Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Fiesta de la Epifanía.

Homilía epif008a, predicada en 20000102, con 5 min. y 55 seg.

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Transcripción:

Hermanos, esta es una fiesta muy bella porque está llena de luz, la luz de una estrella que conduce a estos sabios de Oriente hacia el regazo de María, hacia el cuerpo de ese pequeño bebé, el Rey de Israel. La luz que entrevió el profeta Isaías y que le hizo exclamar esas expresiones bellísimas, repletas de poesía y hermosura que hemos escuchado en la primera lectura. "Levántate, sonríe Jerusalén, que ya llega tu luz, y brilla en ti la gloria del Señor". Estas palabras de consuelo y de sanación para los judíos que estaban deportados y que se sentían decaídos.

Para esos que no creían que Dios pudiera restaurar el reino de David. Esas palabras se cumplieron plenamente cuando Jesús, que es el sol que nace de lo alto. Jesús, el que dijo Yo soy la luz del mundo. Nació en Belén, en la ciudad de David, y brilló en Jerusalén como rey, sobre todo desde el trono de la cruz. Pero en este día de luz hay también tinieblas. El mismo profeta Isaías lo dice -Aunque cubran la tierra las tinieblas, y la noche envuelva a las naciones-.

La Biblia, la Palabra de Dios, es profundamente realista. La Biblia no es un cuento de hadas. No es un mundo imaginado en el que no existen problemas. Más bien lo que nos presenta la lectura, la liturgia de este día es una tierra envuelta en tinieblas, pero una tierra que tiene las señales suficientes para llegar donde Jesús, porque Jesús mismo es la señal suficiente que nos lleva hacia Dios Padre, hacia la plenitud de salvación, hacia la plenitud también de nuestra realización como personas. Esa es la vida humana en la perspectiva del cristianismo.

No es un jardín sin problemas, tampoco es un desierto, un cementerio árido donde todo está perdido. Es una noche sí; noche, porque hay dolor, porque hay traición, porque hay pecado. ¿Y quién de nosotros podría negarlo? Es una noche, pero una noche donde hay señales, estrellas, luces que si nos dejamos guiar, nos conducen hasta la luz mayor que es Jesucristo. Y en esa luz la señal definitiva del plan de Dios en nuestra vida.

De aquí podemos sacar una enseñanza maravillosa para nuestro tiempo. Esta fiesta de la Epifanía del Señor es una gran celebración de esperanza para nosotros los cristianos. La esperanza no se construye con una noche cerrada y negra. La esperanza no se necesita en un paraíso de delicias. El mundo no es ni un paraíso de delicias, ni una noche cerrada y negra. El mundo es esto que nos ha dicho la Escritura, la tierra cubierta de tinieblas, las naciones envueltas por la noche; pero el Señor irradiando su luz y su gloria desde Jerusalén.

Tener esperanza no es negar el mal, pero tener esperanza sí es derrotar el mal. Porque aquel que le otorga al mal la última palabra, ha entregado su capacidad de bien. Hoy más que nunca, nosotros, cristianos, tenemos en la luz de Jesucristo la fuerza para la esperanza. No estoy hablando de ilusiones, de fantasías, estoy hablando de esas señales que hay que saber descubrir en la noche, pero que nos llevan hacia Jesús y que nos convierten también a nosotros en luz, pues el mismo Cristo dijo -Vosotros sois la luz del mundo. Y no se puede esconder una ciudad construida sobre un monte-.

Hermanos míos, acojamos la luz abundante de Jesús. Expongamos todo nuestro ser ante el sol de Jesucristo. Que ese sol pueda transformar, embellecer, broncear toda nuestra vida. No le ocultes nada a Cristo. Que tus negocios sean alumbrados por Él, tus proyectos llenos de su luz, tus afectos, amistades y diversiones, llenos de la claridad de Jesús. Toda tu vida transparente ante Él, llena de su resplandor para la Gloria del Padre y para que tú conduzcas a otros también hacia ese esplendor y hacia esa vida. Amén.

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