
Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Meditación sobre la relación entre la Navidad y la Epifanía, y cómo ésta última debe acontecer en nosotros.
Homilía epif027a, predicada en 20150104, con 4 min. y 34 seg. 
Transcripción:
En muchos lugares se celebra la Epifanía el domingo posterior al primero de enero. El primero de enero tenemos la gran solemnidad de María, Madre de Cristo Dios. El domingo siguiente, la Epifanía. En otros lugares, esta celebración tiene una fecha fija el día seis de enero. ¿Qué es epifanía? Significa la manifestación o la revelación. Creo que en esta ocasión es bueno reflexionar la relación entre Epifanía y Navidad. En Occidente suele darse una gran importancia a la Navidad. En los países del oriente cristiano se hace bastante relieve en la Epifanía. Cómo se complementan, cómo se relacionan y cómo se complementan estas celebraciones. Si lo pensamos bien, la Epifanía está indicando que el misterio de salvación se ha hecho presente en la vida, en la historia de aquellos que necesitábamos de Cristo. Y entonces descubrimos que la Navidad es también una epifanía, porque Cristo no empezó a existir en nuestra tierra. Cuando nació; existía, pero estaba oculto en las entrañas de la Virgen. De modo que el nacimiento hace posible la manifestación de Jesucristo, hace posible que Él sea conocido, sea recibido, sea acogido como Señor, en este caso por los pastores. La Epifanía pone su énfasis precisamente en ese hecho en que Dios no ha empezado a hacer, sino que nosotros lo hemos empezado a conocer. Podemos decir que en este sentido, la perspectiva de los cristianos de Oriente lo que quiere subrayar ante todo es que solamente cuando esa revelación llega, entonces obra. Ya estaba Cristo en las entrañas de María. Pero empieza a obrar en la historia de aquellos humildes pastores cuando ellos le pueden contemplar. Es decir, la epifanía ante los pastores hace posible que la historia de ellos pase a ser algo diferente. Lo mismo podríamos decir de aquellos magos que venían de Oriente. Había nacido Cristo, pero solamente cuando ellos se encuentran con Él, solamente cuando le ofrecen sus dones, y cuando lo reciben a Él mismo como un don; en ese momento sus historias cambian y de tal manera cambian que incluso tienen la perspicacia suficiente para salvarse de las intenciones torcidas de Herodes. Esta perspectiva, este énfasis en la Epifanía, también lo podemos aplicar a la vida de cada uno de nosotros. No basta con que el misterio de Cristo sea admirable. No basta con que sea maravilloso lo que Él ha hecho por nosotros. Si nó sucede esa epifanía en nuestras vidas; si nó le descubrimos como Señor de nuestra existencia; si nó brilla su luz en nuestros corazones; ese misterio es como si nó existiera. Necesitamos Entonces cada uno necesita una epifanía. Necesitamos descubrir a Cristo. Necesitamos, como dice San Pablo en la carta a los Gálatas, que Él se revele en nuestros corazones. Solo cuando eso sucede, solo cuando tenemos esa epifanía que es el momento también de nuestra conversión, solamente ahí nuestra historia pasa a ser otra cosa.

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