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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Bienes y frutos preciosos de la Cruz de Cristo
Homilía cruz019a, predicada en 20190503, con 50 min. y 42 seg. 
Transcripción:
Hermanos muy queridos. Con frecuencia, al hacer nuestras reflexiones comentamos las lecturas que nos propone la Iglesia, apoyándonos en algunas preguntas. Este método que ustedes saben que utilizo con frecuencia, también lo puede utilizar usted. Es decir, cuando se encuentre con un texto bíblico, haga el experimento de formular alguna pregunta. Si su pregunta es razonable, respetuosa, pregunta de creyente, no pregunta de enemigo de Dios. Usted encontrará con bastante frecuencia una respuesta en el mismo texto. Si tiene una Biblia católica, que es lo que uno debe tener, pues hay también notas complementarias. Además, hay muchos recursos en Internet. Cada vez somos más los predicadores, los sacerdotes católicos que ofrecemos alguna reflexión sobre el Evangelio de cada día, sobre las lecturas de cada día. Hay publicaciones que sacan distintos grupos, distintos caminos de evangelización. Entonces Cristo Visión, el minuto de Dios, la Casa de la Misericordia y una cantidad de gente. Es decir, realmente aquí se cumple aquello de que el que busca encuentra. Hay muchas maneras de acercarse con provecho a la Palabra de Dios.
Vamos con las preguntas. Por ejemplo, una pregunta que uno puede hacerse es ¿Por qué esto de la cruz? Algunas personas sienten que la cruz es como un mensaje de derrota. La verdad es que la cruz de Cristo tiene muchos enemigos. Hay personas que ven la cruz como algo ya superado, otros lo ven como una derrota y otros lo ven como un enemigo. Por ejemplo, los musulmanes ven la cruz como algo absolutamente detestable. La razón por la que ellos le tienen tanto rechazo a la cruz es porque nosotros afirmamos que el Crucificado es Hijo de Dios y nosotros creemos en la divinidad de Jesucristo. Y un Dios crucificado es lo peor que se le puede decir al musulmán. Es por eso, por lo que ellos tienen tanto rechazo. Entonces hacemos esta pregunta ¿Qué le trae la cruz a la vida de un cristiano? ¿Qué trae la cruz a nuestra vida? Alguien podría decir mire, ya tenemos tantos dolores, ya tenemos tantos problemas y ahora estamos hablando de la cruz. Entonces, cómo así. ¿Qué es lo que trae la cruz? Vamos a responder a esa pregunta con tres palabras. Partamos de la base de que toda vida humana tiene contradicciones y sufrimientos. Todos tenemos contradicciones y sufrimientos. A veces la persona que menos te imaginas está pasando momentos muy difíciles. Porque son fáciles de detectar los sufrimientos exteriores. La persona que está pasando hambre, que tiene una enfermedad, que tiene una parálisis. Pero por algo existe ese refrán que dice que la procesión va por dentro. Hay muchos dolores que son muy profundos. Hay personas que tienen frustraciones muy grandes, que tienen decepciones, que se han sentido traicionados, que tienen problemas de autoestima, que tienen miedos inconfesables, que tienen obsesiones y enfermedades psicológicas. Y tú los ves caminando por la calle y parece que todo está normal. A mí nunca se me olvida lo que nos dijo, empezando nuestro noviciado, el que fue mi maestro de novicios, el padre Pastor Prada Diettes. Decía este buen sacerdote, decía que el número de enfermedades mentales y psicológicas es muchísimo más grande de lo que ustedes se imaginan. Lo que sucede es que nosotros detectamos la enfermedad cuando se convierte en algo peligroso o extremadamente dañino para otras personas. Podríamos decir, cuando la persona deja de ser funcional socialmente, ahí detectamos el problema. Pero eso no quiere decir que esas sean las únicas personas que sufren. Hay muchísima gente que lleva muchísimo sufrimiento adentro y tenga en cuenta que muchas personas llevan estos sufrimientos sin una luz de esperanza. Cuando alguna cosa difícil ha llegado a mi vida, que por supuesto también lo he tenido, pues yo tengo el bendito consuelo de la fe, de la esperanza. Pero imagínese cómo se vive la vida cuando esto no existe. Es algo terrible y hay mucha gente que está realmente pasando por esa especie de noche espesa a la que no se le ve término. Eso es muy duro.
Entonces, sabiendo que hay todo ese sufrimiento, ¿Qué es lo que aporta la cruz? Aquí es donde entran las tres palabras, y las tres palabras son Sentido, Compañía y Fruto. Esas tres palabras las trae la cruz, es decir, el sufrimiento va a estar. La cruz no es inmediatamente una especie de analgésico, no lo es. Aunque ya veremos que sí trae una forma de alivio. La cruz no es un analgésico, la cruz no es una huida, es exactamente lo contrario. Vemos que Cristo entró en su Pasión con un valor sin igual, con una valentía incomparable. Así que la cruz no es huida, la cruz no es fantasía, la cruz no es ilusión. La cruz es real, tan real como nuestros dolores. Pero el sufrimiento adquiere un sentido a través de la cruz. Adquiere un sentido a través de la cruz, porque en primer lugar, la cruz no tiene la última palabra. Nuestro sufrimiento adquiere un sentido a través de la cruz, porque es muy distinto sufrir y simplemente sentir que eso es asqueroso o es aburrido, como decía aquel científico tan admirado por mí Richard Feynman. Él era un hombre tan inteligente, pero tristemente sin fe. Cuando llegó el momento del final de su vida, él tuvo que padecer muchas cosas y él lo único que decía es esto. Es aburrido, esto es aburrido. Él no encontraba otra palabra. Es muy distinto cuando uno encuentra que el sufrimiento de uno se puede vivir de otra manera. Por ejemplo, el sufrimiento es un maestro. El sufrimiento es una ofrenda. Es tremendo lo de ofrecer el dolor es tan, tan eficaz. Es un lenguaje que uno al principio no entiende, pero yo solo te digo la próxima vez que tengas un sufrimiento físico, emocional, el que sea, ante el próximo sufrimiento, haz la prueba de ofrecer. Haz la prueba de decir como San Pablo yo completo lo que le hace falta a la Pasión de Cristo. Y ese unir nuestro sufrimiento al sufrimiento de Cristo ya inmediatamente le da un sentido. Además, cuando uno mira el sufrimiento de Cristo en la cruz, y cuando uno mira su propio sufrimiento, entonces uno también aprende cosas. Por algo dice el Salmo Ciento dieciocho. Me estuvo bien el sufrir así aprendí tus justos mandamientos. Realmente las vidas que han pasado entre algodones rosados y azul claro, esas vidas que han pasado entre algodones suelen ser vidas superficiales, egoístas, incluso crueles con otros. El sufrimiento nos hace profundamente humanos. El sufrimiento nos hace profundamente humildes. El sufrimiento hace que también nosotros tengamos una cierta tendencia a la misericordia. No es automático.
Entonces el sufrimiento es como un maestro. Y ese maestro, si yo lo acepto en la cruz de Cristo, le da muchísimo sentido a lo mío. ¿Por qué? Por las razones que hemos dicho, porque lo puedo ofrecer unido a Cristo y porque me enseña ¿qué me enseña? me enseña humildad, me enseña por otra parte, a ser compasivo, me enseña paciencia. El sufrimiento tiene una serie de enseñanzas, le da profundidad a la vida. La persona que no ha pasado por el sufrimiento, repito, usualmente cae en una frivolidad. Se ríe. Pero tal vez su risa es muy vacía. La cruz no nos va a quitar la alegría, sino que la va a hacer más profunda. La cruz hace que la alegría quede muy anclada, muy adentro de ti, no solo en la superficie. Entonces el sufrimiento de Cristo y el sufrimiento nuestro adquieren un sentido o mejor dicho, el nuestro, junto al de Cristo, adquiere un determinado sentido. La cruz de Cristo le da como un camino a lo que yo estoy sufriendo. Pero te repito, la única manera de creer en esto que te estoy diciendo es experimentándolo por ti mismo. Cuando una persona sale de una crisis fuerte, si la ha vivido bien, si la ha vivido de una manera llena de luz, de razón y de Cristo, la persona sale mucho más profunda, mucho más madura, mucho más compasiva, mucho más profunda. Crece, crece como persona y eso le da un sentido, le da un sentido al sufrimiento.
La otra palabra que utilizamos es que la cruz de Cristo nos da compañía. Precisamente esta es una frase que han dicho varios Papas, también la ha dicho el Papa Francisco. La respuesta, la gran respuesta de Dios al sufrimiento humano fue enviar a su Hijo. Él es el Emmanuel. Él es el Dios con nosotros. Y el padecimiento de Cristo es algo que contiene todo el lenguaje del amor de Dios. No es igual sufrir solo que sufrir junto a Cristo. Recuerda esa reflexión que hacía el ladrón que se convirtió en el Calvario, le decía al otro, el otro estaba insultando. Y el ladrón que se convirtió, que la tradición dice que se llamaba Dimas, le dice al otro, que la tradición dice que se llamaba Gestas. Le dice lo nuestro es justo, pero éste no ha hecho nada, éste no ha hecho nada y está sufriendo y está aquí, a mi lado. Y llega el momento en el que si uno mira seriamente a Jesucristo, llega el momento en el que Cristo le cambia a uno la pregunta y ¿cómo la cambia? La pregunta de uno, cuando uno está sufriendo mucho, siempre es la misma ¿Por qué yo? ¿Por qué me toca esto a mí? ¿Por qué me llegó a mí? Yo no tenía que haber hecho esto. A mí no tenía que pasarme esto. Yo no he sido tampoco tan malo. Sí, tengo algunos errores. Pero tampoco he sido tan malo como para que me pase esto. Y fíjese que mientras uno esté aprisionado en la pregunta ¿por qué yo? y ¿por qué yo? El dolor no se alivia, sino que empeora. Cada vez es peor el dolor. Qué pasaría si uno estuviera. Sitúese, por favor, con el poder de su imaginación, sitúese por un instante en el Calvario. Imagínese que usted es ese Dimas. Y usted dice ¿Por qué yo? Pues este dolor es excesivo. Esta tortura es espantosa. Pero es que hay una pregunta todavía más grave. La pregunta más grave no es ¿por qué yo? La pregunta más grave es ¿Por qué Él? Y cuando se da ese cambio, se produce un alivio tan grande.
A mí me encantan los escritores rusos. Y uno de ellos, Tolstoi, hacía un pequeño análisis del dolor. Y decía Tolstoi que tuvo algunos dolores físicos. No conozco tanto de la vida de él como para decir cuáles. Pero tenía algún dolor, un problema en su cuerpo y era un dolor permanente. Y decía él que le daba rabia el dolor ¿por qué le daba rabia? porque él decía que el dolor me obliga a que piense en él todo el día. Es decir, es fastidioso. Es como si todo el día me estuviera jalando la ropa y diciendo aquí estoy, póngame cuidado, aquí estoy, póngame cuidado, aquí estoy. Póngame cuidado. De modo que, además de la desagradable sensación de dolor, está el hecho de mi mente. Otra vez pensando en esa rodilla, o en esa cadera, o en ese abdomen, o en esa cabeza o en esa espalda. El dolor me obliga a pensar en él. Y en ese sentido podemos decir que, literalmente, en nuestro mundo emocional, el dolor nos doblega porque nos obliga a mirarnos a nosotros mismos. Usted recuerde que hay una mujer que fue liberada por el Señor Jesucristo, y esa mujer llevaba dieciocho años doblada, doblada sobre sí. El dolor hace eso en nuestra vida. Nos obliga a doblarnos sobre nosotros mismos, nos obliga a pensar continuamente en nosotros y nosotros, o mejor dicho, en mí y en mí y en mí. Y eso agota. Pero lo peor no es que agote. Lo peor es que no arregla nada. Es un pensamiento que fatiga y que fastidia. Es algo parecido a lo que uno puede sentir cuando está respirando dentro de una bolsa y empieza a sentir que se le acaba el oxígeno. El dolor nos obliga a mirarnos a nosotros mismos. Y esto es tan terrible, es tan enloquecedor que algunas personas llegan a la conclusión de que quieren acabar con su vida. Tristemente, hay muchos caminos por los que lamentablemente se puede llegar a la decisión de quitarse la vida, pero con alguna frecuencia, hasta donde yo entiendo y sé y he visto, las personas llegan a esa clase de pensamientos no directamente por el dolor, sino por la fatiga de tener que pensarse todo el tiempo, el no poder pensar en otra cosa. Tal vez esto suena un poco refinado, pero yo creo que ustedes me están entendiendo muy bien.
Mis hermanos, lo que quiero decir es que una cosa es estar triste y otra cosa es estar triste y pensar en la tristeza todo el tiempo. Una cosa es me duele mi hombro y otra cosa es me duele el hombro y tengo que pensar en el hombro todo el tiempo. Esa es la queja que tenía Tolstoy. Cuando aparece Cristo en nuestra vida. Cuando seriamente levantamos nuestros ojos al misterio de la cruz de Cristo. Cuando llega ese momento absolutamente sublime en el que yo dejo de preguntarme ¿Por qué yo? Y por una vez me pregunto ¿Por qué Él? En ese momento, esa parte del dolor que consistía en estar centrado y doblegado sobre mí, esa parte para. Y ahí ya solamente estoy sufriendo. Suena raro, ¿no? Es que antes estaba sufriendo y doblegado. Ahora solamente estoy sufriendo. Y créeme que el solamente sufrir, es mucho más tolerable que el sufrir y estar doblegado. La presencia del amor de Cristo en la cruz, lo inexplicable de su presencia en esta tierra. Por favor, cae en cuenta de eso. La presencia de Cristo en esta tierra es inexplicable. No vino a buscar nada que no tuviera, no vino a buscar nada que lo mejorara, no vino a buscar nada que lo enriqueciera ni que lo embelleciera. Más bien, parece que lo perdió todo, pero lo perdió todo por ganarnos a nosotros. Entonces, cuando uno descubre ese amor, cuando uno se pregunta ¿Por qué Él? Yo estoy mal, la estoy pasando mal, dice uno, la estoy pasando mal, tengo este problema con mi esposa, con mis hijos, con mi carrera, con mi vida, estoy aburrido, estoy fastidiado, qué asco. Si usted siente todo eso. Pero usted está doblegado porque solo está pensando en usted, levante sus ojos, mire la cruz de Cristo. El día que usted logra preguntarse ¿Y por qué Él? Y el día que usted llega a la respuesta, la única respuesta posible por amor. Ese día es como si cayera un bálsamo de esperanza, como un ungüento que hace mucho más llevadero todo lo demás. Por eso decimos que la cruz trae sentido. Por eso decimos que la cruz trae también esta compañía y con esta compañía trae ese alivio.
Pero además la cruz trae fruto. La cruz trae fruto, el sufrimiento. El sufrimiento vivido con amor, el sufrimiento vivido ante Dios es una consignación en el banco del cielo. Es algo que no se pierde. Esta es una enseñanza continua de la Escritura. El lamento del afligido atraviesa las nubes, nos dice el libro de Job. El Señor cuenta las lágrimas del que le suplica. Nada de tu dolor se pierde, nada de tu amor se pierde, nada, absolutamente nada. El fruto no llega instantáneamente. Hay unos casos en los que uno ve que el fruto tardó mucho tiempo. Nuestra amada Catalina de Siena muere el Veintinueve de Abril de Mil trescientos ochenta. La iglesia dividida, un Papa en Roma, otro Papa en Aviñón. Ve la corrupción de la curia. Ve el pésimo ejemplo de muchísimos sacerdotes, comunidades religiosas divididas. Ignorancia total en la mayor parte del pueblo fiel, es decir, todo lo que podía amar ella, que es la Iglesia de Cristo, todo en pedazos, todo en ruinas. Y ella entonces hace su súplica desde su propia cruz. He aquí la súplica de Catalina crucificada. Toma mi corazón, le dice a Cristo. Esta es una mujer que está ofreciéndose por la iglesia, toma mi corazón, le dice a Cristo, toma mi corazón, estrújalo, derrama su sangre sobre la cara de la Iglesia y límpiala. Difícil, hermanos, pensar en palabras más dramáticas. O sea, qué tenía que estar pasando por ese corazón de ella para que no pudiendo hacer nada más, porque ya había predicado, ya había hecho penitencia, ya había enviado cartas, ya había hecho todo y no acababa el cisma y no iba a acabar, no iba a acabar tan pronto. Entonces ella arroja todo su ser en Cristo y entonces le dice toma mi corazón, estrújalo entonces. Reviéntalo, derrama su sangre sobre la cara de la Iglesia, pero límpiala, pero límpiala, límpiala. Con esos sentimientos murió Catalina. Muere en Mil trescientos ochenta. Tendrían que pasar todavía treinta y siete años para que se reparara ese cisma. Pero se reparó. El sacrificio de esa jovencita. Ya tenía treinta y tres años. El sacrificio de esa jovencita no se perdió. El sacrificio de esa joven mujer no se perdió.
Primer fruto visible fue el hecho de que su propio director y dirigido, es decir, Raimundo de Capua, fue elegido superior general de nuestra Orden Dominicana. Raimundo era un hombre muy sabio. Él tenía su doctorado en teología. Era un hombre muy humilde, un gran predicador, un gran santo. Y sobre todo, había recibido demasiado de esta bendita mujer, Catalina de Siena. Entonces Raimundo tiene las cosas claras. Raimundo no deja dividir la Orden Dominicana. De las pocas órdenes religiosas que no se dividió ni siquiera en esos tiempos tan confusos, tan revueltos, de las pocas comunidades que no se dividió, fue la Orden Dominicana. Ahí está, herencia de Catalina. No solo eso, el tremendo testimonio de Raimundo, como también otros, como Tomás de la Fuente, como Esteban Macón y otros en otros lugares, van produciendo frutos. La Orden Dominicana se renueva. Catalina vivió en el Siglo Catorce, muere en Mil trescientos ochenta, ya dije. El Siglo Quince es un siglo de renovación en la orden Dominicana. Es un siglo impresionante. Movidos por el testimonio, por el ejemplo y por la predicación de Raimundo, empiezan a formarse conventos donde se vive con gran intensidad, con gran fervor, el carisma de nuestra Orden Dominicana, esos conventos reformados. Llega un momento en el que invaden, en el mejor sentido de la palabra, a toda España. De esos conventos vinieron los que hicieron la evangelización en este país. De esos conventos, de los conventos que vienen de la reforma de Raimundo y de Catalina. No tenemos en toda la historia de la Iglesia ese fenómeno. Todo un continente, todo un continente renovado. Por supuesto que fueron varios santos, no solo Catalina. Pero ella tuvo su cauce. Ella tuvo su caudal, quiero decir, de amor. Es impresionante. Llegó la fe. Llegó la fe a estos lugares.
Entonces hay que saber lo que es Luis Bertrán. Cuando ustedes entran a este convento, ustedes ven que hay una rotonda, en la mitad de esa rotonda hay un señor ahí dentro, dentro no, sino arriba de una columna. Ese fraile que está encima de esa columna se llama Luis Bertrán, es el patrono de nuestra provincia dominicana, de Colombia. Es un hombre impresionante. Es un santo muy grande. Sus propios compañeros españoles lo detestaban por su predicación en defensa de los indios. Los indígenas lo maltrataban porque estaba acabando con sus ídolos. Tanto los indígenas como los españoles trataron de matarlo. Y es bueno que ustedes escuchen dos milagros porque es poco conocido Luis Bertrán. En alguna ocasión prepararon una copa de veneno. Usted sabe que Marcos Capítulo Dieciséis dice que el veneno no tendrá poder sobre los misioneros de Cristo. Y los indígenas le dieron esta copa de veneno a Luis Bertrán y él trazó la señal de la cruz. Veneno suficiente para matar a varias personas. No le pasó absolutamente nada. Eso produjo de una manera casi instantánea la conversión de toda esta tribu. Ellos no podían entender cómo alguien soportaba eso. Pero es que no es que lo soportara, es que no le pasó nada. Los españoles también lo detestaban porque él peleaba por los derechos de los indígenas. Entonces uno de ellos se lo encontró en un camino y sacó un arcabuz para dispararle. Y de nuevo Luis Bertrán, esto quedó inmortalizado en un cuadro de Gregorio Arce y Ceballos. Y Luis Bertrand traza la señal de la cruz sobre esa especie de pistola larga. Y la pistola se convierte en un crucifijo. Esto está juramentado. Esto está declarado bajo juramento. Bueno, esos fueron los santos que vinieron aquí. ¿De dónde venían esos santos? De aquellos conventos reformados y esos conventos reformados ¿De dónde vienen? De Raimundo y su gente. ¿Y de dónde vienen? De Catalina. Te das cuenta. Entonces esa mujer que entre lágrimas le dice a Dios toma mi corazón y estrújalo y con su sangre lávale la cara a la Iglesia, fue escuchada. Ella fue escuchada. El sufrimiento no se pierde.
Esto es muy importante que lo sepamos, porque yo sé que aquí hay papás y mamás y hay abuelitos y abuelitas, y hay muchas otras personas que están sufriendo por muchas cosas y es muy importante que ustedes no sufran a la manera desesperada. Es muy importante que cada vez que ustedes sientan que su trabajo se está perdiendo. Es muy importante que cada vez que ustedes sientan que la vida es injusta, es muy importante que en esos momentos ustedes recuerden el ejemplo de personas como Catalina y tantos otros que han hecho realidad lo que dice aquel salmo. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. Lo que pasa es que a veces, entre las lágrimas y los cantares uno se muere, pero en todo caso el fruto llega. Es decir, no es tan importante que uno vea el fruto ahora o después. Mire, cuando uno se obsesiona porque el fruto lo tengo que ver ya. Ahí es donde uno se equivoca. El inmediatismo es del demonio porque él es el de los atajos. Ustedes van a ser como dioses, muerda aquí, verá que se vuelve Dios. De los atajos es el demonio. Entonces la cruz de Cristo trae sentido a nuestros sufrimientos. La cruz de Cristo trae compañía y alivio para nuestros sufrimientos. La cruz de Cristo trae fruto para nuestros sufrimientos. Hay que creer mucho en la cruz, mucho. La señal de la cruz es señal de victoria.
Terminemos esta reflexión recordando cuáles son las tres mayores victorias de la cruz. Usted puede imaginarlas porque son tres los mayores enemigos del alma. El demonio detesta y a la vez teme a la cruz. Porque en la cruz lo perdió todo. El mismo Cristo dijo: Cuando yo sea levantado, atraeré a todos hacia mí. Ahí es donde Él recoge su rebaño. Y además dijo: Ahora va a ser juzgado el príncipe de este mundo. La cruz es la gran victoria sobre el demonio, porque toda la guerra del demonio es tratar de separarnos de Dios. Recuerde la frase de San Agustín. San Agustín dice que el pecado es Aversio a Deo et conversio ad creaturas. Le doy la espalda a Dios y me vuelvo hacia las criaturas. Las criaturas ¿qué es? A veces son placeres, a veces son ganancias, a veces son ideas, filosofías, ideologías. A veces son cosas. Ese es el pecado. El pecado es separar el bien que Dios puso en las criaturas del bien supremo, que es Dios mismo. Separar el bien de la criatura del bien de Dios y ponernos a escoger el bien de la criatura. Ese es el pecado. Esa es la estrategia del demonio. Pero resulta que toda su batalla fue perdida en la cruz, porque Cristo, renunciando a todo lo que pudiera ser bueno en las criaturas, quedándose solo con el consuelo de los ojos llorosos de su Madre. Varios autores dicen que ese fue el único consuelo que Él tuvo en ese momento de la cruz. Los ojos de la mamá. No le quedó nada más. Su ropa se la quitaron, sus cosas se la quitaron, su honra se la quitaron, sus amigos se los quitaron, su paz, su salud, su cuerpo, su sangre, todo se lo quitaron. Le quedaron los ojos, la mirada de la mamá fue lo único que le quedó en esta tierra. Cristo perdió todo y siguió adherido al Padre. Entonces la cruz es eficaz. Es eficaz victoria sobre el demonio. La cruz es eficaz victoria sobre el mundo.
Si usted quiere detectar si un sistema de mejoramiento personal de superación personal. Si usted quiere conocer si un sistema pedagógico, si un plan organizacional, si usted quiere saber si en eso hay complacencia de Dios, pregúntese cómo quedan los intereses de Dios y sobre todo, cómo quedan los intereses de la cruz ahí. Esto vale especialmente cuando usted va a escoger sus lecturas. Hace poco me consultaba a través del chat, me consultaba una señora que vive en otro país. Es una cosa muy triste porque en una parroquia católica llegan con un sistema que se llama SMART. SMART es un acrónimo, pero no recuerdo qué significa cada una de las letras. Sino todo lo que se llama SMART, es malo, por supuesto. Pero este programa específico llamado SMART, por allá de una parroquia, ofrece más o menos, vas a tomar lo mejor de tus talentos y vas a encontrar la paz dentro de ti, porque ninguna de tus metas tiene que estar lejos de tus resultados y tú podrás lograrlo. Vas a encontrar la armonía entre tus fuerzas y avanzarás hacia nuevas metas. Conseguirás tus sueños. ¿Usted qué considera sospechoso en todo eso? ¿Dónde está el arrepentimiento? ¿Dónde está la misericordia? ¿Dónde está la cruz? Entonces ese es un recurso muy grande. La cruz es bendita.
El profeta Eliseo vivía junto con otros profetas, eso llamaban la comunidad de los profetas. Usted puede leer de eso en el segundo libro de los Reyes. Y en alguna ocasión se vieron cortos de agua y la única agua que encontraban era agua amarga. Y el profeta Eliseo arrojó un trozo de leño, después de bendecirlo, arrojó un trozo de leño y el agua. Este es uno de los muchísimos milagros que se cuentan del profeta Eliseo. Y el agua quedó saneada. Ya se podía beber del agua. Bueno, esa imagen han utilizado los padres de la Iglesia para referirse a lo que es la cruz. Si tú quieres saber si un libro, por ejemplo, un libro de superación personal, un libro de espiritualidad, te sirve, metafóricamente arrójale la cruz, a ver qué pasa ahí, a ver qué queda de ese libro. Entonces uno ve que hay gente que tiene una tremenda elocuencia, pero tú miras esto que tiene que ver con el mensaje del Evangelio, esto que tiene que ver con el mensaje de la cruz. Y si no tiene nada que ver, seguramente no es una lectura que te va a hacer mucho bien. Seguro que no va a ser. Entonces yo he perdido una cantidad de amigos y amigas por estar hablando de estas cosas, porque a la gente no le gusta que uno hable mal. Pero mi propósito no es hablar mal de nadie. Yo no quiero hablar mal de nadie. Lo que pasa es que yo tengo que advertir. Cómo no voy a advertir, por ejemplo, del daño que hace Anthony de Mello. Usted toma un libro de Anthony de Mello y seguramente es una delicia para leer, en inglés llaman, es un Page Turner. Usted no puede parar de leerlo. Es una cosa deliciosa. Usted es como si estuviera comiendo una cosa sabrosa. Pero ¿Dónde está el mensaje de la cruz ahí? ¿Dónde entra el mensaje de la cruz ahí? ¿Dónde entra el mensaje de la redención ahí? Resulta que Anthony de Mello te va a hablar de la iluminación, el cambio, la conciencia, un poco de cosas, pero ¿dónde está la sangre de mi Señor? o ¿qué? eso era porque sí ¿Dónde está la sangre de mi Señor?
Tomás sabía lo que tenía que preguntar. ¿Dónde están las señales de los clavos? ¿Dónde están las señales de la lanza? ¿Dónde? Él sabía lo que tenía que buscar porque él sabía a quién tenía que buscar. Y él sabía cuál era el Cristo que lo había salvado. Tomás no se consideraba ni quería considerarse salvo de ninguna otra manera. Entonces usted toma a Anselm Grün, usted toma a Carlos Vallés, usted toma a Anthony de Mello y a otra cantidad de autores. Y por favor, mucho cuidado incluso con los sacerdotes que ustedes están siguiendo en redes sociales. Tengan cuidado, porque hay mucho lenguaje que es puramente mundano. El Papa ha denunciado eso. Eso se llama mundanización. Cuando únicamente te hablan de que vas a tener un día maravilloso, estoy seguro de que hoy alcanzarás tus metas, ánimo, un nuevo día, una nueva oportunidad. Sí, eso está bien. O sea, que lo diga una vez, sí, porque no todo el mundo tiene que empezar, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu y estar todo el tiempo religión y cruz. Está bien. Que se desee alguna vez eso, que se dé una palmada en la espalda, que se dé un abrazo, una sonrisa, que se le diga a una persona ánimo, sigamos adelante, esto está bien, Pero cuando tú empiezas a ver que un padrecito o un predicador meses y meses de estarlo viendo y siempre es el mismo lenguaje de listo, aquí no ha pasado nada, adelante, tú vas a poder, no te desanimes. En el fondo se está negando la cruz de Cristo, todo eso que llamamos mundo.
La cruz vence al demonio, la cruz vence al mundo, la cruz vence a la carne. La victoria de la cruz sobre la carne hay que entenderla de dos maneras. Por una parte está el problema del placer, que fácilmente nos esclaviza. Cada uno de nosotros tiene ciertos placeres que pueden ser también el placer de la pereza. Hay gente que tiene una profunda, profunda relación de amor con su cama. Yo me encontré incluso un señor que decía padre, pero piénselo de esta manera. A mí la pereza me impide cometer otros pecados. Cuidado con la comodidad. Cuidado con el exceso de comodidad. Cuidado con los placeres que nos atan. Cuidado con las idolatrías. El recordar la cruz de Cristo. El recordar el amor de Cristo crucificado es saludable. Ya que he mencionado a Luis Bertrán, es bueno recordar una frase de él. Nosotros y Cristo somos un solo cuerpo. Él es la cabeza, nosotros el cuerpo. Si la cabeza está coronada de espinas, el cuerpo no puede estar entre regalos y placeres todo el tiempo. Y lo mismo nos ha dicho el Papa Francisco. De las cosas buenas que tiene el Papa, es que es una persona realmente sobria, es una persona austera, cierta austeridad, cierta capacidad de decirnos no, mira, eso nos ennoblece, ese es entrenamiento, eso lo hace a uno más fuerte. Esa capacidad de no darse gusto en todo, ese retenerse, ese entrenamiento, eso te sirve. La persona que se acostumbra a complacerse en todo lo que es bebida y comida, es una persona que fácilmente desarrolla una terrible impaciencia cuando no encuentra complacencia en otros campos de su vida. Por ejemplo, que las cosas tienen que salir como yo diga, o cuando yo diga, u otro tipo de placeres. Entonces una parte de la victoria de la cruz es recordar lo de Luis Bertrán. La cabeza está con corona de espinas y hacer ejercicios. Es verdad que en este tiempo pascual descansamos un poco de las penitencias usuales, pero eso es bueno. Eso de que de vez en cuando le digan a uno quítese los zapatos y haga el viacrucis descalzo, hombre, eso es bueno. Eso sirve. Y lo logró, sí pudo. Sí, sí pude. Ah, bueno, sí podía. Eso hace crecer. Eso hace crecer a la persona. Eso hace que la persona sea más dueña de sí misma. Piensa que cuanto más cómoda es una persona, más egoísta se vuelve y más fácil de engañar y más fácil de manipular.
Por eso uno de los emperadores, él no era cristiano, pero uno de los emperadores más brillantes y siempre recordado con mayor gratitud, es Marco Aurelio. Marco Aurelio pertenecía a la escuela filosófica estoica y aunque él lo hiciera por razones filosóficas, él quiso enseñarle a su hijo la principal de sus obras. Fue una especie de manual que le dejó las meditaciones de Marco Aurelio. Quien no haya leído las meditaciones de Marco Aurelio, por favor, vaya empezando. Hombre, son cosas buenas. Esa literatura es buena. No todo tiene que ser Juego de Tronos y no todo tiene que ser la voz niños y cosas de esas y el desafío de no sé qué. Hombre lea una cosa que tenga un poquito más de sustancia. Además, usted se sorprenderá de lo fáciles de leer que son estas obras, teniendo en cuenta que hay gente que le toca programar en lenguajes extraños y hay gente que le toca leer libros que yo creo que son diseñados con un cierto pensamiento un poco sádico, ¿no? Yo me imagino a algunos profesores de universidad diciendo ¿cuántas páginas les dejaré? Tal vez cuarenta, por qué no cincuenta o sesenta. Dejemos sesenta para la semana entrante. Entonces, ya que les ponen toda ese poco de páginas. Usted descubrirá que estos autores son mejores. Pero volvamos a Marco Aurelio. Marco Aurelio escribió sus meditaciones fundamentalmente para su hijo, que era heredero en el imperio, enseñándole a ser emperador. Y la enseñanza principal o una de las enseñanzas principales es no se acostumbre a tanto placer, porque lo manejan, lo manejan a través de los placeres, lo manejan a usted. La persona que está acostumbrada al placer está acostumbrada a que la complazcan y la persona que está acostumbrada a que la complazcan muestra todas sus debilidades. ¡A este yo sé cómo le llego! Este no es sino llegarle con este regalito, a este sino ofrecerle esta mujer, este no sin ofrecerle esto, este con este regalo me lo echó al bolsillo. Una de las cosas grandiosas del emperador Marco Aurelio es que la gente no tenía cómo echárselo al bolsillo porque él llevaba una vida extraordinariamente sobria. Entonces esa es victoria.
Nosotros ahora lo aplicamos como cristianos. Esa es victoria de de una participación de la cruz. Haga sus penitencias. Yo por ejemplo, estoy muy feliz en Familia Espiritual, muy feliz con tantas personas que han mostrado tanta generosidad con el programa de los Gedeones. Yo realmente, en primer lugar, tengo un agradecimiento tan grande por esas oraciones. Y en segundo lugar, yo veo el bien que eso hace. Yo tengo mis cuotas de sufrimiento, mis cuotas de penitencia, pero yo no tengo los ojos cerrados para ver el sacrificio que la gente hace. Y eso es muy bonito. Yo estoy seguro que los que lo han hecho, que son muchísimos. Básicamente consiste en levantarse en la madrugada para hacer oración, para quienes escuchen esta predicación en otras partes, levantarse, ese vencer al sueño, ese aguantar un poquito el frío, ese vencerse. Eso es bueno y eso es victoria, la cruz. Los que han estado aquí en las Fuerzas Armadas saben que así es como se entrena a la gente. Usted no puede entrenar a la gente a base de platos deliciosos, habitaciones calientitas, colchones bien blandos, vacaciones frecuentes. Así no se entrena un ejército. Eso tiene que ser con cierta dureza, dosificada, claro, pero tiene que haber cierta dureza. Entonces usted mire que la cruz es bendición para vencer la carne y eso significa entrenamiento. Aquí me estoy entrenando en sus buenos tiempos que esperamos que vuelvan pronto. Esa era la Compañía de Jesús. Exactamente esa era. Porque ellos tienen una mentalidad militar en el mejor sentido de la palabra. Es eso como el ejército de Cristo. Y hay que ver la sabiduría que llegaron a tener muchos de esos jesuitas formados precisamente en eso. Yo me acuerdo una casa de ellos precisamente aquí en la ciudad de Bogotá, y me asombraba porque que tú veas uno o dos eran de aquellos jesuitas sabios, sobrios y seguramente santos, varios de ellos. Y uno ve cómo vivían realmente. Era estrictamente con lo indispensable, con una gran sobriedad. Eso es victoria. Y eso te forma y eso te hace resistente y eso hace que Cristo pueda contar contigo. Pero qué tal un general que tenga que decirle a su tropa, bueno, mañana tenemos que salir a campaña. ¿Ocho y media o nueve, mi general? No, no, señor. Dos de la mañana en pie y la gente marchando y funcionando. Y si el día resultó un día de veinte horas, aguanta, hermano. Bueno, eso también hay que dosificarlo. Pero usted me entiende lo que estoy diciendo.
La otra victoria de la cruz con respecto a la carne es que acuérdese que la carne también significa esa tendencia que uno tiene a solo rodearse con los de uno. Solo rodearse con los que le caen bien, solo rodearse de los que piensan como uno, solo rodearse de los que lo quieren a uno, solo rodearse de los que son de la misma edad. Entonces usted analice con qué personas interactúa usted. ¿Usted con quién interactúa? Con mi papá, con mi mamá, con mi abuelita. Esos tres. ¿Por qué? Porque toca. Básicamente porque toca. Entonces yo le preguntaba a un muchacho de veintidós años y le dije y usted ¿por qué no vive en su casa? Entonces él dice no, lo que pasa es que mi papá y mi mamá no quieren irse. Entonces usted analiza su grupo de amigos. Si usted solo se siente cómodo con los que piensan exactamente igual a usted, con los que son de su misma edad, con los que son de su misma Familia Espiritual, con los que son de su mismo sexo, con los que son de su misma clase social. Tenga cuidado. Tenga cuidado. Así no fue Cristo. Tenga mucho cuidado. Nosotros estamos llamados, claro, con prudencia y todo aquello, pero nosotros estamos llamados a saber relacionarnos con personas mayores y menores, con personas que no piensan como nosotros, con personas que nos van a contradecir, con personas que tienen ideas contrarias a las nuestras. Uno tiene que aprender a eso, porque si no, uno va formando burbujas y va formando guetos y va formando sectas, y así no es. Precisamente el gran obstáculo para la predicación de San Pablo en lo que hoy es Turquía y que en esa época se llamaba Asia Menor. El gran obstáculo fueron esas burbujas. Resulta que eso estaba lleno. Todos esos judíos de todas esas poblaciones que se mencionan Iconio, Listra, Derbe, Éfeso y tantas otras poblaciones, las comunidades judías de ahí estaban tan acostumbradas a que aquí somos nosotros con nosotros y todos nosotros nos queremos tanto. Ya nosotros nos entendemos nuestros chistes. Mucho cuidado con eso. Entonces por eso seguramente nos habremos equivocado en tantas cosas.
Pero una de las cosas que hemos querido en Familia Espiritual es formarnos siempre, siempre en la idea de que es necesario aprender a interactuar con distintas personas. ¿Por qué? Porque cuando usted se junta, por ejemplo, cuando se juntan todos los jóvenes de la misma edad, ellos entienden sus gruñidos. Y ahí entre ellos se entienden. Pero qué pasa, si usted va a interactuar con una persona que es menor, con un niño y usted le gruñe, entonces lo asustó, no logró nada, no logró comunicación. Si usted le gruñe a su abuelito, su abuelito se deprime. Entonces, aprender a interactuar con distintas personas, distintas razas, distintas maneras de pensar, ese aprendizaje eso también es cruz. Eso se llama salir uno de su zona de confort. Aprenda a salir de su zona de confort también desde el punto de vista emocional, psicológico y espiritual. Ahora bien, y con esta advertencia terminamos. Ese aprender a interactuar con esas personas no debe confundirse con una herejía que se llama irenismo. Irenismo es la herejía que consiste en lo que en Colombia se traduce con la frase llevar la fiesta en paz. Entonces yo, por ejemplo, estoy en un grupo donde todos son abortistas. Entonces este es el abortista y yo no estoy en contra del aborto. Pero entonces no tocamos el tema del aborto, sino que simplemente hablamos del Ajax y el Tottenham, ¿ve? Entonces todo muy cómodo, todo muy tranquilo. Pero ¿qué consecuencia tiene eso? que yo estoy faltando a mi deber. Es decir, aprender a interactuar con las personas no significa tomar la postura cómoda de que yo evito los roces. Tampoco los voy a propiciar, pero debo preguntarme ¿por qué Dios me pone en este lugar? Yo no voy a encerrarme en una burbuja de todos los que somos católicos y pensamos exactamente lo mismo. Pero si estoy en otro sitio no es para disimular mi fe, no es para esconder mi fe. Algo bueno debe poder salir del hecho de que yo esté ahí, que no necesariamente implica que uno esté echando sermones a toda hora. Yo siempre le digo. Yo podré tener mi servicio que yo presto en la Iglesia. Pero usted no es yo ni yo soy usted. Cuando usted esté allá donde usted tenga que estar, usted recibirá la luz si la pide. Para saber cuál es su aporte, qué es lo que usted tiene que hacer.
Resumen de nuestra predicación ¿Qué aporta la cruz? La cruz aporta sentido, la cruz aporta compañía, con lo cual nos alivia y la cruz aporta fruto. Y ¿Cuáles son las victorias de la cruz? Victoria sobre el demonio. Porque lo que el demonio quería no lo logró. Victoria sobre el mundo, porque nos acostumbramos a que no tenemos que seguir lo que todo el mundo piensa, lo que los demás piensan. Y victoria sobre la carne, porque aprendemos a frenar muchos de nuestros deseos que se pueden volver idolatrías y aprendemos a salir de nuestras burbujas para servir mejor a nuestros hermanos.

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