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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Esta conmemoración nos recuerda que la caridad en la Iglesia trasciende las fronteras de la muerte, la grandeza de la santidad de Dios a la que estamos llamados y que somos peregrinos, que estamos llamados a la eternidad.
Homilía fdif020a, predicada en 20221102, con 4 min. y 58 seg. 
Transcripción:
El Dos de Noviembre nuestra Iglesia Católica hace la conmemoración de los Fieles Difuntos. Y creo que esta celebración trae para nosotros tres enseñanzas principales. La primera nos habla de caridad, nos habla de amor, un amor que traspasa la frontera de la muerte. Como alguien decía bellamente, nuestra Iglesia no abandona a nadie, ni siquiera después de la muerte. Y ese amor que traspasa la frontera de la muerte es la referencia para cómo debemos amar en esta vida. Si nuestro amor, quiero decir, es capaz de pasar la puerta, pasar el umbral de la muerte, pues ¿qué quiere decir eso? quiere decir que esa es la calidad del amor que estamos llamados a tener en esta tierra. Número uno. Esta es una celebración, es una conmemoración que nos invita a mejorar la calidad de nuestro amor.
Número dos. Esta solemnidad, esta conmemoración, quiero decir, nos está recordando la inmensa santidad de Dios. La doctrina de la Iglesia Católica sobre el Purgatorio, básicamente, lo que está diciendo es el dato bíblico, en el cielo no entra nada impuro ni manchado. Es decir, esta es una celebración. Esta es una conmemoración para tomar en serio la santidad de Dios, para tomar en serio que nos falta mucho. No se nos olvide que ya el libro Levítico decía Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo y os he llamado para que seáis míos. Y nuestro Señor Jesucristo, en el Evangelio según San Mateo dice Sed perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial. Pero muchas veces no tomamos en serio esas palabras, y a veces creemos que ser cristiano consiste simplemente en no ser perverso. Es decir, si no soy tan malo, entonces ya eso es suficiente. Esta es una celebración para salir del conformismo, para darnos cuenta cuánto nos hace falta, porque sin santidad dice la Escritura, nadie verá a Dios. Si nosotros oramos por nuestros difuntos, personas a las que hemos conocido, personas que quizás eran, como se dice popularmente, buenas personas, pero estamos orando por ellos, es porque sabemos que realmente la santidad a la que Dios nos llama es grande.
Entonces, llevamos dos enseñanzas. Primera, que la caridad que hay en la Iglesia es tan fuerte que trasciende las fronteras de la muerte. Segunda es un recordatorio sobre la santidad. La santidad a la que estamos llamados. En Tercer lugar, esta celebración de nuestros hermanos difuntos, nos está recordando nuestro carácter de peregrinos. Es decir, no podemos centrar la misión de la Iglesia únicamente en hacer más humano el mundo. Hacer más humano el mundo, por ejemplo, mejorando la dignidad con que viven las personas o las obras de misericordia corporales; dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, hospedar al peregrino. Cuando nosotros estamos hablando de esos actos de misericordia, ¡Bendito sea Dios! eso es algo grande y es algo valioso. Pero esta celebración nos está recordando que nosotros estamos llamados a la eternidad y que también nosotros un día tendremos que pasar por esa puerta y seguramente vamos a necesitar la caridad. Vamos a necesitar el amor. El amor de nuestros hermanos orando por nosotros.
Entonces son tres importantes recordatorios. Primero, la calidad del amor cristiano que hemos de tener. Segundo, la grandeza de la santidad de Dios a la que estamos llamados. Y tercero, nuestro carácter de peregrinos. Somos caminantes y necesitamos no absolutizar, no idolatrar nada de esta tierra, ningún afecto, ninguna realidad, cosa, dinero, persona, posición, fama, aplauso, nada de esta tierra, porque vamos de camino, porque somos caminantes. Recordarlo, recordarlo es importante. Y que Dios te bendiga.

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