Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es maravilloso ser católico porque tenemos la certeza de que la Iglesia no nos abandona, ni siquiera después de la muerte.

Homilía fdif021a, predicada en 20231102, con 5 min. y 38 seg.

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Transcripción:

El Dos de Noviembre, nuestra Iglesia Católica recuerda a los fieles difuntos. Los recuerda con amor, los recuerda ante Dios y los recuerda en oración. Es una de las expresiones más bellas de la caridad. Y yo quisiera comentar repetir aquí, un pensamiento que muchas veces me visita cuando pienso en los difuntos, no sólo en los que ya murieron, sino en nosotros, en ti y en mí, que también vamos a pasar por el umbral de la muerte. Porque es muy consolador saber que pertenecemos a una Iglesia que no deja de amarnos, ni siquiera porque hayamos muerto. Una iglesia que no nos suelta ni siquiera frente al mandato de la muerte. Una Iglesia que nos sigue apoyando, que nos sigue levantando, que nos sigue bendiciendo incluso frente a la muerte. Eso es grandioso. Y esa es nuestra iglesia. Esa es la Iglesia Católica.

Piensa una cosa, mientras una persona se encuentra en esta tierra, mientras tiene vida, puede trabajar en sí misma. Puede trabajar por sí misma, puede hacer algo por sí misma. Piensa que la persona que ha muerto, igual sigue dependiendo completamente de Dios, igual sigue necesitando completamente a Dios, pero ya no puede hacer nada por sí misma. En ese sentido, nuestros difuntos, a veces yo como que cierro los ojos y los veo así, como personas que tienen las manos y los pies atados, que tienen su boca sellada porque ya no pueden hacer nada por sí mismos. Pero por supuesto que su anhelo, su colosal anhelo, su más profundo anhelo, es estar con Dios. Pero ya no pueden hacer nada para acercarse a Él.

Y es ahí donde cobra todo su hermoso lugar, donde adquiere toda su dimensión, eso que decimos en el Credo, la comunión de los santos. Porque comunión de los santos significa que los lazos de amor, comunión indica esos lazos de amor, los lazos de caridad que nos unen como miembros de un solo cuerpo que es el cuerpo de Cristo. Esos lazos son más fuertes que la muerte, más fuertes. La muerte no tiene la última palabra. Entonces, como hay lazos de amor que nos unen a nuestros difuntos. Nosotros seguimos amándolos y como nosotros estamos unidos a Aquel que es fuente y torrente de todo amor, que es el mismo Dios y que ha puesto esa fuente en nuestra tierra con el costado abierto de Cristo en la cruz. Pues nosotros tomamos de los méritos infinitos de la Pascua de Cristo y movidos por un impulso de caridad que nos da el Espíritu, intercedemos por esos que han muerto. Porque los amamos, porque queremos lo mejor para ellos. Y piensa una cosa, muy probablemente esa va a ser también tu situación y la mía. Pues, eso es lo que muy probablemente va a suceder.

Sabemos que hay personas que por la calidad, por la profundidad de sus virtudes, van directamente al cielo. Pero también sabemos que hay mucha hojarasca, que hay mucha imperfección, que hay mucho interés propio, que hay mucha mediocridad, que hay mucha incoherencia chiquita y grande en nuestras vidas. Y por eso, vuelvo a lo que dije al principio, es maravilloso estar en esta iglesia, es maravilloso ser católico. No para dejar de esforzarnos, no para dejar de amar, no para dejar de responder al amor que hemos recibido, pero sí para tener la certeza de que esta Iglesia no nos va a abandonar. Lo importante es mantenernos en la fe viva. Lo importante, como decía San Josemaría Escrivá de Balaguer, es seguir intentando, porque la frase de él es: Un santo, es un pecador que sigue intentando y sigue intentando. Y yo te invito a que sigamos intentando esa maravillosa aventura de la santidad, pero desde una profunda confianza en la misericordia divina y desde una profunda gratitud a nuestra Iglesia que no nos abandona ni siquiera después de la muerte.

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