Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La gran manifestación de la gracia salvadora de Cristo es el corazón de la celebración de la Epifanía.

Homilía epif023a, predicada en 20130106, con 5 min. y 19 seg.

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Transcripción:

Los cristianos de Oriente le dan una enorme relevancia a la preciosa fiesta que tenemos el día de hoy. ¡Feliz domingo para todos!

Este es el Domingo de la Epifanía. Nosotros, los cristianos de Occidente, ponemos un gran énfasis en la fiesta del nacimiento del Señor. Los cristianos de Oriente, especialmente los ortodoxos, ponen principalmente el acento en la Epifanía. La palabra epifanía se puede traducir como manifestación. El nacimiento de Cristo, su presencia en esta tierra, hasta cierto punto, acapara nuestra atención en Occidente. Los orientales creen, en cambio, que lo fundamental es que ese Cristo que había sido prometido desde antiguo, ahora se ha manifestado, lo han visto nuestros ojos, ha salido a nuestro encuentro. Esa es la epifanía del Señor.

Tenemos textos preciosos y no podremos meditarlos todos en este limitado tiempo del capítulo sesenta de Isaías. La invitación a alegrarse en la manifestación de la Gloria Divina. En el capítulo segundo de San Mateo encontramos la escena que tal vez es la más familiar para nosotros. Cuando aquellos sabios o magos de Oriente, después de recorrer tantísimos kilómetros, llegan donde Cristo para ofrecerle el homenaje de su adoración y para dejar también algunos regalos.

Y luego tenemos en la segunda lectura tomada de la carta a los Efesios, en el capítulo tercero, que el apóstol San Pablo nos cuenta cómo la gracia de Dios ha brillado no solamente sobre el pueblo elegido, sino también sobre los no judíos, es decir, los que la Biblia llama los gentiles. Ese es el banquete espiritual que nos ofrece la Iglesia en este día. Isaías, Carta a los Efesios y texto de San Mateo.

Yo quiero agregar algo más sobre la carta a los Efesios, porque me llama poderosamente la atención que Pablo considere como misterio precioso, misterio sublime de la Gracia Divina eso de que Dios quiera ser también Dios de los paganos, de los gentiles, de los no judíos. Y la expresión que utiliza Pablo es muy importante dentro del conjunto de su enseñanza. Él dice -Los gentiles son coherederos-. Ser coherederos quiere decir recibir la misma herencia. Y lo que dice el apóstol es que los judíos y los gentiles recibimos la misma herencia.

Pero la expresión hay que completarla, porque él utiliza la palabra coheredero en otras partes también. Realmente lo que nos unifica es que somos coherederos con Cristo. Es decir, que de la abundancia, de la infinita abundancia del Corazón de Cristo, se han hecho coherederos los judíos que acogen en Fé al Mesías. Y de la infinita abundancia de los tesoros del Señor, reciben aquellos, los de los pueblos gentiles, cuando acogen la predicación del Evangelio.

Y dice Pablo en la carta a los Efesios -el misterio que estuvo escondido por siglos interminables- que nosotros podemos participar de las mismas riquezas que habían sido anunciadas al pueblo elegido, al pueblo escogido. Lo más hermoso es que descubramos así por qué Dios eligió a ese pueblo. Estamos tan acostumbrados a pensar que cuando se elige a alguien es para preferirlo, excluyendo a otros, que es toda una sorpresa del amor de Dios saber que Dios elige para poner al servicio de su plan.

Dios eligió a ese pueblo, pueblo precioso, pueblo judío, pero lo eligió para ponerlo al servicio de la difusión de la Buena Nueva entre todos los pueblos. Pablo y otros muchos tomados de ese pueblo judío, son los que nos han traído a la Fé. Son los que nos han conducido a este mensaje bendito de salvación. Demos gracias a Dios y si eso nos hace sentirnos elegidos, pues entendamos que la lectura de hoy, que todo elegido tiene un compromiso de expandir, de compartir, de proclamar la Buena Nueva de salvación.

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