Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo nos enseña a dar el valor justo a las cosas presentes a la luz de lo permanente, lo próximo y lo que es genuinamente sabio.

Homilía co19007a, predicada en 20160807, con 15 min. y 44 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, el Evangelio que hemos escuchado: tiene un tema en común, con el Evangelio del domingo pasado. Por supuesto, cada uno de ustedes recuerda perfectamente, el Evangelio del domingo pasado; y yo podría preguntarle a cualquiera, aquí en público, pero -no lo voy a hacer- porque evidentemente ¡todos! podrían responder muy bien..., -los noto nerviosos-.

El domingo pasado, el Evangelio, nos presentaba, el caso de aquel rico, que tuvo una gran cosecha. Aquel hombre, que estaba apegado a sus bienes, aprisionado, por su egoísmo y que, creyéndose, un éxito, resultó ser un fiasco de ser humano. Fiasco, que se resume en la frase que le dice Dios, -interrumpiendo- el monólogo egoísta de este ricachón. La frase de Dios es: -¿"lo que has acumulado, para quién será"?-.

El Evangelio de hoy: vuelve al tema de los bienes temporales o mejor, la relación entre los bienes temporales y los eternos. Indudablemente es un asunto, que a todos nos atañe, no solamente, a los que pueden tener quizás, mucho dinero o grandes cosechas, como el rico del domingo pasado.

A todos nos atañe, porque los bienes de esta tierra, todos, los hemos recibido de distintas maneras. Y si empiezas a contar por tu salud, por tu inteligencia, por tus amigos o por otras cosas y tesoros que tienes; algunas veces intangibles, te das cuenta que hay que preguntarse muy a fondo, ¿qué es lo que estamos haciendo, con lo que Dios nos ha dado?.

Y es ahí donde, el Evangelio de hoy nos trae tres claves -tres-; que son luces que nos da Cristo, para que aprendamos a relacionar, el presente con la eternidad, el mundo con lo que supera, este mundo y la tierra con el cielo.¿Cuáles son esas tres claves? Las resumimos en estas palabras: lo permanente, lo próximo y lo sabio.

A lo largo de las palabras del Señor, en el pasaje que hemos oído; que está: en el capítulo doce de San Lucas. Aparece ese contraste, que describo con esas tres palabras, lo permanente, que hay que contrastar con lo transitorio; lo próximo, que hay que contrastar, con lo que creemos seguro y lo sabio que hay que contrastar, con lo necio.O sea que en el fondo, Cristo está utilizando tres contrastes, para que, de esas comparaciones brote luz, una luz que nos guíe, para ese tema tan importante: ¿Cómo administrar con sabiduría, con acierto, los dones de la vida presente?.

Miremos entonces, el primer contraste, entre lo permanente y lo transitorio. Referido a esto, nos dice Cristo: -"Consíganse bolsas que no se destruyan, acumulen en el cielo un tesoro, que no se acaba"-. Ahí está el contraste, entre lo permanente y lo transitorio. Porque hay que llamar transitorio, todo aquello, que tenemos que dejar a la boca de la tumba; -hay que llamar transitorio, todo aquello que no podemos llevar a la eternidad-. Según la comparación, ahora ya -famosa- del Papa Francisco, -"nunca he visto un funeral que lleve detrás un camión de mudanzas"-.

Cristo nos invita: a centrar nuestro corazón en lo permanente, y lo permanente siempre es: siembra. Lo permanente, siempre es, lo que viene del amor que se da, no del egoísmo que retiene; lo que retenemos, lo perdemos,lo que damos lo ganamos. Repito: -lo que retenemos lo perdemos, lo que damos lo ganamos-. Y por eso, el contraste, entre lo permanente y lo transitorio. La aplicación a nuestra vida, claramente está: en esa frase que acabo de decir... ¿Estoy empeñando mi vida en lo permanente o en lo transitorio?; ¿estoy en la lógica del egoísmo que retiene y que al final perderá?. O ¿estoy en el camino del que da y al final recoge? Ese es el primer elemento de contraste, lo permanente.

El segundo elemento de contraste se llama, lo próximo. Cristo lo describe, por medio de la comparación de una espera, una vigilia, ese aguardar al amo que ya casi, llega pero no sabemos cuándo. Referido a este punto nos dice Jesucristo: -"Estén ¡listos! con la túnica puesta y las lámparas encendidas; sean semejantes a los criados que están esperando a que, su Señor regrese"-. Lo próximo. Y, ¿cuál es ese, regreso del Señor? Por la descripción que nos hace Cristo, el regreso del Señor, es el momento en el que hay que presentar las cuentas. Claramente, es la visita definitiva y esa visita definitiva para nosotros es: el final de la vida, -es la hora de la muerte-.O sea que al hablarnos de lo próximo, también nos está haciendo el contraste con lo que uno cree seguro...

Llama la atención, el ejemplo de un joven polaco, llamado -Maciek- -Maciek-. Ese joven murió hace poco, hace un par de meses; Fue de los más entusiastas colaboradores en el comité que preparó la Jornada Mundial de la Juventud. Fue el que diseñó el logo de la Jornada Mundial de la Juventud, en su versión dos mil dieciséis. Un joven sumamente talentoso y lleno de vida, no un católico que fuera demasiado fervoroso, pero sí un hombre que a lo largo de la enfermedad que le aquejaba, descubrió, la proximidad de la muerte y con ello la cercanía del Señor.

El Papa Francisco, al inaugurar oficialmente la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, Polonia, hizo alusión a esta historia de Maciek y recuerdan, los que trabajaron y vivieron con él; cómo las expectativas y los valores de Maciek, cambiaron a medida que la enfermedad avanzaba. Cuando estaba en plena salud, siendo un muchacho de dieciocho o diecinueve o veinte años, él imaginaba una vida larga, talentosa, exitosa, en la cual Dios ocupaba un lugar claramente, secundario o terciario. Se supone que hay un Dios; se supone... que hay que ser creyente. Pero en ese momento, él se sentía tan dueño de su juventud y de su fuerza, que no parecía tener gran necesidad de Dios. A medida que el cáncer avanzaba, Maciek se fue dando cuenta, de que todo eso que él consideraba seguro, no era tan seguro. Maciek se dio cuenta de que esa larga vida, no iba a suceder, que ese éxito no iba a llegar, que ese hogar que había querido no iba a acontecer. Y a medida que tuvo que despedirse de lo que consideraba seguro; tuvo que saludar lo que en realidad, estaba próximo y lo que estaba próximo era, la visita del Señor; como dice, el evangelio de hoy.

Es un tema muy querido por muchos predicadores: -La proximidad y la incertidumbre ante la muerte-. Y es evidente que la única actitud correcta, es aferrarnos a la certeza de que, -el Señor está cerca-, y por consiguiente, valorar delante de Él, cada cosa. Lo que tiene valor ante Cristo, ¡Eso vale!. Lo que será valioso, presentarle a Cristo en esa muerte, quizás próxima; -¡eso vale!-. Lo demás no vale demasiado. Lo demás ¿para qué existe?. Lo demás existe: para que lo administremos con sabiduría Y esta es la tercera enseñanza de hoy.

Lo primero fue el contraste entre lo permanente y lo transitorio; lo segundo fue el contraste entre lo próximo y lo que uno cree, ya seguro; porque, uno cree que va a tener, y va a tener y va a tener,... y no es así;- El número de los días es contado-. Lo tercero es el contraste entre lo sabio y lo necio. Y Jesús en el pasaje de hoy nos da una clave importantísima, sobre ¿cuál es la verdadera administración sabia, de las cosas de esta tierra?.

He aquí las palabras con las que nos enseña el Señor: Dice aquí: -"Supongan que un administrador, puesto por su amo, al frente de la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia"- Ese es el camino sabio, y ese soy yo; -y ese eres tú, esa eres tú-.

¿Cómo así? Fíjate las palabras tan cuidadas, tan perfectamente escogidas, que utiliza Cristo. El único dueño es el Señor: Nosotros, ¿que somos?: -administradores-; el dinero que tengo, ¿para qué lo tengo?, para administrarlo; los estudios que tengo, ¿para qué los hice?, para darle luz, para darle sabiduría, para darle guía a otras personas; para servir a otros. Todo lo que he recibido, lo he recibido para entregarlo. ¡Ese es el criterio!. Eso es lo que significa la palabra administrador. Todo lo que he recibido, lo he recibido, para entregarlo.

Pero además, dice Cristo: -"ha sido puesto por su amo, al frente de la servidumbre"-. Eso quiere decir que hay personas que yo tengo a mi cargo? Personas que yo, tengo a mi cargo, ¿quienes son?: para el papá serán, por ejemplo, los hijos, para el profesor serán, por ejemplo sus estudiantes, para el médico, sus pacientes y así sucesivamente; para el sacerdote, por supuesto, sus feligreses. Cada uno de nosotros tiene alguien a cargo.

Ninguno debe caer en la frase egoísta y homicida de Caín. ¿?Soy yo acaso guardián de mi hermano?? Con esas palabras, Caín pretendía, desentenderse de toda responsabilidad con el prójimo. Por eso fue castigado. Nosotros, hermanos, no nos volvamos discípulos de Caín, que creía que no tenía responsabilidades. Cada uno las tiene y eso nos lo recuerda Cristo. -Estás al frente de servidumbre-. Ciertamente, esa servidumbre, no es servidumbre ¡tuya!, es: servidumbre del Señor, es decir, gente que finalmente, tiene su dueño, y ese dueño es el Señor.

Pero qué interesante, lo que dice Cristo -"el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos"-. Es decir, que en el acto de dar y de darnos a los demás se requiere inteligencia. Inteligencia requiere el profesor para adelantarse, pero solo un poco, a los obstáculos que pueda encontrar el estudiante. Inteligencia requiere el médico, para saber en qué momento, el paciente tendrá la tentación de dejar el tratamiento; Inteligencia requiere el papá, para no pedir perfección de su hijo y sin embargo, tampoco abandonarlo. Eso se llama dispensación; eso se llama, providencia. Y así como Dios es providente, cada uno de nosotros está llamado a participar de la providencia de Dios. Ser providente es entender que hay un bien, que le pertenece a mi hermano, pero que la comunicación de ese bien no debe darse de modo atropellado, como es una inundación, sino de modo pausado, como es, una lluvia a tiempo.

Eso es ser providente, saber llover a tiempo, saber dar lo que hay que dar, cuando hay que darlo. Y esos son los consejos que nos da Cristo para que aprendamos a vivir en esta tierra y para que aprendamos, mientras caminamos en esta tierra, a orientarnos hacia el Cielo.

No lo olvides. Tres contrastes lo permanente que te enseña a no idolatrar lo transitorio; lo próximo que te enseña a relativizar lo que crees muy seguro; y lo sabio, que te enseña, a desechar tanta necedad que se aproxima, al corazón humano y que quiere adueñarse de él. Que esta misericordia nos conceda Cristo, a quien sea la Gloria por los siglos. Amén.

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