Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Con Jesús llega la verdad, y la verdad incomoda. Por fidelidad a Él no podemos ser esclavos de las mentiras de este mundo y mucho menos darles aprobación.

Homilía co20008a, predicada en 20190818, con 4 min. y 14 seg.

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Transcripción:

Feliz domingo para todos.

¿Hay algo en la mitad entre el amor y el miedo?, ¿Hay algo en la mitad entre el amor y el odio?, esa segunda pregunta es más fácil. Uno podría pensar que entre amar y detestar está, el ser simplemente indiferente; tal vez la indiferencia podría estar en la mitad entre amar y detestar. Pero esa es una discusión muy larga, porque a veces ser indiferente es también una manera de rechazar. Por algo dice el Papa Francisco, que uno de los peores pecados de nuestra época, es que somos espantosamente -indiferentes al dolor humano-.

Pero la otra pregunta, sobre el amor y el miedo; -el amor que trata de acercar y el miedo, que en cambio repele-... Esa es una pregunta que tiene que ver con las lecturas de este domingo. La primera fue tomada del capítulo número treinta y ocho de Jeremías; Y en esa lectura el profeta Jeremías se queja y le dice a Dios -yo soy una persona conflictiva-; él siente que toda su vida ha sido conflicto, ha sido problema.

En el Evangelio capítulo doce, Jesús dice: -doce de San Lucas-. Jesús dice: -Yo no he venido a traer paz, en el sentido de tranquilidad... aquí no ha pasado nada, he venido a traer división-. Porque ciertamente con Jesús llega la verdad, y la verdad es incómoda y la verdad daña negocios y la verdad destruye mentiras y la verdad derriba ídolos; y por eso, la verdad es terriblemente incómoda.

Entonces podemos hacernos esta pregunta: ¿un cristiano es una persona que ama el conflicto, que le gusta el conflicto? La respuesta, obviamente, es ¡no!, nosotros no amamos la guerra, nosotros no amamos el conflicto. Pero atención, nosotros tampoco le tenemos miedo al conflicto; nosotros no amamos ser antipáticos, pero tampoco tenemos miedo.

En el momento en el que es necesario, ser incómodo o saber con absoluta claridad, que lo que vamos a decir no va a gustar; porque la persona que depende de ser aceptado y depende de ser amado y depende de caer bien, en el fondo es un esclavo, es un esclavo de la aprobación del público, es un esclavo de la aprobación de la gente y esto nos hace un daño muy grande.

Yo he conocido el caso de varios hermanos en el sacerdocio que empiezan a sufrir, porque sus opiniones, resultan antipáticas y para evitar ese sufrimiento, entonces se vuelven un poco como algunos cantantes que tienen que cantar, no lo que a ellos les gustaría, no lo que consideran que son sus mejores producciones, sino simplemente tienen que cantar lo que la gente quiere oír. Y es evidente que un cantante que depende de su público, que es esclavo de los aplausos, que tiene que encontrar la aprobación en todas partes, no es una persona libre.

Nosotros, como discípulos de Jesucristo, estamos llamados a ser personas libres y por eso algunas de nuestras opiniones van a caer muy mal. Hay gente a la que no le va a gustar lo que vamos a decir, especialmente cuando hablemos de temas de injusticia, ¡eso no va a gustar!, y cuando hablemos de defensa de la familia, ¡eso no va a gustar!, y cuando hablemos de defender el matrimonio como Dios lo quiso, ¡eso no va a gustar!.

Pero nosotros no podemos ser esclavos de la aprobación. No es que amemos el conflicto, pero tampoco le tenemos miedo.

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