Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Para llegar a la verdadera paz hay que enfrentar más de un conflicto y tomar más de una opción fuerte y radical.

Homilía co20004a, predicada en 20130818, con 4 min. y 34 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Las lecturas de hoy, podemos decir que no son las más amables. La palabra que sobresale mayormente en el Evangelio de hoy, capítulo doce de San Lucas, es la palabra división. Jesús dice que, -Él viene a traer división-. Y esto puede parecer una contradicción porque Él es llamado, -Rey de paz, Príncipe de paz-; y ¿qué clase de paz es la que trae, una persona que produce división?. Pero es que la división que trae Cristo, no es el final de la historia, sino es parte del proceso de conversión.

Es decir, cuando Cristo dice que ha venido a traer división, ese no es el fruto final de su misión. El fruto final será siempre, la paz. Pero para llegar a esa paz, primero hay que pasar por más de un conflicto; y ese conflicto, -el que cada uno tiene que vivir- en su proceso de conversión, en cierto sentido es inevitable, hasta el punto que, si uno no encuentra combate, dentro de uno mismo, y si uno no encuentra obstáculos, incluso en la propia familia, quizás, es que no ha vivido ninguna conversión.

La primera lectura del profeta Jeremías, nos presenta un cuadro semejante. Jeremías es un hombre que está denunciando, una cantidad de males, del pueblo de Israel en aquella época, estamos hablando del siglo sexto antes de Cristo. Jeremías denuncia, por ejemplo, la terrible desigualdad social, la injusticia que se comete, contra los pobres; Jeremías denuncia la fe falsa, la fe vana, de los que creen, que porque tienen un templo y se aferran a ese templo como un fetiche; con eso ya están a prueba y con eso ya están seguros.

Pues resulta que Jeremías tiene que decirles que esa no es verdadera seguridad, -que así no es-; y por supuesto, esto produce enemigos. Y esos enemigos quieren acabar a Jeremías. Luego también resulta que hay algunos amigos de Jeremías y entonces el rey, que en realidad, no tenía ninguna autoridad o tenía muy poca autoridad; primero condena a Jeremías y luego lo absuelve.

Pero lo que hay que destacar es que Jeremías, al denunciar los pecados, produce incomodidad y el que incomoda, se vuelve fastidioso y finalmente es atacado.

Es a esa clase de división a la que se refiere nuestro Señor Jesucristo: -el que denuncia el pecado va a encontrar enemigos-. Y ¿por qué encuentra enemigos? Porque el pecado tiene ventajas. Porque el que roba, el que soborna, el que miente, el que intriga, el que adultera, encuentra alguna ventaja en su pecado.

Y cuando llega a Cristo, que es el camino de la santidad de Dios para nosotros, pues no puede estar al mismo tiempo, Él y nuestro pecado. Y la salida del pecado no es fácil; el pecado, como... como una garrapata, hunde, hunde sus patas y?, y quiere sostenerse en nuestra vida, -no sale fácilmente-. ¡Por eso!, por eso se produce la división, por eso se produce el conflicto; pero de inmediato nos damos cuenta que ese conflicto es solo una parte, es solo un momento, dentro de la historia.

A medida que vamos avanzando, en el camino de Dios, ese conflicto interior, ese encanto que era un encanto mentiroso del pecado, empieza a cesar, empieza a desaparecer; y cuando desaparece ese encanto, entonces la persona se siente más unificada interiormente.

Lo mismo sucede en la familia, claro, cuando en una familia que está acostumbrada a vivir de cualquier manera y con valores muchas veces falsos, es decir, con -antivalores- y una persona se convierte, encuentra resistencia y encuentra burla y encuentra persecución. Pero si esa persona persevera y si Jesús sigue avanzando en esa familia, llega un momento en el que la familia se une en torno a Cristo y ahí llega una paz que es paz verdadera.

Así que bienvenida la división, si es denuncia del pecado y bienvenido ese momento, sobre todo, ese momento, en el que, encontramos nuestro verdadero bien en Dios y podemos también percibir la verdadera paz.

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