Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Con gran realismo la Iglesia ora por aquellos que creyeron en Cristo pero se quedaron cortos en el amor.

Homilía fdif006a, predicada en 20121102, con 4 min. y 57 seg.

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Transcripción:

En el día de ayer recordábamos la santidad de la Iglesia, una santidad que viene como agradable sorpresa para aquel que sepa tener ojos y descubrirla. Hay tantas noticias malas, hay tantas noticias tristes, hay tantas cosas que nos llenan con razón de indignación. ¡Qué bueno descubrir la santidad! Qué bueno descubrir que muchas veces de una manera callada pero real, el bien triunfa sobre el mal. Cada vez que alguien decide perdonar y orar, en lugar de vengarse y destruir, ahí está obrando Dios. Ahí la santidad de Dios está haciendo su maravilla. Cada vez que una persona renuncia a los pensamientos de codicia y en cambio busca cómo emplear mejor su tiempo con un poco de solidaridad, ahí está obrando Dios.

Cada vez que alguien sacude de su cabeza pensamientos impuros y le da en cambio un lugar a la oración y al amor de Dios, ahí está obrando Dios. Si, Dios está obrando de muchas maneras y no deberíamos ser tan pesimistas, pero tampoco podemos ser ilusos. El camino de la perfección, el camino del amor de Dios, es un camino largo. Jesús nos habló de un camino estrecho y empinado. Cuando envió a sus discípulos, les dijo: Los estoy enviando como ovejas en medio de lobos. Así estaba mostrando Cristo que la vida cristiana, la vida de sus discípulos, verdaderamente es un combate, un combate espiritual.

También dijo que cada uno de nosotros tenía que tomar su cruz y seguirlo. Y la cruz en el tiempo de Cristo tenía un significado demasiado claro. Era el peor instrumento de tortura. O sea que el lenguaje de Cristo no nos invita a la desesperación, pero tampoco nos invita a la fantasía. Tampoco es para que digamos que en el fondo todos son buenos y en el fondo todo saldrá bien. Y ese fondo nunca llega. Y ese fondo quizás no existe precisamente porque la Iglesia ha sido enseñada por Cristo. A la vez cultiva una fuerte esperanza y un profundo realismo. Y por eso podemos suponer que la inmensa mayoría de los fieles difuntos, aunque hicieron algunos pasos quizás notables en su camino hacia Dios, lo más posible es que se hayan quedado a medias, lo más posible es que se hayan quedado por el camino. Y si se han quedado por el camino, ¿qué quiere decir? Quiere decir que la orientación fundamental de su vida fue, fue Dios, hacer el bien, creer y confiar en Cristo.

Pero a la vez no podemos negar el poder que el mal tuvo en ellos. No podemos negar que muchas veces se quedaron cortos y por eso sabemos que puesto que solo el amor es el que levanta el corazón y solo el amor limpia amor que viene de Dios, pues por eso entendemos que hay que orar por los difuntos y eso es lo que hacemos en el día de hoy orar por los difuntos, porque reconocemos que ese camino de la vida cristiana es largo y que quizás muchos, quizás la mayoría, se han quedado cortos en ese camino. Por eso la Iglesia que es madre, una madre realista, ora por sus hijos vivos y difuntos y pide que cada uno finalmente pueda completar ese camino y pueda llegar a la contemplación del rostro de nuestro Padre del Cielo.

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