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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jamás debemos olvidarnos de la cruz porque en ella el Señor nos demostró cuánto nos ama, se declara la gravedad del pecado, es el lugar de la reconciliación y es el arma más eficaz contra el demonio.

Homilía cruz021a, predicada en 20220503, con 7 min. y 10 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos en Colombia y muchos otros lugares se celebra la Exaltación de la Cruz el día Tres de Mayo. En España y muchos otros sitios, la Exaltación se celebra el Catorce de Septiembre. Hay razones para celebrar en una o en otra fecha. Pero hoy quisiera destacar la relación entre la cruz y la Pascua. Algo que resulta casi inevitable de comentar cuando estamos en la situación, por ejemplo, de Colombia, en que se celebra la cruz, la exaltación de la cruz el Tres de Mayo, es decir, usualmente en pleno tiempo pascual. Y esto le causa extrañeza a algunas personas. Pero quiero ser un poco más fuerte, no solo extrañeza.

Hay gente que piensa que cuando ya llega la Pascua ya podemos olvidarnos de la cruz, como quien dice la Cruz fue un momento complicado, un momento incómodo, un momento doloroso, por supuesto, pero ya eso quedó atrás, ya Cristo pagó todo y ahora dediquémonos simplemente a disfrutar de la alegría de ser perdonados, de ser amados, de haber sido compadecidos. Hay algo de cierto en esto. En efecto, el sacrificio de la cruz, y esto hay que decirlo muy enfáticamente, el sacrificio de la cruz es suficiente. No le falta nada. Así como no reservó ni una gota de su sangre Cristo para sí mismo, en el sacrificio de la cruz nada falta. Está todo, está todo el amor. Pero teniendo eso claro, quiere decir que somos responsables, que estamos tomando una actitud responsable, cuando decimos ya olvidémonos, olvidémonos del misterio de la cruz y de tanto sufrimiento y de tanta penitencia, y olvidémonos de todas esas cosas. Eso quedó en el pasado, eso quedó en una espiritualidad anacrónica. Eso ya no pertenece a nuestro modo de ser cristianos. Olvidarse de la cruz es una pésima idea y quiero destacar, quiero explicarlo con la ayuda del Señor. Hay por lo menos cuatro grandes razones por las que jamás debemos olvidarnos de la cruz.

Primero, y tal vez es lo más importante, porque fue en la cruz donde el Señor nos mostró cuánto nos amaba. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos, dice el Señor. Y dar la vida por los amigos fue exactamente lo que hizo Cristo en la cruz y su modo de dar la vida, muestra también el modo de amarnos. O sea que separarnos de la cruz, olvidarnos de la cruz, es olvidarnos del gran amor que Él nos tuvo. Es como pasa en algunas familias que emigran a otro país y resulta que las nuevas generaciones se olvidan de todos los trabajos que tuvieron que pasar los abuelos o los papás para establecer la familia en otro país. Y como se les olvida todo ese esfuerzo, entonces ya no lo agradecen, ya no lo reconocen y tal vez incluso malgastan lo que tanto trabajo les costó a las generaciones pasadas. Entonces, primero no vamos a olvidarnos de la cruz, porque no queremos olvidarnos del amor.

Segundo, en la cruz se declara la gravedad del pecado, y aunque es verdad, por supuesto que hemos sido perdonados, eso no significa que hemos perdido la capacidad de pecar. Entonces, de nuevo, la cruz es un recordatorio, un recordatorio de la gravedad del pecado, porque cada una de las llagas de Cristo nos está recordando que el pecado es algo grave, que es algo serio, es algo que destruye. Que Cristo aceptó esa destrucción, es para agradecérselo toda la eternidad. Pero esa destrucción también puede caer sobre nosotros, porque, repito, hemos sido perdonados, pero no estamos libres de la posibilidad de volver a pecar.

En tercer lugar, la cruz es importante porque frente a la cruz tiene que humillarse nuestra soberbia, y por eso la cruz es el lugar de la reconciliación. Yo creo que pocas personas tenían tan claro el misterio de la cruz como San Pablo. Y fíjate que Pablo nos dice, por ejemplo, en la carta a los Efesios que con su sacrificio Cristo derribó el muro de odio que separaba a judíos y no judíos. Es decir, la cruz es el lugar de la reconciliación. Porque en la medida en que yo me reconozco pecador y mi adversario se reconoce pecador, en esa misma medida, pues tenemos la hermosa posibilidad de encontrarnos. La cruz es camino de reconciliación. La cruz es camino para que bajemos nuestra soberbia y es por lo tanto, camino para que podamos reconciliarnos.

El último elemento es que la cruz es el arma más eficaz que tenemos contra el demonio. Aquello de que se presenten, por ejemplo en los exorcismos, se le presente la cruz al poseso, se le presenta la cruz y el demonio teme. Y yo hago una pregunta ¿Quién de nosotros necesita ser liberado de la infestación del ataque del demonio? Y la respuesta es todos. Entonces ¿qué le voy a presentar? Trato de decirlo sin ironía. ¿Qué le voy a presentar al demonio? ¿Una estampita de Cristo resucitado? Como he dicho muchas veces del Resucitado, no sabemos cómo es. Lo contemplaremos en la gloria. Pero del Crucificado sí que sabemos mucho, pero mucho. Porque la cruz fue el camino de tortura y de muerte de muchísimas personas a lo largo de los siglos. Entonces, lo que le presentamos al demonio para ponerle un freno, para devolverlo a su infierno es Cristo te ha vencido y te ha vencido aquí, y eso es parte de la Pascua. Entonces date cuenta que nosotros no podemos olvidarnos de la cruz bendita. Es Pascua, Aleluya, es Pascua y dentro de la Pascua es necesario agradecer y es necesario predicar el misterio de la cruz, la gloria para Cristo. Amén.

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