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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Con la cruz no exaltamos ni la injusticia ni el dolor, exaltamos a Aquel que murió en ella.
Homilía cruz025a, predicada en 20250503, con 5 min. y 10 seg. 
Transcripción:
El Tres de Mayo en Colombia y en otros países celebramos la exaltación de la Santa Cruz. Así también hay que decir que en otros lugares esta fiesta se celebra el día Catorce de Septiembre. Yo quiero detenerme hoy en la palabra exaltar. Exaltar es como proclamar en voz alta, proclamar con gozo, levantar a vista de todos. Por ejemplo, vamos a exaltar las virtudes de los héroes de la patria o vamos a exaltar las cualidades de este Premio Nobel de Literatura. Exaltar es eso, es proclamar en voz alta, es mostrar en lo alto. Y por supuesto que parece una contradicción, porque todos conocemos, yo creo que todos conocemos, que la cruz fue diseñada ante todo como un instrumento de tortura, como una forma absolutamente aberrante y cruel de humillar a una persona y de producirle de infligirle el máximo dolor hasta llevarle a la muerte. Y por eso, pues, repito, parece una contradicción que nosotros exaltamos, algo que en el fondo fue hecho para humillar, para torturar y para matar a los peores criminales. O así lo miraban los romanos en aquel tiempo. Tampoco fue que los romanos inventaran este modo de de tortura y de ejecución. Ellos lo tomaron de otras culturas. Pero no cabe duda de que nadie como los romanos se especializó en lo que podríamos llamar el arte de matar a través de la cruz. Es algo absolutamente tenebroso, pero al mismo tiempo es absolutamente real.
Lo que a nosotros nos interesa en este momento es la pregunta de ¿Cómo se puede hablar de exaltación en estas circunstancias? ¿Qué es lo que hay que exaltar? Y la respuesta inmediata es que, por supuesto, a nosotros no nos interesa exaltar el dolor o exaltar la crueldad o exaltar incluso la injusticia. Porque debemos decir que muchas veces la cruz, no solo en el caso de Cristo, sino en otros casos, la cruz fue aplicada como pena máxima a personas que no merecían ese tipo de tortura. Usted piense, por ejemplo, en uno de los esclavos más famosos de la antigüedad, el hombre Espartaco, que estaba luchando precisamente por la liberación de los esclavos. Un sistema esclavista era lo que había en Roma. Y Espartaco se rebela contra eso. Y bueno, él. Lo mismo que muchísimos de sus compañeros fueron crucificados. Entonces nosotros no estamos exaltando ni la injusticia ni estamos exaltando el dolor. Esto no es lo que algunos han llamado un dolorismo. Esto no es algo así como proclamar que el dolor es algo maravilloso. No. Nosotros no estamos diciendo eso.
Nosotros exaltamos la cruz por Aquel que murió en la cruz y por la manera como Él murió en la cruz. Eso que realizó el Crucificado, su manera peculiar, su manera única de padecer, su manera única de asumir tanta injusticia, tanta traición, tanto dolor, esa manera única de Cristo. Eso es lo que nosotros exaltamos. Y es tan grande lo que Cristo logró en la cruz, que después de ser el símbolo por excelencia de la muerte y de la injusticia, pues la cruz ha pasado a ser un símbolo de salvación y un símbolo de esperanza para nosotros. Así, por ejemplo, nuestros hermanos, los monjes cartujos, tienen ese lema que me parece bellísimo. Ellos dicen Stat Crux dum volvitur orbis. La cruz permanece firme, firme, como ancla de esperanza, firme como camino de salvación. Mientras el mundo da y da vueltas, eso es lo que traduce el lema de los cartujos Stat Crux dum volvitur orbis.
Así que mis hermanos queridos, cuando nosotros hablamos de exaltación de la Santa Cruz, estamos hablando de lo que sucedió ahí, es decir, de la manera de orar, de la manera de amar, de la manera de interceder, de la manera de sufrir con tanta paciencia, con tanta mansedumbre, con tanta caridad. Eso, todo eso sucedió en la cruz. Y como todo eso sucedió en la cruz, nosotros exaltamos lo que sucedió en la cruz, exaltamos el amor y la virtud del Crucificado. Démosle la gloria, démosle la alabanza y repitamos con San Pablo yo no me avergüenzo de la cruz de Cristo. Repitámoslo. Yo no me avergüenzo de la cruz de Cristo. Es fuerza de Dios, es salvación de Dios para todo el que cree. Pues la gloria y la alabanza para Cristo. Y bendita la cruz por la que nos vino la salvación. Amén.

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