Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Mientras que la crueldad tiene su espacio de poder hasta la muerte, la misericordia traspasa ese umbral, y vence.

Homilía fdif010a, predicada en 20141102, con 7 min. y 50 seg.

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Transcripción:

En la celebración de hoy, la conmemoración de todos los fieles difuntos. La Iglesia nos da una variedad de lecturas. Las que acabamos de escuchar no son las únicas posibles. Por supuesto. Lo que sí quiere la Iglesia es que escojamos aquellas lecturas del elenco que nos da, aquellas que tienen que ver con el misterio de la muerte y la resurrección. En esta oportunidad hemos proclamado un texto de la Pasión de Cristo según San Marcos. Y encontramos un acto de crueldad. Cuando ya Cristo estaba a punto de morir. Está realmente torturado por la sed. Y entonces alguno de los presentes empapa una esponja en vinagre. Es una burla cruel de la sed. Y le lleva la esponja hasta la boca, como haciendo más dura, más punzante, esa misma sed. Además del hecho que es torturante, hay también sarcasmo en la palabra que dice esta persona: Dejad a ver si viene Elías a bajarlo. Es una burla a la fe y sobre todo es una burla al amor. Por supuesto, este hombre con su crueldad.

No puede imaginarse que lo que tiene a Cristo pegado a la cruz, más que los clavos, es el amor. Según expone bellísimamente Santa Catalina de Siena. No hubieran sido suficientes los clavos para mantenerte en la cruz si no te tuviera allí el amor, dice Catalina. Pero eso no lo entiende este juguete del demonio que tiene tanta crueldad ante un condenado, aunque no supiera que era el Hijo de Dios. Realmente es un acto bárbaro la burla en la palabra y la crueldad en el acto. ¿Por qué destaco esto? Porque la Pasión de Cristo estuvo llena de esos actos de burla y de crueldad. La corona de espinas sabemos bien que era un acto cruel, pero también un acto de burla. El haber sido pospuesto. De manera que se salvó Barrabás y se condenó el inocente. Es otra crueldad. Y así sucesivamente. Cuando le golpean la cabeza y le dicen: Haz de profeta, fíjate la burla. Haz de profeta. ¿Quién te pegó? Todas estas crueldades tienen, sin embargo, un límite. La última de las crueldades sucede ya sobre el cadáver de Cristo. Con la lanza el centurión rompe el pecho de Jesús y sale sangre y sale agua. Y ahí terminan las crueldades. Ya la crueldad no puede hacer más, ya es un cadáver.

Entonces bajan a Cristo de la cruz y ya es la ternura y la devoción la que tiene lugar. María, su madre, María Magdalena, José de Arimatea. Algunos otros discípulos preparan rápidamente el cadáver, lo llevan al sepulcro. Lo que me interesa destacar es que: toda esa pezuña del demonio, toda esa crueldad, tiene un límite. Y ese límite es la muerte. Hasta ahí llega. Ese es el límite. Y eso es bueno recordarlo, porque la fiesta de hoy no es fiesta. La conmemoración de hoy va más allá de la muerte. Lo que estamos celebrando es la misericordia de Cristo en su Iglesia, misericordia que extiende las manos y traspasa el umbral de la muerte. Y ese es el contraste que quiero hacer. Toda la crueldad. terrible, absurda. Toda la crueldad llega hasta la muerte y se para. La misericordia llega hasta la muerte y sigue. Nuestras oraciones y la caridad con que oramos por nuestros difuntos traspasan el umbral de la muerte. La muerte le pone un límite al dolor. La muerte es incapaz de ponerle un límite al amor. El amor puede, lo que el dolor no puede. El amor logra lo que la crueldad no logra. El amor traspasa la puerta de la muerte.

Las oraciones que estamos haciendo en este momento y esta misma Eucaristía son actos de amor. Son manos de amor que atraviesan las puertas de la muerte para buscar a los difuntos y para ofrecerles el cariño de Cristo, para ofrecerles el refrigerio del Espíritu. Y finalmente, la alegría infinita, inconmensurable de la eternidad junto a Dios. O sea que una manera de ver esta fiesta y ahora la llamo fiesta porque es de la misericordia. Una manera de mirar esta celebración, esta fiesta de misericordia es darnos cuenta que mucho más de lo que pueden la traición, el sarcasmo y la crueldad. Mucho más que eso, puede el bendito amor de Dios.

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