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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos para el Papa que en todo momento esté asociado íntimamente al dolor de la cruz de Cristo y a tener por ello mismo certeza de la gloria de la resurrección.
Homilía catp014a, predicada en 20190222, con 5 min. y 43 seg. 
Transcripción:
El Veintidós de Febrero nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Es una manera de recordarnos todos, cómo estamos unidos de mente y de corazón con el sucesor de Pedro. Y le pedimos incesantemente a Dios que cumpla aquella promesa que salió de la boca de Cristo. Le dijo en efecto, el Señor a su apóstol Pedro Yo he orado por ti para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando seas confirmado, confirma en la fe a tus hermanos. Esas palabras de Cristo queremos que se cumplan a través del Papa. Hoy nuestro Papa Francisco, después, el que el Espíritu Santo nos conceda. Es decir, queremos que la vida, el testimonio y las palabras del Papa nos confirmen siempre en la fe de los apóstoles.
Hablando del apóstol Pedro, la primera lectura de hoy está tomada precisamente de la primera carta de Pedro en el Capítulo Quinto. Y hoy quisiera destacar la manera como este apóstol se presenta. Va a ser una exhortación solemne y entonces, de algún modo tiene que presentar sus credenciales, por así decirlo. ¿Cuáles son las credenciales de Pedro? Dice Soy Presbítero, soy Testigo de los sufrimientos de Cristo y soy Partícipe de la gloria que va a manifestarse. Presbítero, Testigo de los sufrimientos, Partícipe de la gloria. Lo más hermoso es que estas tres credenciales de Pedro no están desconectadas, sino profundamente relacionadas.
Empecemos por mirar cómo se conecta aquello de soy Testigo de los sufrimientos de Cristo y soy Partícipe de la gloria que va a manifestarse. En efecto, Pedro es testigo de los sufrimientos de Cristo, porque él vio todo el drama de la pasión. Por supuesto que él conoce lo que sucedió. Entonces, Pedro es testigo en ese sentido. Pero yo me estoy acordando de una frase que no es de Pedro, sino de Pablo. Pablo dice Yo llevo sobre mí las marcas de Cristo. Y en otro lugar dice Pablo también, completo en mi carne lo que falta a la Pasión de Cristo. Es decir, que los sufrimientos de Cristo no son simplemente una película que ellos vieron. Los sufrimientos de Cristo es lo que le sucede a uno cuando uno empieza a ser testigo del Señor. Esos son los sufrimientos de Cristo. De hecho, así les habló el Señor Jesús a sus apóstoles. Les dijo Me han rechazado a mí, los van a rechazar a ustedes. Es más, llegará un momento en el que aquellos que los maten a ustedes. Van a creer que le están dando gloria a Dios. De manera que el testimonio de los sufrimientos no es algo ajeno y en tercera persona, sino es algo que ha acontecido en la vida de ellos. Que podemos decir está sucediendo en la vida de ellos. Y desde esa experiencia profunda, desde ese dolor profundo, ellos saben de qué están hablando. Eso es, testigos de los sufrimientos de Cristo.
Y precisamente porque se han asociado así a su muerte, entonces saben que hay una Pascua. De nuevo, tengo que apelar a las palabras de Pablo Si sufrimos con Él, reinaremos con Él. Si hemos sido hechos partícipes de una muerte semejante a la suya, vamos a participar de una gloria semejante a la suya. Por eso Pedro puede afirmar, con la misma convicción de Pablo, puede afirmar, Yo soy partícipe de la gloria que va a manifestarse. El que hubiera visto los sufrimientos de Cristo solo así como en una película de lejos no podría tener esa certeza. Pero el que lo ha conocido en su carne sabe que está fundido en un solo corazón con Cristo, y sabe por eso que la gloria va a manifestarse.
Y ahora sí podemos ver la otra palabra, porque eran tres, dice Presbítero, Testigo de los sufrimientos, Partícipe de la gloria. Presbítero, literalmente quiere decir anciano. Pero más que la cuenta de los años a lo que se refiere aquí es ser presbítero. Es el que ha tenido la experiencia, el que ha experimentado. Y ahora vemos por qué están unidos esos tres. Ser verdaderamente presbítero no es simplemente que un obispo me puso las manos y me ordenó. Ser verdaderamente presbítero, no es simplemente que han pasado muchas, muchas hojas del calendario. Ser verdaderamente presbítero es estar asociado, íntimamente asociado al dolor de la cruz de Cristo y tener por ello mismo, certeza de la gloria de la resurrección. Pidamos ese bien, esa bendición para el Papa en todo momento y para cada uno de nosotros, según nuestra necesidad y capacidad.

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