Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios no tiene temor de los escépticos, si son sinceros buscadores de la verdad.

Homilía epif024a, predicada en 20130106, con 19 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. El peligro que hay con esta solemnidad tan hermosa es que quede reducida a una anécdota casi fantasiosa, como si fuera una fábula, un cuento de hadas, una anécdota de la infancia de Cristo. Le estoy pidiendo al Espíritu Santo que me ayude para explicarme bien y que esté en los corazones de todos, para que comprendamos que esta solemnidad de la Epifanía es mucho más que eso.

Seguramente ya hemos escuchado antes que Epifanía quiere decir manifestación. Dios se ha manifestado, se ha mostrado en su Hijo encarnado. La carta a los Hebreos empieza diciendo estas palabras. De muchas maneras habló Dios en otro tiempo por medio de los profetas. En estos tiempos que son los últimos, nos ha enviado a su Hijo. De modo que el Hijo, Jesucristo es la manifestación plena de Dios nuestro Padre y el verdadero camino para conocerle. Entonces uno se da cuenta que las epifanías, las manifestaciones, son muchas.

Es epifanía lo que sucedió cuando llegaron aquellos sabios de Oriente, pero también es epifanía cuando convirtió el agua en vino. También es epifanía cuando con una sola palabra liberó del poder del demonio una y otra vez a tantas personas. Y uno empieza a darse cuenta que la palabra epifanía se puede aplicar prácticamente a toda la vida de Cristo, o incluso se puede decir que Cristo mismo es la Epifanía. Y esta es la razón por la que en tiempos antiguos se tuvo tanto aprecio por el nombre Epifanio que cambia el acento, pero es la misma idea.

Yo, por ejemplo, en tiempos de mi escuela primaria tuve un compañero de ese nombre. Habrá que buscar en Facebook si todavía existe. Y en donde está, Epifanio se llamaba?. pues Cristo es la Epifanía. Todo en Cristo es epifanía. Pero como no se pueden mencionar todos y cada uno de los detalles en los que Cristo nos revela el poder de Dios, la sabiduría de Dios y el amor de Dios, entonces se toma en particular este hecho de la infancia, la visita de estos personajes.

Entonces volvamos nuestra atención al relato del Evangelio. La traducción que utilizamos para el leccionario de Colombia llama sabios a estos personajes. Otra traducción, tal vez la más común, es la de magos. Y entonces hay que preguntarse qué tiene que ver la magia con ellos y qué podemos aprender de estos hombres, de los cuales en realidad poco se sabe.

Pues sucede que la expresión mago en el Cercano Oriente en aquella época, corresponde a lo que nosotros llamaríamos los buscadores de misterios, los buceadores de la realidad, los que quieren trascender. Esa palabra es bastante común en el culto de Zoroastro y en otro tipo de religiones de esa zona en donde nació la astrología. Por supuesto que nosotros como creyentes no queremos tener nada en común con la astrología. Eso no tiene que ver con nuestra Fé y de hecho ofende a Dios el que cree que su suerte, su destino o su futuro se puede leer en el tarot, en las cartas, en la astrología, en las estrellas.

Pero aunque ese producto llamado astrología es algo incompatible con nuestra Fé cristiana, sí hay algo que podemos aprender de estos buscadores de la verdad. Ellos utilizaban los recursos que tenían. Ellos no tenían un Moisés, no tenían las Escrituras. Eran personas esencialmente insatisfechas, con una vida que se limite a producir y a consumir, a emborracharse y luego padecer la resaca, a tener sexo y luego criar hijos. Más allá de producir, consumir, divertirse, entretenerse y volver a trabajar para producir, consumir, entretenerse.

¿Qué es la vida?, ¿Para qué estoy sobre este suelo?, ¿Solamente para producir, consumir y entretenerme? Hay personas, -las ha habido siempre- en todas las culturas, que se han sentido insatisfechas con ese esquema tan simple, con ese pensar que la vida consiste sólo en producir, consumir, entretenerse y darle vueltas a ese círculo de tres polos hasta que un día me enfermé, me morí, me acabé. No da más. La vida no tiene nada más. La gente que se ha preguntado ¿Qué tiene la vida además de producir, consumir y entretenerse? Esa gente va en un camino y ese camino se llama el camino de la sabiduría. Y eso sí que es respetable. Y eso sí que es muy importante para nosotros católicos.

Por ejemplo, en su obra "Summa contra Gentiles", el gran teólogo y filósofo Santo Tomás de Aquino hace ver que en el camino de la sabiduría es posible tender puentes con todos los seres humanos. Si me encuentro con un hinduista o con un confucionista, o con un animista, o con un anglicano, con un protestante necesariamente habrá diferencias en muchas cosas, pero Santo Tomás es bastante optimista en esta frase: ?Si es hinduista busca a fondo la verdad y yo también. Nos encontraremos en algún punto en la búsqueda sincera, consecuente, humilde, generosa, valiente de la verdad?.

Todos los seres humanos podemos ir encontrando lenguajes, lenguajes donde recuperemos la fraternidad, la hermandad perdida por las múltiples divisiones que provienen precisamente de producir, de consumir y de entretenerse. Porque si usted lo piensa bien, querido amigo, en cada uno de esos verbos está de manera embrionaria pero real, una fuente de división. Porque si usted produce mucho trigo y yo produzco mucho trigo, a mí no me sirve que usted tenga tanto éxito en su trigo. Si usted consume poco o si quiere consumir demasiado, usted puede entrar en conflicto conmigo. Si usted quiere entretenerse y quiere pasarla bien y quiere divertirse y lo que motiva su atención es lo mismo que a mí me atrae, usted y yo vamos a tener problemas.

Las divisiones surgen de esos verbos que son los verbos que nos pegan al suelo. Los verbos que nos pegan al suelo son producir, consumir y entretenerse. Y ahí están también las divisiones. Pero hay gente que se despega o quiere despegarse del suelo, y esos que quieren despegarse del suelo son los que Santo Tomás llama buscadores de la sabiduría. Y dice este gran teólogo que los que se pongan en esa ruta tendrán ocasión de encontrarse con la verdad y tendrán ocasión de dialogar unos con otros. La obra Summa contra Gentiles está disponible gratuitamente en Internet y puede ser interesante para usted darle una ojeada.

Porque al contrario de lo que pasa con la otra gran obra de Santo Tomás, es decir, la Suma Teológica, la Summa contra Gentiles, fue una obra que él sí terminó, La teológica no la terminó. Así que ya vemos la importancia de estos buscadores de la verdad, estos hombres de Oriente. Ellos son motivados por un fenómeno en el cielo y sobre eso hay muchas teorías; el Papa Benedicto, en su último libro sobre la infancia de Cristo, menciona, una de las más probables; tiene que ver con el planeta Júpiter y con ciertos acontecimientos astronómicos del siglo primero antes de Cristo, finales del siglo primero antes de Cristo.

Pero mi sugerencia, mi humilde sugerencia, es que no tratemos tanto de explicar el tema de la estrella desde el punto de vista astronómico, porque según el relato evangélico, esa estrella se comportaba de una manera bastante extraña. Eso de que llega a Jerusalén y mientras ellos consultan con Herodes, la estrella desaparece y luego vuelve a aparecer para guiarlos hacia Belén. Yo he leído algunas explicaciones sobre esa aparición y desaparición que está registrada en el Evangelio de Mateo, pero me parece que es un terreno bastante escabroso e inseguro.

Lo que debemos afirmar es que Dios en su providencia, acogió el ansia de trascendencia, acogió el ansia de sabiduría de estos hombres y los llevó hasta su Hijo, hacia Jesucristo. Con lo cual también hay que comentar que nuestra Fé cristiana no debe tenerle miedo a la gente que niega a Dios, ni hay que tenerle miedo a la gente que tiene una fé distinta de nosotros. A lo único que hay que tenerle realmente miedo es a las personas que han renunciado a buscar la verdad.

Es muy interesante ver en los evangelios la actitud tan positiva que tiene Cristo con personas que mostraron un gran escepticismo. Cristo no le tiene miedo a los escépticos. Un hombre llamado Natanael, por ejemplo, es uno de los grandes escépticos del evangelio de Juan. Cuando le van a decir que han encontrado al Mesías, que es Jesús de Nazaret, Natanael exclama: ¿Y es que de Nazaret puede salir algo bueno? Natanael conocía bien las Escrituras y conocía bien la realidad de su tiempo y era un gran escéptico. Pero ¿Cuál es el saludo que le da Cristo a Natanael? "Ahí tenéis a un verdadero israelita en el que no cabe engaño". Mientras que Natanael tiene toda esa coraza de escepticismo, Jesús le da el saludo casi más efusivo y elogioso que encontramos en sus labios en la Biblia.

Repito, Dios no le tiene miedo a los ateos ni a los escépticos. El problema no es el escepticismo. Luego otro apóstol; Tomás tampoco puede creer. Es otro escéptico, -Ese caso es bien conocido-. Los demás le dicen "hemos visto al Señor que resucitó". Y Tomás toma una postura más bien distante y pone sus condiciones. "Si yo no meto mi dedo en el agujero de los clavos y la mano en su costado, yo no creo". ¿Y qué hace Jesús con este escéptico? Cuando se le manifiesta no lo maltrata, le ofrece las manos. -Mire, si eso es lo que usted necesita, aquí están las manos-. Dios no tiene problema con los escépticos. Dios tiene problema con los fanáticos porque el fanático se detuvo, porque el fanático cree que ya llegó.

Y hay fanáticos en el ateísmo. Fanáticos a veces rabiosos fanáticos insultantes como Christopher Hitchens, como Richard Dawkins. Hay fanáticos irónicos como Peter Singer, como Daniel Dennett. Sí, ese tipo de ateísmo que a través del desprecio, a través de la calumnia y a través de la selección de hechos que sustentan mi postura, pretende atacar a la Fé. Esa raza, esa raza, es peligrosa. Pero que una persona tenga dudas en su fé, eso no le escandaliza a Cristo. Lo que recomienda Cristo es lo que podemos aprender de los personajes de la fiesta de hoy.

¿Tú tienes dudas? Es entendible. Es que las cosas de nuestra Fé son gigantes. Eso de que le digan a uno que en el Cuerpo de Cristo la hostia consagrada está él con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Eso es gigantesco, eso es colosal. Que tengas dificultades. Ese no es el problema. El problema es que te detengas y que pretendas aferrarte a la duda o pretendas aferrarte a la negación. Quizás por aquello que dice San Agustín y que hemos comentado en otras veces, nadie niega a Dios, sino aquél a quien no le conviene que exista Dios. Entonces, negar a Dios. Porque me cuesta trabajo creer, pero estoy buscando, eso, eso es hasta meritorio delante de Dios.

Pero negar a Dios porque me conviene seguir con mis puercas costumbres y tengo miedo de llegar a la iglesia porque cuando llegue a la iglesia me van a poner un código de conducta que no le sirve a mis negocios o que no le sirve a mi placer. Eso es ruin y eso es lo que Dios detesta. Terminemos, hermanos, en esta hermosa fiesta, pensando que nosotros somos también buscadores y pensando que es buena idea llevarle un regalo a Cristo. Lo de los regalos es interesante porque estos hombres que hicieron ese viaje, probablemente de miles de kilómetros, ellos sabían que era el, el viaje de la vida. Es decir, ellos no estaban pensando bueno, de aquí a ocho días volvemos en un mes, le damos otra vuelta aquí a Belén, a Jerusalén, no, ese viaje era el viaje; el único.

Y esto le da una trascendencia especial a sus regalos. Cabe imaginar que esta gente deliberó o reflexionó sobre qué llevarle al rey de los judíos, qué llevarle al Mesías. Pensemos también nosotros y con eso concluyamos nuestra meditación hoy. Pensemos ¿Qué le llevamos a Jesús?, ¿Cuál es tu regalo para Jesús? El uno, el del villancico, pues le llevó su tambor. Otros llevan el corazón, otros llevan su propia persona deseosa de adorar y de obedecer. Lo importante no es repetir las palabras de otro, lo importante es que tú sepas que así como Jesús te va a dar el tesoro de tesoros dándose a sí mismo, tú también tienes algo, algo que es radicalmente tuyo, algo que puedes llevar a la casa del Señor y que puedes poner a los pies del rey.

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