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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Qué hay para exaltar en el misterio de la Cruz?

Homilía cruz024a, predicada en 20240503, con 26 min. y 2 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos. El nombre oficial de esta fiesta litúrgica es la Exaltación de la Santa Cruz. Exaltar, poner en alto. Alabar, ponderar la Santa Cruz en este día. Nosotros no estamos lamentando la cruz, la estamos exaltando como se exalta un trofeo, una insignia de victoria, un estandarte para salir a la batalla. El cristiano no va solo a la batalla. El cristiano lleva por delante el estandarte de la cruz. Y nos preguntamos ¿Qué hay que exaltar en la cruz, donde todo parece dolor, absurdo, sangre, sufrimiento? Hay cinco cosas que podemos y debemos celebrar y exaltar en la Santa Cruz por lo menos cinco.

Primera, estamos hablando de la Cruz de Cristo, que es la Cruz santa. Siguiendo la cruz de Cristo, como veremos después. Nuestras cruces se vuelven santas, pero primero la de Él y de ella estamos hablando. ¿Qué es lo primero que hay que celebrar y exaltar en la Santa Cruz? Que el mal no es omnipotente. El mal no tiene la última palabra. Y esto es muy importante. Si recordamos la Pasión de Cristo, vemos que todo el esfuerzo del demonio no estaba, no se detenía en hacer sufrir a Cristo. Hacerlo sufrir era una arma, era una herramienta, era un medio ¿Para qué? Para hacerlo pecado. El mal, y detrás de esa palabra abstracta, los cristianos reconocemos al príncipe de las tinieblas, a satanás. El mal, el demonio quería el sufrimiento, porque detrás del sufrimiento esperaba la rebeldía. Que es lo que nos suele pasar a los seres humanos. Nos va mal y renegamos. Perdemos la salud y renegamos. Se complica la relación de pareja y renegamos. Tenemos un hijo rebelde y renegamos. El demonio que conoce muy bien ese dato. Cayó con todo su armamento pesado contra Jesús de Nazaret para, a través del sufrimiento, llevarlo a rebeldía. No le funcionó. El mal no las gana todas. Primer motivo de alegría.

Número dos. La coherencia es posible. Estamos acostumbrados a que mucha gente nos falle. Incluyendo muchos sacerdotes. Por eso está el refrán. El cura predica, pero no aplica. Mucha gente nos falla. Mucha gente se ha acostumbrado a hacer negocios con trampa y duermen su noche completa. Muchos están acostumbrados a decir mentiras desde el primer te amo que le dicen a la persona que les gusta y ya ese primer te amo ya es mentiroso. Estamos en cierto modo acostumbrados a que nosotros los seres humanos, decimos y no hacemos, prometemos y no cumplimos. Pero hay uno que llegó hasta el final. Ese hermoso cuadro nos lo está recordando. Se llama Jesucristo. La coherencia es posible. Cuando recuerdo a mis papás. Cuarenta y nueve años y medio de matrimonio y recuerdo las palabras de mi padre cuando estábamos enterrando a mi mamá, decía mi papá. Solo la muerte nos pudo separar. Lo que prometieron en el matrimonio. La coherencia es posible.

Número tres. En el dolor hay camino. Cuando nos llega un dolor fuerte pero fuerte, fuerte físico, emocional, espiritual. Fácilmente tenemos la tentación de desorientarnos y de preguntar ¿Aquí qué sigue, aquí qué hago? Frente a esta tristeza, frente a esta soledad. Es impresionante reconocer que aquel que nos dijo Yo soy el camino, siguió siendo camino en medio de la tragedia de la cruz. Y por eso, como sacerdote me conmueve. Cuando veo una persona muriéndose de cáncer. Ahora, en esta última misión en España, me encontré con una señora para mí muy querida, de hace mucho tiempo. Soy amigo de ella y de su esposo. Tiene un cáncer muy serio y en medio de los embates del dolor y de las incertidumbres médicas, ahí está ella haciendo un caminito porque está siguiendo a Aquel que es el camino y que es camino también en la cruz. En la cruz, a Cristo no se le olvidó ser camino.

Cuarto. La cruz nos unifica, nos reúne. Póngase usted a pensar en la persona con la que usted más pelea. Quizás la tiene cerca. No digo más. Póngase a pensar en la persona con la que usted más pelea y usted descubrirá que hay muchas cosas en las que usted no está de acuerdo y en las que usted no se parece a esa persona. Ponga la cruz en la mitad. Le puedo asegurar que usted tiene todos los motivos del mundo para arrodillarse ante esa cruz y decir soy un pecador, soy una pecadora. Y esa otra persona sea su hermano, su papá, su esposa, su esposo, la persona que sea, también puede encontrarse ahí. Este es un tema precioso que lo han predicado grandes doctores de la Iglesia, como la cruz nos une. De hecho, lo dice el apóstol San Pablo en la carta a los Efesios, Capítulo Segundo, nos dice que Cristo destruyó el muro que separaba no a dos personas que se odiaban, sino a dos pueblos que se odiaban judíos y gentiles. La cruz lo logra. Si usted se pone a pensar en sus derechos, se le acaba el matrimonio. Si usted se pone a pensar en sus cualidades y virtudes, usted morirá peleado con su papá o con su mamá. Si usted se pone a pensar en la herencia, termina peleado con los hermanos. Piense usted en sus pecados y la necesidad de perdón que tiene. Pensemos todos en nuestros pecados y la necesidad de perdón que tenemos y todos estaremos unidos.

Otro motivo para exaltar la Santa Cruz. Pero sobre todo hay que exaltar la cruz, porque es el gran lugar de la misericordia. El lugar donde nosotros fuimos reconstruidos, rehechos. Una santa a la que amamos entrañablemente. Catalina de Siena dice que Cristo fue constituido en la cruz como un yunque. ¿Qué es un yunque? Es una pieza de metal durísimo. ¿Para qué se utiliza? para recibir golpes. Golpes que se dan, por ejemplo, sobre una espada y la espada sobre yunque. En el yunque se rectifica la espada. En el yunque renace la belleza. Pero el precio que paga el yunque es aguantar los golpes. Catalina dice que Cristo fue el yunque y que los golpes fueron su pasión y el fruto de esos golpes, la belleza del cristiano. Porque si tú eres cristiano, si tú eres cristiana, tú eres bella con una belleza que ni tú misma conoces. Por eso andas persiguiendo otras bellezas. Porque no conoces la belleza que Dios te da. Pero la cruz es un misterio. ¿Por qué? Porque el mal es absurdo. Abramos los periódicos. Miremos los portales de noticias. ¿Y qué encontramos? Que el mal es absurdo. La guerra es absurda. Dice el Papa Francisco. Con esas frases tan penetrantes que suele usar en la guerra, los únicos que ganan son los fabricantes de armas. La guerra es absurda, la explotación es absurda, el odio es absurdo. Ver, por ejemplo, dos personas en conflicto, amigos, hermanos, esposos. Ver cómo se van destruyendo día a día. Dígame si eso no es absurdo. La incoherencia de cada uno de nosotros, como dice Pablo en Romanos Siete, es absurda. Pero si nosotros somos absurdos, hay uno que nos gana en ser más absurdo, Dios. Porque si hay algo absurdo es pecar. Pero si hay algo más absurdo es lo que cantamos en el pregón pascual. Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo. Si eso no es absurdo, no hay nada absurdo en el universo.

¿Por qué es tan importante esta fiesta? Hermanos, si no nos educamos en la ciencia de la cruz. Expresión preciosa que hay que tomar, especialmente de una mujer llamada Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz en religión y de San Juan de la Cruz. Si no nos educamos en la ciencia de la cruz, ¿Qué pasa? Que no sabemos qué hacer con el dolor. Y cuando uno no sabe qué hacer con el dolor. Tengo aquí una lista. Uno se vuelve cínico, egoísta, desesperanzado, desesperado, frustrado, profundamente triste. Cuando uno no sabe qué hacer con el dolor. Uno se llena de todo eso de cinismo, de tristeza o lo que es todavía peor, lo que le hicieron a Cristo ¿De qué estoy hablando? Los soldados romanos del más bajo nivel recibían insultos casi todos los días y no podían desquitarse con nadie. La manera de desahogar su rabia era cuando les entregaban un prisionero a muerte para que desahogaran su sadismo, su rabia reprimida. Por eso la violencia de la Pasión de Cristo. Cuando uno no tiene cómo manejar el dolor, uno se vuelve así, deprimido, iracundo, cínico, o se vuelve un puente que sigue pasándole el dolor a otros. Y por eso hay gente que es hijo de alcohol y ya es alcohólico, hijo de papá egoísta y ahora un hombre egoísta, hijo de mamá drogadicta y ya fumando droga. ¿Dónde se rompen esas cadenas? En la cruz.

Lo peor de no conocer la cruz es perderse de los regalos que la cruz tiene. Los Santos Padres compararon la cruz con un árbol. Un árbol que da vida, no como el árbol del paraíso. Un árbol que da vida, un árbol que nos hace reentrar en el paraíso, no nos saca de él. Si no conoces la cruz, si no amas la cruz, te pierdes esos regalos y te quedas masticando, regurgitando tu dolor. Hay que acercarse a la cruz. Estas palabras no son solo para la gente mayor. Yo miro, por ejemplo, a mi amiga Vicky, que por allá estaba. Yo miro, por ejemplo, a mi amiga Luciana, que por aquí está y me gusta saludarla. Y pienso que más joven que Vicky era Catalina cuando se enamoró de Cristo, sacerdote crucificado. Y más joven que Luciana era Catalina cuando empezó a entender que el sufrimiento de la cruz era el camino para la verdadera sabiduría. No hay que ser viejo, solamente hay que estar atento. Y Dios nos da gota a gota primero y después torrente a torrente la sabiduría de la cruz.

Terminemos esta reflexión en este día que yo amo tanto. Terminemos esta reflexión preguntándonos ¿Cómo podemos aprovechar este misterio? Mira, la cruz nos acoge. Déjate abrazar por la cruz. Acércate a la cruz, quédate en silencio y déjate abrazar. Déjate abrazar por la cruz. No necesitas muchas palabras, solo dile al Señor aquí estoy, aquí estoy. Déjate abrazar. Segundo. La cruz nos enseña a vivir de otro modo el dolor. La cruz no es un dolor que le añadimos a la vida. Sino un método para leer y superar el dolor de la vida. Para mí, esa es la frase más importante de esta homilía y la voy a repetir porque les conviene. La cruz no es un dolor que tú le añades a la vida, no, es un método, es un camino, es una bendición que te ayuda a leer y a superar el dolor de la vida. Por eso los enamorados de la cruz tienen un sello de paz y un sello de alegría indestructible. El que logra sonreír desde la cruz tendrá alegría que nadie le puede quitar. Si tú te alegras en otro lugar, que no sea la cruz, cuando te llegue el dolor, se te acaba la alegría. Si tú buscas la paz en un lugar que no sea la cruz, cuando te llega el dolor, se te acaba la paz. Pero cuando tú encuentras la paz y encuentras la alegría junto al Crucificado, no te vence nadie.

Una vez nuestra amiga de Siena le escribió a una sobrina suya que tenía intención de consagrarse a Dios, y le decía Catalina, busca reposo en la cruz, busca reposo en la cruz. Eso suena a locura, pero es que ahí es donde está la paz que nadie te quita. La cruz sana y consuela. Mire que nuestro pueblo no corre detrás de las estatuas del Resucitado. Esto yo lo he predicado muchas veces. ¿Cuál es el santuario famoso del Resucitado, que usted conozca? Eso no existe. ¿Por qué? Porque el cuerpo del Resucitado es pura imaginación. Nadie sabe cómo es el Resucitado. Esto es tan cierto que incluso los discípulos que le conocían de antes, no le reconocieron viéndole glorificado. En cambio, de dolores, de dolores sí que conocemos todos. Si no lo ha hecho, súbase al santuario del Señor Caído en Monserrate. Mire los ojos de la gente, cómo contemplan la Pasión de Cristo, cómo contemplan al Señor caído. Podemos decir que hay un pacto secreto de amor entre Cristo crucificado y todos los que sufren en esta tierra. Por algo dice allá bien grande en el santuario del Señor Caído, en Monserrate, Pasión de Cristo, confórtanos.

La cruz cambia nuestra mirada hacia la persona que sufre. Frente a la gente que sufre a veces uno es un muro de indiferencia. Frente a la persona que sufre a veces tomamos esa actitud que también critica el Papa Francisco simplemente lastimeando a la gente. Ay, pobrecito, pobrecito, pobrecito. La cruz te cambia la mirada, porque así como Cristo tiene un pacto de amor con todo el que sabe mirar su dolor, Cristo te da la gracia de que tú tengas un pacto de amor con todo aquel que está sufriendo. De esa mirada compasiva hemos escuchado en las vidas de los santos, por ejemplo, en Santo Domingo de Guzmán, en San Camilo de Lelis, en San Pedro Claver, en San Martín de Porres.

Finalmente, la Cruz nos educa en la esperanza. Empezábamos diciendo que el mal no es omnipotente. Terminamos diciendo si el mal no es omnipotente, hay un bien que es mayor y que es victorioso, que no lo vemos a veces, de acuerdo, no lo vemos. No se les olvide aquella frase del mártir mexicano, el niño mártir. Ese niño era un poco más joven que Santiago Pava y decía José Sánchez del Río. Nunca fue más fácil ganarse el cielo. Hermanos, sin la cruz, uno se ahoga en su propio lamento. Con la cruz, la cruz de Cristo, uno mira más allá. Y quizás uno termina diciendo, como se habla en Colombia. La estoy sacando barata, la estoy sacando barata. Cómo no citar aquí a la gran Santa Teresa de Jesús. Decía ella. Sufrir pasa, haber sufrido queda. El sufrimiento pasa. Lo que te da el sufrimiento, cuando aprendes a vivirlo con Jesús y en Jesús, eso sí queda y es para vida eterna. Amén.

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