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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Sólo en Cristo se iluminan plenamente las realidades más profundas, antropológicas y culturales, de la muerte.
Homilía fdif012a, predicada en 20151102, con 54 min. y 11 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, la relación del ser humano con la muerte es absolutamente única en lo que conocemos de la naturaleza. Esto es tan cierto que los paleontólogos, cuando están explorando algunos restos antiquísimos y encuentran, por ejemplo, huesos, de inmediato han percibido algo. La especie humana, prácticamente desde que la conocemos, ha sepultado a sus cadáveres. Los leones no sepultan a sus papás leones muertos o a sus crías muertas. Las hormigas tampoco. Los cóndores tampoco. Y los sapos tampoco. Esa especie de cuidado, ese particular cuidado hacia los muertos es un sello característico de la especie humana. Parece que es una señal visible del gran misterio que es la muerte. Pero también de la guerra contra la muerte. Desde siempre, el ser humano se ha rebelado contra la muerte como si presintiera en lo profundo de su corazón que no está hecho para morir. La rebelión contra la muerte lleva a hacer desaparecer el cadáver en la mayoría de las culturas sepultándolo en algunos lugares arrojándolo a las aguas, no es frecuente, pero pasa. Y en otros lugares, otra costumbre que tampoco es frecuente, pero sigue sucediendo hasta nuestros días, quemándolo Lo que no parece tolerar el ser humano es ver un cadáver que simplemente se descompone o que se convierte en alimento de fieras. En esa actitud parece haber, y yo creo que la hay, una rebelión frente a la muerte. La misma resistencia o rebelión frente a la muerte aparece en otras manifestaciones de distintos pueblos. Así, por ejemplo, sabemos que los egipcios perfeccionaron en un grado altísimo el arte de embalsamar. La producción de momias, que en realidad es únicamente la preservación en principio indefinida de una parte de los restos mortales de alguien. Es otra manifestación de la resistencia que tiene el ser humano frente a la muerte. Estamos de pelea contra la muerte. Las momias, que eran una especie de privilegio de las clases más altas propiamente, las clases reales en Egipto eran una manera de decir la muerte no lo logró todo. Por medio de ese procedimiento se intentaba congelar, detener la descomposición. Algo así como quitarle la última palabra a la muerte. Desde mi punto de vista, la cultura más extrema en esto de, tratar de evitar la muerte. Es una variedad de budismo que se dio en Japón. Lo que voy a describir es un poco espeluznante, pero creo que es ilustrativo en un día como hoy. Como ustedes saben, el budismo mismo nace como una lucha contra la muerte. El budismo es una derivación del hinduismo y dentro del hinduismo hay la creencia de que todas las cosas se repiten y por eso también se vive muchas veces. Es la teoría de la reencarnación. La reencarnación es como una rueda cósmica gigantesca que se llama la rueda del samsara y la repetición de las vidas es la expresión de ese eterno retorno al que está sometido el ser humano. Es una participación que tiene el ser humano en los ciclos de la vida, según el hinduismo. Pero por supuesto, esa repetición repugna a la razón humana. Todo lo que sea repetición termina convirtiéndose en algo aburrido y, finalmente, absurdo. Es aquí donde el hinduismo quiere buscar una gran liberación. Gautama Buda predica la liberación del sufrimiento a través de la liberación del deseo. Se supone que la persona que logra hacer desaparecer todo deseo de su vida finalmente rompe esa rueda cósmica del samsara y entra en un estado, una especie de sueño profundo, una especie de océano semejante a la nada, pero también una especie de plenitud luminosa donde se disuelve el yo, donde desaparece esa mentira que es el yo. Según el budismo, y se disuelve en algo que se llama Nirvana. Ese es el budismo. Fíjate cómo hay una guerra contra la muerte ahí, porque es la muerte la que está empujando la rueda del samsara. Es la muerte la que hace que una y otra vez haya que reencarnar. El budista también está luchando contra la muerte, tratando de lograr el absoluto control de su cuerpo, tratando de lograr el absoluto control de sus deseos. El budista quiere llegar a ese estado donde no se apetece nada y simplemente se acepta todo, porque se supone, según la teoría de Buda, que una vez que una persona ha hecho desaparecer todo deseo, entonces ya no hay razón para reencarnarse. Y se salta de esa rueda aburrida y absurda y entra en el nirvana. O sea que el budismo, todo el budismo, es una guerra contra la muerte, pero es una guerra muy extraña, porque es una guerra que consiste, como he dicho, en la desaparición del deseo, incluyendo el deseo de felicidad, el deseo de amor, el deseo de compañía, el deseo de ternura, el deseo de alegría. Por eso el budismo es difícil definirlo como una religión. El budismo más bien parece una carrera hacia la nada. El budismo es un anhelo de destrucción, pero una destrucción serena. El rostro aparentemente tan amable del Dalai Lama y la manera respetuosa, como tantos hablan del budismo, causa confusión en muchos cristianos. Ustedes no se dejen confundir. El budismo es amor a la nada, es amor a la destrucción, es amor a la desaparición. Pero es una desaparición decente, bonita. Tiene alguna belleza. El rostro sereno del Buda se supone que es la superación, la superación de todo deseo, de todo conflicto, de todo sufrimiento. Bueno, ese es el budismo en general. Pero el budismo en una variante japonesa llegó a un extremo. También algunos de los monjes budistas en esta variante japonesa buscaron la momificación, pero de un modo absolutamente espeluznante. Se trata de momificarse en vida. Es decir, se trata de acostumbrar al cuerpo a necesitar menos. Básicamente suicidándose con un suicidio larguísimo y dolorosísimo por el cual el organismo cada vez va pidiendo menos alimento y además va consumiendo una serie de sustancias que hoy se sabe que son venenosas. Es decir, el ideal de algunos de estos monjes era comer cada vez menos y lo poco que comían eran unas sustancias sumamente tóxicas, pero no tan tóxicas como para matarte de una vez. Esas sustancias tóxicas van destruyendo completamente la flora bacteriana que se tiene en los intestinos y que es la causa principal de la descomposición. Entonces algunos de estos monjes lograron su espantoso propósito, es decir, duraron suicidándose meses y meses y meses, cada vez comiendo menos. Es una variedad de anorexia religiosa, cada vez comiendo menos y cada vez tragando más veneno de ese para matar sus bacterias. Cuando finalmente el organismo colapsa y la persona muere porque ya los pulmones no le responden más. Esa persona ha asimilado tanto veneno, asimilado tantos antisépticos que el cadáver efectivamente no se corrompe. O sea, es algo así como hacer el proceso de momificación, pero mientras todavía estoy vivo. Ese extremo absurdo produce unos cadáveres bastante preservados. Esos cadáveres siguen siendo venerados en algunos lugares en Japón. Es decir, son personas que han hecho su proceso de momificación y sus carnes resecas, sus carnes que han recibido ese veneno que la persona estuvo tomando durante meses, preserva el cadáver. ¿Por qué hacen eso? ¿Por qué? ¿Por qué se rebelan frente a la muerte? Porque el ser humano se rebela frente a la muerte, porque el ser humano no nació para morir. Porque hay algo dentro de nosotros que grita que no somos mortales. De la misma forma que en el alma humana hay un vacío infinito que solo puede ser llenado por el infinito amor de Dios. Según la frase que ustedes ya conocen de San Agustín: nos hiciste Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti. Así como el alma humana tiene un vacío, tiene un hueco gigantesco que no lo puede llenar nadie, nadie ni nada puede llenar el ansia infinita de felicidad, el ansia infinita de amor. Pues del mismo modo nada puede llenar el ansia de inmortalidad. Todo lo que tiene que ver con la muerte tiene un aspecto macabro. Hace cosa de un mes, los papás de una niña tailandesa, un par de médicos, comprobaron con agudo dolor que la medicina ya no podía hacer más por ella. Ya no se puede hacer más. Se va a morir nuestra hija. Cuando ellos descubrieron ese veredicto de la medicina tradicional, entonces intentaron otro modo de inmortalidad. ¿Cuál fue este otro modo? Hay una empresa en los Estados Unidos de América que promueve sus servicios con este nombre. Criopreservación. La raíz crio en griego, escrito con y griega significa frío. Entonces, lo que hicieron estos papás absolutamente desesperados e inconsolables por la muerte de su pequeña hija de cerca de tres años, fue contratar los servicios de esta empresa. Esta empresa no mata a la niña, sino que lo que hacen es lo siguiente: Están muy cerca en los momentos finales de la vida. En este caso de esa niña. Pero hay otras personas que han pagado una suma altísima de miles y miles de dólares para que les hagan el mismo procedimiento. ¿En qué consiste el procedimiento? Esta vez no es la conservación de todo el cuerpo, como los cadáveres macabros horriblemente preservados de aquellos budistas japoneses. Esta vez lo único que se quiere preservar es el cerebro. Por supuesto, con una pésima antropología, con la idea de que el ser humano es equivalente a su cerebro en sí mismo. Desde la medicina y desde la filosofía esto es absurdo. Yo no soy mi cerebro. Mi yo no está circunscrito a mi cráneo. Pero bueno, cuando hay mala filosofía se cometen todo tipo de barbaridades y es bueno que ustedes como adultos responsables e inteligentes, sepan qué clase de cosas están pasando en nuestro mundo. Así pues, esta empresa ofrece sus servicios que consisten ¿en qué consisten? En que cuando la persona está a punto de morir, estos están listos con una serie de sustancias que van a inyectar en el cadáver. ¿Qué es lo que van a hacer exactamente? ¿O qué fue lo que hicieron con esta pequeña niña? Y lo mismo han hecho con muchos otros cadáveres. ¿Qué es lo que hacen? Apenas muere la persona, extraen un asunto prácticamente de segundos. Iba a decir es un asunto vital. Pero tratándose de la muerte, no es vital. No sé cómo llamarlo crítico. Tal vez entonces tienen que extraer la sangre y al mismo tiempo reemplazan la sangre por un líquido que tiene unas ciertas propiedades. El gran problema de la congelación, como saben los expertos en alimentos, es que cuando se produce un proceso de congelación, los cristales de hielo rompen las membranas celulares, no las membranas de sus aparatos celulares, sino las membranas de sus células, de sus células, de su cuerpo. O sea, antes de que existieran celulares ya existían las células. Eso correcto. Entonces, ¿qué viene a suceder? Que cuando se hace un proceso normal de congelación, esos cristales que rompen las membranas de las células arruinan el tejido. Por eso usted se habrá dado cuenta. Espero que no le haya tocado hacer este experimento. Si usted en su casa tiene que congelar una carne, la descongela, luego la vuelve a congelar, luego la vuelve a descongelar. Usted nota que se arruina completamente el sabor, la estructura de la carne. ¿Por qué? Porque los cristales que se forman en un proceso normal de congelación son cristales demasiado grandes que al formarse rompen las paredes de las células, es decir, las membranas celulares. En el sistema de la criopreservación lo que hacen es inyectar un líquido que tiene la propiedad de congelarse a una velocidad extraordinariamente rápida y prácticamente sin cambiar su volumen. Es decir, reemplazan la sangre, incluyendo la sangre que circula en el cerebro. Reemplazan la sangre de ese cadáver. Perdón, lo que voy a decir. Ese cadáver fresco. Reemplazan la sangre del cadáver fresco por esa sustancia. Una sustancia diseñada por las más altas, por los más altos estándares de la química. Porque tiene esas dos características. Tiene una transmisión, una velocidad de transmisión térmica impresionante y además, al congelarse cambia poco su volumen. Entonces imagínense la escena. Están estos papás desconsolados ante la muerte de su hija. No le hicieron eutanasia hasta donde aseguran las noticias, pero apenas murió la hija viene el proceso. Esto es asunto de segundos, de reemplazar la sangre, la sangre de todo ese cuerpecito por esa sustancia química. Realizado eso, entonces viene la parte un poco más macabra todavía hay que abrir el cráneo, hay que sacar el cerebro que ya está lleno de ese líquido y en ese momento se congela el cerebro, se congela a una temperatura inicial que si no me falla la memoria es como de menos noventa grados centígrados. Lo conservan en esa temperatura durante un tiempo y después lo pasan a una cámara que queda en Estados Unidos de América, donde ese cerebro se baja a menos ciento noventa y tres grados centígrados, que es más o menos la temperatura del nitrógeno líquido. En teoría, un tejido conservado a menos ciento noventa y tres grados en esas condiciones puede durar indefinidamente. Entrevistan a estos papás médicos además, ellos. ¿Ustedes por qué le hicieron eso al cerebro de su hija? Responden porque tenemos esperanza de que la medicina un día mejorara. Y cuando la medicina esté mucho más avanzada, entonces tal vez puedan descongelar el cerebro de nuestra hija y reconectarlo. Yo no sé a qué, porque resulta que el cuerpecito de esta pobre chiquita obviamente se descompuso. Entonces, ¿a qué se va a conectar ese cerebro? No se sabe. Pero te das cuenta hasta dónde hay un anhelo de. ¿De qué? De qué? ¿De inmortalidad. Es la guerra contra la muerte. Esa es la primera parte de esta homilía. Mis amados hermanos. La guerra contra la muerte. Desde las momias de Egipto hasta las momias de Japón, pasando por las momias de los Incas. Ustedes saben que los Incas tenían una gran cantidad de momias, las cuales eran con frecuencia especie de sacrificios permanentes a los dioses. Era muy peligroso ser niño o ser niña. Parece que tenían predilección por las niñas. Era muy peligroso ser niña en el Imperio Inca, por lo menos en ciertas circunstancias, porque, según todo indica, esas niñas eran sacrificadas y luego momificadas. ¿Para qué? A mí esto me conmueve tanto. Todo sacrificio de niño a uno le parte el alma. Pero a mí me conmueve mucho este detalle de la cultura inca, que como ustedes saben, estuvo hasta muy cerquita de aquí. ¿Sabe qué me conmueve? Que los incas hacían el sacrificio y momificaban la víctima. ¿Para qué? Para que esa momia fuera como una oración permanente, como un grito continuo que recordaba las divinidades en las que ellos creían que ese sacrificio había sido hecho. Otros lugares donde se han encontrado momias debidas a sacrificios humanos. Son los países del norte de Europa como Escocia, Inglaterra, Gales y también Irlanda. Se han encontrado sacrificios humanos y los cadáveres han sido momificados por condiciones de bajísima cantidad de oxígeno que se producen en esas zonas de tundra. En esos países, de nuevo, es una guerra contra la muerte. ¿Saben lo que yo pensaba cuando conocí esta historia de las niñas? Hasta donde yo recuerdo, la mayoría son niñas, repito. Estas niñas sacrificadas por los incas. Yo pensaba en la carta a los Hebreos porque la carta a los Hebreos nos dice algo bellísimo, nos dice: que Jesús sigue intercediendo por nosotros, Es decir, cada una de las historias que les he contado. La criopreservación del cerebro de la niña tailandesa, los auto momias de los budistas judíos, las momias de los egipcios, los entierros rituales de las culturas antiquísimas, incluyendo neandertales. Todo eso a mí me habla de tres cosas, me habla de lo que ya he dicho y repetido la guerra del ser humano contra la muerte. Y esto es muy importante, no estamos hechos para la muerte. Dentro de nosotros hay un grito hacia la vida. Esto es muy importante para nuestra fe cristiana. En segundo lugar, esto nos enseña cómo de una o de otra forma nosotros deseamos entregar lo mejor de nosotros a la Divinidad. ¿Por qué la ley de Moisés prohibía los sacrificios humanos? ¿Por qué la Biblia dispara a juicio implacable contra Jefté? Aquel hombre del libro de los jueces que sacrificó a su propia hija. ¿Por qué? Porque eso se practicaba en las culturas de aquella época. O sea que, fíjate, por una parte, el ser humano se rebela contra la muerte. Pero por otra parte, entendemos que tenemos que entregar la vida para que la vida tenga sentido. No sé si usted está tomando apunte de eso. Las dos frases que llevamos son primera el ser humano se rebela contra la muerte. Estamos hechos para la vida, pero segunda la vida sólo encuentra sentido cuando la doy completamente. La sensación de aburrimiento, de fastidio, la sensación de asco que tantas personas tienen sobre su propia vida. Es simplemente que no han encontrado una casa digna, un amor suficiente al cual entregarse. Porque la vida fue dada para darla. Llevamos dos datos importantes. El tercer dato es el de las niñas incas. De algún modo queremos que nuestro sacrificio permanezca para siempre. Y eso es lo que nos ofrece la Carta a los Hebreos. Estas tres comprobaciones que he dicho son comprobaciones desde la antropología, es decir, el estudio del ser humano en sus distintas culturas y expresiones. Repito, primera comprobación: No fuimos hechos para la muerte, sino para la vida. Segunda, la vida sólo adquiere sentido dándola. Tercera cuando damos la vida buscamos eternidad. Por eso esas chiquitas pobrecillas incas permanecían como una especie de grito, como una oración que jamás se iba a apagar. Esos son los datos de la antropología. Con esos datos, ahora miremos cómo mira nuestro tiempo a los muertos. Hay tres palabras que me parece que caracterizan una gran parte de nuestro comportamiento como sociedad. No digo ustedes. Nuestro comportamiento actual como sociedad frente a los muertos. Y esas tres palabras a mí no me gustan. Pero para eso, bendito Dios, tenemos esta ocasión de orar, de reflexionar y de dar nuestro aporte para que las cosas cambien. Hay tres palabras. Primera, lo que yo más veo en las funerarias es un llanto de muchísimo dolor y para mí, en mi experiencia, la mayor parte del dolor de la gente se llama remordimiento. El amor que no di, el perdón que no di, el perdón que no pedí, el cuidado que no hay. Y se murió mi tía. Y ahí es cuando me acuerdo. Yo nunca la llamaba, remordimiento. Ahí es cuando me acuerdo. Y esas heridas, Dios todo lo puede sanar. Pero esas heridas son muy, muy profundas. Ayer anteayer me escribía una amiga muy querida de mi país y me decía: Tengo un dolor terrible. Mi padre me abandonó cuando yo era pequeña. Mi padre agoniza con un cáncer espantoso. Mi padre nunca, nunca me ha pedido perdón y yo nunca he podido perdonarlo. Y mi padre se está muriendo. Ese es el dolor. Ese es el dolor. La gente, mucha gente, no necesariamente ustedes, claro. Pero muchísima gente vive la muerte con un profundo sentido de remordimiento. Porque, por supuesto, la muerte significa el final de una historia. Mi historia con mi padre. Mi historia con mi tía. Mi historia con mi esposo. Mi historia con mis hijos. Se corta con la muerte. Ese es el drama precisamente. Entonces muchas personas conservan en su corazón traumas profundísimos simplemente por remordimiento. Segundo, nuestra cultura suele vivir la muerte con muchísima nostalgia, nostalgia y como hemos comentado en otras predicaciones, la nostalgia en cuanto tal, no es un sentimiento muy cristiano. La nostalgia es como un remordimiento, pero con unas dos cucharadas de azúcar. La nostalgia es como lo que hubiera podido ser si se hubiera hecho tiempos aquellos, si pudiera echar la película de para atrás. O cuántas personas dicen ¡Ay, si pudiera ir de para atrás! ¡Qué abrazo, quisiera darle a mi papá, a mi mamá! A veces esa nostalgia se expresa también en el presente. Si estuviera mi papá, si estuviera mi hermano, si yo pudiera hablar con él. Cuidado con la nostalgia. La nostalgia ha llevado a algunas mentes incluso brillantes por los caminos del espiritismo. El espiritismo es una deformación de la nostalgia. Un hombre sumamente inteligente, Arthur Conan Doyle, conocido por su personaje Sherlock Holmes. Este hombre, un escritor simplemente genial. Y además un investigador, un detective. Él mismo. Por eso el personaje le salió tan bien retratado. Bueno, Sir Arthur, entiendo que fue. Recibió ese título nobiliario. Sir Arthur era fervoroso creyente del espiritismo. Cuidado con eso. Cuidado con eso. La nostalgia va hacia el espiritismo. La nostalgia hay que manejarla con mucho cuidado. Lo único bueno que tiene la nostalgia es el aprecio de los bienes y enseñanzas que nos deja el pasado. Esa es la única parte buena de la nostalgia. Tratar de devolverme al pasado, tratar de que la persona esté aquí, tratar de desear eso es muy peligroso. Pero la gente vive la muerte. La experiencia de la muerte la vive con muchísimo remordimiento y con muchísima nostalgia. Nada de raro que se dé el paso a la tercera palabra, que tampoco me gusta. Esta si no me gusta nada ni le encuentro nada de bueno, que es un pensamiento mágico, la magia. Esto es lo que ha sucedido en una gran cultura de nuestra época que es la cultura mexicana. Ustedes. Y que Dios preserve siempre a Bolivia en nuestros corazones y familias. Ustedes no se pueden imaginar lo que es la epidemia del culto satánico a la Santa Muerte en México. Y todo empezó con el remordimiento y con la nostalgia. Una serie de prácticas a las cuales la Iglesia me parece que ha debido ponerles un poco más de freno. Es que durante décadas y décadas, durante generaciones y generaciones, muchos mexicanos acostumbran ir el dos de noviembre a los cementerios, entre otras cosas, a preparar comidas en los cementerios o a llevar comida al cementerio. Preferentemente la comida que le gustaba al difunto. Entonces paran en un McDonalds, compran el combo doble queso. Bueno, usualmente no es McDonalds, para ser sinceros. Van allá y se sientan literalmente, se sientan alrededor de la tumba a hacer ejercicios de nostalgia al recordar a poner la música que le gustaba al muerto y el muertecito. Es decir, el cadáver está ahí, a dos metros y medio abajo, a recordar, a poner la música que le gusta. Ese tipo de prácticas, si no son ya idolátricas, si no son ya espiritistas, van en esa ruta. ¡Cuidado con eso! Por favor, aprender el único bien que puede recibir un muerto es que oremos por él, punto. No hay nada más. Nada más. Porque hay otro problema con tanto artista que se está suicidando. Pues sí, es triste decirlo, pero es que hagan la cuenta de cuánto cantante, cuanto actor y cuanta actriz. Y es normal, es decir, es explicable, no es normal es explicable, porque las vidas de estas grandes estrellas son vidas absolutamente locas. Por una parte es buscar que las multitudes te adoren y luego descubrir que eso, aunque tenga cien mil o doscientas mil personas aclamándote, te deja vacío. Porque acuérdate, el vacío que hay en tu corazón no lo va a llenar nadie, sino solo Dios, solo Dios. Entonces tú puedes tener doscientas mil personas adorándote y tú puedes ser One Direction, o tú puedes ser los Beatles, o tú puedes ser Madonna, o tú puedes ser lo que quieras. La adoración de los seres humanos no te va a satisfacer jamás. Entonces, todos estos actores y cantantes y actrices que además son parte de un engranaje comercial. Realmente estos seres humanos son usados de una manera descarada e inhumana porque son los managers los que determinan cuál tiene que ser tu peso, tu figura corporal, el color de tu cabello, a quien le das entrevista, qué idioma hablas. Yo lo sé bien porque tengo alguna relación con los parientes de una famosa cantante colombiana que utiliza el nombre de Shakira. Shakira no tenía el color de cabello, ni hablaba como habla, ni era como es. Todo eso es obra de una maquinaria, una maquinaria comercial. Pues qué sientes tú de que una maquinaria comercial te obligue a que tienes que ser así, Fotografiarte así, tener el color, así, hablar de esta manera, cantar aquí, desnudarte aquí, hacer videos pornográficos con no sé quién. Todo eso es parte de la maquinaria. Entonces, ¿en qué se refugian estos actores? Pastillas. Pastillas que prácticamente los anestesian. A mí todavía me da escalofríos recordar los meses finales de Michael Jackson. Según la descripción de los médicos, Michael Jackson tenía que doparse por la noche para poder dormir. Pero luego, en la mañana, el efecto de esas drogas tan fuertes hacía que tuviera que tomar un estimulante muy fuerte para poder funcionar el día. Entonces, cada día un estimulante más fuerte y cada noche un somnífero más fuerte. ¿Cuánto te aguanta el cuerpo? Un día el cuerpo no aguanta. Un día tu mente no aguanta. Un día haces un cóctel de tragos y drogas y te matas. Bueno, con tanta gente que se ha matado porque ahí era donde íbamos. No. Con tanta, con tantas personas que se han suicidado. Realmente uno tiene que pensar ¿a dónde, a dónde nos está llevando esta cultura? Ese enorme vacío de tantas personas. Y es ahí, es ahí, es en ese ambiente donde cuando muere una persona de estas, ¿qué es lo que le ofrecen? Una cantidad de tweets, una cantidad de mensajes póstumos. Era un gran compañero de trabajo. Homenaje a Michael Jackson. La película que Michael Jackson estaba haciendo, las canciones que le gustaban a Michael Jackson o Whitney Houston o cualquiera de esos que se han suicidado. Amy Winehouse había una. Tenía una voz impresionante, esa señora, pero nunca logramos que entrara a un ministerio de música para alabanza a Cristo. Esa fue la tristeza. Entonces, ¿qué es lo que le ofrece la gente a todos estos que se suicidan? Tributos, homenajes, no sé qué póstumo. No sirve de nada. No sirve de nada. A ellos no les sirve nada de eso. Lo único que sirve a ellos es oración. Eso es lo único que sirve. Y yo, cada vez que tengo noticias de otro desgraciado que se ha suicidado. Desgraciado en el sentido de una persona que lleva una vida absolutamente miserable. Podridos de millones de dólares, pero miserables. Cada vez que yo tengo noticias de una de esas muertes, lo recuerdo en la Santa Misa, porque creo que eso sí les sirve a esas almas desventuradas, tristísimas, solas. Eso sí les puede servir. Lo demás, recordarlo y hacer minutos de silencio y salir en programas. No sirve para nada. Volvemos a nuestro tema. Nuestro tema es que nuestra cultura lee la muerte desde tres palabras que son el remordimiento, la nostalgia y la magia. Y a la magia se llega por eso, a la magia se llega. Por eso es impresionante. A través de la nostalgia, a través de jugar con la nostalgia y el remordimiento, empieza la búsqueda de algún tipo de contacto con los muertos y cosas parecidas. ¿Cuál es la respuesta cristiana? Fíjate lo que vimos. Recuerda el mapa de esta homilía. Primero tuvimos una parte antropológica donde afirmábamos tres realidades. Las tres realidades eran primera, el ser humano no está hecho para la muerte. Dentro de nosotros siempre hay un grito, un anhelo de vida. Segundo. Segundo. ¿Cuál era el segundo punto? Eso sí me gusta la gente atenta. Otros, en cambio, escriben y escriben, pero no sé a quién le están escribiendo. Entonces, segundo, ¿cuál es el segundo? La vida adquiere sentido en una entrega total. Y es curioso, no queremos perder la vida, pero necesitamos entregar la vida. ¡Qué misterio qué es el ser humano! Y tercero, queremos que nuestros sacrificios tengan un valor eterno. Por eso las parejas, cuando se aman, siempre hablan de eternidad. Te amaré para siempre. ¡Ay eso es muy bello, escúchar! Claro que luego vienen los cínicos como Oscar Wilde y dicen. A veces un amor transitorio dura más que un amor para siempre. No. Esos amores para siempre. Para siempre, siempre te querré. Y cuando esté enfermita y fea me vas a querer sin exagerar. Pero en nosotros hay la idea de que la entrega tiene que ser para siempre. Esa fue la parte antropológica. Luego, la parte cultural de nuestra época, las tres palabras. ¿Cuáles eran las tres palabras? Remordimiento, nostalgia, imagen. Es fácil si uno mira los apuntes de la esposa, porque hay parejas que no toman apuntes, sino uno. Bueno, está bien. Son muy unidos ellos. Pasamos al tercer punto. Tercera y última parte de nuestra predicación. ¿Y la respuesta cristiana, qué? La respuesta cristiana tiene también tres palabras. Hoy estamos con el número tres. Tiene tres palabras. la primera palabra, la más hermosa es la palabra fe. Y la fe nos recuerda el Papa Benedicto, a quien hemos citado varias veces. Tiene una primera dimensión que es la dimensión existencial, y la fe en dimensión existencial es la absoluta confianza en Dios. Dice el apóstol San Pablo: Tanto en la vida como en la muerte somos del Señor. Entonces yo vivo mi vida ante Dios y en sus manos. Y hay esta frase y yo vivo mi muerte, es decir, mi morir ante Dios y en sus manos, y espero la eternidad ante Dios y en sus manos. Por consiguiente, toda crispación, todo terror, toda obnubilación de la mente por el miedo, por la tragedia, es ajena al cristianismo. Lo nuestro, la primera palabra frente a la muerte es la fe. Fe que significa Yo sé en quien he puesto mi fe y sé que es poderoso para guardar hasta el fin lo que le he confiado. Esa frase de San Pablo. Esa es la primera respuesta ante la muerte. Lo nuestro no es la desesperación, lo nuestro no es la angustia. Lo nuestro no es ese remordimiento estéril. Por eso hay una frase que ustedes han oído muchas veces en vida hermano, en vida. Claro, hay que amar pronto, pronto. A los que tienes cerca hay que amarlos pronto. El perdón hay que darlo pronto. La oración hay que hacerla pronto. Hay que gastar bien el tiempo que tenemos. Qué hermoso lo que dice Nuestro Señor Jesucristo cuando le contaron que Herodes le estaba buscando para matarlo. Una lectura que salió no hace mucho en la misa y dice Jesús dice hermosamente Jesucristo: Vayan y díganle a ese zorro hoy y mañana tengo que trabajar y pasado mañana llego a mi final. Tengo que trabajar, tengo que emplear bien mi tiempo. Ya que dije una cosa medio triste de los incas, lo de los sacrificios humanos, especialmente de niñas, hay que recordar una cosa muy bonita de los incas. Los incas funcionaban con un código de tres preceptos. Ellos no tenían diez mandamientos, sino tres preceptos, y los tres preceptos eran muy sencillos: No mientas, no robes y no seas ocioso. Y en esas tres, en esos tres preceptos hay una síntesis muy buena de lo que es la vida humana: No mientas, no robes y no seas flojo, ocioso. Entonces aplica eso. Yo llevo una vida cristiana en Dios y ante Dios. Vivo fiado de Él y empleo bien mi tiempo. Esa es nuestra respuesta. Dicho de otra manera, la respuesta ante la muerte no es cuando me esté muriendo, empleando bien el día de hoy que se te ve en buena salud. Yo miro por ejemplo aquí esta señorita parece en buena salud dice uno. Sí, parece buena Salud. Allá el señor buena salud. Muy bien. El día que estás en buena salud, ese es el día para preparar tu muerte. El día que estás en la plenitud de tu fuerza. Ese es el día para preparar la muerte. Padre, ¿y cómo preparó la muerte, si yo soy joven, fuerte, inteligente y más bonito? Emplea tu tiempo. ¿Cómo lo empleó? Como dice el evangelio de hoy. Dando de comer al hambriento, de beber al sediento atendiendo al necesitado. Gasta bien tu tiempo en la vida y nada tienes que temer en la muerte. Entonces la primera palabra cristiana es fe. Como absoluta confianza en el Dios que me ha amado. Pero una fe coherente para ser completa. La respuesta van a ser tres puntos. Primer punto Fe coherente. Fe que significa un abandono, una confianza total en el Señor, pero coherente ¿y coherente qué quiere decir? Que ese mismo Dios me dice: Emplea bien tu tiempo, emplea bien tu tiempo. ¿En qué? Amando, sirviendo, ayudando. Esa es la paz de tu alma. Acuérdate que el banco del Cielo. Funciona al revés que el banco de la Tierra. En el Banco de la Tierra. Para acumular no doy. No le doy nada porque yo lo quiero guardar en mi banco. Ese es el banco de la Tierra. El banco del cielo. ¿Cómo funciona? ¿Cómo acumulo en el banco del cielo? Dando. Entonces dice Jesús: No acumuléis tesoros en la tierra donde la polilla, roe, donde el ladrón roba, acumula tesoros en el cielo. Entonces. Primera respuesta ante la muerte. La respuesta ante la muerte no es cuando le diga el médico: Lo suyo es grave. Le queda poco tiempo. ¿Cuánto tiempo, doctor? Diez, Nueve. Ese no es el momento para prepararse para la muerte. Ese no es el momento ¿cuando hay que prepararse para la muerte? Cuando uno está joven, fuerte, inteligente, con buen trabajo, con buenos amigos y más bonito. Entonces toda esta gente bonita. Cierto. ¿Y los demás que estamos aquí? Este es el momento para preparar la muerte. Entonces. Fe. Segundo. Segundo punto en la perspectiva cristiana. En la perspectiva cristiana certeza de victoria. Hay uno que ha vencido a la muerte. En él está la respuesta. Ese suicidio, largo alegría de Satanás, de los budistas japoneses. Un suicidio largo, un acto supremo de odio a sí mismo. Ese suicidio largo o esa crueldad y ensañamiento con un cerebro como si fuera un ser humano, sometiéndolo a menos ciento noventa y tres grados centígrados. Eso no es respuesta. El único que vence a la muerte es el león de la tribu de Judá. Amén. Es él el que ha vencido a la muerte. Por eso decimos en el Credo: Creemos en la resurrección de la carne y en la vida del mundo futuro. Lo nuestro es victoria y por eso lo nuestro no es nostalgia, lo nuestro es victoria. Entonces fe, porque tengo confianza en el que me ha amado y porque quiero vivir con coherencia. Segundo victoria porque sé que él ha vencido a la muerte, porque en él está mi victoria. Dice el apóstol San Pablo: Si hemos muerto con él, resucitaremos con él. ¿Cómo vamos a resucitar? No lo sabemos. No lo sabemos, pero resucitaremos con él. Y tercera clave cristiana que ya la hemos enunciado la oración, la oración. Yo les voy a pedir un favor a la querida comunidad Betania. Llegando al final de esta homilía, les voy a pedir un favor para los difuntos. Por favor, cuando se muera una persona de tus amigos, amigas, parientes, yo les voy a pedir que eviten estas dos expresiones. Solamente se los pido en el nombre de Cristo. Hay dos expresiones que se han metido mucho en la Iglesia Católica y que si las miras bien, son incorrectas. Primero, estamos celebrando la Pascua de. No es una expresión correcta. Yo sé que se dice con buena intención para poner el acento, no en el hecho de la muerte, sino en que estamos llamados a la resurrección. Pero si lo analizas bien, yo todavía no puedo celebrar la Pascua. Por ejemplo, supongamos que mi querido amigo aquí presente, para que no se diga que todo es aquí con ella. Supongamos que mi querido amigo aquí presente fallece. Vamos a celebrar la Pascua de Roque. No. No, no, no ha sucedido. De hecho, San Pablo corrige esa herejía en el Nuevo Testamento. Dice: La resurrección no ha sucedido. Además, hay un problema que cuando yo declaro que ya fue la Pascua suya, es como si ya usted no necesitara. Y es muy posible que esa persona esté necesitando oración. Es muy posible. Yo por lo menos pido que cuando yo me muera, teniendo en cuenta que ya tengo más de cincuenta años de vida extrauterina. Cuando yo me muera, no digan la Pascua de Fray Nelson. Diga: Ahora hay que orar por fray Nelson. Claro, somos llamados a la resurrección. Pero la resurrección no ha sucedido. No ha sucedido. Y esto lo enfatiza San Pablo: La resurrección no ha sucedido. Entonces, con esas expresiones y la otra que les voy a pedir que evitemos es cuando uno ya declara la gente en el cielo. Tu tía que estaba muy enferma, no, ya el Señor se la llevó al cielo, no, no sabemos si se la llevó al cielo. ¿Qué es lo malo de decir eso? No es que sea un error terrible, una herejía espantosa. Lo malo es que nos va quitando la conciencia de que hay que orar por los difuntos. Por supuesto que si mi tía está allá en el cielo, ya no hay que orar por ella, porque por los santos no oramos para que Dios los lleve al cielo. No, no le pedimos a Dios que lleve a Santo Domingo al cielo. Que lleve a San Francisco al cielo. Que lleve a Santa Catalina al cielo. Porque precisamente las declaraciones de canonización lo que quieren decir es, que está en el cielo. Pero esos son ellos. Pero yo no sé si mi tía. Yo no sé si mi hijo. Yo no sé si mi madre. Uno puede tener un cierto presentimiento. Por ejemplo, en mi familia desde hace décadas, tenemos el presentimiento que una tía nuestra que vivió con tanta caridad, con tanta pureza y con tanta piedad que nos dio testimonio a todos, tenemos una cierta idea de que ella podría estar en el cielo. Pero eso sí, alguien lo tiene que declarar. Es la Iglesia. Entonces cierro esta homilía pidiéndoles Por favor, no mandemos tan rápidamente la gente al cielo. No sabemos si la gente está necesitando oración y algo tan bello de nuestra Iglesia Católica es que nosotros no dejamos de amar a las personas porque dejemos de verlas. Yo puedo tener hablando aquí de nuestro contexto cultural cruceño. Yo puedo tener una cierta certeza, por ejemplo, de que el muy amado padre Cris. Posiblemente ese padre está en el cielo. Hay muchas señales de lo que yo lo traté y conocí y de lo que otras personas puede ser. Pero la Iglesia tiene procesos para eso. Entonces, si tú quieres apoyar el proceso de canonización del Padre Cris, bendito sea Dios, que se reúnan los testimonios, que se hagan las oraciones, que se siga el camino y el día que se declare, pues será alegría de todos nosotros. Pero hay que dejar que la Iglesia tenga la palabra. Entonces, Resumen de la respuesta cristiana frente a lo antropológico y lo cultural. Primero, fe que significa fe coherente, que significa me abandono en Dios, pero al mismo tiempo estoy practicando la misericordia. Segundo certeza de victoria: A mí nadie me va a llevar al pánico. Nadie. Y tercero, oración. Oración. Por eso les pido no declaremos a la gente tan rápido en Pascua y en el cielo, no. No es buena idea. Yo por lo menos pido que por mí, Oren. Yo sí pido que oren por mí. Ya. si Dios en su misericordia ha dispuesto de mí de otra manera, haga Él su santa voluntad. Con esta convicción ustedes saben que estamos ofreciendo esta Eucaristía por nuestros fieles difuntos, porque queremos que la plenitud del amor de Dios llegue a ellos, y ellos, un día, junto con nosotros, puedan darle gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

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