Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Providencia de Dios para la hora de nuestra muerte.

Homilía fdif004a, predicada en 20011102, con 32 min. y 18 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hermanos. Hoy hemos proclamado dos lecturas. Una del libro de la Sabiduría y otra del Evangelio de Juan. Tienen en común estas dos lecturas que se refieren a la providencia de Dios para la hora de nuestra muerte. Este es un tema que me a mí me parece muy hermoso, muy esperanzador también de mucho compromiso para nosotros. La historia es que alguna vez estaba de visita, yo en Duitama, en un monasterio de nuestras monjas contemplativas y tuve ocasión de compartir algún alimento con el capellán. Y hablábamos precisamente sobre la muerte. Que siempre impresiona a todo el que piense con juicio sobre la muerte. Siempre le impresiona. Y el padre, mucho mayor en edad, en sabiduría y en gracia, me decía: Nosotros los cristianos tenemos una razón muy poderosa para no temer a la muerte. Y me dio esta comparación. Me dijo: Dios no está buscando el peor momento para llevarse a una persona. Hay una providencia de Dios sobre la hora de la muerte, y esto es lo que nos ha dicho el libro de la Sabiduría.

En el caso concreto de la persona aparentemente joven. La muerte prematura es tan expresivo. Eso que hemos escuchado en la sabiduría, donde dice: que Dios lo arrebató, Dios se lo llevó, lo arrebató para que la malicia no pervirtiera su conciencia, para que la perfidia no sedujera su alma. Es decir, Dios sabe cuál es el momento para cada cosa en nuestra vida. Y Dios sabe también cuál es el momento para la muerte. También hay una providencia de Dios para la muerte. El querido padre capellán allá en Duitama, lo expresaba a su manera. Decía: Dios buscará en cada vida. Dios buscará el mejor momento, el mejor momento, la mejor hora. para llevarse a cada persona. Eso está en la providencia de Dios. Dios ha declarado su amor irrevocable. El amor de Dios no da pie atrás. San Pablo nos dice: En él todo se ha convertido en un sí. Dios no fue primero sí y luego no. En él todo es sí. En él todo es amén. Y Dios ha declarado un amor irreversible, un amor irrevocable. Y en la persona de nuestro Señor Jesucristo se ha pronunciado resueltamente, decididamente a favor de nosotros. Por consiguiente, nosotros sabemos que Dios no da pie atrás en su amor.

Nosotros sabemos que Dios no retrocede en su amor. Dios no retira su amor nunca, mucho menos en la hora en la que se decide la eternidad. Esa es la hora que más le interesa a Dios. Esa es la hora definitiva. Y por eso, y este es el primer pensamiento que quiero que nos quede muy grabado hoy: hay una providencia de Dios para la vida y sabemos por eso que hay una providencia de Dios para la muerte. También la muerte es una providencia y Dios buscará para el final de mi vida y para la forma de mi muerte, para las personas que estarán ahí y para las circunstancias Dios buscará siempre qué es lo mejor, qué es lo mejor, porque Dios no echa pie atrás en su amor. Algunas veces cuesta trabajo creer esto. Cuando sucede una muerte repentina, cuando sucede una muerte violenta. Cuando sucede una muerte de extremo dolor, cuando la crueldad o la injusticia parecen ser las únicas vecinas de la muerte de una persona. Como que nos cuesta trabajo admitir esto. Pero no hay que dejarse confundir. En medio de la dureza y en medio de la violencia, Dios sigue reinando. Nosotros, que somos cobardes ante la fuerza o la violencia, cuando vemos que las cosas pasan de ciertos límites, nos sustraemos y no queremos mirar más, o no queremos pensar más, o no queremos meternos más. Pero Dios no retira ni su mirada, ni su mano, ni su sabiduría, ni su misericordia de nada ni de nadie, nunca.

Le decía Dios a Dios, a Catalina de Siena todos están en mis manos, siempre, siempre en mis manos. Bueno, y en el caso de la muerte violenta, la persona que muere violentamente, Por ejemplo, en una guerra. Lamentablemente, el mundo está en guerra. Naciones enteras, pueblos por todas partes en guerra. ¿Ahí cómo puede haber ternura? ¿Cómo puede haber misericordia ahí? si la hay, si la hay, Porque es verdad que Dios quisiera extender solamente su lenguaje de dulzura. Pero también es verdad que una palabra fuerte y vigorosa y un mostrarle límite a nuestras fuerzas a veces es la ternura más grande que Dios puede tener para con nosotros. Por eso, a través de las muertes violentas, incluso esas que suceden en las calles. Y estoy hablando de los atracos y de las balaceras y de lo que sucede en los campos y en las guerras y en las minas. En todo eso, ahí está también Dios.

Y en esos momentos últimos que no nos podemos imaginar cómo serán, en esos momentos espantosos de choques violentísimos en los que una vida se extermina. Ahí también hay una providencia de Dios, porque ahí seguramente quedan humillados planes humanos que le permiten a esa persona en un instante que nosotros no conocemos, reconocer que Dios es el Señor. Quitarse la idea de que Él es Dios. Estas ideas hay que sostenerlas, mis hermanos. Dios está en su providencia mirando a esos hombres que llegaron temprano el once de septiembre a sus oficinas y que estaban ahí en el piso ochenta de esa torre. Y ahí estaba Dios dirigiendo con su providencia, conduciendo con su amor a esas vidas. Y ese final, por absurdo que nos pueda parecer, es el mejor final para esas personas. ¿Cómo nos atrevemos a decir eso? Pues sí, sí señor, eso es así. Hay un ejemplo muy fuerte que está en la Sagrada Escritura. Yo no me acuerdo si es en Baruc o en Isaías de un cierto rey pagano que se consideraba él mismo un dios. Él creía que era un Dios. Y el profeta le dice: ¿Tú vas a seguir diciendo que eres Dios cuando estés delante de tus asesinos? Hay veces que la dureza estremecedora de una muerte es el mejor lenguaje para reconocer que uno no es Dios. Y ese es el principio para reconocer a Dios.

De manera que la dureza de los accidentes, de la violencia, la dureza de la muerte, también esa puede ser una providencia del Señor. Y no hablemos del caso del dolor. Nosotros, los sacerdotes. ¿Cuántas vidas vemos transformarse a través del dolor? Es una providencia de Dios también el dolor en muchas vidas. Dos de mis tíos. No sé qué pueda seguir sucediendo en mi familia. Dos de mis tíos han muerto de cánceres dolorosos y prolongados, y en ellos dos he visto unas obras de reconciliación con el Señor y unas obras de reconciliación familiar que son únicas. Por eso, segundo pensamiento para hoy lo primero que hemos dicho es Dios gobierna con su providencia y lo segundo, Dios gobierna con su providencia también cuando nosotros no entendemos, porque ninguno de nosotros sabe hasta dónde otro corazón está endurecido. Ninguno de nosotros sabe hasta dónde es necesario para una cierta persona vivir cosas.

Por otro lado, mis hermanos, no se nos olvide que la hora de la muerte es una cosa mucho más extendida de lo que nosotros pensamos. La muerte, no vayan ustedes a pensar que es únicamente lo que diga el encefalograma o el electrocardiograma. El momento de la partida para la eternidad es una cosa muchísimo más compleja. ¿A qué me estoy refiriendo? A que todo indica, todo indica que aún después de que han desaparecido todos los signos vitales y el cuerpo se enfríe y todas esas cosas. Todo indica que ahí hay todavía actos voluntarios de la persona. Porque nosotros decimos que la persona ha muerto cuando termina su relación con este tiempo, con esta vida y por lo tanto su capacidad de tener actos voluntarios. Todo indica que aún después de que han desaparecido todos los signos, incluso por horas, otros dicen días. Hay una capacidad de actos voluntarios. Claro, uno no puede entrar a partir de esto a justificar algunas cosas que se dicen de las ánimas y qué se yo. Que vienen y que toman agua y todas esas creencias más o menos populares. No tengamos una idea tan física, tan folclórica, tan tan mítica de las ánimas. Pero sí debemos decir que la hora de la partida para la eternidad no siempre es en el momento en el que se declara la muerte médica. Y por eso, entre otras cosas, el sacerdote está autorizado, después de que ha sucedido la muerte médica está autorizado bajo la suposición del arrepentimiento consciente de la persona.

Aunque no lo haya podido expresar, está autorizado para dar absolución bajo condición de pecados, aún después de que han desaparecido las señales médicas. Por eso, porque lo que se necesita, lo esencial que se necesita para la confesión es que la persona tenga contrición y deseo, hasta donde le es posible, de expresar sus pecados. Entonces, hermanos, es una cosa muy compleja, es decir, cuando termina de morir una persona, cuando desaparece para siempre su opción de tener un acto voluntario de acercarse a Dios, eso no lo sabemos, eso no lo sabemos.

Yo conocí una historia impresionante, una historia impresionante de un grupo de oración en el que sucedió una revelación privada. Yo, que soy tan escéptico a las revelaciones privadas, una revelación privada sobre el día en el que un santo estaba entrando en el cielo. En este día está entrando ese santo en el cielo. Y bueno, hubo que buscar ese santo por Internet. Hubo que hacer averiguaciones en agencias internacionales de noticias para ver quién había muerto en ese día. Y lo que se encontró es que había sido un sacerdote que había sido martirizado durante no sé cuántos años en un régimen comunista. Había muerto, pero no había muerto ese día, sino ese era el día en que se había llevado a su lugar definitivo de descanso, unos días después de lo que nosotros llamamos la muerte. Entonces, haciendo las consultas respectivas, decía un sacerdote y teólogo decía: Es posible que la hora de la partida para la eternidad esté separada de lo que nosotros llamamos la muerte. Por eso, mis hermanos, nosotros no pensemos que porque se estrella un avión contra una torre, ya esas personas quedaron muertas, como quien dice, a las ocho horas y cincuenta minutos estaban vivas y a las ocho horas cincuenta minutos y diez segundos quedaron muertas en la eternidad. Tal vez no. Es decir, aún en medio de esa desintegración y de ese pavor y de esas circunstancias tan terribles, nosotros no sabemos cuál es la hora exacta de la partida para la eternidad. Y esto vale lo mismo para las personas que son asesinadas.

Son datos muy importantes porque todos tenemos en nuestras familias gente que ha sido asesinada, gente que ha sido atracada. Es muy probable que una persona haya sido asesinada y esa persona, incluso horas después o días después, es difícil. Yo sé que esto suena raro, pero es posible que incluso horas después o días después, haya sido su partida definitiva para la eternidad. Por eso, mis queridos amigos, nosotros tenemos que estar muy unidos en oración y no entrar en desesperación cuando sucede una muerte de este género. Lo que tenemos que pensar es que seguramente hay una posibilidad de actos voluntarios para esas personas y que, sobre todo en esas horas, cuando acaba de suceder una tragedia. Cuando acaban de matar a una persona, lo más probable es que esa persona no ha partido aún, por decirlo así, del todo, para la eternidad. Y en esos casos hay mucha oración que se puede hacer. Es decir, podemos rodear de muchísimo amor a esas personas para que ellos de la mejor manera se dispongan a responder a Dios. Bueno, estas son enseñanzas, yo creo, un poco extrañas, tal vez no son cosas que se predican con frecuencia, pero es que hay que predicarlas porque el día de mañana le puede pasar a usted.

Por ejemplo, este caso que le ha sucedido a tanta gente. Muere una persona, por ejemplo, de un ataque. Mi papá se murió y yo cuando llegué no ya estaba muerto, ya no había nada que hacer. Usted no piense en eso. Esa no es una manera recta de pensar. Digamos que la capacidad de relacionarse con nosotros de esa persona, pues ya desapareció. Pero cuando es el día, el segundo de la entrada a la eternidad de esa persona. Eso no es así, tan matemático. Eso no es. Son las ocho y cincuenta y un minutos y doce segundos porque nosotros lo veamos en nuestros relojes. Entonces usted no se desespere cuando le llegue la noticia de una muerte así usted no se desespere. Usted piense la providencia de Dios está obrando en esto y no sabemos en este momento cómo está la situación de esa persona. La rodeamos de amor, la rodeamos de fe, la entregamos una y mil veces en el corazón de Dios. Hay veces que uno como que alcanza a sentir esto, alcanza a sentirlo.

El otro día en mi viaje por la carretera a mi lugar de vivienda Villavicencio, me tocó presenciar el caso de un accidente que acababa de suceder, lamentablemente con la muerte de la persona que estaba ahí, pues el impulso no debe ser ni la curiosidad morbosa, ni la indiferencia, ni el miedo, sino oración inmediatamente. Oración, oración. ¡Ay pero Dios se lo llevó así! Quién sabe cómo estaría. Se condenó. Dios no está buscando el mal de la persona. Dios no está buscando. Este es un pecador desgraciado, Este es un borracho mujeriego. Ahora verá que le mando un carro. Tenga, mi hijo. Dios no está buscando eso. Dios está buscando el bien. Y así lo dice en la Biblia: Los buscó para su bien. Estoy buscando su bien. Entonces evitemos ante la muerte la curiosidad morbosa, evitemos el susto, evitemos la indiferencia. Oración, oración. Desde hace unos meses o no sé si años. Yo por ejemplo, tengo la práctica. Bueno, lo hago como sacerdote, pero ustedes lo pueden hacer de otras maneras. Cuando ustedes vayan por la calle, vean que pasa una ambulancia o incluso un cortejo fúnebre. Siempre una oración. Siempre, siempre. Yo creo que si usted estuviera en esa circunstancia y usted pudiera sacar letreros y altavoces, usted ¿qué gritaría? Oren, oren por mi. Por favor. Oren. Oren. Esa sirena. La ambulancia Lo que está diciendo es. Oren. Oren, Oren, Oren. Oren, Oren por mí. Eso no es, mire a ver cómo quedó el cadáver. Ni es asústese. Eso es Oren. Rodeemos de nuestra oración a las personas que han muerto.

Entonces así queda nuestra segunda enseñanza complementaria de la primera. La providencia de Dios gobierna todo en la persona que se va y en quienes quedamos. Porque Dios es tan maravilloso. Dios es tan sabia que con la muerte de una persona no solo busca. Esto era lo que le fascinaba a Santo Tomás de Aquino, que citaba y citaba el libro del Deuteronomio donde dice Capítulo treinta y dos: Las obras de Dios son perfectas. Dios no solo busca el bien de la persona que se va, sino Dios también busca lo mejor para los que quedan, lo mejor. Pero esa muerte, esa muerte tan terrible. Se murió mi esposo. Se acabó mi vida. Humanamente es explicable. Seguramente si yo fuera casado. Y si yo llevara cincuenta y ocho años viviendo con la misma persona y se me muere esa persona, yo tal vez diría otras cosas hasta más graves, por así decirlo, pero aunque yo las dijera a mis hermanos, ese no es un pensamiento cristiano. Muchas veces Dios tiene que retirar de uno aquello que uno ama, porque uno lo está amando más de la cuenta o lo está pasando mal, mejor dicho. Nunca el amor será excesivo. Pero sí hay amores que no son como a Dios le gusta, porque son amores que se convierten en idolatrías. Los hijos pueden volverse idolatrías. El esposo puede volverse idolatría, la esposa, los papás, son ídolos que se pueden tener.

Entonces nosotros lo que tenemos que pensar ante el momento de la muerte no es solamente Dios buscó lo mejor para esa persona, sino también Dios buscó lo mejor para esa familia. Dios buscó lo mejor para esos amigos. Por ejemplo, grupo de amigos. Pero no son amigos. Más bien habría que llamarlos grupo de enemigos, porque participan de un mismo vicio meter droga. Uno de ellos se sumerge tanto en eso que muere. Providencia de Dios para ese y providencia de Dios para los demás. Le aseguro que los demás, ante ese hecho de la muerte, algo reflexionan. Entonces tenemos que pensar que la providencia de Dios se extiende no solo a la persona que se fue, sino a las personas que quedamos. Ahí está también una obra de mi Dios. ¿Pero y por qué se murió y cómo murió? ¿Y cómo va a suceder esto? ¿Y cómo queda esa familia? Mire, Dios tiene su providencia y en medio del desamparo y en medio de no sé cuántas cosas, Dios lleva con una pedagogía que a veces uno tarda años en descubrir. Dios lleva a las personas al reconocimiento de que Él es el único. No le sucedió así.

Por ejemplo, a Don Bosco, cuando se le murió la mamá. Cómo creció la espiritualidad de Don Bosco después de la muerte de la mamá. Y no es que él fuera un idólatra, pero creció en su espíritu tanto, tanto, cuando encontró que su único apoyo era Dios. De manera que, hermanos míos, estamos gobernados por el amor de Dios. El amor de Dios es sabio, es poderoso, es grande, y en la persona que se muere, y en nosotros siempre hay providencia. Con otras palabras, nos ha dicho esto el evangelio de Juan que hemos proclamado. Mira cómo lo describe nuestro Señor Jesucristo. Me voy a prepararos sitio. Lo que nosotros tenemos que pensar entonces, es cuando Dios nos llame a morir. Ya nos preparó el sitio. Ya está tu sitio. Esa hora la conoce Dios. Es tan reconfortante. Es tan bonito pensar que Jesús haya nos está organizando la piecita. La piecita celestial en la Jerusalén celestial está organizando la piecita. A ver cómo queda aquí. No espere esto, mejor lo pasó para acá. Está organizando sitio. Yo tengo un sitio en el corazón de Dios. Yo tengo un sitio en la casa de Dios. Este pensamiento no solo le da calor de amor a nuestro corazón, sino que este pensamiento, mis hermanos, también da una gran libertad.

Estoy pensando concretamente en San Juan Crisóstomo, un obispo que tuvo que luchar muchísimo por una cantidad de herejías y luchas doctrinales que había en esa época. San Juan Crisóstomo lo vivían amenazando y varias veces le cumplieron la amenaza. Qué es lo desterramos. Lo vamos a desterrar, lo desterramos Y lo desterramos, pues es casi lo más parecido a la muerte. Era condenarlo mendicante a hacer casi nada, pues, y casi nadie. Y dice San Juan Crisóstomo en una predicación maravillosa que quienes tengan la liturgia de las horas lo pueden buscar. Oficio de lectura para el día San Juan Crisóstomo. No les digo cuando es para que busquen en sus libros. Dice San Juan Crisóstomo. ¿Y a dónde me pueden enviar? Sí, Sí, del Señor es la tierra y cuanto la llena. Es decir, el que se siente en las manos de Dios, el que se siente en el amor de Dios, se siente libre, libre de amenazas. Si yo tengo un lugar en la casa de Dios, me interesan menos los lugares de la tierra. Si yo me siento tranquilo. Si yo siento paz, no es una ilusión, no es una fantasía, es una fe iluminada por el Espíritu Santo. Si yo siento en mi corazón, tengo lugar en el cielo. Me dejan de importar tanto los lugares de la tierra, y no me refiero aquí únicamente a donde voy a pagar el arriendo y ese tipo de cosas que de todas maneras pues nos toca preocuparnos de ellas. No me refiero tanto a eso, me refiero a ese lugar que nosotros buscamos, por ejemplo, en la aceptación de las personas.

Me decía una señora, una llanera, me decía: mi esposo no es un mal hombre, pero hoy los amigos lo tienen acabado porque él cuando los amigos no lo ven es una persona y ahí es capaz de confesarse, capaz de comulgar, capaz de ir a misa, capaz de todo. Pero cuando aparecen los amigos, él se vuelve otra persona porque ya llegaron los amigos, entonces ya los amigos ¿cómo me van a ver en misa? Qué tal que mis amigos. Pues yo, hombre de pelo en pecho. Hombre de pelo en pecho y arrodillado. Santa María. No como así. Por favor, Por favor. ¿Qué es eso? Una persona de esas es capaz de rechazar a Dios por no perder el lugar que tiene en su grupito de amigos. Esa es una dependencia de un lugar. Eso es depender de un lugar. Es de otro caso que conocimos en Kejaritomene. Nosotros estuvimos predicando y había unas unas niñas tan lindas, ellas preadolescentes, cuando empezaron a asistir y ellas eran tan fervorosas. Bueno, no puedo dar desde luego más detalles de los que voy a decir. Dos hermanitas tan piadosas, tan jovencitas, tan orantes. Y yo de pronto noté que llegando a cierta edad empezaron las dos, una más que otra a retirarse y ya como que les daba pena. ¿Por qué? Porque todas las amiguitas tenían otros temas de conversación y los temas de conversación de estas era uy, la predicación estuvo buenísima. Estuvimos en una misa fantástica, esa vigilia de ataque y las amigas hablando de otros temas y estas empezaron a sentir que no tenían lugar en sus respectivos grupos de las amiguitas y por un grupo de cuatro o cinco desgraciadas fueron capaces de darle la espalda a Dios años enteros por no perder un lugar con las amiguitas. Eso se llama traicionar a Cristo por no perder el lugar con los amiguitos, con las amiguitas, con los vecinos, con las vecinas. Eso es falta de libertad.

Cristo hoy declara libertad en nuestro corazón Cristo hoy dice: Un momento, si tú tienes lugar en mí. Eso lo dice de una manera tan bella, un salmo No te tengo a ti en el cielo. Y contigo qué me importa la tierra. Ah, eso está bien dicho. Está bien dicho. No te tengo a ti. Eso es libertad. Ahí se acaban los respetos humanos. Y yo con esta pelambre. Pues por eso, con pelambre y todo postrado ante mi Dios. ¿O qué la pelambre se la dio el demonio? No. ¿Esta pelambre postrado? Pues sí. ¿O quién le dio la pelambre? Que yo soy un hombre hormonado. ¿Y sus hormonas? ¿Qué son del diablo? ¿Qué no se las dio Dios? Pues sus hormonas tienen que estar postradas también ante Dios, me parece a mí. Esa es como la lógica. Pero uno por no perder el lugar, por no perder el sitio, por no perder la aceptación, por no perder, por no perder, pierde. Ahí es cuando Cristo dijo: el que ama su vida la perderá, y el que pierde su vida por mí la encontrará. Ahí es donde se aplica. Entonces, esas palabras de Cristo tienen una fuerza liberadora muy grande. Ah, es que yo tengo lugar en el cielo, tengo lugar en el cielo. Pero es que los frailes andan diciendo de mí, y es que yo soy un dominico, y es que estoy como al margen. Y es que pasan tantas cosas y yo como que encajo y como que no encajo, no. Ya yo sé cuál es el remedio de eso. Ahí se aplica lo de la señora que ya les conté, que le da un dolor como que le daba como que no le daba y el médico le dijo pues tome estas pastillas y hace como que se las toma y como que no se las toma. De manera que eso de que como que encajo y como que no encajo, eso no es problema. No te tengo a ti en el cielo. Eso da libertad. Eso da libertad. Y aquí quiero llegar yo al último punto de la predicación de hoy.

Nosotros, en esta celebración, estamos orando por nuestros hermanos difuntos. Estamos pidiendo por los difuntos. ¿Quién mandó que se hiciera esa fiesta? Está bueno. No es fiesta que se hiciera esta conmemoración. ¿Quién mandó que la hiciera? Pues la Iglesia de Roma, es decir, el Papa. Esto es ley desde el siglo décimo quinto. ¿Hay riesgo de que cambie esta fiesta? Yo creo que no. Yo creo que esta fiesta durará mucho tiempo. Muchos siglos. Tal vez hasta el retorno de Cristo. Y aquí viene el último punto de la predicación. ¿Cómo es de linda la iglesia? Hoy estamos orando por los difuntos. Mañana otros estarán orando por nosotros. Después de que nos hayamos ido, después de que hayamos muerto, la voz de la iglesia no cesará de pedir por nosotros. Eso se hace realmente en todas las misas, especialmente en la misa de hoy del dos de noviembre. Pero eso se hace en todas las misas. Siempre se recuerda. Recuerda nuestros hermanos, que durmieron en la esperanza de la resurrección. ¡Oiga, qué lindo, qué lindo estar en la Iglesia! Qué bello contar con una Iglesia que orara por mí, que siempre orara por mí, en todos los lenguajes a donde se predique el Santo Evangelio de Jesucristo, allí donde se celebre la fe, Allí, en polaco, en finlandés, en italiano, en latín, en español, en ruso. Allí, allí, cerca de la Eucaristía, habrá siempre una oración por mí.

Esto, mis hermanos, esto es lo que se llama común unión. Y por eso esta celebración es tan linda, porque en realidad es una celebración de común unión. Nosotros damos amor a nuestros difuntos y le pedimos a Dios que les conceda la plena contemplación del rostro divino, pues también existe de esa oración para nosotros. Es decir, entendemos un poquito que la Iglesia es una circulación de amor, una circulación de amor donde todos damos y todos recibimos con estos sentimientos de esperanza, de paz.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM