Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Manifestación de Dios en Cristo.

Homilía epif010a, predicada en 20020106, con 15 min. y 3 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Nosotros, los cristianos de Occidente, celebramos con mucha solemnidad a la Navidad. Esa solemnidad la reservan los cristianos de Oriente para la fiesta de hoy, para la Epifanía. De manera que los cristianos de Oriente, le dan, podemos decir mucha más importancia a la fiesta de la Epifanía que a la misma Navidad. Para ellos esta es la fiesta grande, la fiesta de la manifestación de Cristo. Y uno puede preguntarse ¿Por qué? -Como se dice coloquialmente en mi país- ¿Dónde está el chiste de esta fiesta?, ¿Cuál es su gracia particular? Realmente ¿Qué es lo que estamos celebrando?

Que unos personajes venidos de tierras lejanas encontraron a Jesús. Bueno, pero hay mucha gente que encuentra a Jesús, en los Evangelios, en cada página hay personas que encuentran a Jesús. ¿Cuál es la gracia propia de esta fiesta? Tal vez esos cristianos orientales, tendrían una respuesta más precisa que la mayor parte de nosotros. ¿Por qué celebramos este acontecimiento?; ¿Por no dejar ningún pedacito de la Biblia sin una fiesta? La manifestación de Jesucristo es un momento privilegiado para reconocer su providencia. La dispensación de su amor. La economía de la salvación.

Estamos tratando -mientras digo estas palabras, estamos tratando- de descubrir qué será lo que aman tanto los orientales en la fiesta de la Epifanía, que apareció Cristo, bueno, pero eso ¿No sería más natural celebrarlo en Navidad; que fue ahí donde precisamente fue dado a luz? No es solamente que apareció Cristo. Es, la maravillosa unión entre la sabiduría y el amor.

Esto es lo que significa la palabra griega economía o iconomía. Y esto es lo que significa de alguna manera la palabra española, la dispensación. Realmente lo que estamos celebrando en esta fiesta es cómo Dios, siendo grande, siendo inmenso, se las arregla para mostrarse a nosotros sin aplastarnos, sin destruirnos, sin acabarnos, sin desesperarnos, sin atemorizarnos. Es la unión entre un amor grande y una sabiduría grande. Esa es la dispensación.

Para entenderlo mejor, vamos a pensar en una casa de familia. En una casa de familia, seguramente hay un lugar que se llama La dispensa o despensa. En la despensa hay una cantidad, por ejemplo, de arroz, de azúcar, de chocolate, de maíz. El niño pequeño tiene hambre, pero la mamá no le da un bulto de maíz. El niño quiere un dulce, la mamá no le pasa una arroba de chocolates. Le pasa un pedacito. El pedacito que el niño puede comer.

¿Qué está haciendo la mamá ahí? Está tomando las riquezas de su casa, los bienes de su casa y los está dispensando. Es la mamá la que con sabiduría está mirando a la vez todo lo que hay en la casa y que es del niño y todo lo que el niño tiene y puede recibir; está mirando a la vez la despensa y el niño y la operación que hace la mamá es una dispensación de todo este bien. "Yo tomo lo que el niño realmente necesita y a la vez lo que al niño le puede hacer feliz sin que al niño le vaya a hacer daño".

Esas son las tres dimensiones de la dispensación, lo que el niño necesita, lo que al niño le hace feliz y lo que al niño no le va a hacer daño. Si la mamá le da solamente dulces, queda mal alimentado, no le dio lo que necesita. Si la mamá le da solamente, qué sé yo, pues las frutas y verduras, pero nunca le regalan ni un caramelo. Está privando al niño de alguna alegría. Pero si la mamá le da al niño todo lo que el niño quiere, pues el niño seguramente se indigesta. La dispensación es esa maravillosa sabiduría, es ese arte para darle a cada uno lo que necesita, lo que le pueda hacer feliz en la medida en que no le va a hacer daño.

La dispensación es una obra de la prudencia que permite que el amor produzca su mejor fruto. Eso es lo que se pide, por ejemplo, de un superior. Un superior tiene que mirar las necesidades apostólicas, los recursos de la comunidad y tiene que mirar a la persona concreta y tiene que ver, -A veces es muy difícil- ¿Cómo se hace para responder a las necesidades, trayendo alegría y sin producir daño? Es muy difícil y a veces casi no se encuentra la salida. Pero eso es ser un verdadero superior.

Esa es una verdadera dispensación. Es lo que hace un ama de casa. Una de las cualidades que yo personalmente más le agradezco a Dios en mi madre es precisamente eso. Nosotros no tuvimos una condición económica muy, muy buena, pero realmente nunca pasamos tampoco hambre y mi mamá se las arreglaba para que en medio de las limitaciones de presupuesto que teníamos, hubiera siempre también un detalle que alegrara la comida o el vestido o la vida de sus hijos. Mí mamá -sabe muy bien, Dios la iluminó- sabe muy bien, esto que estamos celebrando hoy.

Lo que hoy estamos celebrando es la dispensación maravillosa del amor de Dios en Jesucristo. Observemos una cosa; en el Antiguo Testamento se nos habla de muchas epifanías, de muchas manifestaciones, pero ¿Qué pasó con algunas de esas manifestaciones? Por ejemplo, recordemos aquel monte de la Alianza, el Monte Sinaí. En ese monte Dios apareció, ¿Pero qué pasó cuando Dios apareció en el monte? El pueblo -nos dice el libro del Éxodo- oía el retemblar de la montaña que echaba humo. Había fuego y unos truenos espantosos. Y el pueblo lleno de miedo le dijo a Moisés ?Mira, dile a Dios que no nos hable, háblanos tú?.

¿Eso qué quiere decir?; Que esa manifestación, que era una manifestación de Dios, le quedó grande al pueblo. El pueblo no supo qué hacer con eso. Quedaron aplastados de miedo, de temor. En Jesucristo Dios se manifiesta. Pero lo hermoso no es que se manifieste porque ya se había manifestado muchas veces, sino que se manifiesta de una manera plena y se manifiesta de una manera sabia. Providentisima. Cristo es la gran providencia de Dios. Cristo es la gran dispensación de la Gracia Divina. Eso es lo que los cristianos de Oriente ven en esta fiesta que nosotros tenemos hoy.

No es simplemente celebrar que unos personajes raros, como quien dice hasta esa gente tan rara encontró a Cristo. Bueno, eso es bonito porque muestra el alcance de la gracia de Cristo. Pero -lo más bello no es que unos personajes raros-. Lo más bello es pensar como Dios. En el caso de estos personajes y en el caso de los pastores y en el caso mismo de los Santos Ángeles, Dios se las arregla para colmarnos de admiración, para llenarnos de salud, para llenarnos de alegría, para darnos de su propia vida, cómo Él que es infinito, encuentra caminos para aproximarse a nuestra pequeñez, a nuestra limitación. Y allí, como la más cariñosa y más sabia de las mamás, darnos lo que necesitamos, lo que nos va a hacer felices y lo que no nos va a hacer daño.

Por eso este es un día para celebrar todas las señales que Dios nos ha dado, porque son señales hechas a la medida de nosotros. Es que lo grande de Cristo es eso, lo más hermoso, me parece que podemos decir de Cristo en este día es que Cristo es una manifestación de Dios como a nuestro tamaño. Dios supo, Dios se las arregló para escribir su lenguaje de cielo en barro de nuestra tierra. Dios se las arregló para declarar su amor, que no cabe en ninguna palabra para declararlo a través de este camino que es Jesucristo. Y por eso, si en el Antiguo Testamento, allá en el Monte Sinaí, el pueblo asustado le tuvo que decir a Moisés mira que ya no nos hable más Dios.

¿Qué encontramos en cambio en Cristo?, Cuando Cristo le pregunta a sus apóstoles ¿Ustedes también se van a ir?, Pedro, a nombre de todos, dice: "¿Y a dónde vamos a ir?; Tú tienes palabras de vida eterna". Cristo es el Dios amable. Cristo es el Dios humano. Cristo es el Dios con nosotros. Cristo es la providencia máxima de Dios para con nosotros. En Cristo, Dios se las arregló para decir con nuestro lenguaje, con nuestra mirada, con nuestra sonrisa, con nuestras palabras, todo lo que Él es.

Y eso es muy grande, porque entonces todo ha quedado traducido al lenguaje que nosotros, pequeños y pecadores, podíamos comprender. Y por eso, ahora que todo ha quedado traducido, entonces Dios ha hablado nuestro lenguaje y nosotros podemos empezar a hablar el lenguaje de Dios. Eso estamos celebrando hoy. No cualquier epifanía, no cualquier manifestación, sino estamos celebrando la manifestación de Dios en Cristo. Estamos celebrando que en Él, como dice la Carta a los Hebreos, después de habernos hablado de muchas maneras, nos habló por el Hijo. Y ahí nos ha dicho todo. Como dice San Juan de la Cruz Dios se quedó mudo. Ya dijo todo. Dio la plenitud de su Palabra en Jesús.

Es el momento para celebrar el amor de Dios y decirle Bendito amor, que con tanta sabiduría y con tanta misericordia te has acercado a mí. Qué es esta maravilla que yo, con tantas limitaciones, como decía Santo Tomás de Aquino, con la doble oscuridad del pecado y de la ignorancia. Y sin embargo puedo pronunciar el nombre de Dios y puedo creer en Él, y puedo saber que mi Salvador existe, y puedo llamarlo por su nombre, y puedo adorarlo. Este misterio trae una alegría y trae una luz interior muy grande en el corazón.

Celebremos en este día esa luz, esa luz interior, esa luz maravillosa, esa gratitud que se despierta en el alma pensando que Dios se las arregló, que Dios dispuso el camino para poder darnos todo ese amor. Y de algún modo eso fue lo que nos dijo la primera lectura, allá donde dice que Jerusalén ahora brilla porque ha llegado a ella, la luz de Dios. Viene a nosotros la luz de Dios y nosotros nos colmamos de luz adentro. Es la luz interior, es la luz de gratitud, es la luz de alabanza, porque Dios supo llegar a mí. Dios supo hablarme, Dios supo tocar mi vida. Dios supo dar su salvación a esta tierra. Es el contenido maravilloso de esta fiesta que por bondad de Dios podemos celebrar

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM