Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Homilía co19003a, predicada en 20100808, con 13 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Amigos: Le doy gracias a Dios por este reencuentro que me permite, tener con nuestra querida comunidad, hispanohablante, aquí en Dublín.

Bendigo al Señor por todo, el peregrinar en la fe, el caminar en la fe; que se ha tenido, durante estos meses. El Padre Rodrigo les deja un saludo afectuoso: está fuera de Irlanda, un par de semanas. Y también; aunque no está aquí presente, le doy gracias a él, por su servicio, por su ministerio sacerdotal.

Las lecturas de hoy son bastante abundantes en cantidad y en calidad. Cantidad, por la extensión de los textos, calidad por todo lo que podemos aprender.

Para llevarnos algo definido a nuestras casas; permítanme, que subraye una palabra en el Evangelio que acabamos de escuchar. Creo que es una palabra increíblemente iluminadora: -Administrador- Jesús, quiere que cada uno de nosotros, se vea como un administrador; y, yo creo que esta palabra: nos ilumina en muchos aspectos. Administrador significa, que: no soy exactamente el dueño, sino que, lo que yo he recibido, lo he recibido precisamente para: ponerlo al servicio, ponerlo al servicio de mis hermanos, ponerlo al servicio de Dios.

Administrador: significa, que cada uno de nosotros ha recibido algo, de manera que esta palabra nos preserva al mismo tiempo, de la arrogancia y de la depresión. Porque la arrogancia es creerse uno, como muy dueño de lo que tiene, y la Biblia, contradice esa manera de pensar. San Pablo, por ejemplo, nos dice: pero tú, ¿qué tienes que no hayas recibido? Entonces, la palabra: -administrador- nos ayuda a evitar la arrogancia, pero también, nos ayuda a evitar los complejos de inferioridad y a evitar la depresión. Administrador también, quiere decir: que sí, hay algo en tus manos, que sí, hay algo que puedes hacer, que no estás completamente desprovisto, de dones y talentos. Y por eso, tal vez lo que hace falta, muchas veces es: descubrir esos talentos y ponerlos a trabajar.

Así que, por eso, me gusta mucho la palabra: -administrador-. Que cada uno de nosotros pueda descubrir las riquezas que Dios le ha dado, que a veces no las conocemos; y que las pongamos al servicio de nuestros hermanos, en el nombre del Señor; y con gran generosidad y con gran alegría.

Los talentos y las cualidades son muchísimas. A veces, uno mismo, repito, no se da cuenta de lo que tiene. Si tomamos, por ejemplo, la palabra inteligencia: la inteligencia hoy se sabe que tiene muchas dimensiones; inteligencia no es únicamente ser bueno, ( qué sé yo), para ciencia o para matemáticas.

Hay toda una inteligencia que se necesita para el trato interpersonal. Hay una inteligencia que se necesita para la distribución de los espacios, esto, que hacen los arquitectos, los ingenieros, y esa es una inteligencia, que yo, por lo menos, no la encuentro mayormente en mí mismo y la admiro muchísimo, en quienes, la tienen. Un buen arquitecto hace maravillas con unos recursos muy limitados.

Existe una inteligencia que tiene que ver con la expresividad corporal y es algo maravilloso... ¿Quién, de nosotros, no admira, una danza o una buena actuación? -esa es inteligencia también-. Hay una inteligencia, que le permite a uno, conocer con mayor facilidad, lo que las otras personas están, viviendo dentro. Hay gente que puede tener una gran inteligencia teórica, para filosofía o para física, pero resultan, perdón, la palabra, -notoriamente torpes-, para comprender lo que otra persona está viviendo; entonces, ¡qué! hermoso cuando, hay gente, que tiene esa inteligencia que le permite, conectar, -no es simplemente sentimiento-, que es, lo que uno suele pensar cuando se habla de empatía; es algo más profundo, es toda una conexión-, que se hace con la otra persona.

Pensemos que también son dones y talentos: las facilidades que algunas personas tienen, para los idiomas o para distintos tipos de estudios; o también son dones y talentos: los recursos que tú tienes de... de, tu economía, de tu dinero, de -de- los estudios que has podido hacer; son recursos que tú tienes, las amistades con las que tú cuentas.

Muchos de nosotros, al llegar a un país extranjero, lo que necesitamos, a veces, no son muchas palabras, sino necesitamos alguien que nos ¡conecte! -a ver dónde voy a vivir-, con quién voy a salir, dónde consigo amigos, dónde consigo un médico. Y hay otras personas que tienen una cantidad... de conocidos, tienen una red muy grande, en su cabeza o en su teléfono celular; -esa es una riqueza-, ponla a funcionar; No te quedes con ese conocimiento.

Piense usted en la música, por ejemplo. La música es una cosa extraordinaria. Los músicos hacen cosas fantásticas. A veces las hacen maravillosas y muy buenas; otras veces sirven para envenenar el cerebro de la gente. Un músico, un artista, un actor tiene un poder increíble: y la gente lo sigue, y lo sigue y lo sigue. Pues, esas personas, tienen que administrar bien, ¡Eso!, porque... si hay millones de jóvenes que te están mirando, pues tú no puedes vivir, de cualquier manera. -Tú tienes, una responsabilidad incluso, frente a la historia, frente a Dios-.

El poder, si tienes un cargo público, si eres profesor, por supuesto, si eres sacerdote, todos esos son talentos que tenemos que administrar.

Así que el Señor nos invita, a que nos veamos cómo -administradores-, administradores fieles, que saben dar, a las demás personas, lo que necesitan y cuando lo necesitan.

Otra mirada a esta misma palabra, tiene que ver con esa... tensión o diferencia o disputa, entre sistemas económicos. Cuando... yo era joven, en tiempos pasados, eso fue el siglo pasado. Se hablaba de capitalismo y de comunismo. El capitalismo, pues deja los recursos en manos, usualmente, en manos de unos pocos; y ya sabemos el estribillo -los ricos cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres-. Entonces, llega el socialismo y dice: que los medios de producción, tienen que pertenecer a la clase obrera; la idea suena bonita, pero entonces, ¿cómo va a hacer, que la clase obrera, va a volverse dueña de los medios de producción? -Pues a través del partido de gobierno-, pero el partido tiene que tener jefes, y entonces los jefes del partido terminan siendo, intocables y perpetuándose en el poder. Y viene toda esa famosa -corrupción burocrática- que ya la conocemos bien en los países comunistas, junto con otra serie de males: espantosos, mordaza para la prensa, represión y desapropiación de bienes, en fin...

Es decir, hay este problema muy grande, el problema de los sistemas económicos. Uno puede decir que, Jesús también nos está proponiendo algo, y algo buenísimo, en términos de sistemas económicos. Si nosotros tomamos la palabra administración en serio, pues entendemos: que la clave está en esa palabra. La idea no es que el rico se haga cada vez más rico, porque eso -no- es administrar; -administrar es para todos-.

Pero la clave tampoco es, desposeer al rico, para crear un nuevo rico, aunque no tenga nombre de rico, -que eso, es lo que hace el comunismo-.

Entonces, la clave está en que cada uno de nosotros, descubra que: ¡sí! es, y qué tiene, que ser administrador, de los bienes que ha recibido. En la Iglesia Católica tenemos una tradición maravillosa de esta enseñanza. Yo solo les recuerdo dos momentos estelares. Allá, en mil ochocientos noventa y uno, el gran Papa León Trece, hablaba sobre este tema, en una encíclica que se llamó: Rerum Novarum y básicamente, lo que decía: el Papa León Trece era: -"que no se puede caer en las garras del sistema... socialista comunista, sino que lo que es necesario, es que cada uno asuma su responsabilidad social"-.

Más de cien años después, viene a ser el Papa Juan Pablo Segundo el que nos dice esta hermosa frase -"todo bien que nosotros poseamos, tiene una hipoteca social"-. Entonces, un verdadero cristiano no puede decir simplemente: ¡este es mi carro y yo hago con mi auto, mi coche, mi carro, yo hago lo que a mí se me dé la gana, porque es mío!; ¡estos son mis vestidos, estos son los noventa vestidos que me compré el mes pasado y son míos, porque yo los pagué, con mi plata!; -no puede decir eso simplemente-, el hecho de que tengas muchos..., ceros en tu cuenta bancaria, no significa que ese dinero, es solamente tuyo; ¡Tienes!, una responsabilidad social.

Mi sensación es que si nosotros tomáramos en serio esa responsabilidad social, pues por supuesto, desaparecerían muchas injusticias; que son las que a la larga vienen a producir violencia. De ¿dónde vienen problemas de guerrillas? Y de ¿dónde viene eso de que unos pocos se monten en el poder y luego no quieran... bajarse de ¡ahí!, por ningún motivo?; ¿de dónde viene?

Pues viene de que hay un caldo de cultivo, que se ha venido haciendo, en muchos de nuestros países en Latinoamérica; -sabemos de eso-; y ese caldo de cultivo ha sido: el desposeer sistemáticamente al pobre de oportunidades; y ese caldo de cultivo ha sido, burlarse, de las esperanzas de los pequeños. Y entonces, cuando la gente lleva años y años de desesperación, llega, cualquier persona, y utiliza un lenguaje facilito, demagógico y les dice: -Llegó el turno del pueblo-. Y se monta en el poder por los siglos de los siglos. Amén;

Eso no acaba nunca, pero, el caldo de cultivo fue lo que hizo posible eso. Y ese caldo de cultivo fue, la injusticia de muchos que creían, ilusamente: ¡esta es mi plata, esta es mi cuenta bancaria! o cosa parecida. ¡-Mis amigos-! Todos tenemos la alegría y el deber de ser administradores, de una forma o de otra.

Una última palabra, que creo que puede resultar inesperada, -los papás-. Yo creo que esa es la administración, entre comillas, la más sublime de todas.

Mi papá, le decía a mi mamá: y era un lenguaje en el que ellos se entendían muy bien; -los hijos son prestados-. Y esto ¿qué significa?, pues, lo que estamos ¡diciendo!, que tú tienes una tarea, pero no son tuyos, no eres el dueño de sus vidas; tienes una tarea, para entregarlos, al servicio de la sociedad, para que sean: buenos ciudadanos, para que mejoren el mundo, para entregarlos al servicio de Dios, para que, la fe que han recibido la sepan transmitir también.

Yo creo que esa es una de las más sublimes formas de ser administrador; para aquellos, que son papás o que van, a ser papás. Tiene que ser algo muy hermoso: ¡mirar!, tal vez, a un bebé, tal vez, un pequeñito, y decir: tanta confianza me ha tenido Dios, tanto ha confiado en mí, que me ha dado este tesoro; tengo que cuidarlo, tengo que formarlo, educarlo de la mejor manera y tengo que ¡disfrutarlo!, también, porque es una gran alegría, que Dios me haya amado tanto.

Con estos sentimientos y con la alegría de ser todos, comunicadores de los bienes del cielo, les invito a que nos pongamos de pie y renovemos nuestra fe.

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