Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay que estar atentos a las diversas maneras como Dios nos visita.

Homilía co19002a, predicada en 20070812, con 3 min. y 15 seg.

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Transcripción:

El sentido inmediato, de esta parábola de Cristo es, relativamente claro.

Jesús no quiere, que nosotros nos enredemos tanto, con las cosas de este mundo; que estemos como, adormecidos por los placeres... o las, o las, ocupaciones de esta tierra; porque si estamos así: adormecidos, no literalmente, con sueño, sino, demasiado envueltos, demasiado atrapados por las cosas, los intereses, los negocios y los placeres de este mundo. Entonces no, vamos a tener el corazón ¡despierto!, para recibir su visita.

Y, las visitas de Él, son muchas: la visita que Él nos hace, cuando nos predica, la visita que Él nos hace cuando, envía sus ángeles, la visita que Él nos hace, cuando hace, descender su Espíritu, que entra, profundamente en nuestros corazones, la visita que Él nos hace finalmente cuando morimos, la visita que Él le hará, a la historia humana cuando llegue el final de los tiempos; ¡Son muchas las visitas!, y Jesús quiere: que estemos atentos a esas visitas.

Pero si uno está demasiado distraído, en las vanidades y negocios de esta tierra; es posible que... se pierda la visita de Jesús. Ese es, como el sentido más obvio. Pero hay un segundo sentido que es bonito. Jesús dice "Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre". Y yo creo que, si uno recuerda, el propio proceso de conversión; uno puede decir que: efectivamente, Dios llegó a la hora menos pensada. Es decir, la visita de Él no es únicamente como juez, sino también es la visita inesperada de su amor; es la visita inesperada de su gracia, de su sonrisa. ¿Quiénes éramos nosotros, para recibir el encuentro del Señor? ¿Quiénes éramos nosotros para que Él se dignara visitarnos? De modo que, podemos... darle ese sentido también positivo y alegre a la lectura de hoy.

El Señor también hace visitas inesperadas. Algunas de esas visitas, sin embargo, tienen un ropaje oscuro. Por ejemplo, la persona, que, a través de una enfermedad: -se convierte-; está recibiendo una visita inesperada de Jesús; y lo que él puede pensar es, que -ese Jesús es como-, el ladrón que le ha robado la tranquilidad, que le ha robado la salud. Pero ¡bendito robo!, bendito Jesús, cuando nos roba, esas cosas que nos impedían, mirarlo a Él, encontrarlo a Él, amarlo a Él.

Quedemos con esa certeza, hermanos, quedemos con la certeza del amor, que visita. Quedemos con la certeza del Señor que está a la puerta tocando, que quiere entrar. Quedemos con la certeza de que, ese amor de Él, no va a ser, en vano y abramos ampliamente nuestro corazón, para que cada vez que quiera visitarnos, estemos dispuestos a recibirle.

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