Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

De la soberbia nace el egoísmo, pero también la más dura soledad.

Homilía co18004a, predicada en 20130804, con 10 min. y 45 seg.

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Transcripción:

Hermanos, cada uno de los evangelistas, podemos decir que tiene una mirada particular sobre un único misterio, que es el misterio de Cristo. Cada uno de ellos tiene una forma de acercarse a Jesucristo, como, una estatua que fuera iluminada por distintos reflectores, y cada una de esas luces nos deja ver un aspecto de esa imagen. Cristo es la imagen de Dios invisible y los reflectores son los evangelistas.

Durante este año, el evangelista que nos está acompañando y guiando es: San Lucas. Eso es lo que queremos decir cuando decimos que estamos en el ciclo C. Son tres ciclos que la Iglesia tiene para los domingos el A, el B y el C; y el ciclo A podríamos llamarlo muy bien, ciclo de Mateo, en vez de llamarlo ciclo A, porque es el evangelista San Mateo el que nos acompaña durante ese ciclo. Y el ciclo B es en realidad el de San Marcos, y este en el que estamos es el ciclo de San Lucas, como ya se dijo.

¿Cuáles son los énfasis de San Lucas? Pues resulta que Lucas no era judío, Lucas era un pagano; él acompañó en alguna parte las misiones del apóstol San Pablo; que estuvo evangelizando especialmente a comunidades no judías, lo que la Biblia llama los gentiles.

Lucas tiene una gran sensibilidad para una serie de temas, por ejemplo, el poder del Espíritu Santo.

Definitivamente la predicación de Pablo y la manera de obrar de Pablo tuvieron un impacto en Lucas, y él es el evangelista que más destaca: El poder del Espíritu, la acción del Espíritu, la presencia del Espíritu. Lucas es también el evangelista que destaca de una manera más clara el papel de las mujeres y también el lugar de los pobres. Y esto no es una coincidencia; mujeres y pobres eran personas marginadas, muy menospreciadas en aquella época y seguramente también en nuestra época. Por eso, cada cierto tiempo se hacen campañas, en muchos países para evitar la violencia doméstica, especialmente la violencia contra la mujer; son centenares, en el año en el que vamos, son centenares de mujeres que han sido gravemente agredidas, en muchos lugares de nuestro país.

Y sobre la discriminación en contra de los pobres; no hay mucho que explicar, porque todo está a la vista. La tristemente famosa brecha entre ricos y pobres no deja de crecer.

Entonces, cuando Lucas destaca el papel de los pobres y el papel de las mujeres, está mostrando que, el nuestro, nuestro Dios, es un Dios, que tiene una mirada de especial amor hacia los excluidos y que muy a menudo manifiesta su gloria, su hermosura; reserva lo más tierno de su amor; precisamente para las personas que solemos... menospreciar, a los que hacemos a un lado. Es una gran enseñanza la que nos da Lucas.

Tiene otros aspectos que también son suyos: Él, por ejemplo, es el evangelista que más destaca también el papel de la oración, varias veces nos presenta a Cristo orando. Y otra característica de Lucas, subraya la importancia y el lugar de la alegría; la vida cristiana es alegre y esto va muy unido con lo que hemos dicho de los pobres y con lo que hemos dicho de la mujer. Aquellos, que son marginados cuando sienten que Dios les dedica sus mejores sonrisas, por supuesto, se sienten desbordantes de alegría. O sea que, si el Evangelio es, ante todo, si es en primer lugar para los desposeídos, pues son éstos también, los que primero experimentan la alegría.

Estamos en una Iglesia franciscana, preside también esta Eucaristía un hermano de esa familia religiosa.

Francisco, es una imagen muy apropiada de lo que significa esto, que nos propone el evangelista Lucas. Podemos decir que el evangelio de Lucas es como, escrito, para Francisco; o podemos decir que Francisco, retrata muchísimo del evangelio de Lucas.

Por ejemplo: en eso de la pobreza, en eso de la alegría, en ese, saberse sorprender, saber admirar el plan de Dios, ¡cómo! Dios se sale con la suya más allá, de los planes de los poderosos, de los que siempre creen que tienen derecho a todo, de los que creen que son el fruto de sus propios cálculos; (yo, como soy de inteligente, qué cosa tan admirable esa inteligencia que yo tengo, qué capacidad la mía para salir siempre victorioso); esa arrogancia, esa, esa manera de ensoberbecerse; es la que aparece precisamente en el texto de hoy. Y Lucas nos está mostrando cómo esa arrogancia conduce a una soledad espantosa.

Este hombre; el rico del evangelio de hoy, es uno que está solo: él no tiene a nadie, él no tiene esposa, no tiene amigos, él no tiene hijos, él no tiene papá, no tiene mamá; fíjese que solo puede conversar con él mismo; él no conversa con nadie, solo existe para sí mismo, solo se pondera a sí mismo. No tiene en realidad quien lo aplauda; luego él mismo, se da sus aplausos y dice: ¡que viva yo, que viva yo! Esa es la vida de él, ponderarse y sentir, -yo si soy realmente muy astuto, ¡pero qué tipo tan fuerte que soy yo! -, seguramente se mira en el espejo y dice: ese soy yo; y por las noches pinta un retrato de sí mismo, y luego en la mañana se postra y se adora.

Qué ridículos, somos los seres humanos muchas veces; pero ese monólogo, esa conversación estéril de este egoísta y de este arrogante, ese monólogo lo rompe Dios; Dios se mete en ese monólogo para decirle "insensato, vas a perder la vida esta misma noche", y le hace la pregunta más espantosa: ¿lo que has acumulado para quién será?

De niño me llevaron al Museo Nacional, allá en Bogotá, y tuve ocasión de ver algunas de esas guacas, y algunas de esas tumbas de indígenas, por aquí. Pero la historia se repite en muchos lugares del mundo, también los faraones, eran lo mismo; enterraban a sus grandes, a sus poderosos, los enterraban con una cantidad de riquezas, de mucho les servían a esos cadáveres, enterraban, a esos grandes y poderosos, con una cantidad de trigo que no podían comer. Los investigadores, los arqueólogos, han logrado sacar trigo de esas semillas después de miles de años, lo cual es un hecho científico muy interesante. La miel que está ahí se ha podido recuperar y es comestible. La miel, es el único alimento que nunca se descompone; es una maravilla la miel. Pero al faraón que enterraron ahí no le sirvió de mucho esa dulzura; de nada le aprovechó ese oro.

Los vikingos tenían una costumbre: como era una sociedad tan tremendamente machista, y el poder del hombre, es tener hartas mujeres; entonces, muriéndose, tenían que enterrarlo con las mujeres. O sea, que lo mejor que podían hacer las mujeres era, irse enfermando, cuando se enfermara el hombre; porque si no se enfermaban ellas, y si no, las mataban; si no se morían, las mataban. Y lo mismo sucedía; espero, que no siga sucediendo, en algunos lugares de la India. Entonces, como usualmente la mujer vive más que el hombre, porque eso también está demostrado estadísticamente y por eso hay más viudas que viudos. Entonces resulta que la mujer en muy buena salud, pero se le murió el esposo: conclusión, mijita, toca quemarla viva, porque ¿qué hacemos? toca que usted se vaya al otro mundo, para seguir, con la puerca y arrastrada vida que ha llevado en esta tierra; porque, eso no es vida, lo que llevan esas pobres mujeres. ¿Y de qué les sirve a esos hombres allá?, ¿de qué les sirve llevarse a la mujer?, pues, no se sabe; lo cierto es que la ley hindú, no obliga a que quemen también a la suegra... O sea que... o sea que; si, se llevan a la esposa, pero, dejan a la suegra...

Dice la primera lectura de hoy. Vanidad.

Vanidad. ¿Qué quiere decir?: lo que es vano, lo que es vacío.

Y por eso nos está invitando, el texto de hoy... ¿Dónde está tu corazón? Que no te quedes en las codicias de este mundo. Y San Lucas te dice: ¡Encuentra la verdadera alegría!, ¡descubre al Dios que te ama!, y que, te ama por gracia y al que tú recibes mediante la fe. ¡Descúbrelo! Descubre a ese Dios que es tu verdadero tesoro y sabrás darle su valor justo, ni más ni menos, a las cosas de esta tierra. Así, lo conceda el Señor que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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