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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo es la perfecta epifanía de Dios Padre, es decir, lo invisible de Dios ha aparecido en Cristo como luz que colma de gozo al pueblo que ya había sido elegido y que atrae con misericordia a los demás pueblos de la tierra.

Homilía epif018a, predicada en 20110102, con 4 min. y 16 seg.

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Transcripción:

La fiesta que tenemos hoy. La epifanía del Señor tiene distintas fechas. En muchas partes del mundo se sigue celebrando el seis de enero, especialmente en la Europa cristiana. Mientras tanto, en la mayor parte de América, la fiesta de la Epifanía se celebra el domingo siguiente al primero de enero. Y en este caso, pues es esa la práctica que vamos a seguir.

Así que vamos a hablar de esa manifestación de Dios que es Cristo. Y esto significa lo más grande, lo más perfecto, lo más santo, lo más bello que Dios podía mostrarnos de sí. Porque Dios es invisible, pero al asumir nuestra carne se ha hecho visible, se ha hecho epifanía. Podemos decir que Epifanía es otro de los nombres de Cristo, porque él es la manifestación del Dios que estaba oculto del Dios invisible.

Y esta es la gran diferencia entre el monoteísmo cristiano y el monoteísmo de musulmanes o judíos. Es verdad que estas tres grandes religiones decimos adorar a un solo Dios, pero únicamente nosotros los cristianos afirmamos que este Dios -invisible en su naturaleza- se ha hecho visible al asumir la nuestra. Es decir, que la Epifanía, la manifestación de Dios en su Hijo Jesucristo, que ha venido a nuestra tierra y que ha revelado la gloria del Padre.

Esa, esa característica, esa epifanía, es al mismo tiempo lo más precioso. Es al mismo tiempo lo más propio de nuestra Fé. Todo empieza con la celebración que la gente llama de los Reyes Magos y que se recuerda en el capítulo segundo del Evangelio según San Mateo. Allí se cuenta cómo estos personajes venidos de Oriente contemplan a Jesucristo y le dan sus regalos. Pero lo que hay que destacar ahí, más que la anécdota, es que estos personajes descubrieron en Cristo la satisfacción más profunda de su búsqueda y de su anhelo.

Porque éstos eran gente que oteaba los cielos, que exploraba el horizonte en la noche buscando una luz, buscando una Gracia, buscando una verdad, una sabiduría, y la encontraron en Cristo. De modo que en Cristo vinieron a satisfacerse esas necesidades o anhelos. El capítulo tercero de la Carta a los Efesios nos cuenta, en palabras del apóstol San Pablo cómo Dios en Jesucristo se ha convertido en manifestación de misericordia para los pueblos no judíos; es lo que la Biblia llama los gentiles, y esos somos nosotros, la inmensa mayoría de nosotros.

Es decir, Cristo es la epifanía de la misericordia divina para nosotros. Al mismo tiempo, la primera lectura del profeta Isaías capítulo sesenta destaca cómo la luz ha amanecido en primer lugar sobre Jerusalén, es decir, sobre el pueblo que ya había sido elegido. Pero luego esa luz va atrayendo a todas las naciones. Muy en consonancia con lo que también nos explicó el apóstol San Pablo.

Pidamos al Señor ¿Qué? Que Cristo sea nuestra epifanía, que en Él encontremos la respuesta a nuestros interrogantes más profundos, a nuestra búsqueda de alegría y de paz, y que nosotros mismos seamos epifanía de Dios para otros hermanos.

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