Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Amar es hacerse débil.

Homilía cruz001a, predicada en 19960503, con 16 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, la Iglesia celebra en este día la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. En la mayoría de los países católicos esta fiesta se celebra el catorce de septiembre. Aquí en Colombia es el tres de mayo. De pronto no sobra contar por qué En el antiguo calendario litúrgico antiguo, es decir, antes del Concilio Vaticano segundo, había dos fiestas de la Cruz, una, el tres de mayo, que era la fiesta de la invención de la Santa Cruz, es decir, de ese haber encontrado la cruz. Según la narración antigua de Santa Elena, la mamá de Constantino que fue a buscar la verdadera cruz, la Vera Cruz, verdadera cruz. Y a partir de ese feliz hallazgo de la verdadera cruz. Había una celebración litúrgica que era el tres de mayo. Luego hubo otra celebración que es la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz el catorce de septiembre. Nuestro país se celebraban las dos fiestas, la del tres de mayo y la del catorce de septiembre, pero por razones un poco culturales y un poco folclóricas, tomó mucha fuerza la del tres de mayo y la gente habla de la Cruz de Mayo.

Entonces esas costumbres, a veces casi un poquito supersticiosas, diría uno, de poner cruces de ramas o de flores o de hojas, por ejemplo, en la punta de las grúas o en los edificios en construcción o cosas así. Esa costumbre estaba relacionada con el tres de mayo. Por eso los señores obispos aquí en nuestro país vieron que de las dos fiestas de la Cruz tenía más fuerza, por así decirlo, está del tres de mayo, cuando luego, en el nuevo calendario litúrgico se dejó una sola celebración, nuestro país resolvió quedarse con la celebración del tres de mayo y por eso hoy estamos celebrando la exaltación de la Santa Cruz. Es una fiesta un poco rara porque. Porque la cruz, pues, es un instrumento de tortura y un instrumento de ignominia. Y la cruz sigue siendo tan antipática en los tiempos de Cristo como es antipática en nuestro tiempo. Si hay algo que uno no quiere es precisamente su cruz.

Pido yo a Dios en este momento se digne regalarnos de su Divino Espíritu para decir alguna palabra acertada sobre lo que es este misterio tan hermoso, tan profundo y tan sanador de la Cruz, de la Cruz de Cristo y de nuestra propia cruz. Hay que empezar diciendo que nosotros tenemos muchos malos entendidos con esto de la cruz. Por ejemplo, entre los religiosos a veces se dice que no hay cruz más grande que la vida comunitaria, y algunas personas van más lejos y dicen es que mi cruz es fulanito de tal. Ese lenguaje no es útil, no es bueno, no es saludable. Otras personas, al referirse a su estado matrimonial, también hablan como de una especie de cruz y tratan al esposo al que en otro tiempo admiraron tantísimo. O a la esposa a la que le tuvieron tan grande amor la tratan como si fuera su cruz. ¿Será ese el sentido de la cruz? Hay otras personas, en cambio, que miran la cruz como una especie de dolor resignado. Simplemente eso, un dolor resignado.

Entonces es el caso, por seguir con ejemplos familiares de la señora que tiene esposo alcohólico a bordo y entonces dice bueno, pero esas borracheras, ese será mi cruz. O la persona que no logra salir de su pobreza, entonces dice Bueno, esta es mi cruz. ¿Qué sentido le podemos dar a esto? Y entonces uno empieza a hacerse preguntas suspicaces Bueno, ¿pero la Iglesia con tanta predicación de la cruz no está volviendo, no estará volviendo a la gente como un poquito tontito, un poquito manipulable? No será que de estarle diciendo a las personas que acepten su cruz y que asuman su cruz, estamos llevando un poco a las mismas personas a que sean unos grandes resignados y unos grandes conformistas.

Por ejemplo, si las personas miran su estado de pobreza como su cruz y esa fue la cruz que Dios me mandó. Pues la cosa se complica mucho, porque entonces esa persona queda, como quien dice, condenada a mantenerse en esa pobreza, porque esa fue la cruz que Dios le mandó. Lo de la cruz, lo de la cruz no es tan sencillo y sin embargo la cruz está ahí, en el centro de nuestra fe, en el centro de lo que creemos, esperamos y amamos. Otra serie de preguntas surgen cuando uno dice bueno, pero ¿cuál será mi propia cruz? ¿A qué puedo llamar yo mi cruz? Exactamente ¿cuál será? Vamos a tratar de dar algunas indicaciones, primero, sobre por qué es grande y gloriosa la cruz de Cristo. Segundo, ¿por qué esa cruz de Cristo trae salud a cada uno de nosotros en cada una de nuestras necesidades? Y tercero, cómo ayudarnos a identificar nuestra propia cruz. Dios en su misericordia, nos permita recorrer este camino. Recorrer el hilo de esta exposición y reconocer la gloria de Dios en el Crucificado.

Entonces lo primero que hay que que hay que predicar es ¿Por qué? ¿Por qué es importante la cruz de Cristo? ¿Qué tiene de especial la cruz de Cristo? Hubo una época en el arte religioso en el que se acostumbraban crucificados, llenos de llagas, llenos de sangre, vueltos prácticamente una piltrafa humana. Y ese fue el modelo de crucifijos y de crucificados. Y a la gente le gustaba ese tipo de Cristo que a nosotros hoy incluso casi nos puede chocar un poco. Un ejemplo de esto es el Cristo de Monserrate, nuestro Señor de Montserrat. Algunas personas les gusta mucho, otras personas se sienten incómodas ante esa imagen tan llena de sangre y de azotes. ¿Por qué eso trae salvación a nuestras vidas? Por otra parte, uno ve que en el mundo, en el mundo normal, llamémoslo así, en el mundo en el que vivimos, pues el que se impone y el que sale ganando no es el que se deja, sino el que no se deja. Entonces, ¿qué hacemos con la cruz de Cristo? ¿No será Cristo una especie de gran fracasado? ¿Y qué hacemos nosotros presentando por todas partes a un fracasado, a un débil, a un perdedor? Porque eso es lo que aparece.

Nosotros presentando un débil y un perdedor. En un colegio. En un colegio católico. Yo oí este argumento: Tratemos de presentar no un Cristo así como este. Tratemos de presentar un Cristo como ese, sino un Cristo glorioso, un Cristo resucitado. ¿Porque qué le va a decir a un muchacho? Se argumentaba ¿Qué le va a decir a un muchacho ver a un señor ahí muerto, destruido? Más bien presentemos a un Cristo crucificado, a un Cristo resucitado, perdón, un Cristo glorioso. ¿Saben quiénes aplican sistemáticamente esa idea a los Testigos de Jehová? Claro que ellos no hablan de la cruz, sino tienen la idea que en este momento no vamos a discutir de que Cristo fue más bien como clavado a un poste. Entonces no, no, no tiene los brazos así, sino como así, como clavado un poste. Pero ustedes miren las imágenes de Jesucristo en la literatura de los Testigos de Jehová y siempre es un hombre que parece que hubiera hecho aeróbicos y gimnasio durante todos sus treinta y tres años. Es una fibra de hombre divinamente cuajao. Alza pesas. Y apenas se ve ahí, en la cruz apenas se ven unos manchones de sangre. Y luego, ya pronto aparece otra vez ya con su túnica. Pero usted viera ese señor, Eso parece que fuera campeón de atletismo o de natación o de quién sabe qué.

Entonces, ¿qué nos dice la cruz de Cristo a nosotros? No fue Cristo. Nos atrevemos a preguntar en este día. ¿No fue Cristo ese gran cobarde que tanto dio el filósofo Nietzsche? No será que Cristo fue ese gran derrotado y ese príncipe de cobardes, como trata Nietzche a nuestro Señor Jesucristo. ¿qué respondería usted ante eso? Si uno ve que más bien en el mundo el que sale adelante es el que tiene más pezuña, el que tiene más garra, el que patea más duro, ese es el que ganas. Ese es el que gana, el que se pone con muchas contemplaciones comete el error fundamental de dar papaya. Y eso, y de acuerdo con las leyes de la papaya, uno no puede dar papaya. Entonces, de acuerdo con ese esquema, ¿Cristo qué sería? Pues el hombre que dio papaya. ¿Y qué hizo? ¿Qué hicieron con él? Lo acabaron. Lo acabaron. Según eso, este Cristo sería la demostración de lo que uno no debe hacer. Es decir, el Cristo así crucificado sería. Sería la demostración de que quien se mete a Redentor muere crucificado. Cristo crucificado y la cruz de Cristo serían la prueba de que no se puede ser bueno, no se puede ser bueno, porque si uno se mete a bueno, mire lo que le pasa.

Conclusión no nos metamos a bueno, esa sería la enseñanza. Esto se va embrollando, esto se va complicando. ¿En cuáles me estoy metiendo yo? Al fin Cristo que da la impresión de que fuera hasta donde vamos, da la impresión de que fuera un gran cobarde, uno que se dejó, uno que dio papaya y claro, lo acabaron, lo acabaron. ¿Puede ese señor ser modelo para mi vida? Yo vivo en medio de fieras salvajes. Usted viera padre, esa empresa en donde yo estoy. Eso por las mañanas me toca ponerme la armadura y el chaleco antibalas. Y así me toca entrar al trabajo a defenderme, porque esos son codazos a derecha, a izquierda y el que se, el que espabila pierde y el que resbala cae, padre. Eso es terrible. Esa situación, Padre. ¿Será que este Cristo puede ayudarnos, entonces? ¿Será que podemos llamar Salvador a un Señor así? Como ven, se van amontonando poco a poco las preguntas y no se ve que aparezcan las respuestas. Lo primero que tenemos que decir es que el misterio de la Cruz persiguió y acompañó toda la vida de Cristo.

La cruz no es una casualidad ni un accidente que le llegó en el último momento, en el último momento, por una especie de error táctico, lo agarraron y lo crucificaron. No. Cristo en su predicación pública ya había hablado muchas veces de la cruz y eran los discípulos los que no querían entender, pero él sí sabía para dónde iba y él sí sabía que él estaba sucediendo. Por otra parte, si lo pensamos bien, ya desde su mismo nacimiento, el sufrimiento acompañó la vida de Cristo. Nace Cristo en extrema pobreza. Apenas nacido una persecución que pretende matarlo y corra para Egipto. Luego viva en esa vida de sencillez allá en Nazaret. Pero Nazaret pertenecía a Galilea, que era la región despreciada, la región vituperada de Palestina. Cristo realmente se cumplió lo que dijo el profeta Isaías. Varón de sufrimientos, varón de dolores, acostumbrado a sufrimientos. Entonces la cruz no es un accidente del final de la vida de Cristo. ¿De dónde proviene la cruz en la vida de Cristo? De algo muy sencillo de no defenderse. ¿Cuál es el misterio que tiene la cruz de Cristo? El misterio de un hombre que no se defiende. Realmente Cristo no se defendió realmente Cristo no puso una barrera, no puso aduanas ni puso rejas, no se defendió. ¿Y por qué Cristo no se defendió? Porque la barrera que tú pones para que no entre el mal del otro es la misma barrera que luego no puedes quitar para que salga el bien que hay en ti.

Una misma barrera es la que uno pone dizque para que no entre el mal y la que uno pone para que no salga el bien. Barrera es barrera, pared es pared, muro es muro. Cuando cerramos la puerta para que no entre el dolor, cerramos la puerta y no sale el amor. Entonces uno puede cerrar puertas. Claro. Y uno puede levantar barreras. Claro. Uno puede multiplicar las rejas. Sí. Y con eso no le entra el dolor. Sí. Y con eso tampoco sale el amor. Si. Uno puede defenderse, pero no puedes defenderte de tu hermano sin dejar por fuera a Dios. ¿Por qué sucede este misterio? Porque el amor solo sale del corazón humano. El amor solo sale del corazón humano por la misma puerta por donde entra el dolor. Amor y dolor son hermanitos. ¿Y por qué sucede esto? Muy sencillo. Porque amar es hacerse débil.

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