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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Aquellos sabios de Oriente estaban muy distantes del pueblo elegido: en la geografía, la cultura y la religión. Pero Dios sabe todos los lenguajes y supo cómo hablarles para atraerlos hacia Cristo.
Homilía epif041a, predicada en 20220102, con 12 min. y 29 seg. 
Transcripción:
Hermanos. La fiesta de la Epifanía nos recuerda que la luz de Dios brilló para estos personajes que vivían tan lejos. Vivían lejos, no solamente por la geografía, sino también por la cultura, por la religión. Se les llama magos, pero no es que hicieran trucos con sus manos, sino que la palabra hace referencia a los sabios y a los buscadores de la sabiduría en esas tierras de Oriente. Probablemente estos personajes pertenecían a la zona de los caldeos de donde surgieron los horóscopos, es decir, gente que escrutaba el firmamento, miraba el movimiento, la posición de las estrellas y trataba de entender la tierra a partir de lo que veían en el cielo. Estaban, pues, muy lejos, culturalmente, religiosamente y geográficamente, muy lejos del pueblo que Dios había elegido desde antiguo. El pueblo de Abrahán, el pueblo de Moisés, el pueblo de David. Pero Dios les habló en un lenguaje que ellos podían entender. Apareció un prodigio en el cielo. Hay muchas historias, muchos estudios, muchas investigaciones sobre qué pudo haber sucedido y toda clase de teorías. Algunos dicen que un cometa. Otros dicen que fue más bien como un meteorito. Una serie de meteoritos. Otros dicen que toda la historia es simplemente como una especie de fábula. Dejemos esa discusión para otro momento y centrémonos en el significado tan bello de cómo Dios le habló a esta gente en su lenguaje. Porque ahí tenemos un primer dato que nos interesa. Dios sabe hablar muchos idiomas, muchos lenguajes. Y para todo aquel que esté abierto a la verdad, es posible llegar a Cristo precisamente en el Evangelio de Juan. Cuando llega el proceso frente a Pilatos, allá al final del Evangelio, Cristo dice esta frase que tiene relación con lo de hoy. Cristo le dice a Pilatos "Todo el que es de la verdad escucha mi voz". Dios no rechaza a ningún buscador. Él sabe que nosotros, los seres humanos, como dijo Santo Tomás de Aquino, estamos sometidos a la doble oscuridad del pecado y de la ignorancia. Dios no rechaza a nadie que busque. Es posible que sea una persona atea o de otra religión que sea una persona pagana. Quizás es una persona que se encuentra confundida. Pero aquí se cumple lo que dijo después -el mismo Cristo- el que busca, encuentra. Y el primer ejemplo que podemos tomar de estos magos o sabios de Oriente es que eran buscadores sinceros, buscadores y Dios les dio una señal que ellos pudieran entender, una señal muy grande, algo tan grande que hizo que ellos sintieran el deseo de postrarse, de adorar a ese rey recién nacido. Aquí viene la segunda parte que lleva por título Herodes. Herodes, mis hermanos, funcionaba o fungía como rey, pero él no tenía credenciales para ser rey. De hecho, la Palabra de Dios, la palabra dada por los profetas, iba en contra de las pretensiones de Herodes, porque Dios había dicho claramente unos mil años antes de Cristo; había dicho que el Mesías era de la descendencia de David. Y Herodes, el que estaba reinando en Jerusalén no tenía nada que ver con David. De hecho, parece que ni siquiera tenía nada que ver con el pueblo de Israel. Él pertenecía a un pueblo emparentado pero distinto. Los Idumeos. Entonces Herodes era un impostor que vivía en una mentira. Él se hacía pasar por rey y él se ganó el corazón de la gente edificando un templo magnífico del cual se nos habla también en los Evangelios. La única palabra que viene a mi mente cuando pienso en lo que hizo Herodes es la palabra soborno. Él sobornó el sentimiento religioso del pueblo judío construyéndole ese magnífico templo. Como los judíos daban tanta importancia, por supuesto, al templo, lugar de los sacrificios, entonces Herodes, como se dice popularmente en nuestro país, se echó al bolsillo a la gente construyendo ese templo. Pero él no era un rey legítimo. Eso explica lo que hemos oído en el Evangelio cuando llegan estos sabios de Oriente diciendo que ha nacido el rey. Herodes se sobresalta y todo Jerusalén con él -nos dice el texto- Porque es que, claro, si ha nacido el Mesías, va a quedar a la vista de todos que el reinado de Herodes era una estafa, era una mentira. Va a quedar a la vista de todos que él era un impostor. Por eso se sobresalta Herodes y por eso trata de informarse con máxima precisión y de diseñar una estrategia para hacer desaparecer a ese Mesías. Porque para Herodes las cosas quedan de este tamaño: O él, o yo. Si ese es el Mesías, entonces yo lo pierdo todo. Y esto también trae otra enseñanza para nosotros, que será la segunda. La primera enseñanza es Dios habla mi lenguaje, Dios me está hablando en lo que yo le puedo entender. Tengo que abrir mi mente y mi corazón y buscar, porque el que busca, encuentra. Esa era la primera, pero ahora viene la segunda. Herodes vivía en una mentira y Herodes, por proteger su mentira, por evitar que apareciera la verdad, pues va a cometer esa cantidad de crímenes de los que ya sabemos, porque ya hemos celebrado la fiesta de los Santos Inocentes. ¿Usted recuerda lo que sucedió? Herodes mandó matar los niños después de informarse del tiempo de aparición de la estrella, mandó matar niños porque el criterio de Herodes era, o acabo con el Mesías o el Mesías acaba conmigo. Esto nos demuestra las consecuencias de la mentira. Vivir en la mentira. Y cómo cuando se vive en la mentira, siempre se siguen otros crímenes. Porque todo mentiroso tiene que apuntalar su mentira con otras mentiras y tiene muchas veces que silenciar las voces que van a mostrar la verdad porque vive en la mentira. La Biblia que no tiene miramientos con nadie, nos da otro ejemplo impresionante de lo que pasa con la mentira cuando la dejamos entrar en nuestra vida. Ese ejemplo es el del rey David cuando cometió adulterio con una mujer llamada Betsabé, cuyo esposo era un extranjero llamado Urías. Sucede que esta mujer quedó embarazada y entonces David trata de tapar con una mentira el pecado de adulterio que ha cometido. Pero Urías es tan fiel a la causa de Dios que ni siquiera piensa en estar con su mujer. Y entonces David, para proteger su mentira, termina asesinando, termina matando, mandando matar a Urías. Entonces, la segunda enseñanza que nos trae este texto es el peligro de querer proteger nuestras vidas con la mentira. De ahí la grandeza y el provecho que viene del sacramento de la Confesión. Porque en el sacramento de la Confesión uno aprende a decir su verdad, que muchas veces nos cuesta, que muchas veces nos avergüenza, pero al decir nuestra verdad y al presentarnos como somos, estamos cerrándole la puerta a esa escalada del mal en nuestra vida, que es lo que vemos en el caso de Herodes. Entonces la segunda enseñanza es vivir en la verdad. Y el tercer y último punto que quiero compartir con ustedes es una meditación que proviene de los antiguos padres de la Iglesia sobre el significado de los regalos que ellos dieron; el oro que es regalo para reyes, el incienso que es ofrenda para la divinidad y la mirra que se utilizaba en aquella época para amortajar a los difuntos. De manera que en estos tres regalos de los reyes, los padres de la Iglesia ven la hermosa verdad de Cristo, que es Rey, que es Dios y que es hombre. Que en cuanto Dios nos perdona y libera, pero al precio de morir en cuanto hombre en la cruz. Oro como un rey, incienso como Dios que es, y mirra como hombre que comparte nuestra humanidad. Quedémonos entonces contemplando a este Cristo, este Cristo niño, este Cristo frágil que sin embargo tiene tanto poder y que indudablemente puede transformar nuestras vidas. Amén.

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