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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hoy oramos por el Papa, para que ese encargo que Cristo le encomendó a Pedro lo pueda realizar a plenitud.

Homilía catp017a, predicada en 20220222, con 7 min. y 18 seg.

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Transcripción:

El Veintidós de Febrero es un día especial para orar por el Papa. El nombre de esta fiesta litúrgica es la Cátedra de San Pedro. Es decir, es el día en que recordamos especialmente que Pedro recibió de Cristo el encargo de confirmar en la fe a todo el pueblo de Dios. Acuérdate que Pedro recibió de Cristo el encargo de cuidar, de pastorear a las ovejas y a los corderos. Y Cristo oró por Pedro para que Pedro, confirmado en la fe, pudiera confirmarnos en la fe a todos los que somos miembros del cuerpo de Cristo.

¿Por qué, entonces, oramos por el Papa? Hoy, en la fiesta de la Cátedra de San Pedro, oramos para que ese encargo del Señor, esa misión tan particular que Cristo le encargó a Pedro, él la pueda realizar a plenitud. No se nos debe olvidar nunca que Pedro fue un hombre imperfecto, y aquellos que han sucedido a Pedro en el encargo de confirmarnos en la fe, es decir los Papas, son seres humanos imperfectos. Es verdad que en términos llamémoslos así, culturales y diplomáticos siempre decimos su Santidad, está bien que se diga así. Efectivamente, es la característica de la vocación y del encargo del Papa, pero jamás debemos olvidar que se trata de un ser humano como nosotros y de un ser humano imperfecto. Las imperfecciones de los Papas han aparecido a lo largo de los siglos y eso jamás ha detenido a la Iglesia en su oración. Precisamente para sostener al que nos sostiene a nosotros. El Papa tiene esa labor particular de sostener, iluminar nuestra fe y nosotros tenemos el hermoso deber de sostenerlo a él, con nuestra oración, con nuestro afecto y nuestro respaldo, sabiendo que se trata de un hombre imperfecto. Todos los Papas han sido seres humanos así. Están sujetos a tentaciones, a pecados, a caídas, a equivocaciones. Si hay equivocaciones y eso no disminuye nuestro amor por el sucesor de Pedro.

Yo recuerdo con frecuencia, como en el Siglo Catorce, hubo un Papa de nombre Juan Veintidós en el ejercicio del pontificado. Este Papa tenía una idea errónea, una idea equivocada, y la enseñó y la enseñó siendo Papa. Él tenía la idea de que cuando moría una persona en plena amistad con Dios, es decir, lo que llamamos un santo. Los santos, según él, no disfrutaban de la gloria del cielo ya, sino que quedaban como en suspenso hasta el día del juicio final, y solamente el día del juicio final recibirían la verdadera alegría, el verdadero gozo. El mismo Papa se corrigió después. Tenemos otros ejemplos. Hay un famoso Papa Honorio en el primer milenio, que también tuvo algunos errores doctrinales. Por eso debemos tener muy claro qué es lo que significa aquello que enseñamos en la Iglesia Católica y es verdad sobre la infalibilidad del Papa. La infalibilidad del Papa no significa, y esto es lo más importante para aclarar en este día, no significa que todo lo que el Papa dice es perfecto y es cierto. Ni siquiera cuando está enseñando sobre la fe. Solamente el dogma de la infalibilidad papal se aplica allí donde el Papa está enseñando formalmente. Es lo que se llama una enseñanza ex cátedra, utilizando palabras iguales o semejantes a las que voy a decir ahora. Enseño y declaró que tal punto específico es parte de la fe católica divinamente revelada y debe ser así creído por todos.

Con estas o parecidas palabras, los Papas hacen declaraciones definitivas y dogmáticas. Como es el caso de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Como es el caso de la Asunción de la Virgen. Como es el caso de la afirmación que hizo el Papa Juan Pablo Segundo, refiriéndose a este punto tan delicado también en nuestros días, dijo el Papa Juan Pablo Segundo, la Iglesia Católica no se considera autorizada para quebrar la decisión, la opción que tomó Cristo de constituir como ministros sagrados únicamente a los varones. Tradición que fue seguida inmediatamente por toda la Iglesia primitiva. La Iglesia Católica considera como enseñanza definitiva que el ministerio ordenado está reservado a los varones. Sé que es un punto polémico hoy, pero es que el Papa Juan Pablo Segundo dijo y debe considerarse esta enseñanza como definitiva para toda la Iglesia y para todos los tiempos. Bueno, esas son las palabras muy semejantes, las de San Juan Pablo Segundo. Ese es el ejemplo de una declaración formal.

Eso quiere decir que si una persona a estas alturas de la vida dice no, yo no quiero creer en la Inmaculada, yo no quiero creer en la Asunción o yo quiero creer en la ordenación de mujeres. Se está apartando de la fe católica. Así de sencillo. Si el Papa no utiliza una fórmula tan estricta y tan clara como la que utilizó Pío Nono o como la que utilizó San Juan Pablo Segundo, si la persona no está utilizando, si el Papa no está utilizando esa fórmula, debemos recibir, por supuesto, con una acogida profunda del corazón. Pero no tenemos por qué suponer que esas palabras necesariamente son infalibles. Y mientras tanto, oramos y oramos y oraremos por este Papa, nuestro Papa Francisco, hoy por hoy y por los Papas, que Dios nos conceda hasta el fin de los tiempos.

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