Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios sale a nuestro encuentro con enorme providencia, mirando cuáles son nuestras circunstancias y sobre todo, cuáles son nuestras búsquedas más profundas.

Homilía epif017a, predicada en 20110102, con 20 min. y 59 seg.

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Transcripción:

Esta hermosa celebración, mis hermanos, tiene un nombre extraño en nuestra lengua castellana. Se habla de la Epifanía. Esa palabra significa la manifestación. Es una palabra tomada de la lengua griega. También en esa región del mundo donde están los cristianos llamados ortodoxos, la epifanía tiene una enorme importancia, hasta el punto que la Epifanía tiene más relieve que la misma Navidad.

Porque, en efecto, el nacimiento de Jesucristo hubiera sido de poca utilidad para nosotros si Él no hubiera querido manifestarse. Si asumió nuestra carne, es porque a través de la carne se iba a manifestar; su carne hizo visible lo invisible de Dios. En Jesucristo, como dice San Pablo, habita la plenitud de la divinidad; pero para que esa plenitud, nosotros, que somos de carne y hueso, pudiéramos recibirla, era necesario que el Verbo de Dios asumiera nuestra carne, que sus ojos se encontraran con los nuestros, que sus manos tomaran las nuestras, que sus brazos pudieran ofrecernos el abrazo de Dios y recibir también el abrazo cansado y necesitado de nuestra humanidad agobiada y doliente.

Y eso es lo que celebramos hoy. Que Dios no se ha quedado escondido. O también podríamos decir que Dios ha roto su silencio, que Dios ha querido salir a nuestro encuentro y que así como creó el mundo únicamente por la abundancia de su amor, sin que nadie le obligara, así también ha querido redimir el mundo, ha querido salir al encuentro tuyo y mío únicamente por amor, como bellamente decimos en el Credo "Por nosotros y por nuestra salvación, bajó del cielo, se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre".

Es decir, que tenemos que descubrir como el mensaje más profundo ya desde el Adviento, pero sobre todo en Navidad, tenemos que descubrir el amor. En la carne de Cristo, lo que se manifiesta es la plenitud de un amor que ha querido salir a alcanzarnos. Así decía también el apóstol San Pablo que él sentía que Cristo había salido a alcanzarlo como quien sale persiguiendo a otro. Así Cristo ha salido persiguiéndonos, pero no persiguiéndonos para castigarnos, para destruirnos, para humillarnos. Ha salido a perseguirnos, para salvarnos.

Ha salido a perseguirnos para que percibamos, para que descubramos, para que disfrutemos su amor. Y por eso, lo mejor que le puede suceder a uno en la vida es que ese Cristo que persigue con amor lo alcance a uno. Cristo te está persiguiendo. Cristo ha salido a buscarte. Dios en Cristo te está buscando; déjate alcanzar por Él. Es el primer mensaje, el mensaje maravilloso de esta hermosa fiesta de Epifanía. Y lo más bello de ese amor divino es que es un amor creativo. Es un amor inteligente, podríamos decir que busca a cada uno de nosotros allí donde parece que puede encontrarlo.

El evangelio de hoy nos recuerda esa escena tan extraña, tan misteriosa, pero tan bella de estos personajes de Oriente, los que solíamos llamar los Reyes Magos. Pero más que reyes eran personas de grande autoridad y más que magos, eran personas dedicadas a la búsqueda de la sabiduría. Por eso es mejor llamarlos unos sabios de Oriente. Estaban buscando. Eran buscadores de la verdad. Oteaban el horizonte, escrutaban en la noche.

Trataban de leer en las estrellas algo que les hiciera levantarse sobre la poquedad y sobre la fugacidad de las cosas de esta tierra. Porque si son perecederas las cosas de esta tierra, incluyendo sus reinos, sus poderes y sus placeres, pues hay algo en el corazón humano que necesita poner el ancla allí donde las cosas no son pasajeras. Y por eso es natural que las antiguas civilizaciones volvieran sus ojos hacia los cielos maravillados por el titilar de las estrellas.

Creían encontrar en esas luces permanentes, estables, bellas, puras. Creían encontrar un mensaje para esta vida humana que a menudo tiene tanta inestabilidad, tanto barro, tanta suciedad. -Ellos buscaban en las estrellas un mensaje y tenían esta creencia- que cada persona que nace en esta tierra hace nacer una estrella en el cielo. Es decir, ellos no solamente creían que en el cielo está la guía para la tierra, sino que creían que cada persona tenía como una conexión. Tenía como un hilo, un hilo de oro que unía su paso por la Tierra con las luces indeficientes y hermosísimas de los cielos.

Por supuesto, este es el origen de lo que llamamos la astrología, y la astrología puede llevar a muchas personas a extraviarse, porque luego también hubo otros que de tanto mirar esas estrellas creían encontrar figuras. Entonces veían la figura como de un cangrejo. Y de ahí viene la palabra cáncer. El cáncer es cangrejo y el escorpión y también la balanza. Balanza es libra; y también unos peces. Y los peces son piscis y también unos gemelos. Y los gemelos, o sea, mellizos idénticos son Géminis. O tal vez veían un toro y eso se llama Tauro o un carnero, y eso se llama Aries. Y así sucesivamente. Hasta una mujer también, una doncella. Doncella en latín se dice Virgo y de ahí vienen los signos del zodíaco.

Pero hay una diferencia entre los sabios de Oriente y el zodíaco. Los sabios de Oriente, a pesar de que habían estudiado tanto los cielos, todavía sentían que había una verdad que se les escapaba. No habían cesado de buscar. Y parece que esto es lo más importante ante los ojos de Dios que uno jamás deje de buscar. Porque resulta que la astrología quiere presentarnos como una caja de respuestas y por eso hay tantas personas que miran en el tarot, en el I-Ching, en el horóscopo, intentan mirar su suerte, intentan encontrar todas las respuestas, como si la astrología fuera una caja de respuestas.

Los sabios de Oriente, en ese sentido, no eran astrólogos, porque ellos no creían que ahí estuvieran todas las respuestas. Ellos sentían que había una verdad todavía más profunda y por eso, cuando apareció una estrella particularmente hermosa, dijeron -Esto tiene que conducir a alguna parte-. Los pensadores de todos los tiempos se han preguntado qué sería esa estrella. Algunos dicen que se trataba de un cometa.

Efectivamente, esta estrella se iba moviendo y les iba señalando un camino. Así como se mueven los cometas. Otras personas dicen que se trataba de un ángel. Un ángel de Dios, que en ese caso se hizo visible de esa manera luminosa para llevarlos hacia la plenitud de salvación que se encuentra en Cristo. Yo creo que cualquier cosa que digamos sobre esta luz es en realidad pura especulación. No tenemos una respuesta, pero lo que sí podemos decir, y de lo que sí estamos seguros es que esa luz la mandó Dios y la mandó Dios en su Providencia.

Acomodándose a la realidad de estos sabios, puesto que éllos escrutaban los cielos, la mejor manera de salirles al encuentro era con una luz celeste, de donde encontramos una enseñanza para nosotros. Dios se acomoda a nuestras necesidades y Dios sale a nuestro encuentro de acuerdo con lo que somos. Dicho de otra manera, tus búsquedas más profundas las conoce Dios y a través de esos anhelos, a través de esas búsquedas, Dios prepara sus luces para ti. Dios tiene luces para regalarte. Dios se muestra como aquel que guía tu camino acomodándose a esa búsqueda que tú tienes.

Es posible que la luz que tú estás buscando es la luz de la esperanza. Es posible que tú estés con un anhelo muy grande de algo que le dé sentido a tu vida. Tal vez estás esperando que aparezca el verdadero amor, un amor que sea digno de ese nombre, o tal vez, como estos sabios de Oriente. Es el problema de la verdad el que realmente atrapa tu mente y te mantiene en vela. Pues bien, Dios a través de su Hijo Jesucristo y a través del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y aún más allá de los límites de la iglesia visible, Dios envía esa clase de luces. Y Dios se vuelve Amor verdadero y atrayente para el que busca amor. Y Dios se vuelve verdad, esplendorosa y convincente para el que necesita verdad.

Y Dios se vuelve fundamento firmísimo y amigable para el que siente que naufraga. Y Dios se vuelve mano extendida y cariñosa para el que se siente caído y derrotado. Lo que dijo San Pablo refiriéndose a sí mismo. Mucho mejor podemos aplicarlo a la providencia de Dios. Pablo dijo: -Yo me he hecho todo para todos-. Pues así es la providencia divina, se diversifica como el río en el delta. Dios se riega, se humilla. Dios sale al encuentro de cada uno según la necesidad de cada uno. Y lo importante es que nosotros. Lo mismo que estos hombres de Oriente. Sigamos buscando. No nos detengamos.

No hay que caer en el error del horóscopo. El horóscopo que se supone que tiene las respuestas. Las estrellas más bien son preguntas. Cada una con la inmensidad de su luz. Es una pregunta. Una pregunta que la mente despierta tiene que descubrir. ¿Por qué yo soy tan grande?, ¿Por qué yo soy tan bella?, ¿Por qué soy tan luminosa?, ¿De quién te estoy hablando? Así pronuncian su discurso las estrellas, y nosotros somos llamados a escuchar esas preguntas para seguir también nuestro camino y para encontrar finalmente a Jesucristo.

Terminemos, mis hermanos, recordando que estos sabios de Oriente llevaron sus regalos a Jesús. Esos regalos tienen muchos simbolismos: Oro, incienso y mirra. El oro, señal de reconocimiento de su realeza. Por ejemplo, el incienso tributo religioso, lo utilizamos también al comienzo de esta misa. El humo que sube, el humo perfumado del incienso es como símbolo de las oraciones. La mirra, que se utiliza para muchas cosas, entre otras, como una especie de medicina, como una especie de analgésico. Recuerda la condición humana, es decir, que estos sabios de Oriente, con sus regalos proclamaron a Jesucristo como verdadero Rey, como verdadero Dios, como verdadero hombre.

Estos magos de Oriente o estos sabios de Oriente, llevaron de lo que ellos tenían y presentaron lo más precioso que poseían. ¿Cuáles van a ser tus regalos para Jesús? Cuando hablamos de Navidad, hablamos del Niño Dios y hablamos de los regalos que esperamos que el Niño Dios nos vaya a traer a nosotros. Pero ¿Cuáles son tús regalos -los tuyos- para Jesús?, ¿Con qué te vas a presentar? No puede ser con otra cosa, sino con aquello que es más precioso para ti.

Si lo más precioso que tienes es tu inteligencia, pues entonces llévale a Jesús. Lleva a los pies del pesebre la inteligencia que Él te ha dado. Y dile Jesús Esta inteligencia es un regalo que ha venido del cielo. Quiero que vaya nuevamente al cielo, y por eso estoy aquí, para entregarte todo lo que pueda mi mente, todo lo que logre, mi inteligencia.

¿Tienes éxito en los negocios? ¿Has hecho buen dinero? Claro que yo sé que los comerciantes suelen quejarse. Parece que ningún año es suficientemente bueno para ellos. Pero hablando con confianza, si tú eres comerciante y te ha ido bien, ¿Por qué no le presentas a Jesús de tu riqueza? Hay muchas maneras de hacerlo. Hay tantas obras tan buenas en las que tú puedes darle el tributo a Jesús. El mismo Jesús dijo "Lo que hacéis por uno de estos mis hermanos más pequeños, por mí lo habéis hecho". Por qué no sacar, si tienes ese dinero, si has tenido ese éxito, ¿Por qué no servir a Cristo en la persona de los más pobres? Por ejemplo, los damnificados por el invierno, son miles, realmente miles de personas, y son miles de millones de pesos necesarios. ¿Por qué no ayudas? Pero una ayuda real no es tirar una moneda, es dar realmente de lo que se necesita para aliviar a Jesús en la persona de los pobres.

¿Tienes belleza?, Tu belleza puede servir para destruir un matrimonio. Quizás eres una joven muy hermosa. Tú puedes llenarte de arrogancia en tu belleza. Puedes embriagarte del poder que tiene sobre las miradas de los hombres y puedes hacerte el propósito diabólico de conquistar a cualquier hombre por el puro gusto de saber que eres encantadora. Tu belleza puede ser un instrumento de Satanás. Pero tu belleza también puede ser un instrumento de Dios. Por eso nos dice el apóstol San Pedro o mejor, dice a las mujeres que sus verdaderos adornos no han de estar en peinados, joyas o modas, sino que el verdadero adorno de la mujer bella es la piedad, es la continencia, es la castidad, es la hermosura, es la generosidad. Bueno, pues entonces que esa sea tu belleza. Tú, que eres una mujer joven y hermosa, ve donde Jesús como los magos de Oriente. Ve donde Jesús y dile la hermosura de mi piel, Jesús es para ti, la hermosura de mi sonrisa es para ti, la hermosura de mi cuerpo es para ti. Y que este cuerpo mío, y que esta belleza mía, jamás vaya a ofenderte Jesús, porque ya te la he regalado, porque Tú me vas a enseñar cómo esta belleza tiene que ser un tributo de amor al Dios que me ha creado y no un instrumento repugnante en las garras de Satanás.

Cada uno de nosotros tiene oro, incienso o mirra. Incluso tus dolores. Llévalos donde Jesús, incluso tus tribulaciones y tus preguntas. Incluso el dolor de tus pecados. Llévalo donde Jesús; deposita a los pies del pesebre y deposita a los pies de la cruz ese dolor, esa tentación, ese pecado. Algunos de nosotros, si somos sinceros, tenemos que reconocer que a lo largo de la vida hemos lastimado a otras personas. A veces ni siquiera podemos reparar el daño que hemos causado. Esa confusión y humillación que nos producen nuestros pecados hay que llevarlos a los pies de Jesús. Y Jesús nos va a decir, como dijo a aquellos leprosos "Vayan a presentarse a los Sacerdotes"

Si tú vas donde Jesús con tu carga de pecados, Jesús te va a decir eso. -Ve a presentarte donde el Sacerdote- Y entonces, en una buena confesión, cuando tú descargas toda esa basura de tu alma, tú estás en realidad ofreciendo un tributo al Señor. Y si alguien se pregunta ¿Cómo es posible que la basura de nuestros pecados sea un regalo para Dios? Yo te respondo; no es que la basura sea un regalo, sino que al despojarte de esa basura, tú mismo te vuelves un regalo para Dios. Hermanos, esta fiesta tan bella, tan llena de sabor y de contenido, tenemos que vivirla en plenitud. El Señor ha llegado hasta nuestro valle. El Señor ha llegado ante nuestro corazón. Él quiere recibir el tributo de tu amor y Él quiere sellar alianza contigo, para que así como Él manifiesta la providencia de Dios, tú también seas testigo de un amor que no muere. Que Dios nos conceda ser ecos de la Epifanía, regalos de Dios que caminan por las calles. Testigos del amor que no muere.

Amén.

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