pero eso no me hace ciego a tantas bondades y a veces incluso de las personas que nos decepcionaron de muchas maneras. En mi caso no sucede así con mis padres. Pero sé que eso sucede, personas que nos decepcionaron de muchas maneras. Hay cosas que podemos aprender. Precisamente una lección que me dio mi madre y que me gusta repetirla es que mi mamá decía yo de todos aprendo. Entonces, hay algo que agradecer. Hay algo que agradecer, cuando nosotros pensamos que la vida humana misma es como un proceso en el que unos nos vamos apoyando en los resultados de los esfuerzos de otros. Cuando le preguntaron a Isaac Newton que, cambió de una manera tan completa el curso de la matemática, de la física, de la ciencia. Él dijo estas palabras, que se han vuelto muy famosas. No sé cómo me miren los demás, pero yo me veo como un niño que ha encontrado al borde de la playa, ha encontrado conchitas y piedritas bellas. Y añadió esto, y si he visto un poco más es porque he estado sobre hombros de gigantes. Fíjate cómo él agradecía lo que otros habían hecho y todos nosotros estamos sobre hombros de gigantes. Vuelvo a repetir esta serie de pequeñas reflexiones de homilías. Las he grabado en este colegio. Esto es parte del Colegio Jordán de Sajonia, los Dominicos aquí en Bogotá. Yo no compré esto. Este es el fruto del esfuerzo de muchos frailes, de muchos sacerdotes, de muchos docentes, de mucha gente. Entonces, hay que ser agradecidos.
Segundo, hay que aprender de ellos. Como decía mi madre, hay que aprender de ellos. Aprender de lo bueno que hicieron para seguir ese camino y también aprender de sus errores. También hay que aprender de sus errores para decir esto que hizo mi papá, por ahí no es. De hecho, mi propio padre hablaba con mucha libertad sobre cosas que él había aprendido, que no debía repetir de su propio papá, es decir, de mi abuelo paterno. Mi papá hablaba con mucha franqueza de ese tema y decía yo me propuse desde muy niño, desde muy joven me propuse, yo no voy a repetir esto particular de mi papá. Eso es aprender. Y así como hay que aprender de los vivos, también hay que aprender de los muertos. Aprender de los muertos es algo muy útil, porque aprender de los muertos es una manera hermosa de honrar la verdad. Lo valioso que sí hubo en sus vidas. Entonces hay que agradecer, hay que aprender.
Hay otra característica que creo muy importante y que está muy unida al aprender, pero tal vez vale la pena que la mencionemos así, aparte. Hay que romper cadenas. Estudia tu familia, sobre todo me estoy refiriendo hoy a las familias. Estudia a tu familia. Mira qué clase de cosas se van repitiendo generación tras generación y hazte el propósito en el nombre de Jesús, hazte el propósito de romper esa cadena. Yo no voy a entrar aquí en la discusión de que si oraciones de sanación intergeneracional o no, no entro en eso. Eso lo he tratado en otros momentos y no es el momento de discutirlo. Lo que yo sí te quiero decir es que de todas maneras, por la vía que sea o por la razón que sea, hay pecados que se van repitiendo, hay desgracias que se van repitiendo y hay que romper con esas cadenas. Entonces, así como hay que agradecer y así como hay que aprender, también hay que liberar. Piensa en la sabiduría que tiene esta frase que me he encontrado varias veces. La frase dice de la siguiente manera: Si tú no vienes de una familia feliz, haz que una familia feliz venga de ti. Otra vez la encontré con esta palabra. Si no vienes de una familia sana, haz que una familia sana venga de ti. Eso significa: Hay que romper cadenas, hay que liberar, hay que abrir nuevos capítulos. Nuestro ideal, no es que los niños y jóvenes que Dios le va regalando a la humanidad, repitan lo que nosotros hemos hecho. Lo que nosotros queremos es que ellos sean mejores que nosotros, porque ese es el crecimiento en la gloria divina. Eso es lo que más podemos realmente hacer.
Y por último, refiriéndome a los fieles difuntos, además de agradecer, aprender y liberar, yo te quiero pedir algo. Habla de ellos. ¿Tienes hijos? Tal vez tus hijos no alcanzaron a conocer a tus abuelos. Y hay cosas buenas de los abuelos. Habla de ellos. Enséñales a las nuevas generaciones que tienen raíces. No se trata de inventar historietas bonitas, pero enséñales que tienen raíces. Enséñales que hay cosas buenas. Inspíralos con el ejemplo de los que vivieron antes. Muéstrales de qué raigambre son. Esto, que parece solamente anecdótico, es supremamente importante. ¿Sabes por qué? Porque vivimos en un mundo, que hasta cierto punto nos quiere desarraigados. Vivimos en un mundo que nos quiere, podríamos decir, ¿Cómo lo expreso? Como flotando. Como sin raíz. Como sin cimiento. Dale raíz a tu vida. No todo ha sido bueno, claro que no, pero dale raíz a tu vida, porque en esa raíz es donde tú puedes superar. Sin raíces, vas a repetir. Óyeme esa frase. Sin raíces vas a repetir, con raíces vas a superar. Entonces enséñale a los menores, a tus hijos, a tus sobrinos, a tus nietos. Enséñales, de dónde vienen las dificultades que ha habido, incluso cuando tengan la madurez, los errores que se han cometido. Transmite el legado, pasa la herencia. Muéstrales de dónde vienen. Son sugerencias para el día en que recordamos a los fieles difuntos. Dales, Señor, el descanso eterno. Brille para ellos la luz perpetua.

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