|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Con la humildad del pesebre se inicia la manifestación de gracia que tiene su culmen en la humillación de la Cruz.
Homilía epif026a, predicada en 20140105, con 14 min. y 3 seg. 
Transcripción:
Hermanos, nuestro bien recordado Papa Benedicto escribió tres obras que tienen una unidad. El título general de esa trilogía es Jesús de Nazaret. El primer tomo se refiere a la vida pública de Cristo. El segundo tomo se refiere a la infancia del Señor, es decir, los dos primeros capítulos de San Mateo y los dos primeros de Lucas. El tercer tomo se refiere a la pasión y la resurrección del Señor. Como el segundo tomo es el que se refiere a la infancia. En ese se encuentra la descripción del pesebre y lo que pudo haber sucedido cuando el nacimiento del Señor. El Papa Benedicto realmente es un portento de inteligencia, es un hombre genuinamente sabio, es un profesor con toda la densidad de esa palabra. Lo que dice el Papa sobre el nacimiento de Cristo es muy profundo, pero lo que salió en los periódicos es que el Papa había acabado con el buey y con la mula. Esa capacidad tan grande que tienen los medios de comunicación, a veces, para trivializar las cosas más hermosas y más profundas. A nosotros nos puede suceder lo mismo con el tema de los Reyes Magos o los sabios, como los llama este texto que hemos escuchado, esta traducción. Que si fueron tres o fueron más, o si alguno estaba inhabilitado, que si vinieron y de dónde vinieron, qué, qué fue la estrella, si la estrella fue un cometa o fue un meteorito o fue un OVNI. Y quizás estos eran unos extraterrestres, por lo menos eran de fuera de la tierrita de Cristo. Entonces la gente se queda en el aspecto anecdótico, que si era un cometa o no era... Hay gente que pregunta, -bueno, y José y María, ¿qué hicieron con esos regalos? Cómo recibieron un poco de oro... Ese oro tenía que servir, hay gente que se ha hecho esa pregunta. Por ese camino, no parece que vayamos a aprovechar mucho esta fiesta, porque eso es trivializar la gran solemnidad que hoy tenemos; cuyo nombre oficial es la Epifanía, es decir, la manifestación de Cristo. Lo central de esta fiesta es eso, que el misterio de Dios se ha dejado ver, que nuestro Dios no ha permanecido oculto, sino que se deja encontrar y también sale al encuentro. Es un Dios amoroso y humilde que quiere llegar hasta nosotros y que quiere, al acogernos, y al recibir nuestros dones quiere darnos un don todavía mayor, que es el don de sí mismo. Ese es el mensaje central de esta fiesta. La segunda lectura de hoy, de la cual creo que se predica poco, está tomada de la carta de San Pablo a los Efesios. Y esa lectura nos puede ayudar para profundizar un poquito más en el contenido de esta hermosa solemnidad. Pablo, en varias ocasiones, pero sobre todo en la carta a los Efesios, habla de lo que él llama un secreto escondido, o como dice esta traducción, el Designio de Dios-, un designio que Dios le dio a conocer por revelación, dice él ¿Cuál podrá ser ese secreto? ¿Qué fue lo que descubrió Pablo?, y ¿cuál es la relación que tiene con la fiesta de hoy? Pues el problema fundamental se llama el pecado. El pecado nos afecta a todos: hombres, mujeres, niños y mayores, enfermos y alentados; todos de alguna manera o de otra, padecemos del pecado. Lo que cambia es el tipo de pecado que comete más una persona u otra. Hay pecados que son como más frecuentes en los hombres y hay pecados que se adueñan del corazón de las mujeres, hay pecados que son más frecuentes en la juventud y otros más frecuentes en la edad avanzada. Pero el problema central, al cual quiere dar respuesta la Biblia y al cual quiere dar respuesta sobre todo Dios nuestro Padre amoroso, es el problema del pecado. Ese problema del pecado nos afecta a todos y la pregunta es: ¿cómo puede Dios enderezar la humanidad?, Si toda ella parece sumergida en tinieblas y víctima del pecado. Nos encontramos con que Dios elige a una persona y a través de esa persona engendra un pueblo, el pueblo de su propiedad. Ese es el pueblo elegido. En ese pueblo elegido, Dios deposita bendiciones absolutamente únicas. Por ejemplo, les da una ley que, según el libro del Deuteronomio, tiene que ser admiración de todas las naciones. Es el pueblo elegido, es el pueblo de Israel. Ya aparece como una primera luz. El pueblo de Dios se convierte como en una especie de testimonio de que el pecado no tiene que ser la norma de la vida humana. Ese ya es un avance, pero tenemos ahora otros dos problemas. El primero es que el pueblo elegido es terriblemente infiel a la llamada de Dios. Este pueblo elegido, a pesar de esas bendiciones absolutamente únicas, es un pueblo proclive a la idolatría, es un pueblo distraído y rebelde, al cual fustiga muchas veces el Señor a través de los profetas, por ejemplo, diciéndole que es un pueblo de ¡dura cerviz!, que no se inclina, que no obedece, que no es dócil. O sea que ese plan con el pueblo elegido no parece que esté marchando muy bien, porque el pueblo es rebelde, empezando por sus jefes, empezando por sus sacerdotes, empezando por sus reyes. Entonces no parece que vaya bien ese plan. Además hay otro problema. Que este pueblo, a pesar de ser infiel, empieza a llenarse de una especie de orgullo. Algo así como el niño que llega al colegio y es el único que tiene la chaqueta fina, el único que tiene los tenis de moda y se siente orgulloso porque es el único que tiene lo que le ha dado su papito. Así también Israel se llena como de un orgullo porque considera que los demás pueblos están en la ignominia y están en la suciedad, mientras que el pueblo elegido, es el pueblo amado por Dios. Por supuesto que hay un grave error en esta percepción, pero eso estaba en la mente de ellos. De manera que los judíos miraban con una mezcla de escándalo y de desprecio a los demás pueblos. O sea que esta idea de escoger un pueblo parece que no marcha muy bien. Y déjenme decirles, hermanos, así termina el Antiguo Testamento. Con todo el respeto para los judíos que también hay en nuestra época. Las escrituras judías, es decir, el Antiguo Testamento que llamamos nosotros, terminan con esas dos pésimas noticias que el pueblo elegido es infiel y que además los demás pueblos parecen estar peor para orgullo vano de los judíos. En esas condiciones, ¿qué es lo que se le ha ocurrido a Dios, para llevar a la salvación tanto a los judíos como a los no judíos?. Los no judíos, son aquellos que la Biblia llama los gentiles. Es decir que pienso que la mayoría de los que estamos aquí caemos completamente dentro de esa definición, somos gentiles porque venimos de otras razas. Quizás haya alguno que sea de descendencia judía, pero la mayoría de nosotros somos pueblos paganos; venimos de la gentilidad, venimos del paganismo... Entonces aquí es donde San Pablo se maravilla del amor de Dios, porque lo que ha hecho Dios es lo siguiente: nos ha dado a su propio Hijo. Y en ese Hijo, en la fidelidad de ese Hijo, Dios le ha cumplido sus promesas a la casa de Israel. Porque Dios les había prometido que siempre habría un sucesor del rey David sosteniendo el reino con el cetro muy firme sobre sus rodillas. Y eso lo cumple Dios, porque el reinado de Cristo no termina nunca. De manera que Dios fue fiel y le cumplió a su pueblo. Pero lo maravilloso es que la muerte de Cristo fue la consumación. Fue llegar al colmo de los pecados de Israel. Según aquello que dice el Evangelio de Juan: -vino a los suyos, y los suyos no le recibieron-. Pero al colmarse los pecados de Israel, al reventarse el corazón de Cristo con la lanzada de ese soldado, quedó manifiesta a la vez la infinita fidelidad de Dios y su capacidad de amar y de perdonar a su propio pueblo, y de manifestar su gracia a todos los otros pueblos. Es decir, que la caída de Israel, el llegar al colmo de su pecado, matando al Hijo de Dios, esa caída de Israel, se ha convertido en ocasión para que se muestre que todos necesitamos de Dios y que Dios nos ama con amor, de ternura, con compasión infinita a todos, sin hacer distinción entre unos y otros. Es decir, lo que le asombra a Pablo es cómo Dios aprovechó el pecado para mostrar y para dar la gracia. Y eso es lo que él llama el gran secreto: -Que nosotros los pueblos gentiles, mirando al judío muerto en la cruz, Jesucristo muerto por su propio pueblo, por mano de gentiles, podemos encontrar en Él esperanza, y podemos encontrar en Él toda la ternura del amor de Dios. Y por eso está esta lectura, el día de la Epifanía, porque nos está recordando esta lectura, que la gran Epifanía es Cristo mismo, que la gran Epifanía que empieza en la humildad del pesebre tiene su culminación en el patíbulo de la cruz, que especialmente en esa sangre preciosa derramada por nuestra salvación, está la manifestación, está la Epifanía clarísima de que en Él todos tenemos esperanza. Hermanos, que este sea un día para acercarnos con veneración, con confianza, con humildad, al Rey de Reyes. Estos sabios de Oriente, según muchas tradiciones, eran jefes de tribus, eran reyes a su manera, pero ellos supieron inclinarse, ellos supieron humillarse ante Cristo. Que este sea el día para humillarnos ante Jesús, reconocerle como nuestro Rey y recibir el don magnífico de su gracia. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|