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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Sigamos la estrella que nos lleva a Jesús.
Homilía epif004a, predicada en 19980104, con 12 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos. El tiempo de Navidad es un tiempo muy feliz en el que nos gozamos con la misericordia, con la humildad, con la cercanía de Dios. Ese niño pequeño que fue adorado ya por pastores del pueblo judío, ahora es reconocido y es adorado por unos magos venidos de oriente. Estos magos desde luego, no eran judíos y por consiguiente ellos son como las primicias, los primeros entre los pueblos no judíos que van allá a reconocer a Jesús, a reconocerlo como Rey, a ofrecerle sus regalos. Estos magos paganos, no judíos son entonces como, como una anticipación de nosotros, porque nosotros mismos somos gentiles, es decir, éramos gentiles. Nosotros provenimos no del pueblo judío según la sangre, sino de otros pueblos distintos. Y nosotros, que no éramos judíos, hemos sido conducidos al portal, hemos sido conducidos al regazo de la Virgen María, hemos sido conducidos a la sonrisa, al llanto, a la belleza, a la ternura del niño. O sea que nosotros somos como esos reyes que hemos venido de distintos pueblos, que no éramos judíos por la sangre y que sin embargo adoramos al mismo que estaba esperando el pueblo judío. Es una gran misericordia. Y San Pablo lo destaca en su carta a los Efesios: Dice que Dios le dio a conocer un designio. -La revelación es ésta dice San Pablo- que vosotros los gentiles; cuando en la Biblia diga gentiles, uno tiene que decir y, ese soy yo. Porque nosotros no somos de raza judía. La gran mayoría no provenimos de raza judía. O sea que cuando uno oiga en la Biblia que dice Los gentiles, los gentiles somos nosotros. Y mire lo que San Pablo nos dice a nosotros los gentiles: "vosotros los gentiles, aceptando el evangelio, participáis en Cristo Jesús de la misma herencia, del mismo cuerpo y de las mismas promesas que el pueblo de Israel". Este es como el contenido fundamental de la celebración de hoy, que se llama Epifanía. Ese nombre significa en griego la ?manifestación de Jesús?, concretamente su manifestación a los pueblos que no venían de la Alianza, que no venían del judaísmo. Es decir, nosotros, su manifestación a nosotros, su infinita compasión para acercarse a nosotros. A los judíos, ¿Cómo los fue conduciendo? A través de las promesas de los patriarcas, a través de las palabras de los profetas, a través de las enseñanzas de los sabios, a través de las instituciones de la Alianza, como eran por ejemplo los reyes o el culto en el templo. Todas estas eran como señales indicadoras del camino. Todas estas señales se encuentran en el Antiguo Testamento y eran como aquellos signos que Dios le daba al pueblo que se fue construyendo para llevarlo a la plenitud, a la Nueva Alianza que es Jesucristo. Y a los gentiles, a nosotros, ¿Cómo nos llamó? Esto es lo otro que me parece tan hermoso. Estos eran magos de Oriente. Si eran de Oriente, quiere decir que eran de la región, de la actual, del actual Irán, de la actual Irak, la región donde nació la astrología. En esa misma región nació y floreció la religión de Zoroastro. La lectura de los astros, las constelaciones, los signos, los signos del zodíaco. Dios en su misericordia, a esta pobre gente que se la pasaba mirando estrellas para ver si las señales eran buenas o eran malas, les mandó una estrella. Esto es muy tierno porque muestra cómo Dios sabe, diríamos, cómo hablar el lenguaje de cada uno. Dios no está lejos de aquellos que le buscan. Dice también la Sagrada Escritura "Él no está lejos". Él sabe hablar el lenguaje de cada persona; como Él es el Creador de todas las cosas, Él sabe hablar todos los lenguajes. No está lejos y por eso esta es también una celebración para tener una gran confianza en la capacidad que tiene Dios para llamar a las personas en sus distintos lenguajes. Puede decirse que como Dios es el Creador de todas las cosas, todas las cosas son como palabras de su lenguaje, y Él sabe hablar muchos idiomas. A veces uno, y esto me lo digo sobre todo a mí mismo, a veces uno como que se preocupa, como que se angustia viendo que tantas personas viven como tan desentendidas del servicio a Dios, del amor a Dios. Uno como que se angustia. Esta es una fiesta muy linda para que nosotros los angustiados dejemos el temor y sepamos que Dios tiene muchas más lenguas de las que creemos y sabe muchos más lenguajes de los que sabemos. Y Dios tuvo misericordia de aquellos astrólogos que se la pasaban mirando estrellas y con una estrella los fue guiando hasta Jesús. Yo no puedo, sin embargo, dejar de contarles que a mí me da tristeza que hoy muchos cristianos hacen lo contrario. Esto ya lo he dicho en otras ocasiones. Mire, esta gente estaba metida en los horóscopos y la astrología y Dios los trajo hasta Jesús. Hoy estamos, hoy están muchos como que haciendo el camino contrario, se van de Jesús, se alejan de Jesús por buscar otra vez los horóscopos, por buscar otra vez las estrellas y otra vez a ver qué es lo que, a ver cómo es que me va a ir este año, a ver qué es lo que me va a pasar. Estamos llevándole la contraria al Evangelio. Y a mí eso me da tristeza y un poquito de rabia. Pero, esa rabia se me puede pasar pensando en que Dios, que le mandó esta estrella a estos astrólogos, de pronto tiene muchas estrellas en el cielo y a través de esas estrellas y a través de los acontecimientos de la historia y de la vida, Dios podrá llamar también a muchas personas y tal vez el que se fue a buscar horóscopos, Dios lo llamará de otra manera. Dios lo atraerá de otro modo. Al fin y al cabo, Dios es más grandecito que yo y Dios sabe muchísimas más cosas de las que yo conozco. Entonces Dios puede tener otros lenguajes, puede tener otros idiomas para atraer a estas personas. Otra enseñanza que uno puede sacar de este evangelio es que estos magos miraban las estrellas y ellos vieron una señal y por decirlo así, fueron fieles a su estrella. Fueron fieles a esa señal, siguieron esa estrella sabiendo las incomodidades y dificultades de los viajes de la época. Ellos fueron fieles a su estrella. A veces uno recibe estrellas de Dios, recibe señales. Pero a lo largo del camino, las burlas de la gente, la desconfianza en uno mismo o lo que sea, hace que uno no siga la estrella. Dios manda su estrella. Y si uno ve una estrella que apunta hacia Jesús, hay que seguirla. Dios va a dar la fuerza. Dios va a ayudar en el camino. Tanto será lo que ayuda Dios que hasta el perverso Herodes, que sabemos que era toda una fichita, hasta el perverso Herodes, sirvió al plan de Dios. Hasta Herodes. O sea que si uno es fiel a su estrella, si uno es fiel a las señales de la gracia de Dios en la vida de uno, uno llegará hasta Jesús. Quizá por el camino se encuentre tal cual, malandrín facineroso, algún perverso Herodes, Algún maloso. No importa. No hay que tener miedo. La estrella es más grande. Y cuando encontremos esas señales de Dios en nuestra vida, también nosotros, como estos magos, podemos ponernos muy felices. Porque es muy lindo que el Creador de los cielos me regale también una señal a mí, me regale algo, se acuerde de mí. En verdad este señor que hizo las cosas grandes también sabe dar las señales pequeñas. A veces solo queremos recibirle a Dios, las señales grandes, y Él tal vez hace rato nos está hablando con palabras pequeñas y sencillas, porque Él es el Señor no solo de lo grande, sino también de lo pequeño, y quiere ser amado y reconocido no solo en lo grande, sino también en lo pequeño. Hermanos, es una fiesta hermosa. Estos hombres entregaron sus regalos a Jesús. Perdieron. Perdieron su oro; su incienso o su mirra. Lo perdieron, si lo queremos mirar desde un punto de vista económico estricto. Dejaron tirada en Palestina su carga de tesoros. Sí. Pero llevaron a sus tierras el tesoro que solo cabe en los cielos. Hay veces que vale la pena perder los tesoros. ¿Qué tal que estos hombres no hubieran perdido sus tesoros?, ¿Qué tal que hubieran muerto y los hubieran enterrado con su oro? Ese oro no valía lo que vale la sonrisa de haber conocido al bebé. Esa mirra, ese incienso, esos tesoros no valen lo que vale el gozo de saber quién es Jesús. Haber visto por un instante sus pupilas y saber que en esos ojitos estaba la estrella.

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