Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Orar por los difuntos es un acto de sublime caridad; además, a nosotros nos hace bien reflexionar sobre la muerte y el camino de conversión; y es profundamente sanador.

Homilía fdif018a, predicada en 20211102, con 5 min. y 46 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El Dos de Noviembre celebramos como Iglesia la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Es un día especial para orar por nuestros hermanos que han fallecido. Nosotros en la Iglesia Católica tenemos vínculos de caridad tan fuertes que ni siquiera la muerte los puede romper. Nosotros tenemos conciencia de que la fuerza de la caridad y la fuerza de la oración pueden superar incluso la barrera de la muerte. Por eso nosotros confiamos en la intercesión de quienes están en el cielo, que por supuesto, pasaron por la muerte, y también intercedemos por aquellos que tal vez puedan necesitar una oración para llegar a esa gloria celestial, es decir, nuestros hermanos que están en el purgatorio. Esa es la oración que hoy especialmente hacemos una oración por nuestros hermanos difuntos. Y bien, en esa oración yo quiero destacar tres cosas.

Primero, que orar por los difuntos es un maravilloso acto de caridad. Indudablemente la caridad brilla más cuanto más imposibilitada se encuentra la persona en necesidad. Por eso nos conmueve tanto el poder prestar un servicio a una persona, por ejemplo, que está paralítica, o una persona que está en extrema pobreza. Precisamente en la medida en que no puede esa persona ayudarse a sí misma. En esa misma medida, podemos decir que requiere de mayor cuidado, de mayor amor. Y ahora pensemos en nuestros difuntos y caigamos en la cuenta de que nada pueden hacer por sí mismos. Es decir, se encuentran en una condición de absoluta dependencia de la caridad de la Iglesia y, finalmente, de la misericordia de Dios. Por eso, orar por los difuntos es un acto profundo de caridad, un acto que hace un bien a ellos, pero que además limpia y embellece nuestro propio corazón.

En segundo lugar, orar por los difuntos nos ayuda a recordar nuestra propia condición mortal, sea cual sea el tiempo que todavía podamos tener en esta tierra. Es un tiempo limitado. El número de días no es infinito y el meditar sobre la muerte ha sido una constante en grandes sabios y en grandes santos. Por eso te encuentras algunos santos que son representados pictóricamente con una calavera. Esa calavera está hablando de la frecuente reflexión sobre el misterio de la muerte. Entonces, al orar por los difuntos, al recordar que ya fueron llamados a la eternidad, es inevitable que también en nosotros haya un reflejo que nos hace pensar en nuestra propia muerte y, por consiguiente, nos hace pensar en cómo estamos viviendo. Dice la Sagrada Escritura piensa en tu final y deja de pecar. Pensemos en una persona que tiene un vicio o una persona que tiene un resentimiento. Qué sentido tiene esto cuando ya mi vida se va a acabar. El pensamiento de la muerte es precioso para movernos a auténtica conversión, y eso tiene la oración por los difuntos.

Finalmente, la oración por nuestros difuntos también trae una profunda reconciliación con nuestro pasado. Seamos realistas, en muchas familias la gente muere y no todas las relaciones que tenía el difunto con las otras personas fueron sanas. Muchas veces, seamos sinceros, ahí hay toda una situación, una situación de dolor. Yo recuerdo concretamente, tengo aquí en mi mente, el caso de una persona que tuvo una relación muy mala con el papá, muy mala. Al final, en su última enfermedad, el papá, pues mostró un cierto arrepentimiento y dijo así, como un poco de manera general, ahí perdonarán. Es decir, no con esa convicción, no con esa profundidad que tal vez hubieran esperado los hijos y sobre todo esta hija suya. Pero a medida que esta hija iba orando por el papá, muchas de las heridas que el papá le había dejado en el corazón, por desatención, por agresividad, muchas de esas heridas empezaron a sanar, empezaron a tomar una característica diferente. Es decir, ya no tenían poder, poder de odios en el corazón de ella.

Son tres, entonces, por lo menos, estas tres grandes razones que nos invitan a orar por nuestros difuntos. Primero, porque es un acto de sublime caridad. Segundo, porque a nosotros nos hace bien reflexionar sobre la muerte. Y tercero, porque es profundamente sanador. Que Dios te bendiga.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM