Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La muerte es una realidad profunda que nos llama a la conversión y a tener caridad con los difuntos porque ellos dependen completamente de la oración de nosotros, la Iglesia.

Homilía fdif014a, predicada en 20171102, con 5 min. y 20 seg.

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Transcripción:

El Dos de Noviembre, nuestra iglesia recuerda a todos los fieles difuntos en su necesidad de oración. Ayer explicábamos cómo la Iglesia no solamente es la que camina, peregrina y lucha sobre esta tierra la Iglesia Militante, sino que también es Iglesia Triunfante en la gloria del cielo. Eso fue lo que recordamos ayer con la Solemnidad de todos los Santos. Y luego también es Iglesia que se purifica, se purifica en ese fuego de amor misterioso pero real que nosotros llamamos el Purgatorio. O sea que este es un día para ejercitarnos en la caridad de un modo muy singular. Muchas personas asocian la caridad directamente con las obras de misericordia que tenemos, por ejemplo, con los desplazados por la violencia, con los inmigrantes y los ilegales, con los que padecen algún tipo de enfermedad, sobre todo si ésta es grave y les impide de alguna manera el desempeño de sus labores cotidianas. Los que se quedan sin vivienda quizás asociamos mucho la obra de caridad en esos términos. Es curioso, por ejemplo, que en la lengua inglesa, cuando se habla de las organizaciones no gubernamentales que tienen un servicio, un modo especial de servir a otra parte de la población o de cuidar un interés en este planeta, se habla de Charities como decir las caridades. Esas son las caridades. Pero realmente esas caridades que van sobre todo a lo visible, no agotan el sentido de la palabra caridad.

Y de hecho, yo creo que conviene recordar aquí lo que decía San Agustín en otro contexto, y es que la caridad que nosotros ejercemos en términos de cosas visibles tiene su fecha de expiración. Es decir, el bien que implica el dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento no es un bien que permanecerá para siempre, porque no va a haber siempre hambrientos y sedientos, en el sentido de que en algún momento la historia humana terminará. No sabemos cuándo sea eso, pero la historia humana va a terminar. Eso significa que si la historia termina, si todo va a terminar de esa manera, entonces la caridad no puede limitarse únicamente a estas cosas que son más visibles y más dependientes de la condición actual que tenemos en esta vida. Por eso también San Pablo dice Ahora hay tres: la fe, la esperanza y el amor. Y dice la más grande es el amor. Y también dice que la fe y la esperanza terminarán, pero el amor no terminará. Eso quiere decir que el amor realmente traspasa el umbral de la muerte, y es el amor en una expresión muy pura. Es el amor en una expresión muy bella el que nos une con nuestros fieles difuntos. Y por eso hay que defender el hecho de que hay una obra de misericordia específica, que son nuestras oraciones y sufragios por los difuntos. Porque ese acto de amor es no solamente un reconocimiento a la fragilidad humana que tristemente nos lleva muchas veces a ser frágiles ante el pecado. No se trata solo de reconocer fragilidad, se trata de prestar un auxilio real.

Como bien enseña Santa Catalina de Siena, el tiempo de hacer algo bueno o malo es el tiempo en el que estamos en esta tierra. La condición en la que se encuentran nuestros hermanos difuntos, es decir, las almas del purgatorio, no les permite hacer ni cosas buenas ni cosas malas por sí mismos, puesto que hay en ellos una raíz profunda de fe en el Señor Jesús y en su salvación. No se van a condenar, eso está claro, pero tampoco pueden entrar en la gloria del cielo con esa imperfección grave de su amor por las numerosas tibiezas, mediocridades y falta de respuesta a la gracia divina. Esto indica que esas personas tienen que ser purificadas, pero si tienen que ser purificadas y no pueden hacer nada por sí mismas. La única conclusión posible es que dependen totalmente de nosotros. Y por eso, no solo en este día, pero particularmente en este día, hemos de orar con amor por ellos.

La muerte no es algo para darle culto, como tristemente sucede en algunos lugares de México. La muerte no es algo para trivializar, como sucede en tantos carnavales, de nuevo en México. La muerte no es algo trivial ni mucho menos, es un objeto de culto, es una realidad profunda que nos llama a conversión. Y en ese sentido la muerte es también una invitación a tener caridad con los que ya han fallecido, porque ellos dependen completamente de la oración de la Iglesia. Y la Iglesia somos también tú y yo.

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