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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la Exaltación de la Santa Cruz, meditamos sobre sus ENEMIGOS sus TESOROS y algunos de sus mayores AMIGOS en la Orden Dominicana.
Homilía cruz009a, predicada en 20120503, con 17 min. y 45 seg. 
Transcripción:
Hablar de la cruz en tiempo de Pascua produce una cierta contradicción en el corazón. Es como revivir algunas de las escenas más sombrías de la Semana Santa y especialmente del Viernes Santo. Pero la cruz hoy la llamamos Cruz Gloriosa. La llamamos la Santa Cruz. Y el nombre oficial de esta fiesta es la Exaltación de la Santa Cruz. ¿Qué está indicando ello? Está indicando que nosotros encontramos enormes e irreemplazables bienes en la cruz. Pero la cruz tiene también enemigos. Esto nos lo cuenta San Pablo, dice él a alguna de las comunidades de aquel tiempo. Hay unos que viven como enemigos de la cruz de Cristo y dice que ese misterio de rechazo a la cruz le produce vivo dolor hasta las lágrimas. También San Pablo nos cuenta que en la cruz hay grandes tesoros. Por eso dice Líbreme Dios de gloriarme, si no es en la cruz de Cristo. Y también dice que él no se avergüenza de la cruz. Entonces tenemos que hablar de los enemigos de la cruz. Pero tenemos que hablar también de los bienes de la cruz para ver si nos enamoramos de la cruz de Cristo. En lo cual nuestra familia dominicana tiene gloriosos precedentes.
Tenemos, por ejemplo, a hombres de gran penitencia como Enrique Seuse o Enrique Susón, otro nombre con el que se le conoce, apasionado por el misterio de la Cruz. Tenemos, por supuesto, a una Catalina de Siena, a una Catalina de Ricci, a una Rosa de Lima, a un Martín de Porres. Todos practicantes de una vida de humildad y penitencia y todos testigos de la cruz. ¿De dónde surge la enemistad con la cruz? Se puede identificar en tres líneas de enemigos. Voy a ser o quiero ser, con la bondad de Dios muy claro en esto, porque los tiempos no están para que andemos con medias tintas. La religión de baal es contraria a la cruz. La religión hindú es contraria a la cruz. La religión del Islam es contraria a la cruz. De tres modos distintos estas posturas religiosas son contrarias y las tres están presentes en nuestra vida. Yo les pongo esos títulos para que no se nos olviden. Pero cuando digo religión de baal no estoy pensando únicamente en la Palestina del Siglo Doce antes de Cristo, o cuando digo la religión hinduista no estoy pensando únicamente en la realidad que se vive a miles de kilómetros de esta Colombia. Ni cuando digo Islam estoy pensando únicamente en lo que sucede en los países que tienen un gobierno teocrático islámico.
Entonces, ¿De qué estamos hablando? ¿Cuál es la religión de baal? Es la religión marcada por tres palabras; la seguridad, la fecundidad y la prosperidad. Esas eran las promesas que hacían los baales. Esta es la religión que tiene esa mujer espantosa llamada Jezabel, la enemiga declarada de los profetas de Dios, allá en tiempos de Elías. Jezabel es la gran apóstol de esa religión que es la religión que exalta lo que uno puede desear en esta tierra y uno en esta tierra puede desear sentirse a salvo de los males, sentirse repleto de bienes y que a uno le vaya muy bien y sentir que eso va a durar mucho tiempo y que por eso uno es fecundo. Entonces los baales prometían eso seguridad, fecundidad y prosperidad. Cuando una persona tiene esos ídolos, o mejor dicho, esos bienes, pero bienes convertidos en ídolos en su corazón, no le ve nada de bueno, ni nada de atractivo, ni nada de lógico, ni nada de interesante, ni nada de salvífico a la cruz. En términos de teología esto se expresa de un modo muy sencillo. Son las personas que quieren convertir a Cristo únicamente en un maestro para que me organice cómo vivo yo en esta tierra. Es verdad que la Palabra de Dios está llena de consejos saludables para que uno sepa cómo guiarse mientras está en esta vida. Pero cuando ese es el único aspecto que le interesa a uno de la Biblia, quiere decir que uno está bajo el imperio de esos ídolos y que uno lo único que quiere es sentirse seguro, sentirse próspero y sentirse fecundo o por lo menos duradero.
Entonces encontramos una cantidad de sacerdotes que parece que están acercándose a la religión de baal. Yo he tenido esa experiencia acompañando un poco el proceso de esta gente del Movimiento Sanctus aquí en Colombia. Movimiento Sanctus es todo en torno a la cruz y la pasión de Cristo y la gente que pertenece a Sanctus cuando va a hablar de la cruz y de la pasión de Cristo con muchos sacerdotes, se encuentra con que el curita le dice no, ya la cruz pasó, ahora estamos en la resurrección. Es decir, olvídese de ese sufrimiento. Olvídese de esa pasión. Olvídese de ese dolor. No se concentre en eso. Eso es enfermizo para su mente. Quédese solo con la resurrección. Sabiéndolo o sin saberlo, ese tipo de mensaje pertenece más a la religión de baal que a la religión de Jesucristo.
Igualmente sucede muchas veces en el protestantismo. También el protestantismo, en algunas de sus vertientes, tiene eso. Están prometiendo continuamente todo lo que el Señor te va a dar, todo lo que el Señor va a hacer por ti y es pura religión de la prosperidad. Es decir, todo te va a salir bien. Cree en Cristo y todo te saldrá bien. Contradiciendo el Evangelio, porque Jesús lo que dice no es eso. Jesús lo que habla es de tomar la cruz y de que envía a la gente como ovejas en medio de lobos y cosas parecidas. Pero desde luego, lo que más pertenece a la religión de baal hoy es ese mercado con M mayúscula. Es esa pretensión de que uno puede ser siempre joven, siempre bonito, siempre muy listo, siempre ganando más, siempre al borde último del progreso, la vanguardia y el placer. Obviamente el que está metido en el cuento de ese mercado con M mayúscula, pues siente que la cruz es algo absurdo, es un atavismo medieval, es un recurso psicológico del clero para dominar a la pobre gente.
¿Por qué el hinduismo es contrario a la cruz? Recuerde que es muy difícil evangelizar en la India. Eso ya lo dijimos en otra predicación. Es muy difícil. Yo lo estuve conversando con misioneros irlandeses que gastaron muchos años allá y dicen que es simplemente desconcertante. ¿Qué es lo que falla o qué es lo que hace difícil la evangelización en la India? No es que rechacen la predicación, sino que el Dios que tú les traes a ellos. Es un Dios que ellos acomodan dentro de sus más de cien mil o doscientos mil dioses. Entonces tú llegas con tu mensaje de Cristo y Cristo queda perfectamente acomodado y tú llegas con la Virgen María y con los ángeles, y con los santos, y probablemente hasta el Papa lo ponen ahí, en cualquier parte y todo cabe. El hinduismo es la religión del todo cabe. El hinduismo es una expresión del politeísmo y el politeísmo no pelea con ninguna religión, o por lo menos no pelea a menos que tú tengas la mala idea de decir lo que dijo San Pedro en el Capítulo Cuarto de los Hechos de los Apóstoles, no hemos recibido otro nombre por el cual debamos ser salvos. En el momento en el que tú quieras levantar la cruz y decir es que la salvación la recibimos por esta sangre, y aquí es donde está el camino. En ese momento puedes encontrarte con un fundamentalista de la religión hindú que no va a estar muy feliz de que tú estés ahí. Entonces la cruz no tiene muchos amigos entre los politeístas, entre aquellos que creen que todas las religiones y todos los credos y todos los pensamientos se pueden acomodar. Porque si eso le sirve a usted, usted puede dedicarse a la meditación trascendental, puede practicar el budismo Zen. Usted puede hacer lo que usted quiera, porque si eso le sirve a usted. Esas personas y ustedes saben porque les habrá sucedido, esas personas no aman la cruz de Cristo, porque la cruz tiene demasiadas pretensiones, porque Jesús dijo Cuando yo sea levantado. Yo, yo, ese es uno. No es cualquier Dios, no es cualquier ser humano. Cuando yo sea levantado, atraeré a todos hacia mí. Eso no se lo aguanta el politeísta. Con eso no puede el politeísta.
El Islam es enemigo de la cruz de Cristo. Esto es políticamente incorrecto decirlo. Si yo lo dijera en Nigeria, donde están matando cristianos, protestantes y católicos todas las semanas, me imagino que tendría mis horas contadas. El Islam es contrario a la cruz. Detesta la cruz. ¿Qué es lo que el Islam no puede comerse de la cruz y por qué la detesta? Entre otras cosas, la Cruz Roja, para los que no sepan, no se puede llamar Cruz Roja en los países islámicos. Allá tiene que llamarse la Media Luna Roja. Bueno, resulta que el Islam ha tomado como símbolo la media luna, pero no es una media luna, realmente es un cuarto creciente. Es decir, lo que no acepta el Islam, lo que no puede aceptar el Islam del mensaje cristiano, son dos cosas. Primero, esa pretensión de que un Dios se haya hecho hombre, eso es imposible. Es decir, Dios es Dios y Dios permanece en la esfera de lo divino y de lo absoluto, y Dios no puede volverse pequeño. Dios jamás se empequeñece. Y esto se traduce en la segunda dificultad para aceptar la cruz.
Segunda dificultad que tienen los musulmanes. Y esa segunda dificultad es que no se puede unir la compasión con la maldad. Es decir, el malvado no merece compasión. El que se humilla ante Dios. El que obedece a Dios. Ustedes saben que eso es lo que significa musulmán. Musulmán quiere decir el que se ha rendido, el obediente, el que se rinde a Dios. El que se rinde a Dios conoce a un Dios compasivo. Pero la parábola del hijo pródigo. Y que el pecador merezca compasión, y que Dios ofrezca su sangre por uno que ni siquiera se voltea a mirarlo. Eso no puede ser. Entonces la compasión no la merecen los malvados. Y por consiguiente, hay un espacio de misericordia, pero ese espacio es para nosotros los creyentes. Así afirma el Islam. Entonces, la misericordia en la que cree el mundo musulmán es misericordia para el creyente, no es misericordia para el que ellos llaman infiel. Como la cruz habla de misericordia que persigue con insistencia al pecador. Entonces la cruz es detestable, porque la cruz ablanda, la cruz debilita. Porque la cruz quita ese ímpetu con el que nos sentíamos felices, con un Dios que nos ama y nos protege. Así que la cruz tiene enemigos.
Tres ventajas que tiene la cruz. Mira, la primera ventaja que tiene la cruz es que revela la gravedad del pecado. Recuerde usted que estamos viviendo en un tiempo de trivialización del pecado. Este monje que estuvo aquí, con el que tengo una discusión teológica con un poco de gente, Anselm Green, se las arregló para dar una conferencia de más de una hora sin mencionarlas, ninguna de las siguientes palabras; arrepentimiento, conversión, redención, Sangre de Cristo, muerte, perdón de Dios. Nada de eso aparece. Conversión nada de eso aparece. Por supuesto, no aparece la palabra pecado. Mis hermanos, la predicación de que somos unos pecadores es absolutamente esencial al Nuevo Testamento. Entonces, la gravedad del pecado, la gravedad de nuestra condición y por consiguiente la infinita necesidad que tenemos de Dios, en ningún lugar se ha revelado tan claramente como en la gravedad de las heridas de Cristo. Y a medida que el arte religioso disimula y disimula y disimula las llagas de Cristo, la teología disimula y disimula y disimula la realidad del pecado. El arte acompaña la teología. Y cuanto más buscamos esos Cristos Resucitados que no tienen llagas sino unos lunarcitos. Si han visto Cristos, que tienen unos lunarcitos aquí, que uno dice quién sabe, tal vez se quemó preparando algo en la cocina. Esos Cristos del lunarcito van unidos a una predicación que minimiza la idea del pecado. Ninguno de nosotros es pecador. Nosotros cometemos errores, estamos desorientados, estamos cansados. Además, no estamos deprimidos, estamos distraídos. Entonces, cuando nosotros descubrimos la gravedad del dolor de Cristo, descubrimos la gravedad del pecado. Ustedes saben que la conversión de Santa Teresa de Jesús fue esa. Eso fue lo que convirtió a Santa Teresa. Cuando por allá en un cuarto de trastos viejos en el monasterio, se encontró una imagen al vivo de Cristo flagelado, dijo todo eso lo hace el pecado. Y ahí empezó a convertirse. Entonces la cruz es una catequesis fantástica sobre la realidad de la condición humana.
En segundo lugar. Mucho más importante que eso. La cruz es una catequesis impresionante sobre el tamaño del amor de Dios. La comparación que siempre utilizo es cuanto más hondo el cimiento del edificio, cuanto más hondo el hueco que están haciendo, más alto va a ser el edificio. Cuanto más hondo avanzamos en reconocer nuestros pecados, más alta y majestuosa se levanta la misericordia en nuestra vida. El que casi no se considera pecador, tampoco siente a Dios como que hubiera hecho gran cosa por él. Pero el que se siente un verdadero miserable y se reconoce luego con el apóstol San Juan mirad que somos hijos de Dios y todavía no se ha revelado lo que seremos. El que llega a eso se siente tan feliz, se siente tan increíblemente amado, que ese gozo lo convierte en misionero. Así que lo mejor que le puede suceder a uno cuando uno está estudiando filosofía o teología es esa experiencia, ese toque del Espíritu Santo de llegar uno a comprender que uno es verdaderamente un pecador, pero un verdadero amado.
La tercera ventaja que tiene la cruz de Cristo es que cuando se ha pasado por ese dolor, cuando se ha conocido ese dolor, el miedo desaparece mirando al Cristo torturado y muriendo. Los mártires adquirieron una fuerza increíble. Los poderes de este mundo para pretender dominarnos siempre van a buscar, siempre van a buscar amenazarnos siempre. Y van a buscar el miedo. Pero ¿Cómo asustas tú a una persona que está dispuesta a sufrir? Esa es la fuerza de los mártires. Esa es la fuerza de los misioneros. El cobarde, el afeminado, el débil, el cómodo es muy fácil de manipular, le quitas dos o tres comodidades y ya no se halla, le quitas su vida fácil y ya no se halla. El que está dispuesto a sufrir, en cambio, no hay manera de dominarlo. Si queremos una iglesia que pueda predicar, una iglesia que pueda plantarse frente a los poderes de este mundo y decir más de una cosa necesaria, necesitamos gente enamorada de la cruz. Pidamos al Señor que nuestros grandes intercesores, como Enrique Seuse, como Catalina de Siena, como Rosa de Lima, como Martín de Porres y como nuestro Padre Santo Domingo, que entre los nueve modos de orar tenía ese de extender los brazos y unirse así al Crucificado. Que esa multitud de intercesores nos dé amor por la cruz, porque sin eso nosotros vamos a ser simples terapistas de un mundo que en el fondo nos usa y luego nos desprecia. Que Dios infunda su amor en nosotros y podamos transmitirlo con esa calidad y esa fuerza a nuestros hermanos.

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