Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Recibir la luz en nuestras conciencias y recibir las estrellas que Dios nos ofrece rectificando los caminos hacia Jesucristo.

Homilía epif002a, predicada en 19960107, con 10 min. y 55 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. Esta fiesta litúrgica tiene un nombre un poco extraño, transcrito tal cual, del griego, -epifanía-; esta palabra significa manifestación o significa revelación, para nuestra fe popular es la fiesta de los Reyes Magos.

Pero aquí sí se va a cumplir lo del chiste aquel, porque de acuerdo con la traducción que proponen los obispos de nuestro país, los obispos de Colombia, pues ya no aparecen ni tres, ni reyes, ni magos, ya no se habla de magos, sino se habla de unos sabios. Repito en esta traducción que nuestros obispos de Colombia han aprobado para el país. Pero esa traducción no es arbitraria en lo que dice. El cambiar magos por sabios no es arbitrario. Los magos los ve uno; por ejemplo, en las fiestas de primera comunión, sacando conejos de los cubiletes y vertiendo un vaso grande de leche en un vaso pequeñito y regalándole finalmente un pollito a los niños... Ese tipo de mago no tiene que ver muy exactamente ni de lejos con lo que nos está ofreciendo el Evangelio de hoy.

Tal vez la palabra sabios describe mejor el oficio de estos señores. Se nos dice que venían de Oriente, pero para nosotros, en Colombia, Palestina y Judea y Belén ya están bastante al Oriente. O sea que si se nos dice que vienen de Oriente, estaban todavía más al Oriente en lo que hoy correspondería probablemente a Irán, a Persia, a esta región. La región en la que han tenido su origen los horóscopos y en la que ha tenido su raíz la astrología. No confundirla, desde luego, con la astronomía; ambos se refieren a los astros, pero la astrología es un logos sobre los astros, es decir, una palabra, un estudio que se quiere hacer sobre los astros, muy concretamente sobre su relación en los destinos de los hombres.

La astronomía se refiere también a los astros, pero la raíz griega, en este caso nomos, se refiere a ley. El astrónomo busca las leyes físicas y matemáticas que rigen el curso de esos colosos de los cielos que son las estrellas y los planetas. Así pues, estos sabios eran fundamentalmente unos astrólogos. Y por eso, precisamente por eso Dios les habló en su idioma, puesto que eran unos grandes trasnochadores, me imagino yo, observando el cielo y buscando en las luces de los cielos la razón última de los destinos de los hombres, puesto que eran hombres que buscaban un camino y lo buscaban en los cielos., en los cielos, quiso Dios ofrecerles una señal que pudiera conducirlos en su propio lenguaje.

La astrología para consumo público funciona más o menos de este modo: Se supone que el momento en el que uno nace tiene que ver con la posición de los cielos. Puesto que se reconocen doce grandes aglomeraciones de estrellas a lo largo de la Vía Láctea, y esas doce llamadas constelaciones cambian a lo largo del año. Se supone que en el momento en el que uno nace una de esas constelaciones está, por decirlo así, con el timón al mando. Y se supone que esas constelaciones en las que habitan poderes o que tienen que ver con nuestro destino, en cualquier caso determinan qué va a ser de la vida de uno. Esas constelaciones, a su vez, tienen que ver con las estaciones y muy concretamente con la cifra veintiuno, que es la cifra de los equinoccios de primavera y de otoño... El tema es bonito, pero desde luego no es el que nos ocupa ahora. Si ya se supone que esa marcha de los cielos marca el destino de los hombres, ellos creían que solo para un gran hombre nacía una estrella.

Para usted y para mí, que somos cualquiera en la mentalidad astrológica. Para usted y para mí, que somos cualquiera, basta con la posición de los astros y eso lo determina todo., Pero cuándo va a nacer alguien demasiado grande sobre la tierra, se necesita, por decirlo así, una estrella particular para eso. Y de ahí nació con buena o con mala estrella. Pues bien, se supone que estos señores vieron nacer una estrella allá en sus cavilaciones y en sus observaciones. Y como era una estrella de gran tamaño y una estrella que además se movía, dijeron: -Este es el acontecimiento central de nuestra vida-. Ellos estaban más al oriente de Palestina y vieron moverse la estrella hacia el Occidente, resueltos a que eso era lo más grande que podía sucederles, como astrólogos, siguieron ese camino. Y ahí entra el relato del Evangelio contándonos que llegan a Jerusalén, la capital de Judea, a preguntar por el rey Herodes que era un rey de pacotilla que había aprovechado una coyuntura política para hacerse con el mando. Pero como todo tramposo, es miedoso; él sabía que lo suyo no tenía realmente base sólida y por eso, cuando llegan estos a buscar verdaderamente al rey; Herodes, tiembla y con él toda Jerusalén.

Pero en esa, toda Jerusalén no estaban los pastores. Toda esa Jerusalén que tembló es la Jerusalén de los sacerdotes, de los escribas, de los saduceos, de los herodianos, de los poderosos, es decir, todos los que estaban colgados de ese régimen inicuo tramposo que no tenía realmente sustento, ni en las promesas de Dios, ni en las leyes de los romanos. De modo que esta gente se pone a temblar, y entonces Herodes, con toda su astucia, intenta sacar mejor el mejor partido de la ocasión, informándose a través de los mismos sabios o magos o astrólogos.

Ellos llegan donde el Señor, ofrecen sus regalos. Dios les avisa en sueños que se vayan por otro camino. Sabemos lo que sigue. De hecho, ya lo recordábamos en días pasados. Herodes monta en cólera y resuelve que ese rey no puede quitarle su reino. En realidad, Herodes es un gran miedoso y por eso causa la matanza de los inocentes.

De estos hechos tomemos un par de enseñanzas casi furtivamente para nosotros. Primera enseñanza: Es muy simpático, pero también muy doloroso ver que Dios sacó a estos señores de la astrología para que fueran hasta el pesebre, hasta la carne de Cristo, hasta la Virgen María. Y es muy doloroso ver hoy a muchos cristianos levantándose del pesebre y de la Virgen para ir a buscar la astrología. Están viviendo exactamente lo contrario de lo que celebramos hoy.

Tenemos que tener claro, hermanos, que el bautizado que le pone cuidado, atención y fe a horóscopos, tarot o cosas semejantes; la persona que le pone fe a eso, está en contra de este evangelio y este evangelio le caerá en la cabeza y este evangelio indigestará a esa persona y esa persona habrá apostatado de su fe y no podrá obtener salvación de Cristo a menos que vuelva con un corazón integro y arrepentido a Él.

Esta es una enseñanza importante, porque si Dios se toma el trabajo de darle estrellas a los cielos para que no se pierdan estos señores, Dios de alguna manera tendrá también en su justicia que enviar caminos de corrección para esos cristianos que dejan a Cristo y a María para buscar otra vez los cielos y otra vez las constelaciones y otra vez las trasnochadas.

La segunda enseñanza para nosotros es que Dios a estos señores, como ya dije, les habló en su lenguaje: No pensemos que para encontrar a Dios se necesita una sola voz. Decían los griegos que los astros tenían su propia música y que quien supiera hacer suficiente silencio, oiría la música de las estrellas. Pues bien, Dios sabe hablarle incluso a los astrólogos. Nadie piense que para encontrar a Dios se necesita huir de sí mismo. Si eres sincero contigo, si dejas que la luz entre en tu conciencia y si recibes las estrellas que Dios te ofrece, también Él te conducirá hasta Jesucristo, para que Él sea tu salvación y para que tú le ofrendes lo mejor que tienes.

Demos gracias al Señor en esta hermosa solemnidad de Epifanía. Hagamos también nuestro camino desde nuestras propias tierras hasta Jesucristo. Démosle lo mejor de nosotros para que Él lo convierta en bienes y en salvación para muchas otras personas. Y al adorarle en el pesebre y en la Eucaristía, digámosle Tú eres el Señor, Tú eres el Salvador de todos los pueblos. Amén.

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