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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En el tiempo en que vivimos, muchas personas no encuentran a Dios, y han dejado de practicar su fe. En medio de esa oscuridad, la luz de Dios empieza a brillar de un modo humilde, como una estrella nueva en el cielo. ¿Cuáles son esas señales que necesitamos aprender en este evangelio para seguirlas, y, seguramente, para encontrar ante todo a Jesucristo?
Homilía epif014a, predicada en 20090104, con 16 min. y 29 seg. 
Transcripción:
En el tiempo en que vivimos, mis amados hermanos, muchas personas no encuentran a Dios. Muchas personas han dejado de creer en Dios o por lo menos han dejado de practicar su fé. Es una respuesta común que escuchamos hoy. Soy católico, pero no practicante. Algunos incluso dan como una disculpa o una explicación. Una vez me decía alguien "Yo soy católica, pero no fanática", y le pregunté qué entendía por fanatismo. Esta señorita me explicó "Fanatismo es eso de estar metido en la iglesia y andar en misas y en rezos". Claro con esa definición de fanatismo, pues todos los que estamos aquí esta noche creo que seríamos fanáticos. No solamente existe este rechazo individual, este rechazo personal de la creencia o de la religión, sino que si nos vamos a los lugares donde se gesta la cultura, como pueden ser por ejemplo los centros de estudio, es muy común que allí se niegue con mayor fuerza no solo la existencia de Dios, sino cualquier rastro de bondad en la religión. Hay centros de estudio donde los profesores se ufanan de su ateísmo y donde se gozan también torturando las mentes de muchachos y muchachas que tienen caras de buenos católicos con una serie bien estudiada de ejemplos. Les muestran cómo la Iglesia es una miseria, cómo la Iglesia es una llaga permanente, un mugre que ha empantanado la historia de la humanidad. Y la serie empieza siempre por la Inquisición, sigue por Galileo, los Papas del Renacimiento, la discriminación contra la mujer, la complicidad con los poderosos y así sucesivamente. En esos lugares de estudio, como pueden ser universidades, qué sé yo, la Nacional, Los Andes, destaca mucho en esto. Hay mentes muy brillantes, gente muy interesante, gente con un gran deseo de servicio, pero Dios, la religión y la Iglesia siempre quedan bastante pospuestas. Muchas personas que yo he conocido personalmente tuvieron una cierta trayectoria en la fé, pero esa cadena se rompió apenas llegaron a la universidad. Esto lo digo porque quizás algunos de ustedes estén pasando por esa situación, tengan algún profesor burlón que hace mofa continuamente de Dios y de las idolatrías y de los fanatismos. Y en el nivel internacional las cosas no son mucho mejores. Casi se puede decir que este país, que nosotros a veces llamamos tercermundista, será por el tercermundismo que queda todavía un poco protegido. Pero si vamos a otras realidades, si vamos, qué sé yo, al norte de Europa, por ejemplo, ser creyente es casi una vergüenza y las personas esconden su fé rápidamente. Que no se note que rezo, que no se note que creo porque ya el ambiente es tan pesado que la existencia de Dios parece un estorbo a la inteligencia. En este ambiente que podemos calificar de tinieblas, hoy la Misa nos habla de luz. La Epifanía es la manifestación. Es el amanecer, es el despuntar de la luz. Esta fiesta es inmensamente querida por los cristianos en el Oriente. En toda la ortodoxia cristiana se ama esta fiesta de la Epifanía, la fiesta de la luz donde ha brillado la luz de Dios. Pero a veces la luz de Dios empieza a brillar de un modo humilde, como una estrella nueva en el cielo. Lo que vieron aquellos magos, según el texto que hemos oído del Evangelio. De tal manera, mis hermanos, que la pregunta que podemos hacernos hoy es: En este mundo donde creer parece ridículo a tantas personas, inútil a tantas otras, y pernicioso a tantas otras; en este ambiente enrarecido y que parece que se va a seguir enrareciendo más. ¿Cómo encontrar a Dios?, ¿Cómo encontrar sus señales? El texto del Evangelio nos puede ayudar para encontrar unas pistas, porque ciertamente no es que Dios esté distraído, dormido, enfermo o de viaje. El mismo Dios que tuvo compasión, que tuvo misericordia y una gran providencia para estos sabios de Oriente, también hoy sigue derramando sus señales en nuestras vidas. Y por eso creo que necesitamos aprender algo de este evangelio para encontrar esas señales, para seguirlas y seguramente para encontrar ante todo a Jesucristo. Lo primero que vemos en estos sabios es que ellos estaban acostumbrados a mirar con atención, estaban acostumbrados a otear los cielos. Ellos miraban esos cielos porque como es común en muchos países del medio y del Lejano Oriente. En las estrellas se quería buscar una guía. Todavía la gente anda buscando en el tarot, en el horóscopo, en la lectura de la mano, anda buscando una señal. ¿Voy a ser feliz?, ¿Voy a ser amado?, ¿Van a tener solución mis problemas? La gente mira con atención esas, esas cosas, como el horóscopo, como las estrellas que miraban estos sabios. Y Dios toma ese punto de partida. Podemos pensar un punto de partida erróneo, pero esto no hay que juzgarlo con demasiada dureza, porque todos nosotros hemos sido encontrados por Dios, seguramente en caminos erróneos, precisamente porque necesitamos de Dios, lo estamos buscando y si no lo tenemos, pues quiere decir que en nuestros caminos habrá errores y pecados, y eso Dios lo sabe y eso no le asusta a Dios y eso no frena el amor de Dios. Dios entonces encuentra a estos hombres y en su lenguaje, en el lenguaje que ellos podían entender, les regala una señal, una estrellita. Apliquemos eso a nuestra vida. También en nuestra vida hay a veces realidades nuevas. Por ejemplo, un niño que nace en casa no es solamente un bebé al que hay que comprarle pañales y leche y compotas y llevarlo a vacunar. En esos ojos tal vez Dios te está diciendo algo. Quizás si eres una persona que corre todo el día porque tiene mucho trabajo y tiene que hacer mucho dinero en la sonrisa de ese niño que ha llegado a tu casa, Dios te está diciendo ¿Por qué no te detienes un momento?, ¿Por qué no aprendes a disfrutar también lo sencillo y lo bello? Es solamente un ejemplo que estoy dando aquí. Dios puede utilizar la naturaleza si sabemos detenernos un poco y mirarla también. Así como éstos miraban los astros a través de la contemplación de la naturaleza, el corazón a menudo se levanta, descansa, respira, se eleva. Cuando nos sentimos muy asfixiados por las circunstancias y los problemas, ¿Nó es verdad que una salida, por ejemplo, aquí por esta sabana de Bogotá, no es verdad que una salida, un poco de verde y aire fresco despeja la mente? Quizás en esa belleza hay un mensaje que va más allá del pasto y va más allá de las nubes. También ahí nos puede saludar Dios. Dios nos puede saludar también a través de lecturas que hemos despreciado. San Agustín despreciaba la Biblia porque en esa época, antes de su conversión, consideraba que era mejor la literatura pagana. Por ejemplo, los escritos de Cicerón. Y por eso, aunque tenía una Biblia, la tenía arrinconada y no la leía. Pero el día de su conversión abrió con angustia, con desesperación, abrió la Biblia y cayó en una página de la carta a los Romanos, donde el apóstol hablaba de la necesidad y la urgencia de dejar el vicio y el pecado, Y esa fue como una estrella que guió a Agustín para que él dejara su tiniebla, su oscuridad y se acercara a Cristo. Y sí que lo encontró. ¿Dónde está la Biblia en tu casa? ¿Hace cuánto no la abres con reverencia y con amor? -Quizás pidiéndole a Dios- Háblale a mi corazón. ¿Por qué tantos católicos van primero donde el brujo; van primero a que les lean las cartas. Van primero al horóscopo y van tan tarde al Evangelio, a los salmos, a los Proverbios, a tantos textos que tiene la Biblia? Ahí hay muchas estrellas, ahí hay muchas luces. En una ciudad como Bogotá, felizmente hay muchas iglesias, muchas están cerradas a muchas horas. Siempre se dice que por el tema de la seguridad, pero es fácil. No es demasiado difícil encontrar una iglesia abierta. En la soledad de ese templo y especialmente en la luz del Sagrario. Cristo tiene más de una estrella, más de una inspiración para ti. Lo cierto es que si pasamos corriendo delante de las iglesias, como si nos hubieran echado de ellas, poco podemos recibir de esa luz. Pero si haces una pausa y con humildad y con sinceridad te acercas a Cristo y le dices ?Regálame una luz? para este momento de tu vida. La carta de Santiago nos anima diciendo Dios no es remiso en conceder sabiduría a quien se la suplica. Un amigo mío tuvo una conversión muy hermosa cuando encontró en casa unos libritos de oraciones, unas devociones de la abuela. ¿Conoces esas novenitas y folleticos del Sagrado Corazón y de las ánimas? Muchos podemos despreciar ese papel diciendo ?Esto es papel viejo de la abuela y ya está desueto y solo sirve para botarlo o quemarlo?. Pero este amigo, movido por la curiosidad, como los sabios mirando el cielo, se puso a leer unas poesías al Sagrado Corazón. Y de eso se valió Dios. De eso se valió para encender en él una llamita. Y al cabo de un tiempo de hacerse amigo del Sagrado Corazón, se acercó a confesarse y empezó toda una transformación en su vida. Incluso las cosas malas pueden servir de estrellas. Fíjate que en la lectura del Evangelio de hoy, uno que ayudó a que los magos pudieran llegar hasta Cristo fue Herodes. Y Herodes era un hombre bastante perverso. De hecho, les dijo mentiras. Les dijo que él quería ir a adorar a Cristo, cosa que era completamente falsa. Pero al enrutarlos hacia Belén, les abrió la posibilidad de encontrarse con Cristo. Y esto es muy importante en la lectura de hoy. Porque Dios puede valerse hasta de cosas y personas que no son ni buenas, ni santas, ni agradables. Hasta esas personas, Dios en su providencia las sabe utilizar. Cuánta gente a través de una enfermedad, a través de una quiebra económica, a través de la ingratitud de un hijo, a través de un secuestro se ha encontrado con Dios. El ejemplo lo tenemos aquí en el país y con esto creo que pueda terminar yo. Todos conocimos o la gran mayoría conocimos quién era y cómo era Ingrid Betancourt antes de su secuestro. Es una mujer distinta a la que ha salido de esa experiencia. Una mujer que lo primero que hace es anunciar que le da gracias a Dios, que se traza la señal de la cruz siempre que hay una cámara para que la gente no tenga duda de quién la sostuvo en lo peor de su cautiverio. Que hace promesa en público de visitar a la Santísima Virgen y ya la hemos visto en Lourdes y en Guadalupe. No hay que desearle un secuestro a nadie, pero a veces hasta las cosas perversas y torcidas se enderezan en las manos de Dios y nos ponen en la ruta hacia Jesús. De la misma manera que este Herodes, aunque era un hombre de alma retorcida, hasta donde podemos ver, supo poner en la ruta de Jesús a los magos que habían venido de Oriente. La única conclusión posible es que Dios sigue enviando señales, a veces amables, a veces amargas, pero Dios sigue llamando a su pueblo. Dios sigue llamando a todos los pueblos. Dios sigue llamando a cada uno de nosotros, y Dios sabe hablarnos a cada uno en nuestro propio lenguaje para que nos pongamos en camino. Solo me resta decirte si Dios te invita, no seas perezoso, no seas indolente, haz como estos magos, levanta tu tienda, ponte en la ruta, encuéntrate con Jesús, adora a tu Salvador.

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