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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
(1) La epifanía es próxima a nosotros porque los sabios de Oriente son primicias de los pueblos no-judíos. (2) La epifanía es fiesta de la luz que salva, hace entender y deleita santamente.
Homilía epif022a, predicada en 20120108, con 20 min. y 51 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, la fiesta de la Epifanía la reconocemos especialmente por aquellos personajes que vinieron de Oriente trayendo unos regalos para Jesús. Nosotros decimos para el Niño Jesús. Estos personajes, sin embargo, no pensaban en lo que el niño era, sino en lo que el niño iba a llegar a ser, el Rey, el Rey de los judíos, aunque se tratara de un niño pequeño, aunque estuviera en condición tan humilde, aunque fuera tan difícil llegar a Él. Ese niño es rey y por eso estos hombres hacen un largo camino, seguramente de centenares de kilómetros hasta llegar donde el niño, el niño que es rey. Y a ese niño le dan tributo y reconocimiento de rey con esos regalos. ¿Qué podemos aprender nosotros de estos acontecimientos que parecen perderse en la bruma de la historia? Cualquiera diría que son simplemente una anécdota. Y no faltan los que dudan de la historicidad de lo que cuenta el evangelista Mateo. Podemos aprender que este Jesús que ya se había manifestado a los pastores, gente humilde de Judea, Ahora se manifiesta a extranjeros y esos extranjeros venidos de lejanas tierras. Ellos son como las primicias de los pueblos no judíos que van en peregrinación y que reconocen a Cristo como Rey. Entonces, parece que esta fiesta ya tiene algo que ver con nosotros. Pienso que la gran mayoría de nosotros no somos de origen judío. Nosotros venimos de otras razas, de otros pueblos no judíos. La Biblia llama gentiles o a veces paganos a esos otros pueblos. De modo que esos reyes, o esos sabios o esos magos de Oriente vienen a ser como los primeros entre todas las naciones paganas, entre todas las naciones gentiles. Ellos son los primeros en reconocer a Jesucristo como Rey. Se postran ante Cristo y le adoran. Exactamente lo mismo que hacemos nosotros de modo especial en la Eucaristía. Sí, en la Eucaristía nosotros repetimos el gesto de los Magos de Oriente. En la Eucaristía reconocemos a Jesús como nuestro Señor. Así terminan las oraciones que se dicen en cada Eucaristía. Siempre decimos "Por Jesucristo nuestro Señor". Ahí estamos proclamando el señorío de Cristo, lo estamos reconociendo como autoridad y si lo miramos mejor lo miramos como nuestro rey, como nuestro jefe, como nuestro pastor. Y nosotros también le adoramos, especialmente en el Sacramento Eucarístico, nosotros nos postramos ante Él y le entregamos lo que tenemos. A menudo lo que le entregamos no es otra cosa sino nuestro propio ser, que es más valioso que cualquier regalo material. Cuando tú le dices a Jesucristo, por ejemplo, hoy se lo puedes decir "Aquí estoy, estoy para tu servicio". Tú eres la ofrenda. Una ofrenda más valiosa, mucho más valiosa que todo el oro del mundo. Al principio de esta Eucaristía, el Padre Rafael nos estaba recordando que esta querida parroquia ha recibido un Don muy especial en la persona de nuestro diácono Augusto. Augusto ha sentido el llamado de Dios y él se está ofreciendo a Cristo. El diácono es una persona consagrada al Evangelio, al servicio de los pobres, al servicio del Altar. El diácono ha recibido ese llamado de servicio y reconoce a Jesús como su punto de referencia y se ha puesto a órdenes de Cristo, con la bondad de Dios, este querido amigo Augusto, en unos meses será ordenado Sacerdote como nuestro padre Rafael, o como este servidor. Y ese sacerdote, lo que está diciendo con su vida es "Me regalo a Jesucristo". Eso es ser ofrenda. Entonces ya vemos cómo esta fiesta de los Reyes Magos o de los sabios de Oriente tiene una conexión con nosotros. Nosotros estamos prolongando en la historia el gesto que éllos realizaron. Cada uno de nosotros, de algún modo repite lo que ellos hicieron, hacer el recorrido hasta Cristo, postrarse ante Cristo y proclamarlo como Señor y como Rey de nuestras vidas. Ese es un punto. Y el otro punto que quiero compartir en esta meditación tiene que ver con la Luz. Aquellos personajes fueron atraídos hacia Cristo por medio de una luz. Pero el tema de la luz está bastante presente en las lecturas de hoy. Luz que irradia. Luz que atrae. Luz que salva. Luz que permite comprender, luz finalmente, que alegra. Miremos algunas de estas dimensiones de la luz. Sobre todo con un propósito, reconocer en Jesucristo la luz de nuestras vidas. -Porque Él mismo dijo- Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Cristo, nuestra luz, especialmente en la Liturgia de la Luz, cuando se celebra la solemnidad de la Pascua, se proclama a Cristo como ley, nueva ley, como nuevo fuego, como nueva vida, como nueva fuerza y también como nueva luz. Pues bien, mis hermanos, ¿Cómo aparece esto de la luz? Mira, la luz es salvación. En muchas costas se levanta una torre que llamamos faro y una luz avisa al navegante en donde se encuentran los escollos y donde es el camino seguro al puerto. La luz sirve de indicación. La luz sirve de salvación también. Cuando nosotros descubrimos el camino hacia una salida. Los aviones modernos tienen todos un sistema de iluminación que no depende del sistema eléctrico central del aparato. En el desafortunado caso de que una aeronave cayera y su sistema eléctrico estuviera dañado, hay un sistema suplementario que ilumina el pasillo y que te muestra dónde está la puerta. Deseablemente tendrás tiempo de ponerte el chaleco salvavidas y esa luz te mostrará el camino. Ahí está mi salvación. La luz que muestra el camino. La luz que te salva, cuando la vida se convierte en solo tinieblas. La persona no ve una esperanza. Fíjate lo que dice una persona desesperada. "No veo una salida". No ver equivale a ser condenado. Condenado a la desesperanza, condenado a la frustración. Qué importante que nosotros pudiéramos dar una luz a esas personas que dicen -no veo una salida-. Esa persona que no le ve un significado a la vida, no le encuentra un sentido a la vida. Otra vez utilizamos el verbo ver. No le ven un sentido a la vida. Se necesita una luz que les muestre el camino y la puerta, el camino que indique -Mire por aquí la vida tiene sentido- por eso la luz puede salvar y por eso nosotros estamos llamados a ser luz. Si tú le muestras a otra persona, cómo le puede dar un significado a su vida, tú estás seguramente ayudando a salvar esa vida. Porque la persona no veía y el que no ve, el que no encuentra una salida, entonces siente frustración, siente desesperación, siente que no hay un sentido para su existencia. La luz puede salvar. Imagínate el bien tan grande que tú puedes hacer si le ayudas a descubrir el sentido a la existencia, a aquella persona que dice "No veo una salida". Hay una epidemia de suicidios en el mundo entero. Países pobres y países ricos. Niños, jovencitos, jovencitas que piensan seriamente en quitarse la vida. No le ven un sentido a su vida. Necesitamos entonces faros; no solamente faros para las costas, necesitamos faros en las calles de Lima, necesitamos faros en los distritos; necesitamos faros en las barriadas. Necesitamos personas que con la luz de su sonrisa. Que con la claridad de su presencia. Que con su manera de comportarse sean como una referencia que le ayude a todos los demás a ver un sentido a la vida. La luz puede salvar, la luz también ayuda a comprender, la luz ayuda a entender. En muchas caricaturas y dibujos animados. Cuando una persona tiene una idea, la representan con un bombillo que se enciende, un foco, una luz. Hay una luz que aparece. La luz permite entender; luz que llega al entendimiento. Necesitamos luz para entender las Escrituras. Necesitamos luz para comprender nuestra propia vida. Necesitamos una luz que ilumine nuestro pasado. En todas las películas de terror, los fantasmas le tienen miedo a la luz. La luz ahuyenta los fantasmas. Necesitamos iluminar nuestro pasado para sacar los fantasmas del pasado. Hay personas que han tenido experiencias traumáticas en el pasado, nunca han podido hablar de ellas, no se han aclarado. Fíjate el verbo aclarar, llevar a la claridad, no se han aclarado qué fue lo que sucedió en su infancia. Muchas veces con solo tener una buena conversación, muchas veces con solo hacer una buena confesión, muchas veces con recibir un buen consejo, yo empiezo a entender, a entender qué fue lo que sucedió en mi vida. Qué importante es conocerse a sí mismo, qué importante comprender el camino que uno ha recorrido. Para eso necesitamos luz. Pero a veces no tenemos esa luz porque buscamos únicamente afuera, como le sucedió a San Agustín, el cual escribió después estas palabras. Le dice San Agustín a Dios nuestro Señor: "Tú estabas dentro de mí y yo te buscaba afuera, y deforme como yo era, me lanzaba sobre aquellas cosas que sin ti no existirían". Muchas veces no tenemos luz porque vivimos volcados únicamente hacia lo de fuera, volcados hacia las cosas materiales, hacia las diversiones, los placeres, el prestigio, el poder, cosas todas que están afuera. Y esta es la importancia de los grandes santos y entre ellos, sobre todo el Santo de Santos, que es Jesucristo. Jesucristo nos lleva a mirar hacia adentro. Fíjate cómo en cada Eucaristía empezamos pidiendo luz para adentro. -Por eso decimos- Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado. Ese es un descubrimiento. Esa es una luz. La culpa de que el mundo esté como está no reside únicamente en los políticos, en los diputados, en los jueces, en los militares, en los guerrilleros. Yo también tengo responsabilidad en que el mundo esté como está. Y esa es una luz que necesito. Y el conocimiento de mi realidad de pecador me ilumina. Pero hay que llegar a una luz más profunda y esa luz me la trae Cristo. No solamente soy pecador, sino que soy ante todo muy amado. Qué luz tan grande esa, que luz tan preciosa llegar a descubrir ¡Valgo el precio de la sangre de Jesús! Eso es lo más hermoso que alguien puede entender. Cuando una persona llega a descubrir eso, llora de alegría. Cuando una persona llega a descubrir eso; ya no queda dependiendo del afecto, la aprobación, el aplauso o el éxito exterior. ¡Qué importante la luz que trae Jesús, con su sangre preciosa! Jesús ilumina los rincones del corazón humano. Mira, la sangre de Jesús está iluminando tu vida. Te está diciendo las dos cosas al tiempo. Te está diciendo es verdad que eres un pecador, -pero te está diciendo- eres amado, amado, infinitamente amado. Y esta luz me lleva a entender; la luz salva porque muestra el camino. La luz ayuda a entender. Y nos falta el último punto, la luz que te deleita. La primera lectura nos habla de la hermosura de la contemplación. La oración de la Misa dice que lleguemos a contemplar la hermosura infinita de tu rostro. ¡Qué alegría! La luz trae alegría. Qué sensación tan hermosa por ejemplo, ver un paisaje bello. Cuánta serenidad trae. Qué alegría para una persona que ama ver a su amada o a su amado. Qué alegría para un Papá que tiene vocación de papá; ver a sus hijos felices en casa o jugando divertidos, llenos de salud y de energía en un parque o qué sé yo. ¡Qué alegría la que siente un Papa! Es un momento de gozo. Qué bueno poder ver algo así. La luz también tiene esa dimensión contemplativa. La luz tiene esa dimensión de alegría. Qué hermoso, que Dios nos ilumine en esta fiesta de epifanía. Qué hermoso que nosotros podamos contemplar un poquito, aunque sea, un poquito, de ese amor que Dios nos tiene. Que podamos contemplar la belleza de Jesús, que podamos contemplar la belleza de ser santos. Porque dice el Apóstol San Juan ?Todo el que tiene esa esperanza se purifica a sí mismo?. La luz te trae esa alegría. La Epifanía, hermanos, es la fiesta de la luz. La luz de Cristo que se ha manifestado, una luz que te muestra el camino para que jamás te dejes atrapar por la frustración. Una luz que ilumina tu mundo interior, para que reconozcas que tienes pecados de los cuales convertirte. Pero tienes también un Dios compasivo y poderoso que está a tu lado para sacarte de ahí y una luz que te alegra. Una luz que te conmueve con la hermosura de lo que Dios ha preparado para ti. Hermanos, que esta sea la Eucaristía, que nos enamore de Dios, que podamos descubrir y sentir la hermosura de la Misa. ¿Tú te sientes feliz cuando vienes a misa o vienes únicamente porque toca venir? Yo espero que tú te sientas feliz. Yo espero que tú mires ese altar, que tú mires a ese Cristo levantado y sientas alegría. Yo espero que tú sientas la hermosura de esa Hostia purísima. Yo espero que tú digas ¡Cuánto amo a este Jesús; cuánto me ama Él, bendito sea! Eso es vivir la Santa Misa. Hermanos, sigamos esta celebración. Es la fiesta de la Epifanía. Es la fiesta de la luz. Es la fiesta del Dios que nos ha amado por encima de toda medida.

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