Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay cinco momentos de luz en la Biblia: la luz de la creación, la luz de la ley, la luz de la vida de Cristo, la luz de la acción del Espíritu Santo y la luz del cielo.

Homilía epif033a, predicada en 20180107, con 7 min. y 2 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Celebramos hoy la fiesta de la Epifanía, un momento grande en el tiempo litúrgico de Navidad. Epifanía quiere decir manifestación. Ha brillado una luz grande. Esa luz que brilla en medio de las tinieblas es Jesucristo, que por eso pudo decir: -Yo soy la luz del mundo-. Pero el mismo Cristo también nos invitó a que fuéramos luz, así como también hemos de ser sal. En el Credo decimos que Jesucristo, el Hijo de Dios, es: Dios de Dios, luz de luz.

Así que la fuente primera de toda luz es Dios Padre, que ha engendrado a su único Hijo, Jesucristo. El resplandor, la belleza de Cristo se reconoce ya en la creación, de manera que todo lo que encontramos de comprensible y de hermoso en la creación es rastro que nos lleva hacia la belleza y la verdad que es Jesucristo. Pero luego esa luz ha quedado opacada cuando la creación tuerce, su sendero por esa desgracia que se llama el pecado. El pecado rompe, por así decirlo, el propósito de la creación.

Cuando usamos nuestras manos que han sido creadas para construir el bien, cuando usamos esas manos para destruir, para ensuciar, para agredir, entonces el propósito original, la luz original, el diseño original, se pierde, se oscurece. La belleza del ser humano se oscurece por el pecado, la belleza de nuestro pensamiento se oscurece por el pecado, y por eso aquella luz primera, la luz de la creación, parece que también desaparece, parece que también se oscurece, pero a través de un camino que es el que encontramos en el Antiguo Testamento, El Señor fue manifestando nuevamente su luz, ya no solamente afuera en el esplendor de la creación, sino también adentro de nosotros, despertando nuestra conciencia.

Nuestra conciencia despierta, y cuando nos damos cuenta, empezamos a distinguir lo que es verdadero de lo que es falso, lo que es bueno, de lo que es malo. Ese es el papel de la ley. La ley es una nueva luz. Por eso hay un salmo que dice: -Lámpara es tu palabra, la palabra de la ley. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero-. Ahí tenemos un segundo destello magnífico de la luz, segundo destello que obrando en nosotros nos permite diferenciar lo que es bueno y lo que es malo, lo que es correcto, lo que es torcido.

Pero esa ley no nos da todavía la fuerza necesaria para cumplir lo que la misma ley manda. Nos damos cuenta que, tristemente, a menudo somos incoherentes; hacemos lo que no, lo que no aprueba nuestra propia mente. Es lo que dice el apóstol San Pablo en el capítulo séptimo de la Carta a los Romanos: -Muchas veces hago lo que no quiero- y entonces, en vez de llevar una existencia luminosa, llevamos una existencia torcida. Ya no porque ignoremos lo que es bueno, sino porque aún sabiéndolo, nuestras obras son obras de las tinieblas.

Es aquí donde se necesita esa nueva luz. Luz que aparece en la virtud, en el ejemplo, en la vida de Jesucristo. La hermosura de la vida de Cristo hace recuperar para nosotros lo que significa la verdadera luz. En Él la coherencia entre las palabras, los afectos, los pensamientos, las obras; esa hermosa armonía y coherencia brilla, y por eso, bien se pueden aplicar a Jesucristo, las palabras del salmo..., -Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia-.

En Cristo vemos de nuevo brillar esa luz, de modo que la vida de Cristo se convierte también en luz para nosotros. Y por eso las palabras que Él mismo dice -Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida-. Y luego necesitamos que esa vida de Cristo, que esa fuerza de Cristo esté también en nosotros. Y el mismo Cristo lo consiguió. ¿Cómo? A través de la donación del Santísimo Espíritu.

En efecto, el Espíritu Santo llegando a nosotros, hace que no solamente conozcamos lo bueno, sino que lo gustemos, lo saboreemos y podamos vivirlo. Guiados por ese Espíritu, podremos llegar a la ciudad radiante, a la patria de la verdadera luz, aquel lugar que está tan iluminado que el Apocalipsis dice: -Y yo no vi allí ninguna lámpara, porque su lámpara es el Cordero-.

O sea que hay cinco momentos de luz en la Biblia, y esto nos puede quedar como enseñanza de esta fiesta de Epifanía: La luz de la creación, la luz de la ley, la luz de la vida de Cristo, la luz de la acción del Espíritu y la luz del Cielo.

Un camino de luz que es propio de nuestra vida cristiana y es gracias a Cristo, es gracias a su amor, es gracias a su gracia, como nosotros hemos podido recibir la verdadera luz de camino a esa Jerusalén donde todo es bello, donde todo es santo, donde todo alumbra.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM