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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

FIESTA DE LA DEDICACIÓN DE LA BASILICA DE SAN JUAN DE LETRÁN - Pidamos que la palabra y el corazón del Papa sean como un río de agua limpia que despeja las dudas, que trae claridad, que refresca y que anima a todos. Y que nosotros ayudemos también a que otras vidas se transformen y embellezcan.

Homilía blet021a, predicada en 20231109, con 6 min. y 50 seg.

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Transcripción:

El Nueve de Noviembre nuestra Iglesia, celebra a la Basílica de San Juan de Letrán, a la que mira como madre de todas las iglesias del mundo. ¡Qué término tan bello! ¿Qué tiene de especial la Basílica de San Juan de Letrán? No es el edificio más grande que tiene el cristianismo. No es tampoco el templo más visitado. Mucho más se visita, por ejemplo, la Basílica de San Pedro. ¿Por qué es tan importante la Basílica de San Juan de Letrán? Porque es la catedral del obispo de Roma y el obispo de Roma es el sucesor de Pedro, el Papa. Y así como el Papa tiene como misión primera la que le dejó Cristo. Confirmarnos a todos en la fe. Así, la Basílica de San Juan de Letrán representa de un modo visible la enseñanza y la fe que congrega a todos los pueblos. Porque efectivamente, desde el corazón del Papa y desde el corazón de la fe, se ha de llegar a todos los corazones y a todos los pueblos. Esa es la razón por la que recordamos hoy la Basílica del Papa, la Catedral del Papa, San Juan de Letrán.

La primera lectura de hoy quiere ayudarnos a desarrollar esta idea con la metáfora del agua. Fue una visión que tuvo el profeta Ezequiel. Agua que salía del templo. Y yo creo que es interesante recordar otros pasajes bíblicos de agua que brota. Que brota y que da vida. En el desierto, cuando los israelitas habían salido de Egipto y desfallecían de sed. La vara de Moisés golpeó la dura roca y salió agua que el pueblo pudo beber. La dureza de esa roca nos hace pensar, porque muchas veces el corazón humano es más duro que la roca. Por algo nos advierte el Salmo Noventa y cinco: No endurezcáis vuestro corazón. Y lo dice haciendo alusión precisamente al pasaje de la roca de Moisés. Moisés golpeó la roca con una vara, con un madero. El madero que golpea la roca dura de nuestro corazón es el madero de la cruz. Y ese madero ha de producir que en nosotros brote agua viva. Este es otro pasaje de la Escritura.

Efectivamente, en el Evangelio de San Juan, nos dice Cristo: El que cree en mí, de su interior brotará un surtidor. La Palabra de Cristo, el testimonio de Cristo y el madero de Cristo. Como en otro tiempo el madero de Moisés, sacan de la dureza de nuestro pecho un manantial, un manantial de agua limpia. Otro pasaje que debemos recordar aquí. Es la crucifixión. Otro madero, seguramente con metal. La lanza del soldado se hunde en el costado de Cristo. Costado que no era duro, pero que fue despedazado por la lanza. Y de ese costado del Señor salieron sangre y agua. Entonces la roca de Moisés en el desierto, el costado abierto de Cristo en la cruz, el manantial que debe brotar del creyente cuando se abre a la gracia del Espíritu Santo. Todo esto nos ayuda a entender la riqueza de la expresión que utiliza Ezequiel. Como del templo ha de salir agua. Y entonces, si aplicamos esa metáfora a nosotros.

Es bueno que recordemos que cada uno de nosotros es un templo. Pablo lo dice explícitamente Somos templo del Espíritu Santo, nuestro cuerpo. ¿Pues de nosotros qué sale? Esa es la pregunta ¿Qué sale de ti? ¿Sale agua limpia o sale agua pútrida? ¿Qué sale de ti? ¿Qué brota de ti? Moisés nos habla de una roca dura, pero que fue vencida por el madero de la cruz, por el madero, y después lo asociamos con la cruz. La cruz ya me ha vencido. La Cruz de San Damián transformó la vida de Francisco de Asís. La cruz cambió la vida de Pablo. La Cruz enamoró a Ignacio de Loyola y por supuesto, a San Juan de la Cruz. La cruz ya rompió mi pecho para que brote esa agua. ¿Qué papel tiene la cruz en mi vida? Es hermoso tomar estos textos, aplicarlos a nuestra existencia, dejarnos cuestionar y descubrir con alegría, que la Palabra de Dios es viva y eficaz y que se cumple, se cumple cada día en cada uno de nosotros.

Así que en esta hermosa festividad de San Juan de Letrán, de la Basílica de San Juan de Letrán, pidamos al Señor que el corazón del Papa y la palabra del Papa sea como un río de agua limpia, que despeja las dudas, que trae claridad, que refresca y que anima a todos y que cada uno de nosotros, tras las huellas del Papa, pueda hacer lo propio, dando testimonio y ayudando a que otras vidas se transformen y se embellezcan. Amén.

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