Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Desde el mandato mismo del Resucitado, y desde la hora misma de Pentecostés, enseñar es función propia de los apóstoles, y en particular, de Pedro.

Homilía catp009a, predicada en 20140222, con 4 min. y 45 seg.

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Transcripción:

Desde hace siglos se celebra la fiesta de la Cátedra de San Pedro el día Veintidós de Febrero. Esta fiesta dirige nuestra atención al Magisterio, es decir, a la función de enseñanza que es propia de todos los apóstoles, pero que es particularmente propia del primero entre los apóstoles, Pedro. Observemos que el Capítulo Veintiocho de San Mateo tiene el mandato de Cristo a sus apóstoles, cuando los envía en misión, ya no a tierras de Palestina solamente, sino al mundo entero. ID y haced que todas las naciones sean mis discípulos, enseñándoles a guardar cuanto yo os he dicho, y bautizando en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Fíjate las palabras que están ahí. Es un envío. Hay que ponerse en camino. Hay que evangelizar para que sean discípulos de Cristo. Hay que enseñar para que se formen como miembros de su cuerpo. Hay que bautizar para que, unidos a ese cuerpo de Cristo, hechos una sola cosa con Él, reciban todos una misma herencia, la que Él nos ganó con el sacrificio de su cruz y su Pascua. Así pues, ya desde la resurrección, ya desde la palabra misma del Resucitado, está la función de enseñar.

En el Capítulo Segundo de los Hechos de los Apóstoles tenemos la hermosísima escena de Pentecostés. Aquellas lenguas de fuego que descienden sobre los apóstoles y que los impulsan a hablar con elocuencia celestial de las grandezas de Dios, particularmente las grandezas realizadas en Jesucristo. En esa fiesta de Pentecostés, hay en Jerusalén habitantes de muchas partes del mundo. Y podemos decir que devolviendo la tragedia, deshaciendo los pasos nefastos del día de Babel, esta vez todas las naciones logran entenderse en un mismo y nuevo lenguaje. El lenguaje que da el Espíritu, es decir, la donación abundantísima de amor, que es el fruto precioso y el más perfecto de la Pascua del Señor. Y así, en Pentecostés, nace la Iglesia.

¿Y qué nos dice el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles, en ese Capítulo Segundo? Que aquellas primeras comunidades eran constantes, ¿constantes en qué? En compartir los bienes, constantes en la fracción del pan. Lo que nosotros llamamos la Eucaristía. Constantes en las oraciones. Pero hay otro elemento, constantes en la enseñanza de los apóstoles. Por eso, hoy es un muy buen día para recordar, que por deseo expreso de Jesucristo y por testimonio que data del nacimiento mismo de la Iglesia la labor de la enseñanza, el pan bendito y celestial de la Palabra que nos instruye, está entre los cometidos principales de los sucesores de los apóstoles. Y entre ellos, sin duda, en primer lugar, aquel que escuchó de Cristo estas palabras, confirma en la fe a tus hermanos.

Pidamos al Señor entonces, ser confirmados en la fe por la palabra del Papa, y oremos para que nuestro Santo Padre, ungido por el Espíritu, tenga siempre ese acierto, esa luz y ese fuego que haga arder nuestros corazones con la gracia del Evangelio. Amén.

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