Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La misericordia es profundamente realista: la revelación de nuestras necesidades muestra la necesidad que tenemos de ser rescatados.

Homilía fdif009a, predicada en 20141102, con 4 min. y 10 seg.

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Transcripción:

El dos de noviembre, nuestra Iglesia Católica tiene una celebración única durante el año. Se trata de la conmemoración de todos los fieles difuntos. Creo que la mejor manera de comprender esta celebración es relacionándola con la que tuvimos el día de ayer. Ayer estábamos recordando la santidad de la Iglesia. Hoy recordamos que la Iglesia necesita de la misericordia de Dios, muy particularmente para los fieles difuntos. Ayer también se trataba de difuntos. Pero fíjate esa realidad tan profunda, esa pedagogía tan bella de nuestra Madre la Iglesia. Porque ayer estábamos hablando de aquellos difuntos de los que tenemos certeza, certeza que el Espíritu Santo le da a la Iglesia certeza de su victoria final, de su gloria en el cielo.

Hoy, en cambio. En esta conmemoración. Hacemos memoria de aquellos difuntos. De los que tal vez tememos que puedan necesitar el auxilio piadosísimo de la Iglesia. Especialmente a través de la oración y a través de la unión de nuestra caridad con los difuntos que han triunfado en el nombre de Cristo y difuntos que van a obtener con la misericordia de Dios también ese desenlace, pero que por el momento necesitan nuestra oración. Cabe destacar en esta manera de actuar de nuestra Iglesia lo que significa el realismo y lo que significa la misericordia. No se oponen. Ser realista y ser compasivo no se oponen. Muy al contrario. La realidad de lo que somos los seres humanos, la realidad de nuestras injusticias, de nuestras ingratitudes y de nuestros defectos, esa realidad es precisamente la que demanda una acción de misericordia, una actitud de compasión. No, no se oponen esas dos. Se necesita verdadero realismo para hacer verdadera oración.

Pidamos entonces por nuestros difuntos. Recordemos a tantos que nos han precedido. Me gusta de esta celebración que no es simplemente cada uno pidiendo por sí mismo o por su propia familia, pidiendo por mi mamá que murió hace tanto, por mi hermanito que murió hace tanto, por mi abuelo, por mí. Es la iglesia entera la que reconoce que todos sus difuntos necesitan oración. O sea que estamos recordando. Estamos recordando que yo debo orar también por tus difuntos y que tú, por favor, recuerdes a los míos. Estamos recordando que todos somos destinatarios y en ese sentido todos somos también mediaciones de misericordia para los demás. Recordemos con amor a los que han pasado.

Pidamos al Señor que los mire con compasión y miremos también cómo estamos viviendo nosotros mismos. Miremos si nuestra vida se orienta hacia ese triunfo pleno de la gracia, como lo recordábamos ayer en la Solemnidad de todos los Santos, o si hasta cierto punto somos una carga. La Iglesia es grande y la Iglesia es poderosa porque tiene a Cristo en ella. Pero soy yo más de los que ayudan a cargar o soy más una carga. Buena pregunta para examinarse hoy.

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