Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Caminos para llevar tus tesoros al Cielo

Homilía co18009a, predicada en 20190804, con 26 min. y 13 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos:

Las lecturas de este domingo tienen un tema bastante unificado; casi siempre en las lecturas del domingo; la primera lectura y el evangelio tienen una relación muy clara, pero a veces no es tan fácil de conectar, la segunda lectura, no es el caso de hoy. Hoy vemos que hay una relación muy profunda.

La primera lectura fue del Eclesiastés y nos muestra: cómo, hay tantas cosas absurdas en la vida; y una de ellas es que: -alguien que trabaja mucho se muere y deja todas sus riquezas a otro que no ha trabajado nada-. Ese absurdo nos invita a pensar: si esa riqueza es, verdadera riqueza, o si, solo es una especie de apariencia.

En la segunda lectura de la carta a los Colosenses, San Pablo directamente nos exhorta a que amemos y busquemos los bienes mayores, los bienes de allá arriba, los bienes del cielo. Y nos invita a que, con ese impulso sigamos al Resucitado, que ciertamente ha superado esta condición puramente terrenal.

En el Evangelio, la parábola de Cristo nos impacta, ¿a quién no le impacta? la pregunta, que hace Cristo en esta parábola, "lo que habías amontonado, ¿para quién será?" Pero al mismo tiempo Cristo nos hace una invitación, y esa invitación es a que -atesoremos en el cielo-. En otro pasaje del Evangelio nos dice, "lo que ustedes acumulan en la tierra siempre está en peligro"; de una manera muy gráfica explica: "Los vestidos se los come la polilla y los tesoros los pueden robar los ladrones, acumulen tesoros en el cielo, donde no hay polilla y donde no hay ladrones".

A partir de esa invitación tan clara de Cristo, que está, como dije: en este Evangelio, y que está, en el sentido general de las lecturas de hoy; hagámonos, una pregunta constructiva, ¿porque estas lecturas, en parte nos regañan? Nos regañan, si hemos puesto nuestro corazón demasiado en las cosas materiales; digámosle a Dios que, -le aceptamos el regaño en la medida en que es justo para nosotros-. Pero pidámosle también que nos enseñe entonces, ¿cómo se buscan? esos, tesoros de allá arriba que, dice San Pablo; ¿cómo se acumulan tesoros en el cielo?

Tomando varios pasajes de los Evangelios y diversas enseñanzas de la Escritura; quiero compartir con ustedes unos, cuatro o cinco consejos -que son precisamente recomendaciones para no quedarnos solamente regañados-. Un regaño; es útil: porque le dice a uno lo que ¡no!, debería hacer, pero queremos también, que nos enseñen lo que, ¡sí! deberíamos hacer.

Entonces, aquí van esos consejos: La primera recomendación o consejo es que: -pensemos en los bienes que no son materiales-. Como, eso suena un poco abstracto, entonces me voy al mundo del mercadeo:

La gente del mercadeo ha descubierto hace ya un buen tiempo, que las personas tienen una curva de felicidad. Por ejemplo, usted quiere comprar algo: -Un carro lujoso-, gran marca, gran máquina-; ese carro le va a proporcionar a usted una curva de felicidad; viene la expectativa, que va subiendo; viene el momento, en el que le entregan las llaves. Vamos a suponer que ese es el..., la cumbre de su alegría. Pero después de esa curva, empieza a descender por diversas razones: por ejemplo, cuando llega la cuenta del seguro, o cuando usted tiene que hacer los mantenimientos, cuando tiene que llevarlo al taller, o simplemente lo que antes era una, -tremenda expectativa-, después, se vuelve algo normal; (porque si algo tienen nuestros sentidos, es que, pronto se acostumbran a las sensaciones). Entonces, el primer día que usted entra a su carro nuevo, incluso ese aroma que lo han estudiado los científicos; -el aroma de carro nuevo- le da una gran alegría, pero ese aroma cambia y al cabo de unos pocos días ya no se siente; entonces, la curva de felicidad, declina rápidamente.

Por el contrario, hay otras cosas, que dan una felicidad no solo, más estable, que declina más lento, sino que puede incluso renovarse. Entonces dice la gente, del mercadeo: -en vez... de vender cosas, venda experiencias-. Porque una experiencia es algo que el ser humano degusta de un modo mucho más prolongado? -unas vacaciones, un curso de idiomas en otro país, una experiencia exótica en la jungla- es algo; que declina mucho más lentamente, y, además, cada vez que usted ¡lo cuenta!, cada vez que usted ¡lo recuerda!, vuelve y sube; no a la misma altura, pero vuelve y sube. O sea que incluso la gente del mercadeo ha llegado al descubrimiento de que las cosas, como tales, -objetos-, son muy poco capaces de dar felicidad; es una felicidad que tiene un pico alto, pero baja pronto y eso vale para: el reloj más fino, para el celular más costoso, para el carro más lujoso.

Entonces, la primera recomendación, que nos va poniendo en la ruta de acumular tesoros en el cielo es: piense usted en: ¿cuáles? son aquellos bienes, que son más permanentes, ¿cuáles son esos? -Esa clase de bienes-; ¿cuáles son?

-Bueno-, por ejemplo: el conocimiento; ¡No!, los libros, el conocimiento. Si usted invierte en conocimiento, ya está levantando, un poquito su nivel de felicidad; lo que usted aprende y que sea, -realmente útil- ya no es algo que le va a dar una felicidad tan pobre: es una felicidad, que es más duradera.

Sigamos pensando qué otra clase de bienes son también así, útiles y no simplemente materiales; piense usted en lo que significa nuevas relaciones, nuevas amistades. -Una amistad no es una cosa-: Si usted, pudiera aprender a hacer nuevos amigos, o si hubiera un lugar donde encontrarlos. ¡-Amigos de verdad!, claro; no, personas para amontonar en su Facebook, sino amigos de verdad-. Esas nuevas relaciones levantan, por encima de lo puramente material.

Pero si queremos realmente empezar a acumular en el cielo, siguiendo en esa misma ruta, de lo que no es puramente material, pensemos... en lo que significa: -hacer el bien, dar un buen consejo, escuchar a alguien que está atribulado, consolar a alguien que está muy triste-. Ese tipo de bienes ya, la Iglesia Católica los clasifica como obras de misericordia. Y esos bienes, no sólo son bienes, para la persona a la que usted ayuda o apoya, sino que son bienes que se quedan con usted. De manera que dar ese consejo oportuno, ayudar a esa amiga que está desconsolada, dar una guía, a la persona que quizás, iba a tomar la peor decisión de la historia; esos bienes ya clasifican como verdaderos bienes celestiales. Como estamos hablando entre creyentes, ahí entra también la oración, la oración que usted hace por esa persona.

Entonces, ¿cuál es la primera recomendación, para empezar a acumular bienes en el cielo?: Procure levantar la mente, levante esa mente de lo puramente material: -cosas? cosas, ropa, objetos, aparatos... ¡No!, no es suficiente: -levante la mente-, ¡Levante el corazón!; y empiece a buscar lo que es más valioso. Ya eso lo pone en la ruta, de acumular tesoros en el cielo.

Segunda recomendación: El ser humano busca de manera espontánea lo que llamamos transacciones. Una transacción es: yo quiero a mis amigos y mis amigos me quieren; yo invité a mis amigos a comer y luego mis amigos me van a invitar a mí. -Eso se llama lógica de la transacción-. La lógica de la transacción, es la manera espontánea, como, nuestra carne sometida a las consecuencias del pecado original, se comporta. Uno le sonríe, al que le sonríe, uno trata bien, al que lo trata bien y, por consiguiente, uno es indiferente, odioso o vengativo con la persona que le ha hecho mal.

Si usted se da cuenta, ese comportamiento, que es el de la lógica de la transacción, es también el comportamiento animal; -no quiero que nadie se sienta mal por lo que estoy diciendo-, pero, realmente ese es el comportamiento de los animalitos. Tú empiezas por ponerle comida a tu gatito, y tu gatico, va viendo dónde está la comida; Siempre quedará la duda de si, el gato quiere la comida o te quiere a ti; con los gatos eso, es casi imposible de resolver. Pero hay otros animales que son un poco más agradecidos. Pero ese animal que es cariñoso contigo, está haciendo, una transacción: tú lo trataste bien, él te trata bien; -eso es una transacción-, y si los animalitos, incluso las plantas, tienen esas transacciones con nosotros: eso, hace suponer, que todos esos bienes, son bienes puramente terrenales.

¡Ojo!, no dije que fueran males: dije: son bienes, pero son bienes puramente... terrenales. Jesús, por ejemplo, en el Sermón de la Montaña, nos invita a superar ese nivel. -El nivel de la lógica de la transacción-.

El pensamiento de Jesús; yo lo simplifico de esta manera: -Espero estar en lo correcto- cuando usted hace un favor y le pagan con otro favor, cuando usted trata a su amigo que, le sonríe y entonces usted le sonríe al amigo y el amigo le sonríe a usted. Usted ya quedó pagado. Es decir, en el banco del cielo, por utilizar esa expresión, no entró ningún depósito, no hubo ninguna consignación.

Pero... Cuando usted hace un bien a una persona que no puede o no quiere, devolverle ese bien, usted está rompiendo la lógica de la transacción. Todo favor que usted hace a una persona sin que esa persona lo agradezca, -porque no sabe cómo agradecerlo, porque no puede, o porque no quiere-; todo lo que usted haga, que es bondad para una persona, y no se le devuelve a usted, inmediatamente ¡queda!, depositado en el -banco del cielo-. Por eso, es muy importante romper la lógica de la transacción, porque la lógica de la transacción no es maldad, pero: -se queda solo en esta tierra-.

En cambio, la otra lógica que se llama -la lógica de la gratuidad-, es la que, inmediatamente: lo eleva a usted, a ese otro banco, a ese otro depósito, -el depósito celestial-. Entonces, la segunda recomendación es: -resulta importante-, que usted; si no, todo el tiempo; con frecuencia, empiece a: ayudar, servir, apoyar a aquel que no tiene cómo agradecer.

-Hay muchos modos de hacerlo-; Por ejemplo, las donaciones anónimas; ese es un modo de hacerlo. Jesús nos invita a cosas, que pueden parecer imposibles, pero que Él mismo las hace posibles, como, por ejemplo, -orar por los enemigos-. Una persona me trata mal, me insulta y esa persona de mí recibe oraciones, -yo le pido a Dios que la ilumine, le pido a Dios que cumpla su voluntad en ella-. Yo estoy respondiendo un mal que me hicieron con un bien que yo hago. A esa persona no le importa lo que yo haga, pero a -Dios sí le importa-.

Entonces. Para acumular tesoros en el cielo; otro recurso importante es este, ese recurso es: -superar la lógica de la transacción-. El primer consejo era: -No se quede pensando en cosas-, levante la cabeza por la línea de la... educación, los amigos, las obras de misericordia. La segunda recomendación es: haga el intento de hacerle un bien a una persona que usted no va a volver a ver en su vida, o una persona que no puede agradecer o una persona que no quiere agradecer. Esa es la manera de hacer depósito en el cielo.

Tercera recomendación: -A todos nos gusta ser protagonistas-; Jesús también dice en el Evangelio "Los tiranos aman ser tenidos por benefactores". Y yo creo que dentro de cada uno de nosotros quizás hay un tirano, por lo menos en semilla; entonces a uno le gusta ser protagonista, -una manera de hacer depósitos y consignaciones en el banco del cielo-, (sé que es una expresión muy deficiente, pero es para que nos entendamos), una manera de hacer esos depósitos es acercar a las personas a aquel que realmente responde a su necesidad; perdiendo nosotros protagonismo.

En los Santos Evangelios se nos habla, por ejemplo, de un gran hombre, muy virtuoso, muy santo, llamado Juan -San Juan Bautista-; y la frase que nos queda de San Juan Bautista con respecto a Cristo es la siguiente: "Es necesario que Él, que Cristo crezca y que yo disminuya" Es decir, Juan Bautista no quería protagonismo; quería que ¡el protagonismo! que el personaje, en la vida de los demás no fuera Juan sino Cristo. Ese es un modo bellísimo de hacer depósitos en el cielo.

Entonces, hay unas historias que yo he oído en grupos de oración, como, por ejemplo, familia espiritual, que se reúne aquí en el convento, pero eso ha pasado en muchas otras partes.

Por ejemplo, usted se acuerda... de una determinada persona por allá, una amiga del colegio o lo que sea: Usted la llama, y ella dice: -no, pues me siento como mal-; y está totalmente vuelta un nudo: Primera obra de misericordia; -usted escucha a esa persona-, pero usted no quiere ser el protagonista o la protagonista, dentro de la vida de su amiga: usted, se da cuenta de que su amiga está muy apartada, de Dios; es una persona que por diversas razones, sobre todo descuido, se alejó de todo... se alejó de la confesión, se alejó de la Misa, ¡se alejó de todo!. Y entonces, como ella es amiga suya, usted tiene un plan: ¿Por qué no nos encontramos el próximo domingo? - le dice usted-, y vamos a la Misa; -Ay, tú no sabes, tú no me conoces, yo no soy de tantas misas y tantos rezos-; -pues yo tampoco era-, respondes tú; -Pero estoy encontrando algo muy importante en Dios-. El hecho es que terminas invitando, acompañando.

Porque muchas veces la gente lo que necesita es alguien, que los lleve como de la mano... y esa persona hace un retiro de Emaús, o esa persona se une a la fraternidad de Santa Catalina, o esa persona empieza a asistir al grupo de familia espiritual; o esa persona viene y se confiesa ¡aquí! y esa persona se encontró de una manera nueva con Cristo. Por supuesto, cuando esa persona se encuentra con Cristo, será Cristo el que llene el protagonismo, nosotros pasaremos a segundo plano.

A nosotros nos va a suceder lo mismo que le sucedió a la mujer samaritana. -Ella vivía en la población de Sicar y ella, que era una gran pecadora, conocida por todos como una gran pecadora, como la quitamaridos de Sicar, confesó ante la gente que se había encontrado con alguien maravilloso y les dijo: ¿No será éste el Mesías? - Y a raíz del testimonio de esta mujer convertida ya, por el amor de Dios, muchos fueron donde Cristo, y después ellos mismos le decían a la samaritana: -"Ya nosotros creemos no, por lo que tú dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído"-.

Es decir: que ella desapareció, ella se disolvió en la bruma del olvido; el nombre de ella no aparece en la Biblia, no, sabemos cómo se llamaba, pero es que, para ella, ya no era importante que la gente la recordara a ella. Lo importante era que la gente se apegara a Cristo.

Entonces, en la medida en que vamos llevando a la gente por una ruta y esa ruta tiene que ser, acompañarlos hacia Cristo, un día esa gente sentirá, que en Cristo ha encontrado todo. Nosotros pasaremos a segundo plano; quizás incluso, se olviden de nosotros.

En este mismo convento donde yo vivo, he acompañado a la muerte de algunos de nuestros frailes. Recuerdo un padre bastante mayor que murió; él vivía al frente de la habitación, que yo tenía entonces y yo nada más pensaba, -cuando él estaba en su agonía y después en su muerte-; ¿A cuántas personas les hizo bien este sacerdote?, ¿cuánta gente confesó, aconsejó?; y en esas horas finales, muy pocos estaban; muy pocos... Pero eso tampoco es tan grave. Él no lo hizo para que estuvieran ¡ahí! Él lo hizo para que estuvieran con Cristo.

Entonces usted, también puede hacer lo mismo. Y en la medida en que usted hace ese bien, de acercar a la gente a Dios, en esa medida usted está haciendo algo maravilloso -porque está desapareciendo-, como Juan Bautista; está haciendo que Cristo aparezca. Pero ese acto suyo de humildad y de amor inmediatamente dispara sus depósitos en el cielo. (Sé que estoy un poco mercantilista, pero repito, son solo comparaciones).

El último consejo: cuando hablamos de depósitos en el cielo, casi todos pensamos en la gente que está aquí, aquí..., -que podemos ver con nuestros ojos-. Pero, sabe que hay una gran cantidad de gente que tiene, terribles necesidades y a la que nadie ve. -No me refiero únicamente a los niños que padecen hambre en África, no me refiero únicamente a las mujeres maltratadas en tantos países del mundo-. Me refiero a los difuntos; una de las obras más hermosas de misericordia, (en una época, yo llamé a eso): "una obra de extrema caridad"; ¡es la oración por los difuntos!

Un sacerdote amigo tiene una situación muy peculiar porque donde él se encuentra, la gente casi no pide intenciones para la misa. Usted, sabe que la persona que pide una intención para la Misa usualmente da lo que se llama: un estipendio por esa celebración. Este padre vive en un lugar donde la gente casi no pide celebraciones de Misas y durante mucho tiempo él celebraba la Misa, como decir, sin ninguna intención, sin ninguna intención especial; y entonces descubrió o redescubrió: ese valor infinito que la Misa tiene, como sufragio por los difuntos. Y me decía con alegría el otro día: -estoy ofreciendo cada misa que no tiene una intención especial, la ofrezco por los difuntos-. ¿Quién puede saber eso?, ¿A quién le importa eso? ... Pero hay uno que lo está viendo, y ese es Dios.

La Iglesia nos invita siempre, que hay días de indulgencia plenaria, como, por ejemplo: -el dos de agosto-, que es una..., es un día de indulgencia, por lo que se llama el perdón de Asís; (no podemos hablar de eso ahora, para no extendernos más), es un día de indulgencia plenaria. A veces los papas decretan un año jubilar, y se da indulgencia plenaria; usted puede aplicar esas indulgencias plenarias por los difuntos: ¿Quién se entera de eso? Nadie. Pero, Dios lo ve. Por algo dijo Cristo: "Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará".

Para empezar, empiece usted orando por los difuntos de su propia familia. Yo tengo en mi comunidad y en mi familia ciertos parientes y ciertos frailes, que yo tengo, mi presentimiento de que pueden estar necesitando oraciones; y decenas de veces he hecho oración por esas personas, porque creo que lo pueden necesitar. Bueno, esas son recomendaciones para que uno no sea tan interesado, tan materialista y tan vano.

Esas recomendaciones nos invitan a levantarnos de lo puramente material, a superar la lógica de la transacción, (que es algo realmente tan importante), a acercar la gente a Cristo, perdiendo nosotros protagonismo y a no olvidarnos nunca de los difuntos. Son cuatro ejemplos de cosas que todos podemos hacer: para empezar a acumular tesoros en el cielo. Porque una cosa sí te aseguro: el día que te estés muriendo, las horas finales de tu vida, el saldo del banco; no va a importar mucho; eso no va a importar mucho -del banco de la Tierra-, el saldo del banco de la Tierra: no va a importar mucho, salvo para imaginarse las peleas que tendrán tus herederos..., -eso no va a importar mucho-.

Lo que sí va a importar es el saldo del Banco del Cielo. Y es terrible llegar a la hora de la muerte y sentir que eso por allá está vacío, que solo hay telarañas. Pidamos a Dios la conversión de nuestros corazones, para vivir más según Jesucristo. Amén.

De pie, por favor.

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