Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es el momento de escoger qué es lo que queremos para cuando lleguemos al final de esta vida: perderlo todo ó ganarlo todo celebrando la entrada a la eternidad.

Homilía co19006a, predicada en 20160807, con 5 min. y 20 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

El Evangelio de hoy es tomado del capítulo número doce, de San Lucas: Encontramos a nuestro Señor Jesucristo, enseñándonos sobre la relación, entre, los bienes de la tierra y los bienes del cielo. Es un tema que ya aparecía, el domingo pasado con aquella breve parábola, del rico que tuvo una gran cosecha. ¿Qué nos aporta el texto de hoy? Como siempre. Muchísimo, porque la Palabra de Dios es inagotable.

Por ejemplo, en primer lugar, está, un tema que podríamos llamar: -el gran negocio-. El gran negocio, para una persona metida, en las cosas de este mundo, es cuando yo invierto poco y ganó muchísimo; eso sería un gran negocio.

Podemos decir, que Jesús nos propone también, a su manera, un gran negocio, porque, nos dice que: -aquellas cosas, que nosotros gastamos bien; y gastamos, para el bien, en esta tierra, pues nos aseguran: los tesoros perdurables del cielo-.

Pensemos en el caso de una enfermera: las labores que ella realiza, tienen que ver, con las cosas de esta tierra; entre esas labores está: el cuidado de los enfermos, la administración de los medicamentos, el tomar ciertas muestras, el llevar un control de las señales vitales; todas esas son acciones que? se realizan en esta tierra. Pero si ella tiene, en su intención, verdadera caridad, verdadero deseo, de hacer el bien a esa persona, entonces esas acciones, que hasta un cierto punto pueden parecer mecánicas, adquieren un valor sobrenatural. Es lo que podemos llamar un gran negocio, porque estamos haciendo cosas, para esta tierra y, sin embargo, estamos ganando para el cielo. Lo que hace la diferencia, ¿es que?: -la intención-, la manera como nosotros ofrecemos aquello que hacemos, día a día.

Esto significa también, que muchas de las cosas que hacemos, pueden adquirir, ese inmenso valor sobrenatural. Un santo como Martín de Porres, hizo una gran cantidad de cosas, que son completamente ordinarias, como, por ejemplo: preparar una comida o como... barrer un pasillo, Pero si esas cosas se hacen con la intención, de agradar a Dios y con el deseo, de hacer un verdadero bien, a nuestros hermanos; adquieren un -valor inmenso-.

Ese es el tema del gran negocio, y lo mejor de todo, es que, ese negocio, lo puedes hacer tú, lo puedo hacer yo; está absolutamente, abierto a todos. Y sabes ¿cuándo podemos empezar? Desde hoy, desde ya, desde este momento. Aún las cosas más sencillas, las podemos ofrecer, con amor, al Dios, que nos ha amado tanto.

Otra enseñanza, que nos trae este evangelio: es que, nos dice que: -donde está nuestro tesoro, allí está nuestro corazón-. Y el grave problema es que, cuando termine nuestra vida, definitivamente, no nos quedaremos aquí. Eso significa, que una persona que solamente ha acumulado, tesoro para esta tierra, al momento de morir, lo pierde todo. Por el contrario, una persona que ha puesto su tesoro, en el cielo al momento de morir, -lo gana todo-.

Es hermoso: recordar la manera como han muerto muchos santos. Así, por ejemplo, Santa Teresa del Niño Jesús, con una gran certeza, con una absoluta confianza en la misericordia divina, dice: -"Voy a gastar mi cielo, haciendo el bien en la tierra?-, es decir, para ella lo mejor de su existencia, estaba a punto de empezar; no, había cumplido veinticuatro años de edad.

Tendría, unos cincuenta o cincuenta y un años de edad, Santo Domingo de Guzmán cuando murió. Y también, él consideraba, que su tiempo... en el cielo, era, el mejor tiempo; claro que ya no es tiempo: -es eternidad-, pero es como, la mejor fase de su vida. Estos santos tenían la convicción de que entraban en lo mejor de su existencia.

Valerosísimo: el testimonio, por ejemplo, de los mártires jesuitas en Japón. La manera como ellos, con un gozo incontenible, saludan la llegada de la eternidad, es porque, ellos sabían, que iban a entrar, -en la verdadera vida-; sabían que, -morir era ganar-. Mientras que, al que ha puesto todo su todo su tesoro en la tierra, pues morir, significa perder.

Así que este es el momento de escoger, qué es, lo que nosotros queremos, si queremos al final de nuestra vida, perderlo todo o si queremos ganarlo todo.

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