Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No hay mayor pobreza que pretender retener lo que al final tendremos que entregar.

Homilía co19004a, predicada en 20130811, con 4 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Una de las características del evangelista Lucas: es el énfasis, en el lugar, que los pobres ocupan, dentro del plan de Dios. Sin embargo, cuando... Lucas habla de los pobres, no se refiere a una clase social; no es un grupo estable, es más bien una condición humana; que nos afecta de muchas maneras y que en realidad encierra una bendición.

¿Qué queremos decir con una condición humana? Queremos decir: que es algo, que es propio de nuestra existencia, algo que tal vez rechazamos y que, sin embargo, es propio de nuestra existencia. Porque, ¿qué es aquello que en realidad poseemos?, ¿qué es aquello que en realidad tenemos?, si al final todo, hay que entregarlo: ¿de verdad lo poseemos?

Esa es la perspectiva audaz, que propone el evangelio, de este hermoso domingo. Repito la pregunta: Si en verdad es tuyo, ¿por qué tienes que devolverlo? si, en verdad lo posees, ¿por qué, al final tienes que entregarlo? Y la conclusión que saca, San Lucas es que: nosotros, no somos tan dueños como, creemos. El poseer es un espejismo, el creer -uno-, que tiene muchas cosas, es una ilusión; una ilusión que resulta: muy costosa y muy dañina para, los que necesitan, lo que a nosotros nos sobra; pero, que, además, nos hace daño a nosotros mismos.

El que no comparte, en primer lugar, se destruye a sí mismo. En efecto: al concentrar su corazón, al apegar su corazón, a aquello que va a perder; está escogiendo la peor de las pobrezas, porque llegando, al final de su vida; descubrirá, que nada tiene para la eternidad. De modo que: el que, se considera muy rico, quizás porque es -muy astuto, porque es muy hábil-, se está haciendo un daño irremediable, -le hace un daño a los demás-, al no compartir, los priva, a veces de bienes muy necesarios.

Pero Lucas quiere destacar que se hace un daño a sí ¡mismo! y por esta razón, nos da ese lenguaje, que viene del corazón y de la boca de Cristo. ¡Administradores!, administradores ¡que tienen!, administradores ¡que tenemos! que entregar cuentas, de lo que hemos recibido.

Cuando se piensa en que esa es la condición humana, uno entiende que la verdadera vocación nuestra, no es la de retener, sino la de permitir, que fluya; permitir que llegue, a otros.

Solamente, cuando me convierto: en prolongación de la generosidad divina, entró a participar del único que es verdaderamente rico, es decir, ¡Dios mismo!; O sea, que sí, hay una manera de ser rico y es participar de la riqueza de Dios, y se participa de la riqueza de Dios, no reteniendo, sino siendo como Dios: que... distribuye, que... otorga, que... concede, que da.

El que se une, a la generosidad de Dios, participa, de la riqueza de Dios. Pero esto, solo se entiende, cuando uno, lo ¡vive! Gracias a Dios, mucha gente lo ha vivido y mucha gente ha descubierto, que es verdad lo que dice Jesús: "Hay más alegría en dar que en recibir". Y en ese momento, uno descubre, que no hay mayor pobreza, que retener; ni hay mayor riqueza, que compartir.

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