Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ninguna acción muestra mejor la respuesta de Dios a toda esa búsqueda del corazón humano, esa respuesta que solo encontramos en el rostro de Nuestro Señor recién nacido.

Homilía epif042a, predicada en 20230108, con 5 min. y 48 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos y muy feliz fiesta de la Epifanía del Señor!

Mis hermanos, hay muchos textos de la Escritura que nos hablan de la dolorosa experiencia de sentir que Dios está lejos. Así, por ejemplo, hay un salmo en el que encontramos esta frase y puede ser una buena tarea que busques cuál salmo "¿Por qué te quedas lejos, Señor, y te escondes en el momento del aprieto?" Esa persona siente que Dios no se interesa por su dolor, que Dios está lejano. Todavía de un modo más dramático lo dice otro salmo al que todos recordamos porque lo rezó Cristo en la cruz, fue una de las oraciones que Cristo hizo mientras estaba crucificado.

"Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?" La persona que habla así está expresando en su dolor que siente a Dios muy lejos. En el profeta Isaías encontramos una súplica, hacia el final del libro del profeta Isaías. -Dice este gran profeta- Ojalá rasgaras el cielo y bajaras. O sea que también él sentía a Dios lejos, pero quería sentirlo cerca. Como también sentía a Dios lejos Moisés cuando le suplicaba al Señor -podemos imaginarnos con cuánta vehemencia- Déjame ver tu rostro. Finalmente Dios le concedió fue ver su espalda, y esta es como casi una ironía, pero también una enseñanza teológica y mística muy grande.

Y por citar un último texto bíblico, en el libro de Job encontramos que una gran parte de los discursos de Job son para pedirle, casi para exigirle a Dios que cara a cara se deje ver, que se muestre. Porque Job quiere hacerle unas cuantas preguntas o quizás unos cuantos reclamos. Todas estas personas, todas estas experiencias, conectan también con lo que muchas veces nosotros hemos sentido. Cuando la vida parece que va al revés de cómo creemos que debería ir.

De seguro, seguro que experimentamos algo como eso. Que Dios se queda lejos. Y también nosotros podríamos decir, como el salmista ¿Por qué te quedas lejos, Señor, y te escondes en el momento del aprieto? Pero hay un pensamiento muy bonito que nos dejó el Papa Benedicto, el Papa emérito, un pensamiento muy bello en el que él nos recuerda que las respuestas de Dios a los grandes interrogantes humanos no suelen ser teorías o palabras, sino que Dios más bien responde con obras, con actos, con acciones.

Y yo creo que ninguna acción muestra mejor la respuesta de Dios a toda esa búsqueda del corazón humano, esa búsqueda del rostro del Señor. Ninguna fiesta, ningún momento en la liturgia es una respuesta más clara que lo que encontramos en la fiesta de la Epifanía. ¡Qué hermosura! Cuando aquellos sabios de Oriente dicen -hemos visto salir su estrella-. Para ellos que escrutaban el firmamento, esa estrella era, era una señal de esperanza. Esa estrella era un rumbo, era un futuro. Y luego, cuando ya la estrella los encamina decididamente hacia Belén, nos dice el texto del Evangelio, ?se llenaron de gran alegría?.

Esa es la manera de responder Dios. La manera de mostrarnos su rostro es, en primer lugar, a través de la humilde y tan bella inocencia del recién nacido. Allá en las afueras de Belén. Esa es la respuesta de Dios. Y por eso a todos los que muchas veces hemos sentido que Dios se queda lejos en el momento del aprieto. Para todos los que le hemos suplicado, Señor, muéstrame tu rostro. Para todos los que muchas veces no le hemos descubierto presente. Yo creo que la Navidad, y concretamente esta fiesta de la Epifanía, tiene una respuesta.

Acércate ahí, acércate al pesebre con la humildad, con la alegría, con ese temblor de adoración que sacude el corazón de aquellos sabios de Oriente. Deja que tu corazón se sacuda por la sorpresa y por el amor, por la admiración y por la adoración. Para caer de hinojos frente a Jesús y ver en el rostro de ese pequeño Niño Dios mismo, respondiendo a todas tus inquietudes.

Que la alabanza sea para Cristo Jesús y que Él nos conserve en su camino, para que también nosotros podamos ser como estrellas que llevan a otros al encuentro con Él. Feliz. Feliz y bendecida Fiesta para todos.

Amén.

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