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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No se oponen la Cruz y la Resurrección: hablan de un mismo amor.

Homilía cruz012a, predicada en 20140503, con 4 min. y 36 seg.

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Transcripción:

En Colombia y en muchos otros países de América. El día Tres de Mayo se celebra la exaltación de la Santa Cruz. Conviene recordar, aunque lo hemos hecho en otras oportunidades que había en el calendario litúrgico, dos celebraciones de la cruz. El día Tres de Mayo, estaba el descubrimiento de la Santa Cruz. Es lo que en latín se llama Inventio Sanctae Crucis. Y el día Catorce de Septiembre estaba la Exaltatio Sanctae Crucis. La Exaltación de la Santa Cruz. Había esas dos Fiestas de la Cruz, Tres de Mayo y Catorce de Septiembre.

Muchos países, como España y un gran número de países de Europa conservaron como fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, la que había el Catorce de Septiembre, que queda muy bien, por supuesto, porque está inmediatamente antes de Nuestra Señora de los Dolores. Y esta conjunción de las dos fiestas viene, en cierto sentido, a servir como de eco de recordatorio de la misma relación que se da entre el Viernes Santo y el Sábado Santo. Bueno, esa fue la opción que tomaron muchos episcopados de nuestra Iglesia Católica en lugares, sobre todo de Europa.

En otros sitios se prefirió, por razones pastorales, dejar una sola fiesta de la Cruz, pero pasando la Exaltación de la Santa Cruz al día Tres de Mayo. Yo creo que hubo un componente que podemos llamar popular en esta decisión pastoral. Sucede que ya en muchos sitios había la costumbre de marcar el día Tres de Mayo con varias devociones en torno a la cruz y en torno al nombre de Jesucristo. Por ejemplo, hay personas que tienen la devoción, que me parece muy hermosa, la devoción de decir mil veces el nombre de Jesús durante este día, el Tres de Mayo. Una invocación que si se hace en verdadero espíritu de recogimiento, pues sin duda nos está acercando a los sentimientos del Señor y nos está permitiendo experimentar algo de su amor, y eso siempre es saludable. En otros sitios, también de mi país y de otros lugares, hay la costumbre o había ya de antiguo, la costumbre de hacer distintas cruces, a veces con materiales rústicos, por ejemplo con ramas, con rastrojos, con hojas. Y esa costumbre de hacer cruces y de poner cruces en distintos sitios como bendiciendo los hogares, los campos, los talleres, esa costumbre estaba muy afianzada. Entonces, quitar toda referencia a la cruz en el día Tres de Mayo no parecía lo más apropiado. Por eso se tomó la decisión de dejar la única fiesta de la Cruz o propiamente de la cruz, la Exaltación de la Santa Cruz dejarla el día Tres de Mayo.

Eso significa también que en estos países nuestros, la celebración de la cruz viene a coincidir con el tiempo pascual y uno podría decir que es una especie de contradicción, porque la cruz nos está hablando de la muerte del Señor y el tiempo pascual está proclamando que el Señor está vivo. Pero yo creo que no es un grave inconveniente y que incluso puede aprovecharse muy bien pastoralmente, porque el Crucificado es el mismo resucitado por una parte y por otra parte es el amor. Es el amor el que tiene a Cristo en la cruz, como bellísimamente decía Santa Catalina de Siena. Los clavos no hubieran podido retenerlos si no fuera el amor con el que Él subió al patíbulo de la cruz en el Calvario. Creo que es un buen día para recordar que el amor es el lazo que une cruz y resurrección, y que el amor palpitante del Crucificado es el mismo amor que se derrama con abundancia desde el Resucitado.

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