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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Reyes que encuentran al Rey; sabios que se rinden ante la Sabiduría
Homilía epif045a, predicada en 20250105, con 6 min. y 43 seg. 
Transcripción:
Es muy hermosa esta fiesta de la Epifanía. La palabra epifanía significa manifestación o revelación. Y es muy hermoso proclamar que el amor se ha manifestado, que no se ha quedado escondido, que el amor de Dios se ha mostrado, se ha mostrado sobre la tierra en la persona de Jesús, se ha mostrado en la cruz a la vista de todas las naciones. Se muestra en esos seres maravillosos, que también existen entre nosotros y que son los santos y las santas. El amor de Dios se ha manifestado, se sigue mostrando en la belleza de la naturaleza, en la belleza de un gesto de perdón, en los divinos sacramentos, en las obras de caridad, en el abrazo fraterno y sincero. De tantas maneras hay tantas, podemos decir, epifanías. Es algo muy bello. Y yo quisiera que en primer lugar pensáramos esta fiesta no únicamente como un día, sino como una nueva manera de ver la vida. -Voy a ver mi vida como una epifanía-, es decir, voy a ver en todo lo que me rodea epifanía, Dios que sigue manifestándose, Dios que muestra su camino. Dios, que hace camino con nosotros. Aprendamos, queridos amigos. Aprendamos de estos personajes, los cuales, según antiquísimas tradiciones, los llamamos reyes y los llamamos sabios y los reconocemos como peregrinos. Vamos a quedarnos con esas tres palabras. Ellos eran reyes en el sentido de que eran como jefes, seguramente de clanes, que se yo, por aquellas regiones del Medio Oriente, vamos a llamarlos reyes. Ellos eran sabios y ellos eran peregrinos. Y hay algo muy hermoso y es que estos reyes fueron al encuentro de un rey, el rey de los judíos, pero en realidad es el rey del universo. Entonces los reyes fueron al encuentro del Rey. Estos sabios fueron al encuentro del Sabio, es decir, de Aquel que es la sabiduría divina, que es Jesucristo. Y estos peregrinos fueron al encuentro del Peregrino con P mayúscula, ese que caminó, ese que pasó haciendo el bien, ese que salió del Padre y vino al mundo. Esa fue su gran peregrinación. Y luego sale del mundo y vuelve al Padre. Cristo es el gran peregrino. De tal manera que los reyes salieron al encuentro del rey, los sabios fueron al encuentro de la sabiduría y los peregrinos fueron al encuentro del peregrino. Es hermoso pensar en ese encuentro y es hermoso pensar que toda persona que sea un auténtico peregrino de la verdad, finalmente llegará a Cristo. Recordemos que Cristo tuvo siempre una actitud de profunda compasión, profunda comprensión con aquellas personas que están buscando. Cristo no quiere, no pone como exigencia que ya hayamos encontrado, sino que estemos buscando. Hay dos personas que me llaman la atención en este sentido; una es el apóstol Natanael, también conocido como Bartolomé, y otro es el apóstol Tomás. Esos dos apóstoles se caracterizaban por ser bastante racionales, casi diríamos racionalistas. Obsérvese, Natanael era un hombre de estudio, era un hombre académico, era un hombre que estaba realmente metido en el estudio. Y por eso cuando le dicen: que Jesús, el profeta de Nazaret..., Natanael tenía muy claro que Nazaret no era nada y por eso pregunta: ¿Y de Nazaret puede salir algo bueno? Pero Jesús no es duro con Natanael, porque Natanael era un estudioso en el sentido de que era un buscador de la verdad y la persona que está buscando la verdad lo dijo bellamente una vez el Papa Benedicto: -El que está buscando la verdad, aunque no lo sepa, está buscando a Cristo-. Jesús no fue duro con Natanael, Natanael no había encontrado, pero estaba buscando, y eso es lo importante, que permanezcamos peregrinos, que permanezcamos en esa búsqueda permanente del Señor. El otro personaje, que también era bastante racional, es el apóstol Tomás. Tomás, el que cuando todos estaban encerrados por miedo, porque decían que la situación estaba ¡gravísima!, Tomás está por fuera, Tomás está en la calle. Usted se puede preguntar ¿por qué Tomás estaba en la calle? Tomás estaba en la calle, muy probablemente porque quería verificar por sí mismo si la situación era tan grave. Es decir, si, todo el mundo está asustado, ¿Si hay razón para estar asustado?, ese es Tomás, ese es Tomás, Tomás es el que quiere verificar. Es una persona racional. Y ¿cómo trató Cristo a Tomás? Con mucha compasión, porque Tomás era un buscador. Entonces estos Reyes Magos, estos eran unos buscadores, eran unos peregrinos, y Cristo los trató, los trató con compasión. Y Cristo nos trata con compasión a nosotros. La imagen que cada uno de nosotros tiene de Dios, No importa cuántas experiencias maravillosas, incluso místicas hayamos tenido, no importa cuántos estudios hayamos hecho, la imagen que tú tienes de Dios todavía dista muchísimo de lo que Dios Es, porque Dios es infinitamente más que todo lo que sabemos, imaginamos, deseamos, Dios es infinitamente más. O sea que todos nosotros somos siempre peregrinos. Todos nosotros tenemos que seguir buscando al Dios verdadero, no porque no sepamos quién es el Dios verdadero, sino porque no terminamos de saber qué significa, ese Dios verdadero, qué significa ser Dios, ¿cómo se manifiesta la divinidad en Dios? Quedémonos con ese mensaje, quedémonos con ese mensaje de búsqueda de amor a la verdad. Quedémonos con ese mensaje de agradecimiento por ese Dios que salió también a buscarnos, porque así como estos estaban buscando a Cristo, pues Cristo después devolvió el favor. Cristo salió a buscar a los pecadores, Cristo salió a buscar la oveja perdida y luego envió a sus apóstoles para decirles: -Vayan al mundo entero, proclamen el evangelio, bauticen a las naciones, enséñenles lo que yo les he enseñado a ustedes-. Es decir, que así como aquí estaban buscando a Cristo, Cristo también nos está buscando. Si tú estás buscando a Cristo, recuerda eso. Cristo también te está buscando. Y hay muchas citas de amor que Cristo quiere tener contigo, muy especialmente en los sacramentos, pero también en la Palabra de Dios, también en la persona de los pobres, también en el momento de oración, también en la comunidad cristiana. Bellísima la fiesta de la Epifanía, una fiesta de esperanza, una fiesta de adoración, una fiesta de júbilo, una fiesta para agradecer, bendecir y alabar al Señor. Amén.

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