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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La capacidad de no conformarse con lo que hay es indispensable para abrir espacio al plan de Dios, y su Reino.
Homilía co20005a, predicada en 20130818, con 22 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Creo que la palabra que puede ayudarnos a recorrer las lecturas de hoy es la palabra -movimiento-. El Papa Francisco causó bastante impacto en la Jornada Mundial de la Juventud cuando dijo que él quería -lío-; él quería que los jóvenes hicieran lío, en las diócesis, en las parroquias. Es una apuesta -un poco arriesgada-, porque sus palabras, como tantas otras que ha dicho, pueden ser malinterpretadas. No se trata, evidentemente, de limitarse a causar problemas; Se trata más bien de no conformarse con lo que hay, y de poner en -Movimiento- con seriedad, con alegría, con esperanza, la evangelización. Creo que esa sería una manera correcta de interpretar la expresión del Papa. -Vamos a hacer lío-. Si el Papa toma esos riesgos, tiene de quien aprenderlo, porque, miremos el lenguaje que utiliza Cristo -"No he venido a traer paz"-. Eso parece una contradicción con otros pasajes de la Biblia y sobre todo, con aquél donde se dice que: -el Mesías es el Príncipe de la paz. Pero la paz tiene que llegar, no de cualquier manera; no puede limitarse a una tranquilidad, a un conformismo. Cristo no utiliza la palabra lío, utiliza la palabra -fuego-, -"He venido a traer fuego a la Tierra."- Ese fuego que por supuesto, produce movimiento, ahí donde, se está quemando... ¡Dios nos libre! donde se está quemando un lugar, se produce movimiento; un movimiento de huida, por ejemplo; el fuego produce movimiento. También, en todo lo que es nuestro planeta, el fuego del sol, es el que pone en movimiento la vida. Es impresionante cuando, se mira un poco desde el punto de vista de la ciencia, cuánto depende todo en esta tierra de lo que suceda, en ese fogón, en esa portentosa máquina, (-si utilizó esa expresión-), de fuego que es el sol, una máquina que están tratando de replicar aquí en la tierra. -El proceso la gasolina del sol- es un mecanismo que se llama fusión nuclear, que transforma el hidrógeno en helio. Y están tratando de traer esa máquina aquí a la Tierra. Hace poco leía en las noticias, los adelantos que se han hecho en lo que será probablemente, el primer reactor de fusión nuclear. Y de ese mismo fuego, viene todo. Si miramos esta energía eléctrica, seguramente viene o de una hidroeléctrica, que a su vez depende, de que el agua se evapore; o viene de una termoeléctrica, que depende de algo que está ardiendo. O sea que el fuego está ahí y nuestros automóviles se mueven por eso, porque hay algo que se está quemando ahí; y ese fuego, esa combustión, pone en movimiento. La segunda lectura también habla de un movimiento, dice: -Librémonos del pecado que nos ata para correr con perseverancia, la carrera que tenemos por delante-... Correr: -movimiento- nuevamente, con la mirada puesta en Cristo, autor y consumador de nuestra fe. El cristiano aparece aquí no como un ser estático, conforme, tranquilo, sino más bien como un intranquilo, un inconforme, que se mueve, que se pone en movimiento y que tiene como referencia a Jesucristo. Y nos damos cuenta que el drama de Jeremías tiene también que ver con la misma situación. Es bien compleja la época de Jeremías; -estamos hablando del siglo sexto antes de Cristo-, muy compleja, porque es una época en que se ha acumulado el pecado del pueblo, y se ha vuelto normal. Y la rebeldía de Jeremías es, frente a eso. -¿Cómo así que se ha vuelto normal?-. La gente creía que tenía, domesticado a Dios; oiga, esa expresión tan, ¡horrible!; pero eso era lo que pensaban; como se domestica un animal, como se controla el crecimiento de una enredadera. Así, estos creían que tenían domesticado a Dios. Ellos creían que podían hacer cualquier cosa por horripilante, incoherente que fuera y luego ir al templo y contentar a Dios con dos o tres sacrificios, para luego seguir en la misma vida. Estaban tranquilos, tranquilos, no con el que está en verdadera reconciliación y paz con Dios, sino tranquilos porque creían, que estaba bajo control la situación y que ellos tenían arreglada, su conciencia con recursos como ese de ofrecer sacrificios. Va avanzando; mientras eso sucede en Jerusalén, llegan noticias de que va avanzando el ejército de los caldeos, pero la gente no..., no se preocupa, porque ahí viene otra falsa tranquilidad; ellos consideran que, el templo, el templo de Jerusalén es la casa de Dios, y Dios no va a dejar que le destruyan su casa; entonces, si Dios va a preservar su casa, pues se supone que va a preservar, la ciudad donde está la casa. Tenían una idea supersticiosa de lo sagrado, una idea fetichista, querían utilizar el templo como un fetiche: -Mientras tengamos el templo, estamos protegidos-. Así como algunas personas consideran que un objeto..., el caso para mí, más ridículo, es el de una pata de conejo: -teniendo una pata de conejo, entonces eso me protege-. Y como ya hemos explicado, sin tener en cuenta que eso no le sirvió al conejo; el hecho es que ellos tenían una postura fetichista. Y mirando la religión no como verdadera alianza, sino como una superstición y creyendo que a Dios ya lo tenemos controlado, porque ya ofrecemos sacrificios, ahí podemos seguir y nada nos puede pasar. Jeremías se rebela contra eso y les dice: -pues claro que sí les puede pasar-. Esto es al comienzo del libro, y la gente dice ¡no!, ¡no!, no, eso no puede pasar; pero resulta que, entra el general del ejército de los caldeos, que se llamaba Nabucodonosor y... profana el templo; no lo quema, pero sí lo profana. Se roba los vasos sagrados. Eso, por supuesto que mostraba, el engaño de la mentalidad fetichista; pero Nabucodonosor, en esa primera incursión no destruye la ciudad; simplemente le interesa robar; está reuniendo riquezas para embellecer, para engrandecer la ciudad de Babilonia, que es la capital de ese imperio.Entonces, -pues sí-, es una profanación muy dolorosa. Y qué cosa tan ¡terrible!, pero eso tampoco los lleva a conversión. Y entonces viene un tercer elemento, dentro de esa tranquilidad mentirosa; aparecen, falsos profetas, y uno de ellos, por ejemplo, -ese es un enfrentamiento muy impresionante, en el libro de Jeremías-, uno de ellos dice: -pues antes de dos años, Nabucodonosor va a tener que devolver lo que robó? el rey es Dios, y Dios es más grande que todos; y Dios va a recuperar, lo que es el ajuar de su templo, y todo volverá a la normalidad-. Más o menos es lo que viene a decir este falso profeta. Jeremías se queda muy ¡extrañado!, porque ese hombre habla, como si fuera de parte de Dios. Jeremías queda desconcertado y dice, -pero, pero, eso no es lo que el Señor me ha mostrado a mí. Se pone en oración y el Señor le muestra muy claramente que es un mensaje falso y que es una tranquilidad falsa. Entonces se enfrenta con ese profeta y le dice: esto es hacia la mitad del libro, y le dice: -Mira, tú estás engañando al pueblo, tú le estás dando una falsa seguridad; lo que viene no es la restauración del ajuar del templo, lo que viene es la destrucción de la ciudad; esa tranquilidad tuya es mentirosa-, y le suelta esta palabra que es de los pasajes escalofriantes de la Biblia, para mi opinión; Le dice, -Y es que antes de que acabe el año, el que se muere eres tú-. Y efectivamente, el falso profeta a los pocos meses murió. Una cosa parecida le sucedió a Ezequiel... -Son pasajes impresionantes-. Entonces hagamos la radiografía de la tranquilidad falsa, hagamos, la radiografía del conformismo, de estos judíos en la época de Jeremías. En primer lugar, ellos creen: -Yo a Dios sé cómo contentarlo-; en segundo lugar, ellos creen: -el templo nos protege-; es decir, -¡una cosa!-, una cosa nos protege: -mentalidad fetichista-, y tercero, se encuentran con falsos profetas; profetas: como ese, que murió de esa manera dramática; profetas que infunden en el pueblo, una falsa certeza. Entonces, ¿cuál fue la tarea que le tocó a Jeremías? Le tocó la tarea de recordar al pueblo, que si, nosotros vamos a ser tan obstinados y tan absurdos, si nosotros vamos a ser tan renegados y tan corruptos, para encerrarnos en nuestro pecado y para quedarnos en nuestra mediocridad, Dios no se va a quedar quieto; si no te quieres mover, entonces Dios te mueve o Dios, se va... con otros; que eso también sucede: Esa fue la palabra que le dijo Jesús a los fariseos, -Ustedes se van a quedar con su casa vacía-. Cosa que se cumplió después, en la predicación de los apóstoles, cuando, en dos o tres ocasiones dicen en ese libro de los Hechos de los Apóstoles, -pues entonces nos volvemos a los gentiles y se les quedó la casa vacía-. Pero la enseñanza es: -Dios, no se va a quedar quieto-. O Dios se mueve contigo o Dios te mueve a la fuerza, o Dios se va, a donde pueda moverse; pero -Dios es movimiento-. Si tú no quieres moverte, Él te va a empujar; Y si no quieres que te empuje, te abandonará. Ese es el mensaje dramático que aparece. Entonces Jesús quiere poner en movimiento a sus discípulos, y la carta a los Hebreos quiere que estemos corriendo con perseverancia, y Jeremías quiere que no nos estanquemos en el pecado. Todo habla de un ¡dinamismo!, todo habla de una fuerza, todo habla de un ¡no!, conformarse, todo habla de una transformación interior, que hace que uno desde dentro, busque dar una respuesta apropiada al amor. Una última palabra sobre el dicho de Cristo; Una característica que tiene el fuego es el contagio, Dios nos envía personas y nos envía momentos y nos envía su gracia. Es muy importante, por ejemplo, en una comunidad religiosa es muy importante detectar, las señales de fuego. Hay una cosa que se utiliza, un método científico que se utiliza, que son las fotografías térmicas o la termografía; los satélites que viven dándole vueltas a este planeta, toman fotos, no solo con la luz visible, sino toman fotos de temperatura, por ejemplo: temperatura en los mares o en tierra firme. Yo pienso que un formador o un superior o un obispo, en fin, quien tiene alguna responsabilidad particular, en el pueblo de Dios, tiene que utilizar termografía, es decir, tiene que detectar, en dónde está naciendo, o renaciendo el fuego de Dios, para que esos focos, para que ese renacer, no vaya a ser ahogado por la indiferencia o por la burla o por el descuido de otros. Es muy importante, que aquellos que tenemos alguna responsabilidad en la Iglesia estemos muy atentos, en dónde está, naciendo esta clase de fuego para cuidarlo y para que pueda contagiar a otros. Nuestra Orden Dominicana, como todas las comunidades, ha pasado por tiempos de mucho fervor; fíjate, que la palabra fervor tiene que ver con fuego. Fervor, en realidad es otra versión de hervor, -lo que está hirviendo-. Nuestra Orden Dominicana ha tenido, tiempos de mucho fervor, ha tenido tiempos, muy bajos y muy fríos y muy mediocres, y también épocas intermedias en que la cosa como que mejora, o como que empeora. Pero cuando se ha podido renovar, como dicen nuestras constituciones -en tiempos de dificultad, la orden debe tener el coraje, la fuerza de renovarse a sí misma-, dice, por ahí un pasaje de las constituciones. Cuando se ha podido renovar ha sido porque ha habido, gente muy lúcida, como un Raimundo de Capua, por ejemplo, allá a comienzos del siglo quince, a finales del catorce comienzos del quince; gente muy ¡lúcida! que se ha dado cuenta, en dónde están esos fuegos y por eso existieron esos conventos de reforma, por ejemplo. Raimundo venía incendiado; él se supone que era el director espiritual de Catalina de Siena, pero él mismo decía con humildad: -más dirigido que director- con semejante ¡doctora de la iglesia!, la cual dijo: La mía natura e Fuoco, -Mi naturaleza es fuego-. Ella vivía este evangelio todos los días y todas las noches; entonces del fuego de Catalina se contagia Raimundo. Raimundo de Capua, que llegó a ser maestro de la Orden Dominicana. Y él, con ese fuego, también pudo alumbrar su mirada para descubrir en dónde estaban las semillas, dónde estaban las hogueras de renovación. Es muy interesante ese proceso histórico; ojalá lo puedan repasar en sus clases de noviciado, en sus lecturas personales, porque luego, ese proceso nos lleva al año mil cuatrocientos y entonces el siglo quince, va a ser un siglo de renovación, a pesar del cisma de Occidente, con el que se abre el siglo quince, un siglo de renovación para los dominicos y también para otras, comunidades. Y eso va a producir una serie de conventos de gran observancia, de gran fervor, de un amor intensísimo en la liturgia, de un deseo de penitencia. Esa fue una gran providencia de Dios, porque entonces, cuando llega la noticia, un siglo después, llega la noticia del descubrimiento de América; todo eso que se había venido cocinando providencialmente, todo ese fervor, ese hervor de los conventos reformados, con lo que empieza con Catalina y con Raimundo, esos conventos reformados son los que dan, los grandes héroes y genios, que van a entrar en la predicación, en la primera evangelización, de este continente. Entonces por eso encontramos a un Pedro de Córdoba, por eso encontramos a un Antonio de Montesinos; esos no se volvieron profetas, cuando pisaron tierras de lo que hoy es América. Ellos venían de un régimen de liturgia, de oración, de penitencia, de amor a Dios. Y desde ese fervor sacan la fuerza, para denunciar, el pecado pase lo que pase, -hay que denunciar el pecado-. Y ese es el famoso sermón de Adviento del que hemos oído tantas veces; lo mismo la conversión, entonces, de un Bartolomé de las Casas, seguramente sabemos, Bartolomé de las Casas era un encomendero, puede decirse que un explotador no de máxima crueldad, pero era un explotador. Y él se convierte por la predicación de estos dominicos y se contagia de ese fuego. Y cruzó decenas de veces el Atlántico ¡movido! porque esto es ¡movimiento!, ponerse en movimiento. Y luego Francisco de Vitoria en Salamanca no se queda tranquilo; él no se queda simplemente enseñando, haciendo una arqueología teológica; a él le duele, lo que está pasando, con esos aborígenes y desde su dolor y desde el fuego que le quema, entonces empieza a perfilar lo que después sería -el derecho de gentes- En mi tierra, en Colombia, tenemos a este gigante de la penitencia y la santidad, San Luis Bertrán. Pero ¿dónde se había formado?: en los conventos, reformados del sur de España, particularmente en Valencia. Entonces todo empieza. ¿Cómo? ¿Cómo se prepara una evangelización? se prepara con hogueras que Dios va produciendo, llama corazones fervorosos, gente que se toma el cuento, en serio y luego superiores, lúcidos, que se dan cuenta dónde, está el fuego y que van ayudando, para que ese fuego se propague, que no sea extinguido por la indiferencia, por la burla, que siempre vendrá de parte del mundo. Pero en la Iglesia tenemos que ser mejores, en ese sentido. Así que hay que pedirle a Dios, en primer lugar, que encienda muchas hogueras y esas hogueras ¿donde están? pues esas hogueras pueden estar en ustedes o, ya estarán en ustedes, tal vez. Cada vez, que una consagrada o que un consagrado, toma en serio su vocación y dice: -es que yo le estoy respondiendo no, a esta persona, ni a esta persona, ni a este libro; yo le estoy respondiendo a Jesús que me amó y se entregó por mí-. Cada vez que eso sucede, ya una pequeña llama nace en ese corazón de esa religiosa. Y cuando esa hermana, vive su vocación y trata de contagiar a otras, eso va formando una hoguera. Y así las comunidades se renuevan y así, se van atrayendo nuevos corazones y así se cumple el deseo de Cristo. Cuánto desearía que ya estuviera ardiendo.

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