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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cada elemento de esta hermosa fiesta lo podemos relacionar con nuestra vida, sobre todo aquello de tener bien presente a quien le estamos entregando nuestros tesoros.
Homilía epif036a, predicada en 20190106, con 10 min. y 57 seg. 
Transcripción:
Toda la Biblia es bella, mis hermanos, pero hay relatos que destacan por su particular hermosura, como es el caso de esto que encontramos en el camino de los sabios de Oriente, los que popularmente se llaman los Reyes Magos. Hay tantos elementos que se conjugan en este relato: Hay una búsqueda, hay un camino y hay un encuentro. Este aspecto ya nos permite conectar a cada uno de nosotros con lo que estamos escuchando, porque también nuestra vida tiene continuamente eso: búsqueda, camino y encuentro. Ya se trate de un trabajo, ya se trate de amor humano, ya se trate de la familia, continuamente estamos en esta dinámica y por eso es muy fácil conectar con lo que nos cuenta la Biblia el día de hoy, pero esta búsqueda no es cualquiera y este camino no es cualquiera. Se trata de la búsqueda del Rey de la Gloria. Se trata del encuentro con el Hijo de Dios Humanado. Podemos decir que es la búsqueda más importante de todas, aquella en la que se juega verdaderamente el destino humano. Nos conmueve pensar cuántas noches aquellos hombres sabios buscaron con diligencia, buscaron con interés dónde estaba esa pequeña lucecita que era la que los iba guiando, y fueron fieles a esa luz. Y esa luz les condujo a la luz que ha brotado por encima de toda luz. Nosotros decimos en el Credo: -Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, Dios de Dios, luz de luz, luz de luz-. Ese es Jesucristo. Y aquella lucecita los estaba llevando hacia Aquel que es la verdadera luz. Nuevamente hay que conectar con nuestras experiencias. Pensar que esas lucecitas son las inspiraciones que Dios le da a uno. Esas lucecitas son los auxilios de la gracia, son las mociones del Espíritu Santo. Para el que esté atento, el Espíritu siempre dará una lucecita, siempre dará un susurro. Fíjate que el Espíritu Santo no se impuso a estos sabios de Oriente. Les ofreció un indicio, un signo. Así es Dios con nosotros cuando se trata de los consejos que nos da el Espíritu, cuando se trata de las mociones del Espíritu, Dios no entra aplastando, imponiéndose, sino que simplemente ofrece una señal. Ya verás si la recibes o no la recibes. Pero ahí está Dios dándote esa pequeña señal. Y entonces estos se ponen en camino, no van con las manos vacías, llevan verdaderos tesoros. Y aquí viene otro aspecto con el que podemos también nosotros conectar. ¿A quién estamos entregando nuestros tesoros? Yo pienso, por ejemplo, en la juventud, con mucha frecuencia uno se encuentra que tristemente, hay jóvenes que le están entregando su juventud al alcohol, le están entregando su vigor a la pornografía, le están entregando sus fuerzas y sus sueños a la droga; en medio de la vulgaridad, la pereza, están entregando el tesoro de la juventud, ¿a quien le estás entregando tu tesoro?. Aquellos sabios con verdadero criterio del cielo llevaron sus tesoros, y frente ¿a quien los depositaron?, frente a aquel que los merece, Él es el que merece el oro, el incienso y la mirra. Nosotros debemos pensar: ¿a quién le estamos dando nuestros tesoros? Porque todos tenemos tesoros. He mencionado antes la juventud, pero todos tenemos tesoros. Cuando uno piensa, por ejemplo: un criminal, la mayor parte de los criminales grandes han sido personas que tienen un nivel de inteligencia que raya o que supera el nivel de la genialidad. A mí no me cabe duda de que muchos de estos espantosos criminales, terribles narcotraficantes, organizadores de mafias, son personas que han tenido un cociente intelectual altísimo. Pero ¿a quién le dieron el tesoro de su inteligencia? -al crimen-. Imagínate una de esas personas que hubiera utilizado su inteligencia para otra cosa, por ejemplo, para ayudar a encontrar caminos de desarrollo, fuentes de empleo, modos de justicia social que pudieran servir a otras personas. O sea que esos criminales entregaron el tesoro de su maravillosa inteligencia, ¿donde lo depositaron? -en el altar del crimen-, muchas veces para suicidio propio, porque acaban mal. Lo mismo hay que decir de muchos jefes guerrilleros y paramilitares, son personas de un liderazgo impresionante. Cuando uno se pone a pensar la red de paramilitarismo, por ejemplo, aquí en Colombia, cómo se conectaban, cómo funcionaban, a veces con recursos mínimos, personas sobresalientes en el liderazgo, pero ¿a quién le dieron sus tesoros? Pienso también en la belleza física. Dios otorga belleza, hermosura a muchas personas, pero es tan raro encontrar... si las hay, claro que sí, pero es tan raro encontrar una persona realmente hermosa, que deposite el tesoro de su belleza en Dios, ya se trate de la vida consagrada; como aquella mujer Rosa de Lima que era la mujer más hermosa de Lima en aquel tiempo y ella reservó su belleza solamente para Cristo. Pero aunque no sea directamente como mujer consagrada, qué hermoso que una mujer bella entregue su belleza en el plan de Dios, por ejemplo, a través del matrimonio. Pero ¿qué es lo que encontramos con frecuencia?, que entregan el tesoro de su belleza, prácticamente diríamos, y esto es tan horrible, al mejor postor. Muchas de ellas terminan en una especie de prostitución fina, ofreciéndose o facilitando las cosas para un acceso carnal a aquellos que tienen mucho poder o que tienen mucho dinero. Eso es prostitución, eso es entregar el tesoro que te dio Dios, entregarlo en esos altares sacrílegos. Entonces, esta lectura también nos enseña eso, la necesidad de ofrecer nuestros tesoros a aquel que los merece. Cristo decía -¡Miren! ¿dónde están depositando sus tesoros?, si es únicamente para esta tierra, viene la polilla y los roe, vienen los ladrones y los roban, que tus tesoros estén en el cielo-. Y una última consideración. Pensemos: ¿Quiénes son las personas que en primer lugar tuvieron la alegría de ver al Hijo de Dios? después, por supuesto, de José y María. Y encontramos que fueron los pobrecillos y los excluidos de aquel tiempo. Por un lado, si hablamos del pueblo de Israel, los pastores que eran gente completamente menospreciada, si hablamos de fuera del pueblo de Israel, los primeros en llegar son estos extranjeros que muchas veces eran despreciados por los judíos. También eso lo podemos conectar con nuestra vida. Nadie piense que por la humildad de su origen o por la suciedad de su corazón, está excluido de contemplar a Jesucristo, es decir, de buscarlo y de encontrar en Él la luz verdadera. Es lo que quiero decir con contemplar aquí. Muy al contrario, aquellos pastores considerados indignos por todo el pueblo, quizás sucios en su ropa, en su cuerpo y tal vez en su corazón, fueron llamados por Dios. -Les anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo. Hoy en la ciudad de David ha nacido el Mesías, el Señor-. Eso es muy hermoso, eso es muy bello. Y eso lo dio Dios a estas personas. Entonces es importante que nosotros nunca nos auto excluyamos, no importa cuáles sean nuestras equivocaciones, no importa los caminos tortuosos por los que hayamos pasado. Cristo quiere ser nuestro camino y quiere ofrecerse a nosotros como luz que nos devuelve a la verdad. Por otro lado, el hecho de que Dios tenga esta predilección, también nos enseña, cuán distantes estamos del plan de Dios; cuando a veces le damos tantísima importancia a las personas que consideramos de cierta influencia. Es lo que denuncia el apóstol Santiago en su carta, dando un ejemplo que todo el mundo puede entender. Dice el apóstol Santiago. Ya ven ustedes lo que sucede en sus asambleas. Llega alguien que ustedes creen importante y le dan el puesto de honor, llega alguien a quien ustedes no creen importante y le dicen quédate por ahí o siéntate en el suelo, y esto lo denuncia el apóstol Santiago, mostrando que estamos obrando en contravía de lo que Dios quiere. O sea que también hay una lección para nosotros en el tierno amor que hemos de tener hacia las personas humildes y las que este mundo usualmente desprecia. Bueno, he dado solamente unos ejemplos de cómo este bellísimo relato de la Epifanía conecta con tantas realidades de nuestra vida y nos enseña a ser mejores personas, pero sobre todo mejores discípulos del Señor.

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