Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El primer Papa

Homilía catp001a, predicada en 19970222, con 8 min. y 46 seg.

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Transcripción:

Este Pedro es un personaje complejo. Este Pedro es todo un personaje y cuando uno va escuchando el Evangelio, yo creo que muchas veces uno se identifica con Pedro. Viene Jesús caminando sobre el agua medianoche, un susto tenaz, tenaz. Ellos dijeron noche, lago, tormenta y fantasma completos. Pues no, no quedó faltando nada, pues. Viene Cristo caminando sobre el agua, todos muertos de miedo. Pero Pedro, a pesar del miedo, él era como impetuoso, así como temperamental como primario en sus sentimientos. Todo el mundo gritando, gritando y dice con con miedo no hay nada. Pedro: Señor, si eres tú, mándame ir a ti, mándame ir a ti. Y Jesús le dice: que vaya.

Y este hombre que toda la vida había estado en ese lago, que toda la vida había estado metido en el agua, sacando peces, se baja de la barca para caminar sobre el agua. ¡Hágame el favor! Y empieza a caminar y da unos pasitos, pero siente la fuerza del viento y como que le hace así el corazón y se empieza a hundir. Sálvame Señor le dice, Jesús lo salva. Este Pedro es todo un personaje. Cuando iban a agarrar a Jesús en el momento, en el momento culminante, allá en el huerto, entonces vinieron con espadas y palos, un poco de gente armada con linternas. Sabemos bien. Judas Iscariote los iba guiando y llegaron allá donde estaba Jesús. Y cuando llegan donde Jesús, Pedro el valiente, saca su espada. Por ahí tendría un machete, saca su espada y le corta la oreja a uno, como dispuesto a luchar. Y Pedro estaba esperando que Jesús le dijera: Bien, Pedro, me defendiste y Jesús coge la oreja y vuelve y la pega. Yo creo que Pedro se quedó viendo un chispero.

Oiga, lo único que hace Jesús es cortar una oreja y Jesús se la pega otra vez al tipo. Pedro. Pedro es un personaje. Definitivamente es un personaje. El evangelio del día de mañana y el Evangelio del domingo nos cuenta la transfiguración de Jesús. Se subió a una montaña con Pedro, Santiago y Juan. Jesús está radiante de gloria. Se aparecen Elías y Moisés y hablan con Jesús. El momento es sublime. Pedro, que no podía quedarse callado porque es que no podía, entonces Pedro hablar con el Señor. El hombre estaba así como un niño. ¡Uy, Señor! Esto es. Esto es increíble, señor. Hagamos aquí unas enramadas. Quedémonos aquí, señor.

Y el evangelista. Y el evangelista aclara: No sabía lo que estaba diciendo. No sabía lo que estaba diciendo. No sabía. Pedro. Pedro es un hombre impetuoso, un hombre generoso. Casi siempre es él el que toma la palabra, el que responde primero, bien o mal, lo que sea, pero responde. Responde Primero es valiente, pero después le da miedo. Tiene sus aciertos y tiene sus embarradas. Promete mucho y cumple poco. Pedro es un corazón. Es el corazón de un hombre que debía tener muchos años, pero que se parece mucho a nosotros, los jóvenes, porque en el momento del entusiasmo nosotros decimos sí, yo me haría matar por Cristo. Sí, por esa escalera subiera un grupo de qué sé yo, ateos, masones, matacuras y dijeran: Ah, ja, Aquí los cogimos juntos. Estos son los que se reúnen a orarle a Cristo. Yo estoy seguro de que José Humberto saldría inmediatamente. Sí, sí, sí. ¿Qué? ¿Y qué? ¿Y qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? En este momento, uno estaría dispuesto a ser acribillado. Me atravesaron. Morir por Cristo haga morir.

Entonces uno sabe de su grupo de oración. Uno sale de Sión dispuesto a hacerse matar por Cristo. Hoy, lunes, uno dice Bueno, tanto como matar no, pero sí me dejaría enfermar, si me dejaría enfermar por Cristo. Ya él por allá el martes, el miércoles dice no, bueno, de pronto yo aguantaría un rasponcito por Cristo y el viernes, entonces ya está uno de pronto necesitando que le den un refuerzo. Así le pasó a Pedro. Pedro le decía a Jesús Sí, Señor, yo por ti me haré matar. Aunque todos fallen, yo no fallaré. Yo tengo más generosidad que José Humberto. Sí, así decía Pedro. Entonces así decía Pedro. Y resulta y resulta que Jesús dice: Tú tienes más generosidad que Jair. Entonces Pedro dice. Entonces Pedro dice: Sí, tengo más generosidad ¿y tienes más generosidad que Angélica? Sí, tengo más generosidad que Angélica. Y este mismo Pedro, que tenía tantísima generosidad. Bueno, faltó una pregunta. Tienes más generosidad y ponle mucha atención. ¿Tienes más generosidad que Mickey Mouse? Sí, tengo más.

Pedro se apoyó en su generosidad y todos sabemos lo que pasó cuando ya agarraron a Jesús y se lo fueron llevando. Y la cosa se puso grave, no. Y ya estaba Pedro por allá, como en un patiecito. Entonces ahí sí se le acercó por allá uno y le dijo: Una criada. ¿Usted es de los que andaba con Jesús? ¿Yo qué? ¿Yo? ¡Jesús! ¿Jesús qué? ¿Quién es? ¿Quién es ese señor? Yo no tengo ni idea. No sé. Y ese hombre tan generoso, pero tan cobarde que promete tanto y que cumple tan poquito. Ese es el primer Papa de la Iglesia. Ese es el gran santo al que Cristo le dice en el Evangelio de hoy: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. ¿Y sabe por qué le dice eso? Por una sola razón. Porque cuando el ser humano intenta apoyarse en sus propias fuerzas, es como Pedro promete mucho y cumple poco. Pero cuando el ser humano tiene la fe que hoy vemos que manifiesta este mismo apóstol, cuando el ser humano tiene esta fe, se convierte en indestructible.

Lo que la Iglesia celebra en Pedro, entonces, no es a un superhéroe, no es una especie de Superman del siglo primero, es un hombre al que Dios colmó de fe y le dio una fe tan grande que lo confirmó en la fe a él y le dio la gracia de confirmar en la fe a sus hermanos. Este es el mismo ministerio que tiene el Papa en la Santa Iglesia.

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